5 de noviembre de 2015

La Cuadriella (Turón-Mieres). Un conjunto de patrimonio industrial vinculado a la minería (I)

La Cuadriella : patrimonio industrial
Hulleras de Turon- La Cuadriella - www.spanishrailway.com
La Cuadriella siempre sonó como el centro neurálgico de la explotación minera de nuestro valle, un lugar de convergencia: lavadero, central, carpintería, botiquín, economato, residencias para los directivos… Con el cierre de la minería y la vista puesta en nuevas empresas esperanzadoras, que resultaron ser nada, algunas de las piezas claves de este conjunto de patrimonio industrial único fueron desapareciendo paulatinamente ante la indiferencia general. Los mudos vestigios conservados, afortunadamente, pueden ser interpretados hoy gracias al minucioso estudio de María Fernanda Fernández, publicado en su día en la Revista Astura 
(Número II/2001). Una consulta, que recomendamos a los estudiosos, donde se detalla bibliografía y cantidad de notas con datos históricos que abren nuevas pistas de investigación.
La Cuadriella. Un conjunto de patrimonio industrial vinculado a la minería
Imagen sacada de http://www.elvalledeturon.net

5000 hectáreas para el carbón
Dentro del área central asturiana, una de las zonas más significativas por su riqueza natural y su pasado industrial es, sin duda, la de la cuenca del Caudal. En el concejo de Mieres existe un valle, el del río Turón, que comprende tres parroquias históricas: la de Santa María de Urbiés, la de San Martín de Turón y la de Santa María de Figaredo. Tras una trayectoria secular marcada por las actividades agropecuarias, en dicho valle se produce una alteración profunda del modo de vida tradicional con la implantación de la industria extractiva ya en el siglo XIX.
La explotación hullera se inició por compañías arrendatarias extranjeras, a las que pronto sucedió la iniciativa de Inocencio Fernández, en el Coto Paz de Figaredo, y La Compañía (nombre popular de Hulleras del Turón).
EI 20 de abril de 1890 se otorgó la escritura fundacional por la que se constituía la sociedad Hulleras del Turón, tras la obtención de la concesión por el Estado para explotar diversos yacimientos locaIizados en Turón. Fue formado el Consejo de Administración por varios empresarios y técnicos de origen vasco, siendo su presidente Víctor Chávarri Salazar, vicepresidente Pedro Pascual de Gandarias y gerente Eugenio Bertrand. Como vocales figuran otros miembros de la familia Chávarri, pero también el conocido industrial José Tartiere Lenegre y el belga Eugenio Marlier, quien aportaba una serie de explotaciones mineras en este valle. Como director técnico se nombra a Pedro Garcín y el subdirector es Francisco Fontanals.
Dispuso ya entonces de una a superficie de 5000 hectáreas para concesiones denunciadas y demarcadas (que forman, al articularse para su laboreo, los grupos San Víctor, Santo Tomás, San Pedro, San José y San Francisco) que incluían vegas y otras áreas llanas en que se establecían instalaciones auxiliares para la industria minera.
Imagen sacada de http://www.elvalledeturon.net
Altos Hornos de Vizcaya entra en Turón
El vínculo con el País Vasco se vio reforzado a partir de 1917, cuando Altos Hornos de Vizcaya (empresa de la que fue uno de los fundadores Benigno Chávarri, que pertenecía asimismo a la directiva de Hulleras del Turón) firmó el acuerdo para la adquisición de la sociedad minera, que aseguraba así el combustible para su pujante industria siderometalúrgica.
La actividad se prolongó durante más de cien años, con altibajos en la producción y en los beneficios, integrándose con anterioridad a 1970 en la empresa estatal Hunosa, junto a otras muchas entidades. Es ahora propiedad de ésta la mayor parte de las instalaciones, fuera de uso y en estado de paulatino deterioro.
Hulleras del Turón inició, así pues, en 1891 las labores preparatorias de diferentes grupos mineros de montaña (en concreto: San Víctor, San Pedro y Santo Tomás), enlazándolos con plazas, vías accesorias y 6 planos inclinados automotores. Y en esa temprana fecha comenzaron los trabajos para unir mediante un ferrocarril de vía estrecha, de 2,5 kilómetros de longitud, “las explotaciones y la instalación de clasificación y lavado de La Cuadriella”. Se levantan las primeras casas para empleados (las conocidas como Casas de los Jardines), un taller de reparaciones, un almacén y unas oficinas, así como algunas viviendas para obreros, sumándose ya en 1894-96 el cuartel de la guardia civil, las viviendas para obreros del Grupo Santo Tomás, el economato y los hornos de cok.
De este modo, al finalizar la década de 1890, esta área llana, próxima a la salida de ese valle en “fondo de saco", se había convertido en una zona singular que reunía espacios de trabajo, equipamientos sociales y unidades residenciales tanto para mandos como para productores, Pero no debemos olvidar que, si algo caracteriza al desarrollo industrial, es el hecho de la "saturnalia”: cómo un "reinado" es sustituido por otro, de ahí que el criterio predominante en las compañías fuese el de hacer primar la vida y la producción sobre el patrimonio y el pasado. La destrucción de lo existente es entonces la fuente de la nueva creación, la sustitución la característica primordial de esos espacios.
