9 de marzo de 2013

José Acebo Quintana

El asturiano que se equivocó de trinchera

José Acebo, de Campo de Caso, murió fusilado el 26 de diciembre de 1895 por el Ejército español en Cuba, por luchar en favor de los revolucionarios






http://www.lne.es

La noche de Navidad de 1895 no fue una noche cualquiera en el penal de la ciudad de Cienfuegos, en Cuba. En una de las celdas, incomunicado, pasó sus últimas horas, antes de ser fusilado, un asturiano de Campo de Caso: José Acebo Quintana. Lo iban a ejecutar los españoles, sus propios compatriotas, en el marco de la guerra colonial que iba a acabar tres años más tarde con las últimas posesiones del Imperio. El día 26 de diciembre, a las siete de la mañana, Acebo fue ejecutado en un paraje llamado «Faldas del Acueducto». Contaba 28 años y tenía el grado de teniente de los mambises, las fuerzas revolucionarias cubanas que lucharon por independizarse de España.

El sorprendente caso de José Acebo, un joven emigrante a la isla caribeña que abrazó los ideales revolucionarios locales, fue estudiado por el escritor y asturianista Efraín Canella, quien ha podido reconstruir los últimos días de un hombre que aparentemente equivocó su trinchera en aquella guerra que tenía mucho de fratricida.

Acebo había nacido en 1867, bautizado en Campo de Caso, donde estudió en la escuela del pueblo. Campo de Caso, según los datos del famoso estudio de Pascual Madoz, contaba en 1860 con 105 casas y 385 habitantes, escuela e iglesia dedicada a San Juan, y su economía se sustentaba en la tierra, agricultura y ganadería de subsistencia y modestas fábricas de quesos, mantequillas y harinas elaboradas en molinos que aprovechaban el curso del Nalón.

En ese escenario la alternativa de la emigración era decidida por la mayor parte de los jóvenes. Fue el caso de José Acebo, quien tenía tío en Cuba. La reclamación familiar llegó poco antes de la consabida llamada a filas, de la que se huía o bien poniendo dinero o escapando a las Américas. «La emigración era por entonces pavorosa», afirma Canella. «En Asturias, hacia 1880, era raro el mes en que no se embarcaba rumbo a América un promedio de 250 familias» en busca de mejor futuro.

En Santander, al final del verano de 1885, embarcó José Acebo en un vapor de la compañía de Pinillos con destino a La Habana. Una vez allí se dirigió a la ciudad de Santa Clara, donde residía su familia. Encontrar trabajo en Cuba no era difícil y José Acebo Quintana lo hizo en un ingenio productor de azúcar situado cerca del pueblo de La Esperanza, un núcleo de población de unos 1.600 habitantes convertido en cruce de caminos y que debe su nombre a una Virgen patrona de la parroquia. Allí se casó José Acebo con una cubana, María Jesús Boll.

El espíritu revolucionario contra España era muy activo en La Esperanza y localidades de la comarca, y ese ambiente pudo influir en la decisión del joven español de enrolarse en las fuerzas militares cubanas que mandaba el coronel Alfredo Rego, llamado a ser una de las grandes referencias militares cubanas. «Otros asturianos lucharon en las filas de los insurrectos, como el allerano Celestino Baizán y el gijonés Valentín Menéndez, y ambos alcanzaron el grado de coronel», señala Efraín Canella.

En la primavera de 1895 José Acebo ingresa en el Ejército cubano. Se sabe que en el mes de octubre es nombrado teniente por méritos castrenses. El episodio que desencadenó la tragedia tuvo lugar el 11 de noviembre de aquel año, en una refriega militar en un lugar llamado Voladoras, al sur de la provincia de Las Viñas. Parece ser que a Acebo le matan el caballo y fue hecho prisionero por las tropas españolas. El día de Nochebuena fue juzgado por un tribunal militar en consejo de guerra presidido por el teniente coronel de la Guardia Civil Luis García de Celada. José Acebo fue condenado a muerte.

García de Celada, terminada la guerra, formó parte, en el año 1899, de la comisión liquidadora de las fuerzas de la Benemérita que habían regresado de las colonias americanas, pues era necesario amortizar casi 3.500 plazas, las de los militares que lucharon en Cuba, que perdieron la guerra y que, de regreso a España, quedaron sin trabajo y sin honor. Triste destino para los desheredados.

Entre la condena a muerte y la ejecución de José Acebo Quintana apenas pasan 24 horas, sin posibilidad alguna de recurso.

