28 de diciembre de 2013

El mal, típico del Medievo en Asturias, "La lepra".

La lepra, muerte y deformidad.

El mal, típico del Medievo, se propagó por las paupérrimas condiciones de vida. La primera malatería de las cincuenta que llegó a haber en la región se abrió en Tineo, en 1074.



 
La lepra está presente entre la humanidad desde los tiempos más remotos y se diagnosticaba con relativa facilidad por las afecciones cutáneas que mostraba. También sabemos que se incrementaba el número de afectados cuando aparecían crisis de subsistencia entre el pueblo llano. El problema más serio que representaba era el daño moral debido a la exclusión social que acarreaba, pues a estos dolientes se les internaba en unos hospitales especiales que en Asturias recibieron la denominación de malaterías.
Las primeras referencias de su existencia se hallan en la cultura egipcia, milenios III y II a. C., más adelante la menciona Hipócrates (V a. C.). Posteriormente se encuentran descripciones en la Biblia. San Lucas dejó reflejada la resurrección por Jesucristo en la persona de Lázaro de Bethania ante la petición de sus hermanas Marta y María Magdalena. Para los creyentes, este San Lázaro fue el primer leproso, de ahí que los lugares de reclusión para estos enfermos se conozcan como "hospitales de San Lázaro" o "Lazaretos", teniendo en cuenta que el vocablo latino lazarus significa leproso.
Se cree que esta enfermedad fue traída a Grecia por los soldados de Alejandro Magno tras las campañas de la India. También sabemos que llegó a Roma bajo el gobierno de Nerón y que se extendió por toda Europa a partir del siglo IV.
En la literatura clásica española a este mal se le designa también con los términos de gafedad o malatía y al individuo en particular, gafo o malato. Otras denominaciones: leproso, lacrado, plagado, enfermos de la Orden, enfermos del Señor San Lázaro y lazdrados. En Asturias mantenemos como vestigio denominaciones como San Lázaro, Malatería, La Malata, Los Malatos, Llacerías o Gafu.
Es posible que la patología llegase a Asturias con las legiones romanas del emperador Vespasiano. Posteriormente sería reintroducida con los invasores musulmanes, con los cruzados que volvían de Tierra Santa y con los peregrinos que atravesaban nuestro Principado en dirección a Santiago de Compostela. No obstante, no es hasta el siglo VIII cuando aparece perfectamente documentada, momento en el que tuvo tal difusión que alcanzó a reyes, así el mismo rey Fruela sucumbió a su causa. Desde el siglo XI al XVII adquirió la categoría de endémica debido a que entre los factores predisponentes se halla la miseria provocada por la pobreza de la alimentación, de la vivienda y de los vestidos de los moradores asturianos.
Es por tanto una enfermedad típica de la Edad Media y se cree que durante el siglo XII mató a 25.000 europeos. Además de muerte, causaba deformidades importantes, como ejemplo del deterioro corporal ante las mutilaciones, referimos que el rostro de un paciente con la variante de lepra lepromatosa era: "Parecido a una favila medio apagada, repleto de duros granos verdes en la base y con el orificio blanco (?), los inflamados ojos enrojecidos brillan en la oscuridad como los de un gato (?), la nariz se hunde porque el cartílago se le pudre", según recoge Kahn en "Una historia de la medicina o el aliento de Hipócrates".
La primera malatería que se erigió en Asturias data del año 1074 y se ubicó en Tineo, la última se construyó en Llanes en 1781; entre ambas fechas se llegaron a levantar cincuenta, todas bajo la advocación de Santa María Magdalena o bien de San Lázaro.
Esta enfermedad está catalogada entre los males curables por mediación del apóstol Santiago. Incluso existe la leyenda de que el Cid Campeador en su peregrinación se encontró con un leproso, que al final resultó ser el propio San Lázaro. De ahí que la mayoría de edificaciones queden enclavadas en el Camino de Santiago; así las hallamos en Castropol, Grandas de Salime, Cangas del Narcea, Corias, Tineo, Salas, Pravia, Candamo, Grado, Proaza, Avilés, Oviedo, Lena, Aller, Caso, Laviana, Siero, Gijón, Villaviciosa, Cabranes, Piloña y Llanes. Ignoramos quiénes fueron sus fundadores; sin embargo, el poder de toma de decisiones recaía en los curas parroquiales o bien en los señores feudales, quienes nombraban administradores para controlar las altas por curación, las rentas dejadas por los malatos o las limosnas recibidas.
