23 de junio de 2016

Mauthausen, la última parada de un largo viaje

Asturianos en el horror nazi
Republicanos españoles realizando trabajos forzados en la cantera de Mauthausen. Están empujando un vagón cargado de tierra (fotografía 18.229 del servicio de archivos fotográficos del USHMM).
Casi un centenar de asturianos muertos a las orillas del Danubio. Estos republicanos están en la lista oficial de fallecidos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen. 
(Ver listado de asturianos muertos en  Mauthausen al final del Artículo)
(Estas escaleras tienen mucha sangre Española), El infame Todesstiege o Escalera de la Muerte. Los prisioneros eran obligados a llevar a los bloques de cantera de piedra hasta los 195 escalones desiguales estrechos, y hasta en el nivel superior. (Archivos Nacionales de EE.UU., desde el capturado   SS-Archiv)      
Una lista oficial que acaba de publicar el Ministerio de Justicia en su página web cifra en 4.440 los españoles muertos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen, la tumba de los republicanos que cayeron en manos de los nazis ante la indiferencia de la España franquista. De ellos, un total de 84 nacieron en Asturias. No obstante, las asociaciones de supervivientes cifran en 192 los asturianos que fallecieron de extenuación, falta de alimentos o por las brutales palizas a las que eran sometidos los reclusos. Se enfrentaron a la derrota en la Guerra Civil y marcharon al exilio sólo para darse de bruces con un conflicto aún más brutal que terminó llevándose a la mayoría. Justicia también da cuenta de seis asturianas deportadas, sobre todo a Ravensbrück, al menos dos de las cuales murieron en el cautiverio.
Entre los fallecidos se cuenta Belarmino Ramos Méndez, nacido en Avilés el 17 de febrero de 1894, y cuya muerte se produjo en el campo de Gusen el 5 de noviembre de 1941. Belarmino Ramos era uno de los organizadores del PSOE en Avilés y su esposa era delegada de la CNT. Su hijo Galo Ramos compartió cautiverio con él y otro hermano, y sobrevivió para relatar más tarde su terrible experiencia en el libro «Sobrevivir al infierno», con fotografías de Nardo Vilaboy y supervisado por la escritora Ángeles Caso.

