1 de febrero de 2013

Horacio Fernández Inguanzo," El Paisano"

Los magisterios de El Paisano

El Ayuntamiento de La Pola de Gordón, del PP, y la Fundación La Izquierda de Asturias se unen para recordar a Inguanzo

www.lne.es   (Jueves 03 de noviembre de 2011).




¿Y por qué le llamaban El Paisano?
La mujer dirige la pregunta a la comitiva que encabezan Gaspar Llamazares, diputado de IU y candidato por Asturias al Congreso en las elecciones del 20-N, y la plana mayor de la coalición en el Principado y en Castilla y León, con sus coordinadores al frente, Jesús Iglesias y José María González, respectivamente. Junto a ellos, con sonrisa hospitalaria, el alcalde de La Pola de Gordón, Francisco Castañón, del PP, que mira de vez en cuando al cielo con gesto contrariado. Llueve en los territorios mineros del alto Bernesga y el frío muerde portales y ventanas, el visillo que delata alguna mirada curiosa. La mujer, embutida en un impermeable verde, insiste: «Me gustaría saber quién era ese señor».
Si alguien odiaba el culto a la personalidad, una de esas injustificables inconsistencias segregadas por el comunismo internacional, era Horacio Fernández Inguanzo, El Paisano, según recordó ayer Llamazares. Jamás quiso un homenaje, un aplauso, los focos, que hablaran demasiado de él. Sus camaradas han tenido incluso dificultades para escribir una biografía que vaya un poco más allá de los datos públicos y alguna que otra trivialidad. Decía que era uno más. Así que nadie de la comitiva parecía muy dispuesto a ensayar la larga respuesta que la curiosidad de la mujer, de paso por La Pola de Gordón, reclamaba.
Media hora antes, pasadas las once y media de la mañana y bajo la perdigonada de la lluvia, la Fundación La Izquierda de Asturias había colocado una placa en recuerdo de El Paisano, figura histórica del comunismo asturiano y de la lucha por las libertades democráticas. Durante casi cuarenta años, desde el final de la Guerra Civil hasta la muerte de Franco, sólo conoció la prisión, la clandestinidad o el arresto domiciliario. Este año se conmemora, en medio de la mayor discreción, el centenario de su nacimiento en Llanes. El Ayuntamiento de La Pola de Gordón ha cedido un monolito en el parque Ángel González Juárez para rememorar que El Paisano dirigió junto a José Riera, en los años previos a la derrota republicana, las colonias escolares que el Orfanato Minero de Asturias tenía en tierras leonesas.
Hijo de un maestro de ideas socialistas, la primera vocación de Horacio Fernández Inguanzo fue la enseñanza, posiblemente también la más persistente. El franquismo hizo de él uno de los símbolos más íntegros de la resistencia civil democrática, pero pocos de quienes lo conocieron dudan de que hubiera deseado ser, más que nada, el maestro a pie de aula imbuido de muchos de las ideas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza. Fue uno de los primeros maestros del Orfanato Minero, incorporado en 1931 por el director de la institución, Ernesto Winter. Las colonias, como la de La Pola de Gordón, constituían el eje de una actividad de recreo concebida para mejorar la salud de los niños y completar su educación. El Paisano puso trabajo e ilusión en aquel proyecto.
«Se destaca que era buena persona; también su papel sustancial en la reorganización del partido (PCE), pero se resalta menos su figura de político pedagogo, su ejercicio de la política como acción ejemplar», explicó Llamazares. Inguanzo, que falleció en febrero de 1996, formó parte del primer Consejo Regional de Asturias, bajo la presidencia de Rafael Fernández, y fue elegido diputado en Cortes en 1979 y 1982. Aún hay quien recuerda su figura austera y de encanecido senador romano, en uno de los vagones de Renfe, camino de sus labores parlamentarias. Y luego en metro hasta la Carrera de San Jerónimo, jamás en taxi. Incrementó poco el déficit público. Mereció la gran cruz del Mérito Constitucional.
 Nevado y El Paisano en una asamblea de un pozo minero

En un momento de descrédito de la política, Llamazares, que aspira a recuperar para IU el escaño que ocupó El Paisano, puso a éste como paradigma del parlamentario de ideas que es, asimismo, el representante de los ciudadanos que está en permanente relación con sus electores: «Era un diputado que pisaba la caleya, leal con sus ideas y con los asturianos y muy alejado del diputado funcionario de ahora; hay un acomodamiento y una degradación de la actividad política».
Llamazares mitineó después en Ciñera. Allí había mineros jóvenes que sí sabían quién fue El Paisano.
FUENTE:  J. L. ARGÜELLES
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 Biografía.
 