Imagen sacada de http://www.elvalledeturon.net
La Cuadriella: un enclave industrial
La Cuadriella ha mostrado, a lo largo de más de un siglo de vida como enclave industrial, imágenes diversas compuestas por diferentes elementos característicos de la actividad minera. Su rostro actual, sin embargo, sólo puede describirse como el que ofrece un terreno baldío del que se han borrado aceleradamente los vestigios de un rico pasado para dejar una explanada desnuda, aséptica y que servirá para el asentamiento de nuevas empresas.
Es en este momento cuando cabe recordar cuáles fueron los elementos esenciales de este asentamiento y cuáles los vestigios que aún podemos vislumbrar si lo recorremos.
Si un hito define este espacio es el Lavadero central de carbones de Hulleras del Turón. Tras una etapa en que se emplean los llamados "mojaderos" (en funcionamiento en Asturias en la década de 1880), comienza en temprana fecha la instalación de lavaderos mecánicos.
Resulta oportuno recordar que los problemas regionales del desarrollo hullero fueron, entre otros, los derivados de la condición natural de los yacimientos asturianos: la suciedad del carbón, que imponía un intenso lavado con la consiguiente pérdida de producto y elevación de los costes. La blandura del combustible implica la elevada proporción de menudos, de venta más dificultosa y que reportaba menores ganancias; su rentabilización pasaba por una elaboración, a través de la coquización. Estos inconvenientes podían subsanarse mediante un tratamiento industrial adecuado (es decir cabía una respuesta técnica al problema geológico), a diferencia de las limitaciones de las capas de hulla (escasa potencia, inclinación elevada e irregularidad de los estratos) que impidieron el normal desarrollo de la mecanización y absorbieron grandes inversiones. De ahí que lavaderos y baterías de cok fuesen respuestas evolucionadas de Ias empresas mineras para mejorar sus rendimientos comerciales, siendo éste el marco histórico y económico en que debemos situar los comentarios que siguen.
En suma, en la venta del carbón, la preparación mecánica supone una mejora de los rendimientos (apreciación de la mercancía y disminución de gastos de transporte); implica la separación de la materia incombustible (cenizas ) y la clasificación por calibres para la comercialización (a cada tamaño corresponde una pureza , una utilización y un precio determinados).
Imagen sacada de ayalgamai.com
Lavando el carbón
Las impurezas con que se presentan mezclados los “menudos”, se componen principalmente de esquisto, pirita de hierro, hierro carbonatado, carbonato de cal, etc. Estas piedras pueden separarse de la hulla, cuya densidad (menor) ronda el 1,2; mientras que las impurezas poseen una densidad superior a 1,5. Junto a esta característica física, que está en la base de las operaciones de lavado, se impone la necesidad de lavar con un coste bajo, grandes cantidades de material.
Los menudos lavados (cuyo contenido en cenizas no supera el margen de 6 a 15 %) se emplean directamente; su coste de transporte disminuye, aumenta su poder calorífico y desgastan menos les parrillas y hogares (como consecuencia de la eliminación de sulfuros). La preparación mecánica y la clasificación en función del calibre del producto supone la separación de la hulla en: cribado (más de 50 ó 60 mm.), galleta (de 25 a 50, ó de 30 a 60 mm.), granza (15 a 25 ó de 20 a 30), grancilla (de 10 a 15 ó de 12 a 20), menudo (de 0 a 10 ó de 0 a 12 mm.) y finos (de 0 a 1,5 ó de 0 a 2 mm.).
Fue determinante en el desarrollo de los lavaderos la instalación y desenvolvimiento de empresas metalúrgicas, que consumirían finos y menudos de carbón que antes se abandonaban en las escombreras.
Junto al lavadero se instalan, con frecuencia, baterías de hornos para cok, en que se consumen los menudos reduciendo su volatilidad durante la destilación. Además, solían asociarse estos lavaderos a ciertas fábricas, en que los menudos de hulla que no se aprovechaban para la obtención de cok, se utilizaban para la confección de aglomerados, briquetas o ladrillos de carbón. La unidad instalada en La Cuadriella en 1896-97 respondía el sistema Bietrix-Couffinhal, de compresión doble, con horno rotatorio para secar el carbón.
Imagen sacada de http://www.elvalledeturon.net
Maquinaria belga para Turón
En esta misma zona se levanta entre 1892 y 1894 un primer lavadero, del tipo belga, con maquinaria y montaje de la casa Evence Coppée de Bruselas. Aquellas instalaciones fueron complementadas en 1921 con un lavadero de flotación.