El libro Sobrevivir al infierno de Galo Ramos
Ramos tenía 16 años cuando entró en Mauthausen, procedente de Angulema. Fallecido en 2002, siempre describía escenas horribles, como la de un SS estampando a un bebé contra una pared, o la propia muerte de su padre, extenuado y enfermo de ántrax, tras recibir un tratamiento de duchas heladas. Poco antes de morir recordaría sus lágrimas en el barracón al conocer la muerte de su padre, con 47 años. Un año antes de fallecer reunió fuerzas para regresar al escenario del horror.
De Belarmino Ramos se conocen las circunstancias del final que tuvo, pero las familias de muchos de los asturianos asesinados han tenido que conformarse durante muchos años con el silencio. «Mi abuela y mi bisabuelo se murieron con la pena de no saber qué había ocurrido con mi tío abuelo Manuel Villares Arias», asegura Sonia Martínez Villares, de Barres (Castropol). Villares nació en la localidad castropolense el 18 de diciembre de 1913, y su fallecimiento se registró en Gusen, el 15 de enero de 1942, con apenas 28 años. «No es justo que muriera en un campo de concentración ni que su familia tardara tanto en saber», añade. La propia hermana de Manuel Villares, Olvido, residente en Sama de Langreo, rememora aquel silencio que aplastó a las familias en la posguerra. «Hizo la mili en Galicia, en Marina, y a la vuelta estalló la guerra. Un día por la mañana fuimos con él a segar trigo. A la tarde dijo: "Voy a dar una vuelta", y no volvimos a verle más. Las tropas acababan de entrar por Galicia. Supimos que había luchado por Asturias y que le habían herido en el vientre. Y que luego se había marchado por el mundo, a pasar hambre y calamidad», relata Olvido Villares. «Mi padre, Ramón Villares, estuvo muy castigado. Tenía que ir todos los días a Castropol a dar cuenta al cuartel de la Guardia Civil», señala.
Los ex reclusos muestran el crematorio a los soldados del Ejército de Estados Unidos después de la liberación. (EE.UU. Foto Ejército, Archivos Nacionales)
«Estuvimos muchos años sin saber de él, hasta que un hermano mío mandó una carta a la Pirenaica, y fue entonces cuando dijeron que Manuel había muerto a consecuencia de malos tratamientos», relata la anciana. «Era un chavalín. Que un ser querido haya tenido esa muerte es algo muy doloroso», finalizó.
Marcelino Andrés Champín Molledo no tiene ningún recuerdo de su padre, Andrés Champín Cuesta. No tiene ninguna fotografía, ningún papel, nada. Sólo sabe que cuando él tenía apenas 2 años, por asuntos familiares, su progenitor viajó de Cangas de Onís, donde residía con su esposa y sus cuatro hijos, a su país de origen, Francia. La mala suerte quiso que estuviera en París el 14 de junio de 1940, cuando los alemanes invadieron la capital gala. Fue detenido y enviado a uno de los campos de Mauthausen. La esposa del detenido, la canguesa Inocencia Molledo, recibió un par de cartas escritas a lápiz. Y ya no supo más de su marido hasta 1973.
Prisioneros de Mauthausen saludan a la 11ª División Acorazada de los EE UU por su liberación bajo una pancarta escrita en español sobre sábanas
Los familiares dieron a Marcelino Andrés Champín por desaparecido, pero iniciaron su búsqueda. Nada averiguaron hasta que un amigo de Toulouse les dijo en 1973 que había leído en un periódico que había muerto. Fue declarado oficialmente muerto en 1974, treinta y dos años después de su fallecimiento y tras una larga lucha de su familia. Andrés Champín ha averiguado después algunas circunstancias más en torno a su padre. Sabe que murió en Gusen «de hambre y necesidad» y que, como a muchos otros, cuando ya no tenía fuerzas para mantenerse en pie, «lo tiraron en una finca y lo dejaron morir allí. El hombre es el peor de los animales. Bebe sin sed, come sin hambre y mata por matar», añade Andrés Champín, que reside en Villahormes (Llanes). Asegura además que su padre, natural de Lyon y casado en Covadonga, era «demasiado bueno» y que lo llena de orgullo que así se lo hayan reconocido «casi todos los que lo conocieron».
Quedan cada vez menos voces para perpetuar la memoria de los asturianos muertos en los campos. David Moyano Tejerina, que había nacido en Ujo (Mieres), en 1922, falleció en Bélgica el año pasado. Entró con 19 años en Mauthausen y pudo sobrevivir en el llamado Kommando Poschacher, donde entraban los reclusos más fuertes para trabajar en las canteras cercanas.
Presos deportados españoles en el campo de concentración de Mauthausen. Fotografía tomada en el momento de la liberación del campo de concentración de Mauthausen por las tropas Aliadas el 5 de mayo de 1945. En la imagen se puede ver un vehículo de la XI División Blindada del Ejército de los Estados Unidos entrando en el campo mientras una multitud de prisioneros les reciben como libertadores. Sobre la puerta del campo hay una pancarta donde puede leerse en español y otros idiomas "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras". A Mauthausen llegaron 7.000 españoles deportados desde la Francia ocupada por el régimen nazi, adonde se habían refugiado tras la guerra civil.
FUENTE: L. Á. VEGA / R. DÍAZ
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Asturianos muertos en Mauthausen
Mauthausen 1
Mauthausen es un municipio austriaco situado en el estado de Alta Austria, en la región de Mühlviertel, el distrito de Perg. La localidad es hoy una placida población de aproximadamente 4.850 habitantes asomadas al río Danubio. De las canteras de granito explotadas en sus inmediaciones salieron muchos de los adoquines que aun pavimentan las calles vienesas y en buena medida debe Mauthausen a esas canteras su triste celebridad.
Tras la anexión en 1938 de Austria por el tercer Reich se creó en Mauthausen un campo de concentración. El trabajo de las cantera de granito debería cumplir la doble finalidad educativa y productiva, “reformar” por el esfuerzo a los allí confinados y de paso, nutrir las arcas de las S.S.
A medida que se incrementaba el conflicto de la Segunda Guerra Mundial, fueron llegando al campo nuevos internados, entre ellos llegaron varios miles de republicanos españoles llegados de Francia. Los primeros grupos de republicanos procedían de las Compañías de Trabajadores Extranjeros organizadas por el gobierno francés en 1939, apresado por las tropas y policía germana durante la ofensiva de la primavera de 1940. Más tarde llegarían más a partir del ataque del Reich a la U.R.S.S en 1941, detenidos por su pertenencia a los grupos antinazis en Francia.
Mauthausen 2
El campo de Mauthausen se convirtió en el centro de dirección y de administración  de otros 49 campos menores o Kommandos extendidos por Austria que, con carácter provisional o permanente, proporcionaban trabajadores en régimen de esclavitud tanto para las labores agrícolas como para la producción de guerra hitleriana.
A 4 kilómetros de  Mauthausen se establecieron los Kommandos conocidos como:
·         Gusen I - (Canteras de granito y fábrica de armamento)
·         Gusen II – (Construcción de una fábrica subterránea de armamento)
·         Gusen III – (Tejera)
En ellos, al igual que el de Steyr en el que existía una fábrica de armas, y en otros menores, padecieron su calvario los deportados españoles.
Los Kommandos de Gusen se harían pronto famosos entre los prisioneros no sólo por la dureza de las condiciones del trabajo y del régimen inhumano de vida, sino por sus hornos crematorios en los que día y noche eran destruidas las incomodas pruebas materiales del genocidio.
Cuando, ante la proximidad de los aliados, fue liberado el campo por los propios detenidos el 4 de mayo de 1945, el hambre, las enfermedades, la tortura y en muchas ocasiones el asesinato habían acabado con la vida de 154.000 personas sobre un total de 206.000 deportados.
En Mauthausen y sus Kommandos dejaron la vida unos 7.000 españoles, otro número importante pero desconocido, lo habían hecho ya en el camino sangriento de la deportación.
Mauthausen 3
La coincidencia política y el sentido histórico de los republicanos lograron la conservación de una larga lista de más de 4.000 de sus muertos. A uno de los supervivientes españoles se debe además el primer relato sobre el horror de Mauthausen, “Lo que Dante no pudo imaginar”, escrito por Amadeo Sinca Vendrell una vez finalizada la guerra y publicado en Francia en 1946.
La lista que aquí se publica es la última (es probablemente única) nota histórica de casi un centenar de asturianos muertos a las orillas del Danubio.
La parquedad burocrática de esas breves actas de defunción (que señalan la parada última de un largo viaje iniciado por sus protagonistas en los días cálidos del verano de 1936), es también la prueba concisa, incontestable, de la tragedia del holocausto nunca nos fue ajena.
Libro Lo que Dante no pudo imaginar, escrito por Amadeo Sinca Vendrell
FUENTE: MIGUEL  A. DE BLAS

REVISTA ÁSTURA -  Nº 4 – 1985 (PG. 83, 84, 85) - Nuevos cartafueyos d’Asturies

LISTADO DE ASTURIANOS MUERTOS EN MAUTHAUSEN.
Listado de asturianos muertos en  Mauthausen
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