8 de enero de 2017

La despedida a Fernando Martos Cabrero, popularmente conocido como “Pina”

"Pina", el músico solidario
Fernando Martos Cabrero "Pina" (Lne)
El desaparecido y popular Fernando Martos Cabrero (1951 Linares-Jaén -  2017 Mieres-Asturias), llevaba años impartiendo maestría con la guitarra en Mieres, primero entreteniendo a clientes por locales de hostelería y luego como profesor
El grupo de aprendices de Pina, rodeando al maestro. (Lne)
Había que tener una fuerte dosis de entusiasmo, generosidad, disposición y sentido solidario, entre otras cosillas más, para dedicar su tiempo libre (de jubilado minero), a la enseñanza gratuita de colectivos y a ofrecer recitales solidarios, partiendo de una formación musical autodidacta, tal como hacia el mierense de adopción Fernando Martos Cabrero, para el general conocimiento de este su entorno vital, "Pina", que es como le conocía todo el mundo. Y es que esa es la estampa que ofrecía este andaluz de procedencia que consideraba la capital del concejo como su patria chica. Y es igual que se tratara de colectivos jóvenes o de la tercera edad. En realidad, "Pina" venía dedicándose desde hace mucho tiempo a difundir su "hobby", llegando a varias generaciones.

Pina en su etapa de jugador de fútbol ( arriba tercero Izda). Mieres Recuerdos
Fernando Martos, nació en 1951, allá por el Linares de Andalucía, estuvo a punto de venir al mundo en Mieres. Pero, cuando toda su familia se encontraba ya en la estación de tren de Linares, a su madre, embarazada y casi fuera de cuentas, se le adelantó el parto y "Pina" vio la luz en el hotel Las Palmeras, al lado mismo de la estación, debiendo retrasar el viaje (salvo el cabeza de familia) cosa de una semana. Así que, andaluz fue de nacimiento, pero?, nació con destino a Mieres.
Ya metido en la harina asturiana, estudió primaria seis años en el colegio Santiago Apóstol, para pasar más tarde al instituto Bernaldo de Quirós y cursar estudios de bachillerato. Posteriormente se dedicaría a tareas de aprendiz de mancebo en la farmacia de Santa Marina. Pero, la necesidad de conseguir dinero que llevar a casa lo llevó hasta el Pozo Nicolasa, en Ablaña, donde estuvo toda su vida laboral, primero de ayudante minero y luego de oficial sondista (Inyectador, es como se conoce en el argot minero), hasta los cuarenta y cuatro años, edad a la que le llegó la esperada prejubilación. Se casó a los veintiséis años con una bonita joven de Ujo llamada Isabel, tenía dos hijos, una pareja, Iván y Beatriz, y una nieta de cuatro años, Laura, que era "la niña de sus ojos".
¿De dónde le venía la vena musical? Su padre, también llamado Fernando, tenía una rondalla en el barrio de La Peña, y ahí nació su inquietud. A los diez años ya tocaba la guitarra, bandurria, laúd y timple canario. Pero antes fue opositor a futbolista iniciando el ciclo en el Mierense, más tarde Oviedo juvenil, Vetusta, Figaredo y Hunosa. También completó esta afición entrenando a las categorías inferiores del Caudal, todo, según su talante, de forma altruista. Y ahí concluyó todo. Pudo mucho más, su sentimiento por la música y sus deseos de expandirla, aunque, con un imperativo inamovible, al margen de que su condición de jubilado no se lo permite, nada de interés crematístico, todo a golpe de gratuidad, generosidad y solidaridad.
Fernando Martos, con su guitarra. (Lne)