Existen unas disposiciones emitidas por el concejo de Oviedo en 1274 que indican la prohibición de que estos enfermos entren a la ciudad más que una vez al año, en concreto el día de la Cruz, ya que tenían la peculiaridad de estar "muertos para el mundo". La primera vez que desobedeciese la orden sería expulsado a pinchazos, la segunda vez sería azotado y la tercera quemado. No obstante, nos consta que el sentido cristiano suavizase las normativas y que, por tanto, el aislamiento nunca fue tan riguroso, de manera que los malatos realizaban una vida casi normal.
Como la lepra, en el tiempo que hablamos, era incurable, contagiosa, que se pega, el consejo era ser apartado de los sanos para que no inficcione. Con la intención de cumplir estos requisitos, pero sin el abandono total debido a la caridad imperante del momento, se levantaron muchas malaterías en sitios apartados. Casi todas eran de tamaño diminuto, con cabida para cuatro o seis personas, y de higiene muy defectuosa. La dieta más habitual nos indica que comían sopas de pan con aceite o manteca, carne, pan y algo de vino; tenemos constancia de que hubo épocas que pasaron hambre.
Para tener derecho al internamiento era necesario que alguien reconociese que esa persona estaba enferma de lepra. Ante la carencia de profesionales sanitarios auténticos, el examen podía ser hecho por los propios recluidos o por el cura de la parroquia, con lo cual cualquiera que tuviese alguna alteración dérmica podía ser falsamente diagnosticado; es preciso que apuntemos que el médico comenzó a realizar observaciones pertinentes sólo a partir del siglo XVI. Pasado este trámite era preciso pagar una cuota de entrada al mayordomo, cantidad que variaba en función del nivel de renta del propio enfermo. Luego, ya en calidad de leproso, se le permitía pedir limosna.
Tolivar Faes plantea una hipótesis para calcular el números de leprosos en Asturias, así, comenta que si hubiese cinco leprosos por malatería y unos treinta sitios de acogida, el número de malatos estaría alrededor de 150 personas. También pensamos que sólo la tercera parte de estos internados tuviese verdadera lepra. Individuos que morirían en el 90 por ciento de los casos en un corto período de tiempo; los que se pudieran curar evidentemente estaban mal diagnosticados.
Como ya dijimos líneas atrás, esta enfermedad no tenía tratamiento específico. No obstante, en alguna ocasión los médicos realizaban sobre los pacientes sangrías y purgas, les ponían sanguijuelas o diversos ungüentos, fomentaban la toma de caldo de culebra y el taponamiento de las narices con mechas empolvadas en litargirio y les recomendaban baños calientes. Asimismo, y en caso de necesidad, les extirpaban los ñudos.
También nos consta que con intención curativa los enfermos realizaban la "oración de Lázaro", a la vez que se lavaban las heridas con agua de la fuente, previamente bendecida por la propia imagen del santo, y mezclada con salvias, ortigas y sal.
A partir del siglo XVI empezó a declinar sin ningún motivo claro; por ello, se cerraron casi todas las malaterías de Asturias. Las escasas rentas que tenían se aplicaron en la construcción del Hospicio Provincial.
Esta enfermedad es una de tantas consideradas como castigo divino, en esta ocasión estaba bajo la advocación de San Lázaro.
En 1873 el médico noruego Gerard Armauer Hansen (1841-1912) encontró el germen causal, el Mycobacterium leprae, y en su honor se conoce como bacilo de Hansen. La lesión típica desde el punto de vista anatomopatológico es un granuloma.
Para que veamos la importancia que tiene la enfermedad aún hoy, apuntamos que en 1987 le dieron el premio "Príncipe de Asturias" al investigador venezolano Jacinto Convit por los estudios relativos a esta patología. El tratamiento en la actualidad es a base de antibióticos.

