20 de junio de 2016

El Acueducto Los Pilares, una obra monumental que suministró agua a Oviedo durante casi tres siglos.

El derribo en la sombra de Los Pilares

Artículo actualizado
En el siglo XVI se levantó el "Acueducto" que surtía de agua a la población ovetense.
El 11 de enero de 1915 cayeron las primeras piedras del monumento del siglo XVI; solo perviven cinco arcos. Hace un siglo que el acueducto, (que peleó doce años por sobrevivir), desapareció.
Finalmente, los arcos de los Pilares fueron derribados, quedan como testigos mudos de la historia cinco arcos, que sobrevivieron, incluso, a posteriores planes de urbanismo. Fuente de la foto: http://elnietodelespartero.blogspot.com.es   Extraido del blog de: http://abelgalois.blogspot.com.es
http://www.elcomercio.es  
La historia del monumento - Año 1537.
fue el año en que los poderes públicos decidieron acometer una importante obra, la traída de Fitoria para captar agua del manantial. Para ello era necesario la construcción de toda una infraestructura que incluía el acueducto de Los Pilares. Las obras, según recoge el llamado 'Libro viejo de Fitoria', se desarrollaron entre 1568 y 1600. El trazado de la traída era de unos ocho kilómetros y el acueducto estaba formado por 41 arcos, con una longitud de 390 metros y una altura de 10 metros. La obra tuvo grandes costes por diversos cambios del proyecto. El incremento de la demanda de agua hizo que en 1866 se autoriza la captación de aguas de los manantiales de Ules y Lillo. Fue el principio del fin del acueducto de Los Pilares.  
Vuelo de Garnier sobre Oviedo en 1911 mostrando el acueducto de Los Pilares, del que hoy sólo quedan 5 arcos. Archivo IDEA. http://www.skyscrapercity.com
Ocultos, allí donde termina la zona centro y comienza el barrio de Vallobín, casi avergonzados, víctimas del malquerer de la piqueta, sobreviven cinco arcos de un monumento que trajo el agua a la ciudad, que recibió elogios de Jovellanos, entre muchos otros, pero que hace ahora un siglo sucumbió al progreso. El acueducto de Los Pilares perdió sus primeras piedras un 11 de enero de 1915, un derribo que se inició en la sombra, oculto, callado. Hasta ese día, los 41 arcos de la construcción consiguieron sortear varias tentativas de demolición. Durante doce años, los vecinos de la ciudad pelearon por conservar esa parte de su historia. No lo lograron. Las primeras voces que sonaron en pro de su desaparición se remontan a 1902. Varios concejales presentaron un expediente en el Ayuntamiento proponiendo el derribo ante «la inutilidad de los arcos de Los Pilares y que nada benefician al ornato de la población», relata el expediente de octubre de ese año conservado en el Archivo Municipal.
Consideraban quienes tenían intereses en el proceso que su desaparición era necesaria para el plan de urbanización proyectado para los terrenos de Llamaquique, y para que esa modernización llegara a las vías del tren «a fin de lograr un embellecimiento del ensanche, remediar la falta de casas que hoy tanto se siente, dada la importancia y el aumento considerable de habitantes que ha tenido la ciudad».
El arquitecto municipal Juan Miguel de la Guardia emitió un informe en el que describía que la construcción «no puede considerarse como un monumento artístico ni histórico».

