13 de febrero de 2013

San Petersburgo generó en 1905 actos de repulsa en las Cuencas

El eco del «Domingo Sangriento»

La brutal carga del ejército zarista contra una multitud hambrienta de San Petersburgo generó en 1905 actos de repulsa en las Cuencas, donde se gestaba el sentimiento de solidaridad internacional

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El 22 de enero de 1905 las tropas de élite del ejército zarista, esos cosacos bigotudos y gritones que solían aparecer en los cuentos de nuestra infancia, cargaron en San Petersburgo contra una multitud hambrienta, congregada frente al Palacio de Invierno con la intención de presentar a Nicolás II un escrito que recogía una lista de peticiones para ayudar a solucionar su miseria. Cuentan los investigadores que en aquellos momentos el soberano se encontraba lejos de la ciudad, pero a pesar de todo -cosas de tener el poder absoluto- no pudo negar la responsabilidad en el baño de sangre que dejó en las calles un número de víctimas que los más optimistas dejan en más de 200 muertos y 800 heridos de todas las edades, cifras que los periodistas de la época elevaron a más de 4.000 entre los dos grupos.
Aquel «Domingo Sangriento» abrió una brecha que ya no se iba a cerrar entre el pueblo ruso y la dinastía gobernante, los Romanov, que culminó en 1918 con la abdicación del zar, el fusilamiento de toda la familia imperial a manos de los bolcheviques en Ekaterimburgo y el nacimiento del primer estado comunista.
En la Montaña Central se siguieron de cerca los acontecimientos rusos porque en el mundo obrero estaba empezando a gestarse aquel sentimiento de solidaridad internacionalista que acabó siendo determinante para el éxito del llamamiento revolucionario de 1934.
Además, ni Rusia ni la familia que la dominaba eran unos desconocidos, ya que se recordaba que María Nikoláyevna Románova, hija del zar de entonces Nicolás I, y hermana de Alejandro II, había aportado en 1872 el 50% del capital para la creación de una sociedad destinada a explotar las minas de carbón y hierro asturianas promovida por los banqueros D'Eichtal, con la participación del duque de Riánsares y en la que habían trabajado muchas familias del Nalón. De modo que para recordar el «Domingo Sangriento» y protestar contra sus consecuencias, se convocaron varios actos que tuvieron una nutrida concurrencia.
En el archivo municipal de Mieres se guarda el panfleto que editó la Agrupación Socialista de Turón llamando a un mitin que debía celebrarse en la localidad a las tres de la tarde del domingo 19 de febrero. En su texto encontramos algunos párrafos que nos resumen la indignación con que se vivió aquel momento:

"Ciudadanos: los crímenes cometidos en las calles de San Petersburgo, nos demuestran cuan humana es la sociedad actual con los indefensos proletarios que reclaman un poco de lo mucho que les pertenece?ancianos, niños, mujeres e indefensos obreros han pagado con su vida, arrebatada de forma traidora por los defensores del Zarismo, años de sufrimiento, de opresión y barbarie, de esclavitud y látigo, de prisiones y torturas, de expatriaciones y deportaciones a temperaturas glaciales, en fin de todo aquello que ha constituido la forma de gobierno brutal y sanguinario del imperio moscovita, de ese imperio blanco como el sudario de la muerte y frío y amoratado como el cuerpo de un ajusticiado».
Quien redactó este pasquín conocía bien la situación rusa. El gran país había crecido en la última década del siglo XIX gracias a la entrada del dinero extranjero que favoreció su industria; en consecuencia y, como sucedió en otros lugares de Europa, muchos campesinos dejaron sus pueblos para atender la demanda de mano de obra que necesitaban las fábricas y se trasladaron en masa a las ciudades. Allí malvivían hacinados, sin derechos y trabajando duramente más de 16 horas para recibir a cambio salarios de miseria: habían cambiado su condición de siervos por otra que se le parecía mucho, donde, por ejemplo, participar en una huelga se castigaba con trabajos forzosos.
La entrada del siglo XX fue aún peor, porque la crisis económica forzó a cerrar muchos talleres, con lo que las calles se llenaron de despedidos que tampoco podían retornar a un campo arruinado por las sequías y anclado en unos sistemas de cultivos medievales. Para colmo de males, la mala política del zar embarcó a su pueblo en una guerra contra Japón, donde se puso en evidencia el atraso de su ejército. La sucesión de derrotas ocasionó una sangría constante de vidas jóvenes y un descontento generalizado, que, sumado al hambre que crecía entre los humildes, había conducido a una protesta generalizada y a los trágicos sucesos de San Petersburgo.
El socialista turonés tampoco se equivocó en sus predicciones sobre el futuro de Rusia: «El zarismo está cadavérico, no tardará en finalizar. Indefensa sangre ha enrojecido las heladas y nevadas calles de la capital rusófila. Las blanquecinas sábanas por motivo de los fusilamientos infames, tomaron el tinte de la bandera roja, bajo la cual se agrupan todos los que desean luchar por establecer el reinado de la paz?».
Por último, la proclama se cerraba con un llamamiento propio de los afanes pacifistas que todavía se defendían en aquel momento: «¡Trabajadores! Descubrámonos ante los fusilados cuerpos de nuestros compañeros los explotados rusos, y gritemos, muy alto para que nuestros tiranos nos oigan: ¡Abajo los asesinos del mundo entero! ¡Viva la paz universal!».
Al otro lado del cordal que separa las Cuencas Mineras, los obreros de Langreo también se agitaban en el mismo sentido y unieron el homenaje a los muertos de San Petersburgo con las demandas habituales que defendían en sus mítines. En el diario «El Noroeste» encontramos el resumen del que se celebró el día 27 de marzo de 1905 en el patio de don Ángel Roces, con una numerosa concurrencia entre la que se encontraban muchas mujeres.
Los primeros en hablar fueron los oradores Perfecto García y José Meneses, pero el discurso más esperado era el de Eduardo Varela, un conocido propagandista de entonces que comenzó su intervención manifestando sus dudas por estar a la altura que demandaban las circunstancias internacionales. Así que para analizar aquellos acontecimientos recurrió a esa muletilla, que cada vez se escucha menos en los políticos y más en los conferenciantes, y que consiste en pedir la benevolencia del público antes de entrar en materia.
Según la información que publicó el cronista del periódico, el activista repasó la historia del movimiento industrial que se estaba desarrollando en Rusia y del estado autócrata que regía aquella nación para detenerse en los grandes literatos que con sus que con sus conocimientos impulsaban a aquel pueblo a la civilización.
«No importa -dijo- que los sicarios del pueblo moscovita hayan ensangrentado las calles del Imperio. El zarismo se tambalea, caerá, caerá irremisiblemente para no volverse a levantar más. La Historia con sus irrefutables hechos así nos lo demuestra; ¿Más no creáis trabajadores que el régimen autócrata ha de ser sustituido por medio de la revolución social, por un régimen igualitario. Eso es hoy por hoy imposible».
Al historiador no deja de sorprenderle el acertado análisis que eran capaces de hacer aquellos hombres sobre una realidad tan lejana y su clarividencia para adivinar un futuro que acabó desarrollándose paso por paso tal y como ellos lo imaginaban, en contraste con la absoluta incertidumbre que hoy se vive sobre la resolución de la crisis que nos ahoga.
Vean como siguió su discurso y sorpréndanse: "La misma burguesía que hoy lucha al lado de los obreros se encargará de impedirlo, así pues, esto no es más que un preludio de lo que ocurrirá cuando la clase trabajadora, suficientemente organizada, tenga fuerza bastante para acabar con todos los regímenes de las injusticias existentes".
Luego puso punto final a este capítulo con otras consideraciones sobre la figura de Nicolás II, que a su modo de ver no era ni más ni menos que un maniquí manejado por sus consejeros y pasó a tratar el tema de las subsistencias, reclamando del Gobierno su abaratamiento y la apertura de obras publicas "donde encuentren colocación los muchos obreros que huelgan por fuerza".
Los hechos del Domingo Sangriento iniciaron una cadena de protestas por todo el Imperio que por vez primera se vio al borde de una revolución: los campesinos ocuparon las tierras en algunas regiones negándose a entregar las cosechas a los terratenientes y las huelgas paralizaron las industrias También sirvieron para unir a la clase obrera de todo el mundo, que respondió unida ante la agresión e incluso, en otro bucle de la historia, en cierta forma llegaron hasta nuestra época, animando la lucha de quienes vivimos la transición española gracias a «El Acorazado Potemkim», esa película que supo dar un salto en el tiempo para contarnos los enfrentamientos entre humildes y los poderosos que se dieron poco después en el seno del ejército ruso. Y es que el mundo es un pañuelo y la sangre -ya se sabe- muy escandalosa.


FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR
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 http://tintarojablog.wordpress.com
  El partido de los esclavos insurrectos.

Lo increíble se vuelve real, lo imposible se hace probable.

(León Trotsky, Mi Vida.)
 
La clase obrera, entra al nuevo siglo con grandes experiencias en sus espaldas. Los militantes revolucionarios, los que están fuera de la ley, van transmitiendo de generación en generación; el internacionalismo. Esa experiencia, en organización y programa, como también en tácticas y en la ideología socialista que les da un fundamento real, es heredada por la clase obrera para que esta no tenga que empezar cada vez desde cero. La historia y las luchas de la clase obrera por su emancipación, por conquistar el reinado de la libertad, el derecho al ocio y a la pereza, nos muestran la justicia de esto que decimos.
Desde Marx a las formulaciones más claras y actuales de Trotsky, hay una continuidad revolucionaria que se mantiene, pero que en la segunda posguerra del Siglo XX empezará a resquebrajarse.
Es esta continuidad histórica, desarrollada, criticada y superada bajo un mismo método (el del materialismo dialéctico) es el que permite a los revolucionarios del Siglo XX, – y también a los del XXI- recrear al marxismo, buscar y aprender de la tradición revolucionaria  y así luchar por el comunismo.
1905 significa “ensayo general”, una introducción, el preludio de la revolución socialista en la nueva era. En ésta se van a poner de manifiesto las nuevas formas de lucha y de organización, pero hay un elemento subjetivo de vital importancia: el partido revolucionario. Lenin cumple un papel clave en la historia acerca de esta cuestión. Inspirado en las mejores enseñanzas que dejo la gran revolución francesa, e incluso la rebelión de los esclavos en Roma antes de cristo, con Espartaco como figura visible, plantea construir un partido revolucionario, que pueda en los momentos decisivos inclinar la historia en  favor del verdadero progreso de la humanidad: la revolución socialista.

Antes de presentar una obra de teatro, e incluso una orquesta sinfónica, los actores hacen un ensayo general de lo que será la presentación en público. En el escenario de la lucha de clases, vamos a ver a los mismos actores, mismos papeles y música de fondo – la de los cañones y las guerras, y luego las canciones propias de la clase obrera revolucionaria- que se volverán a mostrar doce años mas tarde, en las revoluciones de Febrero y Octubre de 1917.
“Para Rusia, el movimiento de 1905 fue el ensayo general que había de preceder la revolución de 1917. Y lo mismo fue para mí. La decisión y la firmeza con que pude afrontar los sucesos del 17 nacían de ver en ellos la continuación y el desarrollo de aquella labor revolucionaria que vino a interrumpir, el 3 de diciembre de 1905, la detención del Soviet de Petrogrado.”
La revolución de 1905, tiene varios episodios, en primer lugar surge de una derrota.
El 9 de Enero, los obreros se contaban por millares, se concentraron frente al Palacio de Invierno, dirigidos por el cura Gapón, para peticionar ante el Zar, los derechos políticos mínimos e indispensables que todo régimen de dominio debería dar, para mantener la hegemonía sobre sus esclavos.
Sin piedad, los cosacos se lanzan contra la multitud, y abren fuego contra ella que sólo reclamaban ver al Zar.  “Según el informe de la policía, hubo ese día mas de mil muertos, y mas de dos mil heridos. La indignación de los obreros era indescriptible.”
Así empieza la revolución, con ese día, más conocido como el Domingo Sangriento.