Tal conjunto se vio parcialmente renovado en los años 1924-26, al ejecutarse nuevos edificios provistos con maquinaria que permitiese aumentar la capacidad de lavado y la producción de la empresa, alcanzando el coste de las obras los 3 millones y medio de pesetas. La inauguración de estas modernas instalaciones tuvo lugar en septiembre de 1926. Al frente de esta notable remoción debemos situar a Rafael del Riego y de Ramón, ingeniero director de la compañía entre 1921 y 1934, y la casa Miguel de Prado de Valladolid, que se hizo cargo de la producción y rnontaje de sus piezas.
La operación de lavado se lleva a cabo en una cadena de edificios que albergan la maquinaria para las diferentes actividades, que responden al sistema conocido como Isodromía y en las cuales se aplica el procedimiento de la flotación por emulsión en aceite para el tratamiento de los finos. Su capacidad en carbón bruto era de 240 toneladas por hora y para los finos brutos alcanzaba Ias 24 toneladas por hora.
Para que el lavadero funcionase, se hizo necesario encauzar el rio Turón a su paso por La Cuadriella. En el muro de mampostería se practicaron unas cavidades, protegidas por placas metálicas perforadas, por las que pasaba el agua. Esta sufría así un somero filtrado que permitía la eliminación en suspensión.
Mediante una tubería era conducida al nivel de las instalaciones. El primer hito del recorrido es, por tanto, la estación de bombeo o casa de bombas, aun hoy en pie y fechada en 1926. Una sencilla construcción (desde el punto de vista estructural y espacial) cobijaba la maquinaria; se completaba con una pasarela que permitía vigilar el estado de los orificios y de las conducciones. Formalmente, el contraste del ladrillo prensado visto y los lienzos enlucidos (que encubren una caja de muros de mampostería) dotaban al edificio de cierta calidad, que refrendan sus vanos en arco de medio punto y la composición de sus fachadas.
Imagen sacada de http://www.elvalledeturon.net
Los tanques Dorr
Para la extracción de los finos del carbón, el agua era conducida mediante tuberías a una zona alta, junto al camino que conduce a Repipe. En ella se levantaron en ese mismo año Ios tanques o espesadores Dorr: dos estanques circulares de mampostería de piedra, servidos por canaletas de tabla canteada y un depósito central al que se bombeaba el suministro de aguas sucias desde el lavadero central.
Sobre los estanques se dispusieron sendas pasarelas, de perfiles metálicos roblonados, que soportaban en su zona alta casetas para abrigo de los empleados encargados del control de esta operación. Las casetas, de planta rectangular y una sola altura, sencillas, estaban realizadas con tabla machihembrada y cubiertas con chapa de fibrocemento ondulada. Recuerdan formalmente la visera del castillete del Pozo Espinos (San Andrés, Turón), que cobija el “güinchi” que acciona la jaula y que viene a fecharse en esa misma época.
Las dependencias conocidas con los nombres de flotación y filtros (año 1932) se situaban en varias naves demolidas en 1999. Éstas se emplazaban en un terreno con desnivel, de ahí que unas se asentaran en tierra firme y otras se hallasen sustentadas por pies metálicos. Las naves, de planta rectangular y escasa profundidad, estaban adosadas por la medianera; la cubrición de cada cuerpo era independiente, a doble vertiente con el caballete paralelo al lado largo. El aparejo y la técnica eran también de interés: igual que se había empleado la estructura de madera y el cerramiento de panderete en construcciones tradicionales, se empleaba aquí la estructura metálica (perfiles de hierro ensamblados con remaches) y el ladrillo prensado visto; el resultado era una edificación sólida, enriquecida por el contraste cromático.
En el interior, iluminado y ventilado gracias a los numerosos vanos apaisados (con carpintería de madera) practicados en los lienzos murales, hallábamos una sucesión de máquinas y pasarelas metálicas que permitían la vigilancia y eventual reparación por los productores.

Las aguas llegaban mediante la canalización y recibían la creosota, un líquido incoloro, cáustico, que se extrae del alquitrán por destilación. Esta creosota se adhería a las partículas de carbón que hubiera en suspensión. De nuevo unas aspas apartaban el mineral, pasando el agua al área de filtros. Aquí el carbón era succionado, por aire comprimido, adhiriéndose a las paredes de unos cilindros de metal. Unas cuchillas separaban el mineral, permitiendo de nuevo su aprovechamiento. ( continuara).
María Fernanda Fernández Gutiérrez, Imagen sacada de http://www.elvalledeturon.net
FUENTE: © María Fernanda Fernández Gutiérrez


María Fernanda FERNANDEZ GUTIÉRREZ (Oviedo, 1973)

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Oviedo en 1996. Presentada su tesis de licenciatura titulada «Arquitectura y cine en el concejo de Mieres, Asturias», fue merecedora del Premio Extraordinario de Licenciatura en Geografía e Historia de 1998.

Artículo publicado en la revista ASTURA, Número II / 2001, págs, 113-122
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