Los Pilares de Oviedo, demolidos en 1915. De los 41 que arcos que había, quedan 5 arcos
No obstante, apuntaba que «es de efecto agradable y pintoresco, y constituye una nota característica de la antigua ciudad». Decía que no existía ningún fundamento, fuera de lo moral, «que aconseje la conservación de dicha obra» y que su conservación podría acarrear gastos futuros. Alertaba, asimismo, de una de las claves que terminaría con Los Pilares: podría ser un obstáculo para el creciente movimiento de la estación de los ferrocarriles del Norte, «que puede considerarse como el puerto de comercio de la ciudad».
Parecía que Los Pilares tenían los días contados. No obstante, el Ayuntamiento aprobó, de acuerdo con el informe de la Comisión de la Policía Urbana, que deshacerse del acueducto no era una absoluta necesidad en aquel momento.
El alivio para el monumento no duró mucho. Dos años más tarde la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte solicita el derribo para ejecutar su plan de expansión en las instalaciones. Esta vez, según un informe de 1905, la Comisión de Policía Urbana recomendaba el derribo. La Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos, con Fermín Canella, quien fue un firme defensor del acueducto, como vicepresidente, se opuso. Canella, además, envió su argumentada posición al Gobierno Civil y al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. En enero de 1906 se paralizó el derribo y el ministerio solicita el perceptivo informe de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La ciudad y la prensa de la época se opuso.
La tregua duró hasta abril de 1910, cuando la Corporación municipal volvió a las andadas. La polémica saltó a la calle y contagió a muchos ovetenses que usaban las páginas de los periódicos para mostrar su descontento. En el momento decisivo en diciembre de ese año se aprobó, pero con un matiz: «Los arcos no se derribarán hasta que no se convengan las ventajas o mejoras» a obtener por parte de Ferrocarriles del Norte. Y no debieron presentar ningún plan compensatorio porque Los Pilares volvieron a sortear la piqueta.
El acueducto de Los Pilares ha sido para Oviedo una obra monumental de gran importancia, con sus 41 "ARCOS", 400 mts de longitud y casi 10 de altura. web.educastur.princast.es
«Lo antiguo desaparece»
Cuatro años más tarde, en 1914, un concejal solicitó al alcalde que firmara el derribo, pues los materiales aportarían 5.000 mil pesetas y las obras podrían dar empleo a 50 trabajadores. El regidor finalmente firmó la orden usando como argumento una frase recogida en la publicación 'Oviedo, crónica de un siglo': «Los Pilares son una obra antigua, pero todo lo antiguo está llamado a desaparecer». Una vez con el beneplácito de la rubrica, arranco un derribo callado, oculto.
Un día después de los primeros trabajos la prensa protestaba por la abominable demolición, aunque no se consumó en su totalidad. Los trabajos se detuvieron al llegar a las vías del tren, a la altura de la calle Independencia. La Comisión de Monumentos Históricos volvió a informar de lo ocurrido, reprochando que el Ayuntamiento había obviado la norma y no había solicitado los informes a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El informe llegaba en marzo de 1915, ya con parte del acueducto derribado. El informe era contrario al derribo.
Pasaron tres años, y esta vez el expediente de la Compañía del Norte incluía el compromiso de prolongar la calle Independencia, construir un terraplén con jardines, un muro y otras mejoras de la ciudad. Los Pilares ya tenían la suerte echada.
 Acueducto de Los Pilares de Oviedo. Fototipia Thomas (Barcelona). Imagen cedida por el Archivo Municipal. / E. C.
FUENTE:  IDOYA REY
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Acueducto de los Pilares (siglo XVI, Oviedo)
Los arcos que quedan del acueducto
"TEXTOS HISTÓRICOS"
Adolfo Fernández Casanova [Madrid, 12 de marzo de 1915]
Adolfo Fernández Casanova, El arquitecto nació  en Pamplona el 14 de enero de 1844 y falleció el 11 de Agosto de 1915 a los 72 años de edad. Escribió numerosas publicaciones y escritos históricos, entre ellos,  “El Acueducto de los Pilares en Oviedo”, tomo LXVI.
El Académico que suscribe, en cumplimiento del acuerdo del señor Director, tiene el honor de someter al juicio de la Academia la siguiente ponencia:
Al Ilmo. Sr. Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.
Arcos de Los Pilares entre 1890 y 1915
Con fecha 23 de enero último, el señor Vicepresidente de la Comisión provincial de Monumentos de Oviedo envía a esta Academia una comunicación manifestando que en el año de 1905, y después, en el de 1910, logró dicha Comisión provincial que el Ayuntamiento de Oviedo suspendiera la ejecución del acuerdo municipal de derribar los Arcos de los Pilares, y pasado otro lustro persiste por tercera vez la Corporación municipal en el derribo, y para evitarlo, la Comisión ofició a los señores Alcalde y Gobernador civil pidiéndoles que se suspenda la destrucción mientras no se cumplan los trámites del caso e informe esta Academia y la de San Fernando.