     Horacio Fernández Inguanzo nace en Pesa de Pría (Llanes), el 8 de abril de 1911. Su padre era maestro, de ideología socialista; su madre procedía de un medio social campesino. Las dificultades económicas propias de una familia numerosa de entonces (llegaron a ser doce hermanos) le obligan a integrarse desde muy joven en el mundo laboral, empleándose en la cantina de la estación del Ferrocarril Vasco-Asturiano en Oviedo y luego de botones en un hotel de la misma ciudad. Al mismo tiempo, comienza a estudiar Magisterio como alumno libre. Posteriormente, entra a trabajar en el Orfanato Minero, al principio de auxiliar de oficina y ordenanza, impartiendo más tarde clases a los alumnos, incluso antes de terminar su carrera, e integrándose a la plantilla docente de la institución.
     La guerra le sorprende en Pola de Gordón como director de la Colonia Escolar de Verano del Orfanato. Miembro de la UGT, se incorpora como voluntario al frente y al poco tiempo ingresa en el Partido Comunista de España. Al concluir la contienda, ostentaba el rango de Teniente de Artillería. Con la caída de Asturias, es detenido en octubre de 1937. Comienza entonces, como tantos otros, su peregrinación por diversos centros de internamiento, desde el campo de concentración de La Magdalena hasta el Colegio de los Escolapios de Madrid, recalando finalmente en la cárcel del Coto (Gijón). Sometido a consejo de guerra en julio de 1938, es condenado a muerte, permaneciendo pendiente de la ejecución durante casi un año, hasta que finalmente le fue conmutada la pena. Trabaja luego como prisionero en la construcción de carreteras y ferrocarriles. Mientras tanto, su familia sufre intensamente la dura represión impuesta por los vencedores, las persecuciones, el encarcelamiento y el exilio. La peor suerte le corresponde a su padre, detenido en Oviedo y fusilado en la concha de Artedo.
     Puesto en libertad en 1943, Horacio se integra en la Unión Nacional, la plataforma unitaria impulsada en esos años por el Partido Comunista de España. También asume la Secretaría General del Partido Comunista en Asturias, en momentos especialmente duros. Detenido en 1945 y condenado a 12 años, vuelve nuevamente a prisión hasta 1954.
     Pasa luego cuatro años en libertad, alternando clases particulares con un trabajo de agente comercial que le permite viajar por la provincia y realizar una constante actividad clandestina, desde la dirección provincial del Partido, de la que forma parte. Con motivo de la huelga minera de 1958, para evitar ser nuevamente detenido, se ve obligado a refugiarse en la clandestinidad y huir a Francia.
     En el VI Congreso del Partido Comunista de España [PCE] (Navidades de 1959), como reconocimiento a su trabajo militante, es elegido miembro del Comité Central, pasando posteriormente a formar parte del Comité Ejecutivo. También ejercerá como Secretario del Partido Comunista en Asturias. Por estos años, entra y sale clandestinamente de España en numerosas ocasiones; durante más de una década, conocido como “Alfredo” y sobre todo como “El Paisano”, se convierte en la persona más buscada de Asturias por la policía franquista, desarrollando una intensísima labor política u organizativa. Es ahora cuando la figura de Horacio alcanza la categoría de auténtico mito de la resistencia contra la dictadura. Esta etapa concluye con su detención en Mieres, en mayo de 1969. Procesado por dos causas, por las que le solicitan 39 años de cárcel, permanece luego en arresto domiciliario, hasta que, tras la muerte de Franco, el presidente Suárez decreta la amnistía, concluyendo así su tercer período de reclusión.
En 1977, al salir de la cárcel, asume la Secretaría general del PCE de Asturias en la II Conferencia regional celebrada en el mes de abril, en vísperas de las primeras elecciones democráticas, reemplazando a Vicente Álvarez Areces. Con más de veinte años de cárcel y toda una vida de lucha sobre sus espaldas, se incorpora ahora a las tareas del Partido en las nuevas condiciones. En 1978, al quedar vacante la plaza de senador que ocupaba Wenceslao Roces, el Partido Comunista de Asturias (PCA) presenta su candidatura, aprovechando el prestigio de que goza en la región, obteniendo un excelente resultado. En 1979 y 1982 ocupará un escaño por Asturias al Congreso de diputados y, como el último de sus servicios institucionales, representará al Partido Comunista de Asturias (PCA) como Consejero de Sanidad en la preautonomía asturiana.
     A edad avanzada, en medio de un amplio reconocimiento social y ciudadano a quien fuera durante toda su vida no sólo hombre de diálogo, sino también un incansable luchador por las libertades y el socialismo, fallece en Gijón el 21 de febrero de 1996.

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