«No le tembló el pulso a la hora de enfrentarse al pelotón de fusilamiento», dice Efraín Canella. En el lugar donde fue ejecutado fue colocada años más tarde una placa de mármol con una inscripción que le recuerda.

FUENTE:  E. GARCÍA
______________________________________________

La trastienda de un héroe.

       Ilustración de: Alfonso Zapico

http://www.lne.es





Nos gusta contar historias de mambises, cubanos, muchos de ellos hijos de españoles e incluso desertores de nuestro ejército, que decidieron luchar por un nuevo país alejado de las miserias que en el siglo XIX reinaban en este lado del Océano. Entre ellos hubo unos cuantos hijos de las Cuencas y alguno ya ha pasado por esta página, pero hoy traemos a otro que como verán tiene unas características diferentes: José Acebo Quintana, un casín de cuya biografía se ocupó Efraín Canella en un trabajo que narra su vida y su heroicidad, pero en el que no se habla de otros aspectos más oscuros que también debemos conocer sus paisanos asturianos.
Efectivamente, José Acebo nació en 1867 en Campo de Caso en el seno de la familia que formaron dos labradores, Manuel Acebo y Josefa Quintana y su marcha a Cuba repitió lo sucedido con cientos de chavales de su época, hijos de campesinos que, forzados por la miseria, tuvieron que hacer las maletas para abandonar esta tierra. Unos pocos retornaron ricos a sus aldeas, pero otros no pudieron o no quisieron hacer lo mismo y se quedaron allí para siempre.
Cuando tenía 18 años, seguramente para eludir el servicio militar, se embarcó en Santander rumbo a la isla en la que le esperaban algunos parientes en la ciudad de Santa Clara y muy pronto encontró trabajo en un ingenio de azúcar en el cercano pueblo de La Esperanza donde también conoció a la que sería su esposa, la cubana María Jesús Boll con la que tuvo cuatro hijos.
Su carrera militar fue breve pero intensa, ingresó en el ejército rebelde en la primavera de 1895 y a principios del otoño ya era teniente por méritos de guerra; el 11 de noviembre de aquel año fue hecho prisionero por las tropas españolas en el paraje de Voladoras, en la provincia de Las Viñas; juzgado en la Nochebuena y ejecutado al amanecer, como mandan los cánones, el día 26 de diciembre, pero tuvo tiempo en aquellos meses para sembrar el terror a su paso y alcanzar la triste fama que recogió un cronista español: «? cabecilla rebelde incendiario, asesino, en suma, malhechor escudado en la causa separatista. Dicho cabecilla capturado era el asturiano José Acebo, cruel y sanguinario hasta lo inhumano, fue su conducta mientras estuvo en el campo al frente de los rebeldes, pésima, no de un ser racional, sino de un tigre revestido bajo forma humana. Los incendios causados por Acebo cuéntanse por el número de ocasiones que tenía; las venganzas eran su lema, su divisa el robo y los atropellos más inauditos, reveladores de un instinto ferozmente criminal, constituían su delicia. Dotado de carácter violento y cínico, el odio del execrable asturiano dejó en buen predicamento al de los árabes del desierto. ¡Parece increíble que en la noble, digna e hidalga Asturias haya podido nacer dicho aborto del crimen y de la perfidia llamado José Acebo!».
No hará falta que les diga que en el otro lado de la trinchera se le consideró un libertador y que cuando se alcanzó la independencia su figura pasó a engrosar la lista de sus héroes y para que su lucha no se olvidase se colocó una inscripción grabada en mármol en el lugar se su fusilamiento, conocido como «Faldas del Acueducto».
José Acebo cayó en manos de los españoles cuando su caballo fue abatido en una refriega en la zona de Cienfuegos; sin montura era imposible huir y se entregó siendo tratado como prisionero de guerra y remitido por el Jefe de aquella zona de operaciones al juez militar, el capitán Juan Gil y Gil que dispuso su incomunicación en la cárcel de aquella jurisdicción el 15 de noviembre de 1895 hasta el momento del juicio, que se celebró el día de Nochebuena ante un tribunal militar presidido por el teniente coronel de la Guardia Civil Luis García de Celada y en el que actuó como fiscal el Sr. Montenegro.
Sobre una mesa se expusieron los objetos que se le encontraron: una levita guerrera de teniente de caballería muy arrugada, dos chalecos, camisetas, cápsulas, un sombrero de jipijapa con una escarapela bordada en la que se representaba una bandurria, un machete envainado y un revolver de reglamento cargado y con un cordón.