 Aplaude esta Corporación el celo de la repetida Comisión por la conservación de un monumento que con sobrada razón considera de inestimable valor histórico, pues simboliza los cuantiosos caudales empleados por la Justicia y Regimiento ovetense, desde el primer tercio del siglo XVI, para aumentar el escasísimo caudal de aguas con que contaba la población, acordando tomar al efecto las de Ules, Boo y Naranco, emprendiendo en 1574 como elemento primordial de la construcción, el Acueducto de los Pilares, bajo la dirección del maestro Juan de Cereceda. En 1568 se acordó tomar también las (aguas) de la fuente de la Fitoria.
Mas no habiendo coronado el apetecido éxito las obras dirigidas por Cereceda, se encomendó la dirección de las mismas a Gonzalo de Bárcena, oriundo de Güenes, en la montaña de Santander, y que era a la sazón fontanero mayor de Valladolid. La obra del primitivo acueducto del maestro Cereceda se declaró inútil en 1582 y 1583 por su falta de elevación y de solidez, y se emprendió su reconstrucción por el citado Bárcena.
En las postrimerías de la centuria XVI todavía estaba la obra incompleta, y se acordó reparar y encañar el alto de los Arcos de Lavapiés, por donde pasaba el agua de Fitoria, empleando para su conducción 800 arcaduces.
De 1864 a 1865 se llevó a efecto por la Corporación municipal una nueva traída de aguas de los mismos manantiales de Boo, Lillo y Ules, prescindiendo del uso del puente-acueducto de los Pilares, por lo cual se pretende derribar. Pero si este monumento no desempeña ya la función que motivó su creación, constituye siempre un monumento histórico que representa una interesante página de piedra de la larga serie de sacrificios llevada a cabo por la histórica ciudad ovetense durante toda una centuria y que ahora, con tan mal acuerdo, se pretende hacerle desaparecer.El acueducto tiene 400 metros de longitud por dos de latitud. Consta de dos órdenes de arcadas de medio punto de tres metros cuarenta centímetros de radio; en el primero, los muy altos pilares son prismáticos-rectangulares, tienen su paramento resaltado y ofrecen mayor salida por sus frentes que las cabezas de las arcadas que sobre ellos descansan por el intermedio de una imposta. Corona estas arcadas un sobrelecho general que recibe los pilares más remetidos del orden segundo, coronados de imposta, sobre los que insisten las arcadas superiores más remetidas a su vez que los pilares últimos. La altura máxima de la obra es de trece metros cuarenta centímetros. Dichos arcos tienen unos pequeños registros a los extremos.
Retrato de Jovellanos por Ignacio Suárez Llanos
El sistema de ejecución es semejante a los de la época romana, por lo que dijo el gran Jovellanos: «Los Pilares, bellísima obra de 1570, de arquitectura montañesa, pero digna de los Romanos
Debe también este Cuerpo literario examinar en el concepto arqueológico el sistema romano de conducción de aguas, comparándolo con el adoptado en las épocas posteriores, de lo que nada se dice en la razonada exposición de la Comisión provincial de Monumentos ovetense. Tomaba generalmente las aguas de un manantial y las llevaba en un conducto de fábrica que las preservaba de los cambios atmosféricos y de las impurezas del terreno que atravesaba, y por cuyo fondo corría el cristalino líquido en virtud del permanente declive de la conducción hacia la urbe que había de abastecer, y para salvar los valles empleaba el puente-acueducto llamado de Agua rodada.
Esta sencilla solución dada por los Romanos al problema de conducción de aguas, perduró en su esencia durante los siglos siguientes, y la única diferencia esencial que se encuentra entre el trazado de los antiguos y los modernos, proviene de la frecuente aplicación que desde el pasado siglo se hace de los sifones de hierro para evitar la aplicación de los grandes puentes-acueductos, que son siempre de más lenta y costosa ejecución.
Los Romanos emplearon también en muy contados casos los sifones, lo cual prueba que conocían el principio físico de equilibrio de los líquidos en los vasos comunicantes en que se fundan, y si no los adoptaron con más frecuencia era porque las ventajas que entonces ofrecían sobre el puente-acueducto estaban muy lejos de ser comparables a las que los inmensos adelantos de la fabricación del hierro proporcionan en la actualidad, y a pesar de ello pueden citarse notables ejemplos que manifiestan que en esta cuestión hemos imitado a los antiguos.
Constituyen, pues, los viajes de aguas romanos que se conservan en nuestra patria el más elocuente testimonio de la perfección relativa que en la época de los Césares alcanzó este género de obras de tan primordial necesidad para la vida de los pueblos, cuyas suntuosas fábricas ofrecen una inquebrantable solidez que desafía la acción de los tiempos, y sus robustas proporciones y grandes dimensiones reales, les imprimen un sello de grandiosidad que revelan los potentes esfuerzos de las generaciones que los han erigido.
No deben, pues, no, las Corporaciones populares recurrir a la piqueta demoledora para destruir los venerandos monumentos que nos legaron nuestros antepasados y que simbolizan su interesante historia.
Más grata y noble misión está encomendada a los Municipios, cual es la de edificar erigiendo los edificios y mejorando los servicios de policía urbana que les están encomendados.
La Academia, en vista de estas consideraciones, tiene el honor de proponer a V. I. que se ordene al Ayuntamiento ovetense la conservación de dicho monumento.
El arquitecto Adolfo Fernández Casanova. Foto- Mateu (1 de mayo de 1912)
Madrid, 12 de marzo de 1915 (5 meses antes de su fallecimiento)
El ponente, Adolfo Férnández Casanova.

