18 de marzo de 2018

La fundación de polas o villas nuevas en Asturias

Alfonso X funda las polas de Valdés,  Nava, Siero y Villaviciosa
Alfonso X el Sabio. (Biografías y Vidas)
En el curso del siglo XIII asistimos a uno de los procesos que más honda huella histórica dejarían en nuestra región: la fundación, por iniciativa regia, de un crecido número de polas o villas nuevas. Esta actividad fundacional se concentra cronológicamente en torno a 1270, bajo el decidido impulso del rey Alfonso X
FOTOGRAFÍA ANTIGUA DE ASTURIAS. POLA DE LENA. PARQUE Y CALLE DE VICENTE REGUERAL. (Todocolección)
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Las formas tradicionales de poblamiento de las tierras norte­ñas de la Península (Galicia y la franja comprendida entre la cor­dillera Cantábrica y el mar), expe­rimentarán en el curso de la Baja Edad Media una sustancial transfor­mación a consecuencia de la política de promoción urbana desplegada por los monarcas castellano-leone­ses sobre esas áreas periféricas del reino.
FOTOGRAFÍA ANTIGUA DE ASTURIAS. MOREDA DE ALLER. AÑO 1925. (Todocolección)
Fruto de esa inteligente y pro­gramada política será la constitución de un numerosísimo elenco de bur­gos, villas o puebla nuevas (su di­versa adjetivación toponímica es irrelevante),  cuya calificación urba­na deriva del reconocimiento de una autonomía municipal y de un dere­cho privilegiado, de la existencia de un principio de división social del trabajo con la implantación, en ma­yor o menor medida, de actividades artesanales y comerciales, y de una doble función integradora que esos núcleos locales están llamados a cumplir en relación con su entorno rural: político-administrativa, en cuanto se constituyen en capitalidad y centro jurisdiccional de un distrito de extensión variable (el término o alfoz) y económica, al canalizar a través de la institución del mercado local la vida mercantil y artesanal de ese distrito.
El rey Alfonso IX. (Pinterest)


En el concreto ámbito asturiano el proceso generador de las villas, pueblas o polas nuevas se inicia con Alfonso IX de León, fundador de las de Tineo, Llanes y Pravia, en la tercera década del siglo XIII confirmando su hijo Fernando III los fueros de esta última población. Pero será en la segunda mitad del siglo XIII cuando la repoblación urbana reciba en Asturias un impulso decisivo por obra de Alfonso X. a quien deben su nacimiento la mayor parte de las actuales villas de la región.
El Rey Sabio funda, en 1255, la Puebla de Cangas (del Narcea) y, por la misma época, la de Grado; posteriormente y también a iniciativa del mismo monarca, se constituirán siete nuevas pueblas: Lena (1266), Somiedo, Gijón y Salas, en los años inmediatos: Valdés (Luarca), Nava, Siero y Maliavo (Villaviciosa), en 1270. Además de estas villas aparece documentalmente acreditada en el último tercio del siglo XIII y principios del XIV, la existencia de otro numeroso grupo (pueblas de Navia,  Colunga, Ribadesella, Gozón (Luanco), Carreño (Candás), Laviana, Aller, cuyas cartas fundacionales no han llegado hasta nosotros ni se conserva noticia sobre el momento de su constitución, pero su origen parece guardar estrecha relación con la política de promoción urbana desplegada en Asturias por Alfonso X.  Cierra el ciclo fundacional de pueblas o villas realengas la creación, en 1344 y por iniciativa de Alfonso XI, de la Puebla de Sobrescobio.
Pola de laviana. Plaza de La Pontona en 1910. (lacuencadelnalon.es)
Paralelamente a esa repoblación dirigida por los monarcas, y también estimulada directamente por ellos, se desenvuelve otra de tipo señorial en algunos de los territorios sometidos a la jurisdicción de la Mitra ovetense. Entre 1262 y 1268 el obispo don Pedro otorga la carta fundacional a la Puebla de Allande. En 1298 el prelado Fernando Alfonso daba licencia al concejo de la Tierra de Ribadeo para la erección de la Puebla de Castropol, concediendo fuero a sus pobladores al año siguiente: la nueva puebla desplazaba en la capitalidad de aquel extenso territorio episcopal a la cercana Puebla de Roboredo, fundada seguramente por Alfonso X a instancias episcopales. En 1338 será el obispo don Juan quien ordene la constitución de una nueva puebla en Langreo. Finalmente, en 1421, otro prelado, don Diego, expedía la carta fundacional de la más tardía de las pueblas nuevas asturianas: la de Las Regueras. El instrumento jurídico que canaliza esta política de creación de nuevos villazgos es, en la Asturias bajomedieval como en las regiones norteñas afectadas en la misma época por esa acción repobladora, la carta otorgada por el rey o señor jurisdiccional (en la región asturiana los obispos de Oviedo) a los habitantes de la tierra o concejo rural, a quienes se procura atraer y concentrar mediante concesiones privilegiadas en el lugar fijado para el asentamiento de la puebla.
