12 de enero de 2018

La Capitana de los lobos

Ana María García la lobera asturiana
Dibujo representando a uno de los famosos loberos jurdanos, del libro “El lobero de Las Hurdes”, de Juan Piedrahíta, 1941
Decían que eran hombres o mujeres con poderes sobrenaturales por el dominio que ejercían sobre los lobos, y no era raro verlos siempre acompañados por estos animales
Lobo, lámina de Gonzalo Gil
Ana María García, a quien apodaron la Lobera, nació en 1623 en una aldea vecina de Llanes, en Asturias. Huérfana muy temprana, fue deambulando de casa en casa de diversos familiares, utilizada como sirvienta, víctima de todos los malos tratos imaginables, violada y embarazada en plena adolescencia.
A finales de mayo de 1648 se abrió el proceso contra Ana María García. (Detectives de la Historia). Eugenio Racuenco.
La estación más amable de su vía crucis quizá fuera la casa de una vieja que tenía fama de bruja, Catalina González, quien, según confesaría mucho más tarde la propia Ana María ante el tribunal de la Inquisición, la enseñó a pactar con los diablos y a tratar con los lobos, si bien no llegó a transmitirle (menos mal) su condición de bruja, ya que la joven criada se negó a ponerse la saya que su ama quiso hacerle heredar. A la muerte de quien la había acogido, Ana María se convirtió en concubina nómada de pastores trashumantes y en víctima de los renovados malos tratos que cabe suponer. Su peregrinar con varones y ganados la llevó hasta tierras toledanas, donde lo agreste de su aspecto, de sus costumbres, de su lengua, y las manifestaciones acaso de alguna más que probable enfermedad mental (que aquellos siglos confundían tan a menudo con posesiones diabólicas y con identidades hechiceriles) dieron alas a su fama de mujer salvaje que vivía en más cómoda intimidad con las bestias feroces que con los humanos.
Extraños y salvajes, los encantadores de lobos eran muy temidos por los campesinos. (Aprendiendo vida-blogger)
En esta época entabló la Lobera amistad con dos pastores que se dedicaban a la trashumancia por Asturias y León. Se quedó con ellos tres años teniendo relación con ambos. Fue un tiempo bueno para ella, ya que tuvo con esos dos pastores lo más parecido a una familia que había conocido. La joven era guapa y sus fieles animales le daban un toque de misterio. En esos tres años los lobos le ayudaron y protegieron. Sin embargo, no fue denunciada ni tuvo ningún contratiempo hasta que, dejando a los pastores, se dirigió hacia La Mancha.
Llegó hasta Toledo donde se unió con otro pastor que regentaba las tierras de don Gabriel Nuño de Guzmán, un terrateniente de la zona. Ana María llamó la atención de doña María de Cerro, esposa del propietario. Se rumoreaba que, aparte de su vida libidinosa, realizaba cultos paganos como demostraban sus siete lobos. Doña María de Cerro la interrogó. Ante esto la Lobera decidió huir de nuevo hacia Asturias, pero fue detenida por la Inquisición.
Extraños, bellos y salvajes. Ilustración de una manada de lobos matando una oveja 
Fue de manera inmediata encausada por, entre otros crímenes, haber sido pupila de una bruja, pactado con el diablo, mantenido concubinato con pastores, tratar con siete lobos de diferentes colores (que en realidad eran demonios disfrazados) a los que guiaba y mandaba, causado daños en los ganados y en las propiedades de aquellos a quienes quería mal (comisionando para ello a los lobos), y usado conjuros y artes diabólicos. La condena fue benigna, para lo grave e historiado de tales acusaciones y para los usos de entonces: en qué estado de cuerpo y de mente encontrarían los inquisidores a la triste Ana María, que solo fue reprendida y enviada a un correccional en el que recibiría cristiana instrucción durante cuatro meses. Sus huellas se pierden, al cabo de la última firma que quedó estampada en el acta de su proceso, en la oscuridad de aquellos siglos oscuros.