Artículo publicado en El Correo de Asturias en donde Fermín Canella manifiesta su opinión contraria al derribo por parte del Ayuntamiento de Oviedo de los Arcos de los Pilares.
Fermín Canella y Secades fue un defensor a ultranza de los arcos de los Pilares, como muestra en un artículo publicado en El Correo de Asturias, (2 de diciembre de 1905):
Señor Alcalde del Excmo. del Ayuntamiento de Oviedo. (...) Dicho sea con el mayor respeto. V.E. no ha considerado bien la trascendencia del acto por el que se aprobó en principio la demolición de aquel estimable monumento a cambio de exiguas ventajas y de pequeña obligación por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte.
Caricatura de Fermín Canella
(Textos extraidos del blog de mi buena amiga Nieves (Bustiello-Mieres) http://abelgalois.blogspot.com.es)

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Los Pilares: bien de interés ovetense
Restos del trazado que se conservan, incluidos en la ampliación del BIC
Sobre la demolición del acueducto en 1915 pese a su carácter artístico, útil, bello, histórico y, sobre todo, ovetense
Otra imagen antigua de lo pilares
Dislates contra el patrimonio histórico, artístico y cultural húbolos, los hay y, me temo, los habrá. La nómina, lamentablemente, no es pequeña. Hace unas semanas citábamos aquí castros y vestigios de época romana en la ciudad que pasaron a mejor vida. Otro de los ejemplos más clamorosos y execrables de esas pérdidas irreparables es el acueducto de Los Pilares, "bellísima obra de arquitectos montañeses, pero digna de romanos" como anotaba en su diario Jovellanos el 19 de septiembre de 1790.
Una edificación que contribuyó a saciar la sed de la ciudad gracias a las aguas naranquinas desde 1599, tras años de vicisitudes, problemas técnicos y un coste de 15.500 ducados para su construcción, hasta 1875, año en el que entró en funcionamiento una nueva traída de aguas de acuerdo a proyectos de Pérez de la Sala y de Ignacio Ferrín. Pero nada es eterno y, el 3 de octubre de 1902, manos negras escribían el futuro de una obra que con sus 41 arcos y sus 390 metros de longitud "ha infundido el mayor carácter de grandiosidad a Oviedo, hasta el punto de que su nombre fuera escogido como seudónimo de nuestra población por un eximio y conocido escritor" en palabras de Joaquín Manzanares.
Si se quieren reír un rato (por no llorar, claro) les voy a contar los argumentos que, para su derribo, se ofrecían: ni más ni menos que la Compañía del Norte ofrecía salvar con un puente el paso a nivel de la Argañosa, que los materiales del derribo darían algún dinero al Ayuntamiento y trabajo a los obreros. Que la obra de los Arcos de los Pilares no era artística, ni útil, ni bella, ni histórica, ni ovetense y sí un obstáculo a la calle que a lo largo de ella se abriría. Lo que hay que oír.
Imagen del Álbum "Oviedo en el Recuerdo". Vecinos de san Claudio en un día de mercado pasando por los pilares a principios del siglo XX
De poco sirvió la multitud de voces sensatas en contra. En la mañana del 11 de enero de 1915 comienza el derribo de esas "páginas de piedra cantando los esfuerzos de nuestros antepasados para surtir las aguas suficientes entre sacrificios y contrariedades" como los definiera Canella. En el olvido quedó un ambicioso proyecto del entonces arquitecto municipal, Juan Miguel de la Guardia, que sugería que se hiciera un paseo o pasarela por encima del acueducto para llegar a "la pintoresca colina de San Pedro".
Los restos del acueducto de Los Pilares fueron declarados Monumento Histórico en 1915, poco después de su demolición gracias, sobre todo, a los esfuerzos de Fermín Canella, entonces cronista de la ciudad y vicepresidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos. Coincidiendo con el centenario del derribo y con los 30 años de la declaración de BIC, el año pasado la Dirección General de Patrimonio incoó el expediente para ampliar la protección del entorno BIC de Los Pilares, incluyendo los restos de la traída de aguas de Fitoria que discurre paralela a la Pista Finlandesa y que, acertadamente, el pasado 19 de mayo autorizó el Consejo de Gobierno.
El 11 de enero de 1915 fue un día infausto para Oviedo. Las decisiones de entonces nos impiden disfrutar hoy del magnífico acueducto de los Arcos de los Pilares. Conservemos, al menos, su recuerdo orgulloso y sintámoslo realmente, no sólo bien de interés cultural, sino como bien artístico, útil, bello, histórico y, sobre todo, ovetense.
Acueducto Los Pilares. Oviedo

FUENTE: Carlos Fernández Llaneza  
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1 comentario:

  1. Ese derribo fue un error, se mire por donde se mire. Hoy día sería una magnífica seña de identidad, y un reclamo turístico sin precio. Y no es una cuestión del punto de vista de otros tiempos, siempre hay algún insensato que ordena el derribo de construcciones antiguas sin el menos respeto.

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