Pola de Somiedo. (Senderos para una isquemia)
Las cartas de población, de las que se ha conservado hasta el presente un buen número, exponen las motivaciones de la fundación, que remiten a la situación de indefensión frente a los abusos de los poderosos en que se encontraban los peticionarios del villazgo, y plantean dicha fundación con un doble objetivo: «que la tierra sea mejor poblada y se mantenga más en justicia».
A continuación determinan el lugar de asentamiento de la puebla y los límites de su alfoz o término municipal: incluyen normalmente la concesión de celebrar mercado franco una vez por semana; establecen el estatuto de la colectividad vecinal con centro en la puebla, dando cauce jurídico a sus relaciones con el poder superior; y disponen en la generalidad de los casos la aplicación de un mismo derecho local (el contenido en el fuero modelo de Benavente), a las nuevas entidades municipales que adquieren ya, a partir de la concesión de la carta de población (verdadero acta de nacimiento de las villas nuevas), una clara y precisa delimitación de su personalidad jurídico-pública.
POLA DE SIERO. PLAZA DE LAS CAMPAS VISTA GENERAL (.MERCADO ). (Todocolección)
Véase, como ejemplo, la que otorga Alfonso X a los hombres de la tierra de Maliayo, futura Villaviciosa, el 17 de octubre de 1270, que ofrece el modelo redaccional al que se ajustan, con algunas variantes, la generalidad de los instrumentos fundacionales de las villas nuevas asturianas y algunas gallegas:
(...) nos don Alfonso, rey de Castilla [...] por les hacer bien y merced [a los hombres de la tierra de Maliayo] y por que la tierra sea mejor poblada y se mantenga más en justicia dárnosles y otorgárnosles todos los nuestros realengos y todos los nuestros derechos que habernos en esa tierra [...] en tal manera que ellos pueblen el lugar que dicen Buetes, y que fagan allí villa y todos los que allí poblaren que tengan allí las mayores casas pobladas y encierren allí su pan y vino.
Y otrosí, les otorgamos que fagan mercado cada semana en día de miércoles y que todos aquellos que allí vinieren que vengan y vayan seguros así como a todos los otros mercados de Asturias.
Y otrosí, les otorgamos el fuero de Benavente por que se juzguen, y los que se alzaren de los juicios de esta puebla que se alcen a nos y no a otro lugar.
Y otrosí, les otorgamos que hayan estos términos libres y quitos por estos lugares [se determinan con todo detalle].
Y por estas cosas sobredichas que les damos han de darnos cada año seiscientos maravedís, la mitad por el San Martín y la otra mitad para el San Juan de junio, y cien sueldos para yantar al merino que allí anduviere por nos una vez en el año, cuando allí fuere por razón de fazer su oficio.(…)
POSTAL DE TINEO (ASTURIAS) VISTA PARCIAL - EDICIONES ALARDE . (Todocolección)
Las pueblas se constituyen normalmente en torno a un establecimiento preexistente que, actuando de núcleo de atracción, concentra los elementos repobladores de las nuevas agrupaciones locales, de las que viene a ser en cierto modo el centro generador. Unas veces es una factoría portuaria, comercial y pesquera, como es el caso de la mayor parte de las villas marítimas; otras un castillo (Tineo, Salas, Nava); en ocasiones se trata de una antigua civitas o villa de tradición romana (Gijón, Pravia). No faltan tampoco supuestos de fundación exnihilo, en los que la nueva puebla se constituye sin conexión probada con un asentamiento anterior (Villaviciosa, Castropol).