Cuando fue interrogado manifestó que se había ido al campo por resentimiento con los celadores de Lajas y San Diego del Valle y que siempre había actuado obedeciendo órdenes del cabecilla Núñez, aunque sus biógrafos han escrito que se enroló en las fuerzas que mandaba el coronel Alfredo Rego, quién estuvo especialmente activo en aquel 1895, ya que el 3 de septiembre había derrotado a una columna española en Arroyo Grande y mientras José Acebo era juzgado y ejecutado, libraba el combate de Hanabanilla, donde sufrió graves heridas en un brazo.
Sin embargo, el fiscal se extendió citando los supuestos desmanes que había cometido innecesariamente y según él por pura crueldad: citó como ejemplo los incendios de Cogujas, el del fuerte y poblado de Tocino y de las casas del ingeniero de Dos Amigos y concluyó pidiendo la pena de muerte. Y dicen que éste fue el único momento en el que se vio palidecer al reo, luego la sentencia corroboró este extremo y el casín volvió a la celda para pasar en soledad sus últimas horas antes de ser fusilado.
José Acebo, que tenía en aquel momento 28 años, de conformidad con lo dispuesto en el bando que había dictado el general Martínez Campos no tuvo la opción de recurrir; entró en capilla a las tres de la madrugada y cuando faltaban quince minutos para las siete del 26 de diciembre cayó bajo las balas en la Falda de la Loma del antiguo acueducto de la ciudad de Cienfuegos.
Al día siguiente los periódicos españoles se hicieron eco de la noticia; algunos como La Vanguardia se limitaron a publicar una breve reseña: «En el Consejo de ministros celebrado hoy bajo la presidencia de la Reina Regente, el señor Cánovas ha leído el siguiente telegrama: "Habana: El comandante militar de Cienfuegos me comunica que hoy a las tres de la tarde, ha sido puesto en capilla el cabecilla insurrecto José Acebo Quintana, para ser ejecutado á primera hora de mañana. Hoy, pues, debe haber sido fusilado en Cienfuegos el cabecilla Acebo"».
Otros, como El Correo Militar se extendieron en los detalles: «Ayer a las siete menos quince minutos de la mañana ha sido fusilado el cabecilla asturiano Acebo. Ha muerto con gran serenidad y demostrando que estaba verdaderamente arrepentido de haberse alzado en armas contra la integridad de la patria. El periódico Las Villas publicara una carta de Acebo en la cual este se retracta de sus ideas separatistas. Durante el acto de fusilamiento no ha ocurrido incidente alguno. El consejo había apreciado todas las agravantes que concurrieron en la despiadada conducta que observó el reo como jefe de una partida insurgente y la actividad que puso en juego para incendiar cuantas haciendas halló a su paso».
José Acebo Quintana fue ejecutado en el último periodo del general Martínez Campos en Cuba. El militar, que ya había estado al frente de las tropas coloniales entre 1868 y 1872 y de nuevo entre 1877 y 1879, era conocido por su carácter conciliador y por combinar la acción militar con la política obteniendo buenos resultados. Sin embargo en 1895 esta táctica quedó relegada y al negarse a emplear la violencia sistemática que se proponía desde el gobierno español, abandonó definitivamente la isla. La historia recoge que en lo duró su mandato solo fueron fusilados cinco cabecillas insurrectos y en todos los casos los motivos apuntaron hacia el ensañamiento o los incendios injustificados, lo que parece dar la razón a quienes defienden que el asturiano se excedió en su fervor revolucionario.
Quienes apretaron el gatillo contra él pertenecían a la 1.ª compañía del Batallón expedicionario de Castilla 16 mandado por un teniente coronel y que había embarcado en Cádiz el 25 de noviembre en el vapor Ciudad de Cádiz para llegar a la isla el día 9 de diciembre. Aquellos fueron sus primeros disparos en la isla y los hicieron contra otro español, como anticipo de la dureza de aquella contienda que en puridad tenía todas las características de una guerra civil. Luego salieron de Cienfuegos en dirección a Santa Clara donde estuvieron hasta el 4 de enero y diez días más tarde tuvieron su primer enfrentamiento contra los mambises en Cayo de Rosa.
En la partida de defunción que se conserva en la iglesia parroquial de La Purísima Concepción de Cienfuegos se apuntó que el fusilamiento fue a las 6,30 horas por sentencia de Tribunal de Guerra, que José Acebo Quintana se dedicaba al comercio, estaba casado, tenía 28 años de edad y era natural de Campo de Caso (Asturias). Hoy en Cuba se le considera un héroe.

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HITORIADOR

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada