21 de julio de 2013

Fernando Solano Palacio, el polizón de Morcin en El «Winnipeg»

Un anarquista en el «Winnipeg»

Winnipeg es un barco francés de la primera mitad del siglo XX. Fue famoso porque arribó a las costas de Valparaíso, Chile el día 3 de septiembre de 1939, con 2.200 inmigrantes españoles provenientes desde Francia por iniciativa del poeta chileno Pablo Neruda. Los inmigrantes eran refugiados republicanos o comunistas de la Guerra Civil Española que habían huido de España por la llegada de Francisco Franco al poder. Tras la caida de Francia, el Winnipeg permaneció bajo bandera de Francia, navegando para la Francia de Vichy. Fue capturado el 26 de mayo de 1941 por el balandro holandés HNMS Van Kinsbergen (U 93) en el mar Caribe, y confiscado por el gobierno británico posteriormente. Algunos meses después fue adquirido por Canadá, y renombrado Winnipeg II. Fue torpedeado por el submarino alemán U-443 el 22 de octubre de 1942 mientras navegaba desde Liverpool hasta Saint John, New Brunswick. Todo el personal a bordo, fue rescatado. 

El morciniego Fernando Solano Palacio logró viajar como polizón en el carguero fletado por Pablo Neruda para llevar hasta Chile a refugiados españoles en Francia. (el 3 de septiembre de 2013, se cumplen 74 años de la aventura en El «Winnipeg»)


El «Winnipeg» fue un barco fletado, por iniciativa del poeta Pablo Neruda, con el objetivo de llevar hasta Chile a un grupo numeroso de refugiados españoles en Francia. La operación se hizo en 1939 cuando el gobierno de aquel país estaba presidido por el frente-populista Pedro Aguirre Cerda, quien pensando que Chile necesitaba mano de obra aconsejó que los pasajeros fuesen útiles para la industria, la minería y la agricultura, en vez de intelectuales y que los cupos del barco se distribuyesen de forma proporcional entre todos los partidos, agrupaciones y sindicatos antifranquistas.
La historia oficial también nos dice que en el viejo carguero preparado para la misión, pudieron embarcar 2.365 exiliados con un pasaporte colectivo hasta Valparaíso, adonde llegaron -aunque no todos- el 3 de septiembre de 1939, después de haber partido el 4 de agosto de 1939 desde el puerto de Trompeloup, cerca de Burdeos e incluso que muchos de ellos eran niños, que siguieron escolarizados a bordo. La realidad fue que el «Winnipeg» cumplió su cometido, pero la poderosa mano del estalinista Neruda se encargó de seleccionar a sus viajeros dando preferencia a sus camaradas del partido Comunista y marginando especialmente a los trotskistas y los anarquistas.
El laureado poeta, que unía a esta condición la de político, ya había sido diplomático en Barcelona y Madrid y lo era entonces en París, cuando el presidente lo designó como cónsul especial de la inmigración española en Francia. Él contó en uno de sus poemas el episodio del barco, escribiendo: "Yo decretaba el último Sí o el último No. Pero yo soy más Sí que No, de modo que siempre dije Sí», aunque los expertos que han investigado este capítulo, como el escritor americano Stephen Schwartz, afirman que «Neruda jugó el papel de un Schindler al revés», y el mismo lo confirmó en un informe de junio de 1939 al escribir: «Por ejemplo, yo me he negado a la entrada de anarquistas, Méjico los recibía hasta hace poco y ahora no sabe qué hacer?».

 
Fotografía tomada en junio de 1939 mientras el barco era acondicionado para su viaje a Chile. Biblioteca Nacional de Chile.

El «Winnipeg» era en aquel momento la última esperanza de muchos refugiados que habían pasado por las cárceles o los campos de concentración del país galo y tuvieron que volver a ellas y en no pocos casos seguir combatiendo, esta vez contra la Alemania nazi en la nueva guerra que estaba a las puertas de Europa. Por ello algunos como el conocido cenetista Josep Peirats, que había conseguido huir de uno de aquellos campos, intentó subir a bordo con otros compañeros, pero fue desembarcado por que no comulgaba con la ideología de los organizadores.
Quien sí lo consiguió fue el asturiano Fernando Solano Palacio, que pudo burlar la vigilancia y viajar como polizón., y como no sé si les suena de algo este nombre, ahora paso a contarles quien fue.
La breve biografía que se repite cuando se le menciona afirma que se desconoce su lugar de origen y que murió en Gijón en 1974. Después de buscar por los registros civiles puedo aclararles por fin estos datos: efectivamente murió en Gijón, de senectud, dice su partida de defunción, pero fue el 27 de octubre de 1973, y había nacido en Morcín el 26 de agosto de 1887, luego emigró siendo aún muy joven hasta América, pasando en diez años por Argentina, Chile, Panamá y Nueva York donde se empleó en unos astilleros. Ya de regreso, en España empezó a colaborar en publicaciones anarquistas como Tierra y Libertad o La Revista Blanca.
En la primera página de sus memorias, el recordado anarquista felguerino Aquilino Moral hizo una relación de sus compañeros asturianos más destacados y lo cita en ella aclarando que residía en Mieres, una zona en la que la CNT estaba en clara desventaja frente al todopoderoso Sindicato Minero de Manuel Llaneza; pero a pesar de esta circunstancia, pudo participar activamente en la preparación y desarrollo de la revolución de Asturias dejando su testimonio de estos hechos en el libro La revolución de octubre. Quince días de comunismo libertario en Asturias, escrito en la cárcel de Oviedo por consejo de Diego Abad de Santillán.
El libro se publicó inicialmente firmado con el seudónimo de «Ignotus»y tiene su propia historia, ya que durante la guerra corrió el rumor de la muerte de Solano en Asturias, y Manuel Villar encargó una segunda edición que firmó sin ningún reparo con su nombre, cambiándole el título por el de El Anarquismo en la revolución de Asturias.
No fue esta la única anécdota que envolvió a sus publicaciones. Cuando vio la luz «La tragedia del Norte», un grupo de asturianos, entre los que se hallaban individuos recién ingresados en la organización de la CNT, procedentes en su mayoría de partidos políticos, molestos por algunas de sus opiniones intentaron expulsarlo de la CNT y de la FAI, para poder asesinarlo después. Afortunadamente, los libertarios catalanes desbarataron aquel montaje y pudieron salvarlo.
Posteriormente volvió a ser detenido varias veces, juzgado por sus actividades y condenado a la última pena y en una ocasión apaleado casi hasta la muerte por la policía madrileña. En el año 1938 también salió de otra situación extrema gracias a la intervención del comandante Rozas, otro langreano que había luchado a su lado en el batallón Asturias 52?pero en este momento no puedo ampliarles estos capítulos porque el espacio me obliga a ceñirme al relato de lo ocurrido con el «Winnipeg».
Imagen del presidente de Chile en aquel momento, Pedro Aguirre Cerda, en la cubierta del Winnipeg. Este viejo carguero francés fue el barco que contrató Pablo Neruda para transportar a 2.365 exiliados españoles a Chile. (Foto: Biblioteca Nacional de Chile).

En el Archivo Nacional de Chile se conservan dos documentos que certifican el desembarco de 24 pasajeros, disidentes de la línea ortodoxa del PCE, en el primer puerto que el buque tocó en aquel país, el de Arica, ciudad conocida allí como la «puerta norte», por su proximidad a la frontera con Perú, mientras que otros 16 -los anarquistas- también fueron detenidos por viajar sin pasaporte. Aunque en realidad se los habían entregado a Ernesto Mollenhauer, sobrino de una autoridad militar chilena, quien se los solicitó para el trámite del desembarco, aduciendo después que los había extraviado, en una clara maniobra para poder acusarlos.
En los dos casos se adjuntan los nombres de los afectados y en el grupo de los 16 figura Fernando Solano Palacio, con estos datos: «natural de Asturias, 45 años, casado, lee y escribe, periodista, hijo de Manuel y Florentina. Exhibió carnet de miliciano».
Dicen que este pequeño grupo de libertarios fue recibido en la rada de Valparaíso por una lancha, donde sus compañeros los acogieron agitando banderas rojinegras. Luego, cada uno fue haciendo su vida. La del morciniego llenaría muchas páginas y está por contar, aunque de lo que sí disponemos es de su extensa obra en la que se encuentra desde un libro de versos titulado Jardín de Acracia, que escribió a medias con otro poeta de curioso nombre, Astru Astur, hasta numerosos artículos en prensa.
Entre sus libros, muchos de ellos publicados por La Revista Blanca, están «Aurora», «La mujer y el ideal», «Amor y sacrificio» y «El arreo». Aunque seguramente su novela más popular es «Entre dos Fascismos, Memorias de un voluntario de las Brigadas Internacionales», una critica al estalinismo que fue publicada en Valparaíso, donde pudo abrir una imprenta y ayudar a montar la editorial «Más allá», con la que también editó «El Éxodo por un refugiado español», donde contó lo ocurrido entre el 21 de febrero hasta el 4 de septiembre de 1939 con su huida y estancia en Francia y el viaje del «Winnipeg».
Fernando Solano Palacio pasó la mitad de su vida en Chile sin abandonar nunca su militancia, integrándose en el Grupo Anarquista Enrique Arenas y en la Federación Anarquista Internacional del país, por ello sus aportaciones a la prensa anarquista internacional, desde 1915 hasta los años setenta son incontables. Finalmente, cuando se encontró de cerca con la muerte quiso volver a quedarse.

                             Ilustración de Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR
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La otra historia del Winnipeg: los que Neruda excluyó.
 
El 3 de septiembre de 1939, el Winnipeg recaló en Valparaíso con refugiados de la Guerra Civil española. Pablo Neruda estuvo a cargo de la operación y convirtió la historia en un mito de heroísmo. Sin embargo, su lista dejó fuera a quienes no comulgaban con Stalin.
http://www.latercera.com.
Era una tarea urgente y había poco tiempo. Pablo Neruda, cónsul de Chile para la inmigración española, hacía gestiones para traer refugiados de la Guerra Civil. Las instrucciones del gobierno de Pedro Aguirre Cerda eran precisas: se aceptarán sólo aquellos que sean útiles para la industria, la minería y la agricultura. Pero el poeta acababa de escribir su Canto de amor a Stalingrado y tenía su propio filtro: ni trotskistas ni anarquistas.
El 3 de septiembre de 1939, el Winnipeg recaló en Valparaíso. Había salido de Francia el 4 de agosto, con dos mil refugiados españoles. "Eran pescadores, campesinos, obreros, intelectuales, una muestra de la fuerza, del heroísmo y del trabajo. Mi poesía en su lucha había logrado encontrarles patria. Y me sentí orgulloso", recordará en Confieso que he vivido.
Como en casi todos los episodios de su vida, el poeta convertirá la historia del Winnipeg en un mito. Un poema de heroísmo y libertad.  "Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie", escribe. "Por primera y última vez debo haber parecido Júpiter a los emigrados. Yo decretaba el último SI o el último NO. Pero yo soy más SI que NO, de modo que siempre dije SI".

Es una leyenda encantadora, desde luego, pero una leyenda. En una carta de junio de 1939, el poeta informa a sus autoridades: "Por ejemplo, yo me he negado a la entrada de anarquistas, Méjico los recibía hasta hace poco y ahora no sabe qué hacer".
La empresa del Winnipeg, cuya importancia nadie desconoce, no estuvo libre de las divisiones que había generado la Guerra Civil. Así lo han establecido dos biógrafos del poeta, el alemán David Schidlowsky, autor de una investigación monumental, Las furias y las penas, y el británico Adam Feinstein (A passion for life), así como el escritor americano Stephen Schwartz. Este último es implacable: "Neruda jugó el papel de un Schindler al revés.
Usando su estatus de diplomático, se aseguró de que los pasaportes para abordar el Winnipeg fueran para refugiados que compartían sus políticas y sus creencias, que eran las de José Stalin. Los refugiados rechazados fueron condenados al encarcelamiento o la muerte en Francia, que dentro de un año cayó en las manos de los ejércitos de  Hitler".

POLIZONTES
El líder anarquista Josep Peirats escapó de España con el triunfo de Franco. Fue a dar a campos de prisioneros y huyó. Consiguió subir al Winnipeg con un par de compañeros, pero los bajaron -dijo- por no ser estalinista. Según relató en La CNT en la Revolución española, los viajes los controlaban los comunistas y en el caso de Chile, Neruda "hizo la selección".
Sin embargo, en la tripulación del Winnipeg lograron colarse refugiados que no eran comunistas. Fue el caso de Fernando Solano Palacio, quien viajó de polizonte. "El señor Neruda apela por todos los medios, por innobles y desleales que estos sean, para rechazar el mayor número posible de anarquistas, embarcando comunistas en su lugar, sin que esto sea óbice para que, valiéndose de su cargo de agente consular, ponga sus actividades no al servicio de Chile, y sí al servicio del Partido Comunista y de sus amistades", narró en sus memorias El éxodo. Por un refugiado español.
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Por lo menos Solano llegó a puerto. El pintor Eugenio Fernández Granell, en cambio, fue invitado a bajarse en el camino. Trotskista de toda la vida, se exilió en Santo Domingo. Según datos de David Schidlowsky, el 86% de las solicitudes de refugiados anarquistas fueron rechazadas: "El porcentaje de anarquistas que al final llega a Chile es de 0,9% del total, lo cual demuestra el éxito de las maniobras de los comunistas y Neruda". Es la otra historia del Winnipeg.

ACTIVIDADES POR EL ANIVERSARIO
Los 70 años de la llegada del Winnipeg serán celebrados con una serie de actividades que arrancan hoy. A las 19 horas, en la Biblioteca Nacional, Roser Bru, José Balmes y Víctor Pey (todos refugiados) animarán una mesa redonda. El acto central será mañana, a las 12 horas, en La Moneda, encabezado por la Presidenta Michelle Bachelet. El jueves habrá un homenaje a Neruda en su casa de Isla Negra y el viernes, en La Chascona, se presentará el poeta español Benjamín Prado, director de Cuadernos Hispanoamericanos. La Cineteca Nacional, en tanto, programó un ciclo de documentales sobre la Guerra Civil.

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FUENTE:  Andrés Gómez Bravo.
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Los exiliados españoles desmienten en Chile las leyendas entorno al barco Winnipeg. 
http://www.laregioninternacional.com

Refugiados de la Guerra Civil española que llegaron a Chile en el barco Winnipeg desmintieron en Santiago varias de las leyendas que circulan en torno a la embarcación fletada por el poeta Pablo Neruda. En el marco de la conmemoración del 70 aniversario del arribo del barco al puerto chileno de Valparaíso, los exiliados Víctor Pey y Roser Bru, y los historiadores Jaime Ferrer y Julio Gálvez, participaron en una charla en la que, además, contaron anécdotas de su viaje a Chile junto a alrededor de 2.300 refugiados más.

                Niños españoles que viajaron en el Winnipeg.
Pese a llevar el nombre de un lago canadiense, el Winnipeg era un carguero que pertenecía al Partido Comunista y formaba parte de la compañía naviera 'France Navigator'.
En contra de algunas versiones que salieron publicadas, el historiador Julio Gálvez afirmó que en el barco 'sí embarcaron muchos anarquistas', hecho que fue corroborado por uno de los asistentes al acto, quien se identificó como el hijo y nieto de anarquistas que viajaron en el Winnipeg.
El historiador señaló que algunas publicaciones, basadas en el libro 'El éxodo', de Solano Palacios, un anarquista que viajaba en el Winnipeg, señalaron la ausencia de anarquistas en el barco.
A pesar de que hay documentos que certifican que Neruda prefería que no hubiese anarquistas a bordo, el listado de pasajeros incluyó a muchas personas de esa ideología, indicó Gálvez.
El historiador señaló que Solano escribió una visión politizada de la travesía, donde calificaba a las mujeres que fumaban de 'prostitutas' y a los veintitrés miembros de la tripulación chilena del Winnipeg de 'borrachos'.
Los historiadores Jaime Ferrer y Julio Gálvez afirmaron que en el Winnipeg viajó 'gente de todas las regiones de España' y con 'oficios de todo tipo', pertenecientes a hasta 33 movimientos y partidos políticos distintos, según las fichas de los pasajeros que se encontraron.
Víctor Pey, pasajero del Winnipeg, contó su salida de España y señaló que 'entre 300.000 y 500.000 personas' se agolparon en la frontera entre España y Francia huyendo del dictador Francisco Franco.
'Yo y mi hermano atravesamos los Pirineos con una brújula durante tres días y tres noches de invierno', agregó.
 Pablo Neruda en Chile. La situación de los exiliados preocupó desde el inicio al poeta chileno, que se convertiría en Cónsul Especial para la Emigración Española y que ya había ejercido como cónsul en Barcelona y Madrid. 
(Foto: Fundación Pablo Neruda).
                          
Pablo Neruda conoció la situación de los refugiados españoles en campos de concentración franceses durante su etapa de cónsul chileno en Barcelona y Madrid.
A su regreso a Chile, en 1937, convenció al entonces presidente Pedro Aguirre Cerda para fletar un barco para trasladar a algunos refugiados a Chile para ofrecerles una vida mejor.
En 1939, el poeta viajó a Francia con este propósito, donde recibió miles de solicitudes de españoles refugiados que querían embarcarse en el Winnipeg rumbo al continente americano.
Ayudado por el ex gobierno republicano español, Neruda seleccionó las familias de refugiados que partieron desde el puerto Trompeloup-Pauillac, cerca de Burdeos, el 4 de agosto de 1939.
La pintora Roser Bru declaró que el Gobierno chileno pidió que entre los pasajeros del Winnipeg se encontraran profesionales de todo tipo, con el fin de que pudiesen aportar conocimientos al pueblo chileno, y descartó que solo hubiese gente afiliada al Partido Comunista.
Bajo este criterio, el Servicio de Evacuación de Refugiados del Gobierno republicano español en el exilio se encargó de seleccionar, entre los miles de refugiados de campos de concentración franceses, a los pasajeros que subirían a la embarcación.
Este miércoles algunos de los refugiados serán recibidos por la presidenta chilena, Michelle Bachelet, en el Palacio de La Moneda y, coincidiendo con el día que la nave llegó a Chile, rendirán un homenaje a Pablo Neruda con un viaje a la casa del poeta en Isla Negra.

FUENTE: Efe - (Santiago de Chile - 02-09-2009)
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