El caso es que, con la guitarra como elemento aglutinador y haciendo gala de unas muy meritorias cualidades para la interpretación de canciones propias del instrumento, con imitaciones muy respetuosas de Los Panchos, María Dolores Pradera y, más recientemente, de Joaquín Sabina y Vicente Díaz, "Pina" dio rienda suelta a su afición por bares y demás establecimientos de hostelería, donde hacía participantes a los asistentes, alcanzando la lógica fama a nivel local, aunque también extendió su campo de influencia hacia localidades limítrofes. Y un día decidió llevar sus inquietudes hasta los centros geriátricos de la zona. El interrogante era, ¿porqué no hacer partícipes a estas gentes que se vieron obligadas al abandono de sus hogares y su terruño? A partir de ese momento, en fechas muy señaladas, la Residencia "Picu Siana", la de Ablaña, Santo Emiliano y las locales de la villa, se hermanaron con este singular intérprete de la música, cuya condición era la de divertir y hacer participar. También se desplazó con su grupo de jóvenes (es hora de decir que tenía una pequeña orquestina de guitarras), al centro geriátrico del Montepío de la Minería en Felechosa.
Y llegó el momento de su más fructífera satisfacción. Hace unos cuatro o cinco años le llaman del Centro de Día de Personas Mayores, en la confluencia de las calles Escuela de Capataces y Sacramento, donde sus aptitudes y su disposición venia alcanzando su máximo nivel, no ya como elemento de diversión y festivo, sino de pura enseñanza musical, a la que se apuntaban mierenses de varias generaciones para participar en dos cursos, uno de iniciación y otro de perfeccionamiento, siempre teniendo a la guitarra española como primera figura escénica.
Pina, en su etapa de entrenador con un equipo del Caudal benjamín. (facebook) 
En la actualidad contaba con unos cuarenta alumnos de edades que iban desde la más tierna juventud a la frontera de la tercera edad, de ambos sexos, y con una larga lista de espera que cada día aumenta más. Y todo bajo el imperativo exento de cualquier interés material.
La que fue directora del centro, María, y a la actual, Gema, sentían la necesidad de expresarle a "Pina" su agradecimiento por esta actividad. Y sin embargo era el propio Fernando Martos quién se sentía obligado a la gratitud con las responsables del centro por las facilidades que recibía para divulgar sus aficiones y deseos.
Cuenta la anécdota que en cierta ocasión a un alumno se le rompió una cuerda de su guitarra y manifestó la imposibilidad de poder seguir. A ello respondió "Pina": "Toma la mía que eso lo arreglo yo inmediatamente". Intercambiados los instrumentos, el profesor trazó, con una tiza, la línea de la cuerda rota y siguió tocando como si estuviese completa. Todos los presentes quedaron asombrados. Y es que, en ocasiones, hace más el deseo y la imaginación que los medios.
Disponía Fernando Martos de un amplio repertorio anecdótico. En su día, hace ya años, en Úbeda tuvo oportunidad de conocer a Joaquín Sabina, cuando éste tenía en torno a los veinte años. Allí se saludaron y estuvieron charlando un buen rato. La impresión de "Pina" sobre el cantautor fue estupenda y lo encontró muy gracioso. Él lo considera uno de los poetas urbanos más grande que tiene actualmente la lengua española. Sin embargo, todo lo que le ha sucedido en su larga trayectoria, musicalmente hablando, "Pina" lo resumía en una frase que aprendió de su padre: "El mejor pago que nos pueden dar es aprender y participar, por eso pienso que si cobro por mis actuaciones terminará por faltarme la ilusión".
Guitarra, instrumento con el que daba clase "Pina" . (Mati-2012)
FUENTE: AMADEO GANCEDO
Fernando Martos Cabrero "Pina". (Lne)
Fernando Martos Cabrero “Pina” se “fue” un frío día de enero, recién comenzando el año 2017. Para los cronistas interesados; 
“PINA” falleció en el Hospital Central de Asturias, HUCA  (Oviedo), el día 2 de Enero de 2017, a los 65 años de edad. Fernando Martos Cabrero, estaba muy ligado al mundo mierense en distintas facetas y dejó como legado a quienes lo conocieron, su tesón, alegría y carácter altruista. Mieres, ya no es lo mismo, se encuentra un poco más vacío sin “PINA”
D.E.P
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