Los loberos, hombres con poderes sobrenaturales por el dominio que ejercían sobre los lobos. (http://www.historiadeiberiavieja.com)
Ana María la Lobera fue víctima de muchas violencias: la de la incultura, la superstición, la exclusión, la intolerancia. Asturiana fuera de Asturias, extranjera chica dentro de una patria tan grande que no entendía la lengua ni las costumbres ni las desdichas de muchos de los suyos, lo peor de todo fue que hasta fue víctima del folclore que la precedió. Lope de Vega, en su Farmaceutria o Égloga III, desarrollaba, bastantes años antes de que fuera instruido el proceso inquisitorial contra Ana María, la tenebrosa historia de un mago que manejaba como si fueran títeres una partida de «fieros lobos de Asturias» con los que sembraba el terror por los pueblos de pastores. Síntoma de quién sabe cuántas otras historias que circularían, de viva voz, acerca de sanguinarios lobos astures y de sus diabólicos guías y capitanes.
Manada de lobos. (Wikipedia)
LISTA DE ACUSACIONES DEL SANTO OFICIO
La lista de acusaciones que recayeron sobre la Llobera de Llanes fue clasificada en once apartados.
«Acuso criminalmente a Ana María García, por otro nombre la Llobera, natural del lugar de Posada, en el concejo de Llanes, Principado de Asturias, presa en cárceles secretas. Y digo que siendo la susodicha cristiana bautizada y en al común opinión y estimación tenida y reputada por tal, gozando de las gracias y privilegios, inmunidades, prerrogativas y excepciones que los demás fieles católicos cristianos suelen y deben gozar, olvidando sus obligaciones, ingrata y desconocida a tantos y tan singulares beneficios, en ofensa de Dios nuestro señor y contra su santa fe…».
Cabeza de lobo de Fernando García Herrera
El fiscal detalló todos los hechos malévolos de los que se le acusaba, como, por ejemplo:
  • 1. Que (…) en un lugar de dicho concejo de Llanes cierta persona de vida tan relaxada y nefanda que aconsejó y dixo a la rea si quería andar con los lobos y encantarlos, había de dar el brazo derecho al diablo, y que haciendo con las manos un cerco en la tierra y dando un silbido vendrían a su mandado, y los encantaría: y que si también quería hacer mal con ellos lo podría hacer, y que si no, podría guardar el ganado dellos, y hacer que no hiciesen mal a los ganados, ni a persona alguna. En lo cual vino la rea (…) ofreció el brazo derecho al Demonio, diciéndole: yo te ofrezco este brazo derecho.
  • 2. (…) que habiendo muerto la dicha persona y dexado a la rea una saya como tan su amiga, estando ésta a solas hilando (…) se le apareció un bulto negro de hombre, con cuernos a los lados de la frente (…) asiéndole del mismo brazo el bulto dixo si le ofrecía aquel brazo; y la rea respondió que se lo ofrecía; y él la volvió a decir que bien sabía que aquel brazo era suyo (…) Con lo cual se fue el bulto, y aunque entonces no lo dixo quién era, bien entendió la rea que era el Demonio, y como a tal le ofreció el brazo derecho.
    El guardián (Lobo) de Fernando García Herrera
  • 3 y 4. Que siguiendo el consejo que en capítulo primero ha referido la dio la dicha persona, y continuando la rea el crédito que la dio y al Demonio (siendo padre de la mentira y el mayor enemigo de las almas) en confirmación de la amistad y pacto que hizo con él, ofreciéndole su brazo derecho para que la favoreciese y asistiese, habiéndose ido con unos pastores, con quienes ha tratado deshonestamente y andado tres años, ha llamado a los lobos haciendo el cerco en la tierra y metiéndose dentro, y dando un silbo venían siete lobos de diferentes colores, que eran demonios, y se iban tras ella por donde quiera que iba, y cuando estaba dentro del cerco andaban ellos alrededor sin entrar en él, y la rea los repartía, tres por una parte, dos en otra y dos en otra, y venían unas veces sin llamarlos y otras porque los llamaba para que estuvieran con ella.