FUENTE:  Tinta Roja blog
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 http://antoniocdelaserna.wordpress.com
 El padre Gapón, ¿revolucionario o infiltrado?
En 1903 el padre o pope Georgi Apollonovich Gapón formó la Asamblea de los Trabajadores Rusos ante las pésimas condiciones de vida de los obreros de San Petersburgo, además contó con la colaboración de la policía zarista en el afán de reducir el poder de otros grupos más radicales. Ya se rumoreaba en esta época que Gapón podría estar a sueldo de la policía. En 1904 las condiciones empeoraron con la subida de precios de los productos básicos y con la consiguiente caída del poder adquisitivo de los salarios. Cuando en la fábrica Putilov fueron despedidos de su trabajo cuatro obreros afiliados a la Asamblea, el padre Gapón organizó una acción de boicot que dejó sin luz la ciudad y que continuó con una huelga apoyada por 110.000 trabajadores. Con este apoyo Gapón se dirigió al zar presentándole las demandas de los trabajadores. Reivindicaron la libertad de los presos políticos y religiosos, libertad de expresión, educación universal gratuita, igualdad ante la ley, separación iglesia estado, creación de impuestos progresivos, entrega de tierras al pueblo, creación de comités de empresa, jornada de ocho horas, regulación salarial y un sistema de seguridad social estatal.
Estas peticiones fueron respaldadas por 100.000 firmas y Gapón convocó una manifestación pacífica para el día 9 de enero de 1905, a cuya finalización se entregarían las peticiones de los huelguistas en el Palacio de Invierno. Las autoridades de la ciudad prohibieron la manifestación, el zar había partido para Tsarskoe Selo el día anterior pero Gapón continúo con el proyecto.
El día 9 los huelguistas y sus familias se concentraron en seis puntos de la ciudad portando iconos religiosos. Se pusieron en camino hacia el Palacio de Invierno que se encontraba protegido por el Regimiento Preobrazhenski y la caballería cosaca. Cuando la muchedumbre se dirigía a la plaza del palacio los soldados abrieron fuego al aire para posteriormente volver a cargar sus armas y disparar contra los manifestantes. Al desorden producido siguió una carga de cosacos con las espadas en ristre.
Los huelguistas huyeron por todos los lados mientras los soldados cargaban contra hombres, mujeres y niños. Pese a este brutal ataque lo obreros lograron organizarse y reanudaron su avance obligando a los cosacos a retroceder sobre el rio Narva. Apenas les separabas escasos 50 metros cuando la infantería abrió fuego. Sobre el suelo quedaron cerca de 1.000 manifestantes muertos.
Según parece Gapón tenía conocimiento de que el zar no se encontraba ya en el palacio y que despareció de la manifestación poco antes de la carga de los cosacos. Otras fuentes apuntan a que permaneció oculto entre los cadáveres simulando ser un fallecido. Después de este domingo sangriento fue detenido disfrazado de obrero en una pensión de la ciudad pero antes publicaría el siguiente mensaje:
“A los soldados y a los oficiales que asesinan a nuestros hermanos inocentes, a sus mujeres y a sus hijos, a todos los opresores del pueblo, mi maldición pastoral. A los soldados que ayuden al pueblo a obtener la libertad, mi bendición. Les eximo de su juramento de soldados hacia el zar traidor que ha ordenado verter sangre inocente. Ya no hay Dios. Ya no hay Zar“.
La policía zarista le ofrece trabajar para ellos a cambio de salvarle la vida. Gapón acepta y se traslada a Suiza, como un exiliado, con 50.000 rublos proporcionados por sus nuevos patrones con el cometido de vigilar a la colonia de activista rusos en exilio, entre ellos Lenin. Los exiliados desconfían de él y, cansado de una vida austera y apartado de la comunidad rusa de Ginebra se traslada a la Costa Azul donde se dedica a despilfarrar el dinero. Cuando se le agota vuelve a Rusia de forma clandestina pero es descubierto por anarquistas, o por miembros del Partido Social-Revolucionario según otras fuentes, que descubren su doble condición de agente.
Se citan con el padre Gapón en una pequeña casa a las afueras de San Petersburgo donde es asaltado por una masa de obreros que le golpean y finalmente le ahorcan bajo una viga de la vivienda. Meses después se descubrió su cadáver.
                            El Zar Nicolas II y su familia

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