POSTAL DE CASTROPOL - VISTA GENERAL - FOTO J.F.C. (Todocolección)
Los nombres propios de las nuevas villas se formarán, en la mayor parte de los casos, anteponiendo el genérico puebla o pola al nombre específico del territorio que en cada caso constituirá su alfoz o término municipal: Puebla de Grado, Puebla de Gijón, Puebla de Siero, Puebla de Nava, etc. En algunos casos, no muchos, se quiebra esa regla y el nombre específico del territorio se sustituye por el del lugar de asentamiento del villazgo: Puebla de Castropol, Puebla de Llanes. Aquellos topónimos compuestos se mantuvieron normalmente durante toda la Edad Media, perdurando en algunos supuestos hasta nuestros días. No es otro el origen de las varias polas que, todavía hoy, encontramos en el nomenclátor asturiano: Polas de Siero, Allande, Laviana, Lena y Somiedo.
FOTOGRAFÍA ANTIGUA DE ASTURIAS. SALAS. (Todocolección)
El proceso de formación y desarrollo de los villazgos, a partir de la decisión fundacional plasmada en la carta puebla, no siguió una línea uniforme. Factores de distinto tipo (demográficos, económicos, políticos, geográficos), condicionaron en cada caso el desenvolvimiento de ese proceso, acelerándolo unas veces, retardándolo otras, y llegando a aplazar en algún supuesto concreto durante varios decenios el efectivo establecimiento del centro local. Eso último ocurrió con la Pola de Siero, que recibe su carta fundacional en 1270 pero no se constituye hasta que, en 1310, los vecinos de aquel concejo solicitan y obtienen de Rodrigo Álvarez de Asturias, señor del territorio, autorización para hacer uso del privilegio de «hacer puebla» que 40 años antes les había concedido Alfonso X.
Por otra parte, la política regia de promoción urbana tuvo que vencer en no pocos casos las dificultades derivadas de la hostilidad de los señoríos eclesiásticos (episcopales y monásticas),  con derechos previos sobre las tierras en las que se iba a fundar un nuevo villazgo o sobre las colectividades humanas que habían solicitado del rey esa fundación.
Vista de Pravia. (ecosdepravia.com)
El ejemplo más radical de la oposición señorial al establecimiento de pueblas realengas en Asturias es el que nos ofrecen las entidades monásticas de San Pelayo de Oviedo y Santa María de Valdediós, a propósito de la frustrada fundación de la Puebla de Sariego: los vecinos de este concejo habían solicitado de Alfonso X la constitución de una puebla por la misma época (en torno a 1270) en que habían pedido y obtenido esta merced otros muchos concejos asturianos; pero el abad de Valdediós y la abadesa de San Pelayo se opondrían resueltamente a tal pretensión, alegando el sometimiento de los peticionarios al señorío de esos monasterios, que el monarca iba a reconocer, dejando sin efecto la autorización para la constitución de la puebla solicitada por los habitantes de Sariego.
ANTIGUA POSTAL ASTURIAS NAVA. (Todocolección)
Del conjunto de las pueblas nuevas asturianas, las de la costa fueron las llamadas a una más rápida prosperidad económica y mayor desarrollo urbano, manteniendo desde los siglos finales de la Edad Media una actividad comercial y pesquera de cierta importancia: tal fue el caso de Llanes, Ribadesella, Villavíciosa, Gijón, Luarca, Navia y Castropol.
De las interiores destacarían, sobre todo, las de Grado, Cangas del Narcea y Tineo. Los restantes villazgos, hasta época muy tardía, no lograron superar niveles de desarrollo muy modestos, configurándose como simples centros de mercado y cabeceras administrativas de sus alfoces o concejos.
FOTO POSTAL DE VILLAVICIOSA (ASTURIAS).- PLAZA DEL GENERALÍSIMO Y CALLE CERVANTES. (Todocolección)
Muy pocas han sido las villas nuevas que han conservado hasta nuestros días su vieja fisonomía medieval. De ellas acaso solamente las de Villaviciosa y, sobre todo, Llanes ofrecen en sus planos actuales y en algunos de sus elementos morfológicos el recuerdo de ese pasado. Esta última puebla mantiene igualmente una parte importante de su primitiva cerca o muralla, no quedando más que escasos vestigios o simples referencias documentales de las de otras antiguas villas: Pravia, Grado, Gijón, Villaviciosa y Castropol, de las que todavía existían elocuentes restos de sus cercas en el pasado siglo. Considerada en su conjunto, la incidencia de la fundación de las villas o pueblas nuevas sobre la vida regional, a pesar de las limitaciones que en muchos casos lastraron sus posibilidades de desarrollo de estructuras urbanas plenamente con-solidadas, fue muy positiva.