    Imagen ficticia de Ana María García, por otro nombre la Llobera, natural del lugar de Posada, en el concejo de Llanes, Principado de Asturias. (Eugenio Racuenco)
  • 5. (…) que era tal la familiaridad que tenía con los demonios (…) en forma de lobos (…) que no podía hallar sin su compañía. Y sabiéndolo los pastores la instaron, y ella se los prometió no hacer mal con los demonios a sus ganados ni a los de otros ni a personas algunas, si bien no siempre lo cumplía, antes echaba los lobos al ganado que le aprecia y a la parte que le hacía mal pasaje.
  • 6. (…) que en las dehesas de Alcudia, habiendo la rea llegado a un cazador que llevaba una carga de conejos y perdices a vender, le pidió un conejo, y no se lo quiso dar y dentro de tres días comieron los lobos a una bestia de carga de dicho cazador. Y todos lo atribuyeron a que la Lobera lo quería así, teniéndola también por bruja hechicera.
  • 7. (…) que en dichas dehesas llegó otra vez la rea a una majada de un pastor y, no habiéndola dado lo que ella le había pedido, le comieron a segunda noche los lobos tres cabras.
  • 8. (…) que para llamar a los demonios decía la rea ciertas palabras, que afirmó no podía decir porque la vendría mucho daño (…) Lo cual no es de creer, sino que maliciosamente las calla. Y así pido la declare».

Ilustración de Loberos. (Los brujos y brujas del Aragón demonio - blogger)
Ana María dio contestación a cada punto de la acusación. Se reafirmó en cada una de las primeras respuestas que dio a los miembros del Santo Oficio. Y zanjó su defensa con una solicitud al tribunal eclesiástico: «(…) que el tribunal use con ella de misericordia atento ha confesado y dicho la verdad como consta en sus confesiones y que es una pobre mujer que ha sido engañada y promete no volver a más a ofender a Dios y procurar ser muy buena cristiana y que si acordare de otra cosa lo dirá y todo lo que lleva dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene fecho (…)».
El 3 de agosto de 1648 el tribunal inquisitorial toledano disponían que la rea, bajo la abjuración de levi, podría ser puesta en libertad (en otros documentos aparece esta fecha como la de su ejecución a manos de la inquisición).
Loberos. (Philippe Legendre-Kvater, Le Meneur de Loups)
Un desenlace incierto
¿Cómo pudo escapar a la tortura y la hoguera? Nadie sabe cómo la Llobera de Llanes logró eludir las garras del Santo Oficio. Tanto historiadores como cronistas -como Caro Baroja- coinciden en señalar que eludió el rollo o las llamas de la hoguera debido a la poca información que guardaba la curia religiosa. Lo único que parece cierto es que retornó a la Asturias que un día había abandonado. Aquella mujer de gran belleza, parecida «a ese tipo céltico de moza -rubricaba Juan Luis Rodríguez-Vigil, el que fuera consejero de Sanidad y presidente del Principiado de Asturias, en su obra «Bruxas, lobos e Inquisición»- que aún es frecuente ver por las aldeas de los concejos altos de Asturias: estatura pequeña o mediana, de piernas y nalgas rotundas y fuertes, pecho generoso y torso amplio, con cabellos arrubiados y rizados y la faz definida por ojos de intenso color azul, en todo caso con pómulos altos, nariz pequeña y tez clara o abundante de pecas, que la Llobera tendría, no obstante muy atezada por la continua exposición a la intemperie».
Lobo al trote de Mauricio Antón
Ser de Asturias (es decir, de los márgenes), ser mujer, ser pobre, ser ignorante, hablar otra lengua, no tener casa, sufrir presumiblemente alguna enfermedad mental, no eran los mejores méritos, ni en aquella época ni en ninguna otra, para que nadie pudiese llevar una vida cómoda y agradable. Pero aún peor para Ana María debió de ser parecerse a un mito que llevaba mucho tiempo vivo (porque el tiempo del mito es casi siempre muy dilatado) en la voz de todos, encajar como un calcetín en el rompecabezas tortuoso de los inmemoriales terrores colectivos, entrar en escena con la máscara de víctima expiatoria cuando era eso justamente lo que aquella sociedad desquiciada estaba esperando.
Lobo Ibérico el primer aullido de Miguel Borja Bersabé
FUENTE: ANTONIO CENIZA
MISTERIOS Y LEYENDAS DE GALICIA Y ASTURIAS. 
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