POSTAL NAVIA AVENIDA RAMON VALDES ASTURIAS. (Todocolección)
Su establecimiento constituyó un elemento hondamente dinamizador de los tradicionales y arcaizantes moldes vitales del país, contribuyendo a la elevación de la condición jurídica y social de amplios sectores de su población y a la reanimación de la economía regional, y siendo un instrumento de indudable operatividad en la reorganización político-administrativa del territorio.
En este sentido seguramente no es exagerado afirmar que el movimiento fundacional de las villas nuevas asturianas (un total de 25) constituye, quizá, el hito más importante de la historia regional en el largo milenio comprendido entre los tiempos de la Monarquía asturiana y el renovador fenómeno de la industrialización decimonónica.
COLUNGA. EXTRAMUROS. HIJOS PABLO PÉREZ
Bibliografía consultada:
Textos Extraídos de "Historia Ilustrada de Asturias" (Ediciones Nobel, S.A)                          

FUENTE: JUAN IGNACIO RUIZ DE LA PEÑA 


Juan Ignacio Ruiz de la Peña. (Asturies.com)
Pequeña Biografía. 
Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar (Oviedo, 1941-2016).  Catedrático de Historia Medieval, liberal, católico, inteligente y sensible, hizo país con sus estudios y su fecundo magisterio
El catedrático de Historia Medieval Juan Ignacio Ruiz de la Peña Solar, asturiano a fuer de carbayón, hizo ciudad y país como pocos en el último siglo, con dos virtudes capitales y en su caso acusadísimas: inteligencia y pasión. Y ejerció desde una patria sublime y al tiempo humana, demasiado humana, como lo es la Universidad de Valdés Salas y de Leopoldo Alas que, a veces madrastra, no le concedió el honor de ser catedrático emérito. Liberal por convicción y práctica, católico de familia y creencias, sabio por esfuerzo y saga, progresista de resultas de la conciencia y los conocimientos y paisano a cuenta de su bonhomía y sentido común, Ruiz de la Peña, fallecido ayer a los 75 años tras una larga enfermedad respiratoria, fue discípulo y maestro de forma simultánea a lo largo de toda su vida, que resultó corta quizá porque, estoico, nunca cuidó la salud lo suficiente. Los Ruiz de la Peña llegaron a Asturias desde Burgos a partir de don Ignacio, canónigo organista de la Catedral. Una doble condición que aparece a lo largo y ancho de la extensa familia y de la biografía personal del profesor recién fallecido. Músicos de gran nivel artístico y creyentes con sólidos fundamentos doctrinales.
El catedrático Juan Ignacio Ruiz de la Peña - La Nueva España
Estudió con doña Ramonina, en una escuela que estaba al inicio de la cuesta de la Vega, y después hizo el ingreso de Bachillerato en 1951 en el colegio Hispania -un centro privado que no dependía de una orden religiosa-, en la entonces calle del Matadero, según la denominación popular, ahora marqués de Gastañaga. Cursó Derecho en la Facultad de la calle San Francisco, logró el premio extraordinario de Licenciatura, se doctoró en 1967 también con las máximas calificaciones -dio clases de Historia del Derecho durante tres años-, y con esa formación -estudió después Filosofía y Letras- se convirtió en un gran medievalista, una verdadera referencia nacional, de la mano de su maestro don Juan Uría.
El tristemente desaparecido y expresidente del Real Instituto de Estudios asturianos, el profesor Juan Ignacio Ruiz de la Peña en su despacho. (TPA)
Al modo anglosajón, la formación académica específica no condicionó el desarrollo posterior. Lo mismo vale para otros jóvenes condiscípulos, muy destacados, de su misma generación, como Vidal Peña, que también hizo Derecho y después siguió por el mundo de la filosofía con Gustavo Bueno o Juan Cueto, igualmente jurista y con el tiempo periodista y comunicólogo. Todo dependía de los maestros y de planteamientos abiertos tanto en las instituciones como en la sociedad. La formación de Ruiz de la Peña al lado de Uría fue plena, al modo universitario tradicional, hasta tal punto que calificar su relación de paterno filial no sería exagerado. Vivían en Valentín Masip, en el mismo edificio. Don Juan se proyectó en un amplísimo abanico de inquietudes, materias y temas, y ahí aprendió Ruiz de la Peña que la historia es infinita sin por eso despreciar las especializaciones.
El catedrático Juan Ignacio Ruiz de la Peña. (Oviedo, 1941-2016) - La Nueva España

FUENTE: JAVIER NEIRA. (LA NUEVA ESPAÑA)
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