                                           Ilustración de: Pablo garcía

FUENTE: 


http://www.who.int

Datos y cifras.

  • La lepra es una enfermedad crónica causada por el bacilo Mycobacterium leprae.
  • Las cifras oficiales muestran que hay más de 182 000 enfermos, principalmente en Asia y África, y que en 2012 se notificaron aproximadamente 219 000 nuevos casos.
  • M. leprae se multiplica muy despacio y el periodo de incubación de la enfermedad es de unos cinco años. Los síntomas pueden tardar hasta 20 años en aparecer.
  • La lepra no es muy contagiosa; se transmite por gotículas nasales y orales cuando hay un contacto estrecho y frecuente con enfermos no tratados.
  • Si no se trata, la lepra puede causar lesiones progresivas y permanentes en la piel, los nervios, las extremidades y los ojos.
  • El diagnóstico temprano y el tratamiento multimedicamentoso siguen siendo los elementos fundamentales para lograr que la eliminación de la enfermedad como problema de salud pública.
La lepra es una enfermedad infecciosa crónica causada por Mycobacterium leprae, un bacilo acidorresistente. Afecta principalmente la piel, los nervios periféricos, la mucosa de las vías respiratorias altas y los ojos.
La lepra es una enfermedad curable. Si se trata en las primeras fases, se evita la discapacidad.
Desde 1995, la OMS proporciona gratuitamente a todos los enfermos leprosos del mundo el tratamiento multimedicamentoso, que es una opción curativa simple, aunque muy eficaz, para todos los tipos de lepra.

La lepra en la actualidad.

El control de la lepra ha mejorado mucho gracias a las campañas nacionales y locales llevadas a cabo en la mayor parte de los países donde la enfermedad es endémica. El diagnóstico y tratamiento de la enfermedad se ha facilitado mediante la integración de los servicios antileprosos primarios en los servicios sanitarios generales.
Desde la puesta en práctica de la Estrategia mundial mejorada para reducir la carga de morbilidad debida a la lepra: 2011-2015, los programas nacionales específicos prestan más atención a los grupos desatendidos y las zonas de acceso difícil a fin de mejorar el acceso y la cobertura. En vista de que las estrategias de control son limitadas, los programas nacionales promueven activamente la retención de casos, el rastreo de contactos, el seguimiento, la remisión de pacientes y la gestión de los registros.
Según los informes oficiales procedentes de 105 países y territorios, la prevalencia mundial de la lepra a principios de 2012 fue de 181 941 casos, mientras que el número de casos nuevos detectados en 2011 había sido de 219 075, por comparación con 228 474 en 2010.
Todavía quedan focos de gran endemicidad en algunas zonas del Brasil, Filipinas, la India, Indonesia, Madagascar, Mozambique, Nepal, la República Democrática del Congo y la República Unida de Tanzanía. Estos países siguen estando muy implicados en la eliminación de la lepra y siguen intensificando sus actividades de control.

Breve historia de la enfermedad y su tratamiento.

La lepra ya era conocida por las antiguas civilizaciones de China, Egipto y la India. La primera referencia escrita a esta infección se remonta aproximadamente al año 600 a.C. A lo largo de la historia, los enfermos leprosos se han visto condenados al ostracismo por sus comunidades y familias.
En el pasado el tratamiento de la lepra era distinto. El primer avance importante se realizó en los años cuarenta con la obtención de la dapsona, medicamento que detuvo la enfermedad. No obstante, la larga duración del tratamiento —de años o incluso durante toda la vida— dificultaba su cumplimiento. En los años sesenta, M. leprae empezó a manifestar resistencia a la dapsona, el único medicamento antileproso conocido por entonces. A principios de los años sesenta se descubrieron la rifampicina y la clofazimina, los otros dos componentes del tratamiento multimedicamentoso.
En 1981, un grupo de estudio de la Organización Mundial de la Salud recomendó el tratamiento multimedicamentoso a base de dapsona, rifampicina y clofazimina, asociación que elimina el bacilo y logra la curación.
Desde 1995, la OMS proporciona el tratamiento multimedicamentoso gratuitamente a todos los enfermos leprosos del mundo; inicialmente lo hizo por conducto del fondo para medicamentos de la Fundación Nippon, y desde 2000 mediante las donaciones de los medicamentos que hacen Novartis y la Fundación Novartis para el Desarrollo Sostenible.

La eliminación de la lepra como problema de salud pública.

En 1991, el órgano rector de la OMS, la Asamblea Mundial de la Salud, adoptó una resolución para eliminar la lepra como problema de salud pública en el año 2000. Por eliminar la lepra como problema de salud pública se entiende conseguir una tasa de prevalencia de menos de 1 caso por 10 0000 habitantes. La meta se alcanzó a tiempo y el uso generalizado de esta pauta terapéutica ha reducido la carga de morbilidad de forma espectacular.
  • A lo largo de los últimos 20 años se han curado más de 14 millones de enfermos de lepra, unos 4 millones de ellos desde el año 2000.
  • La tasa de prevalencia de la enfermedad ha disminuido un 90%, es decir, de 21,1 casos por 10 000 habitantes a menos de 1 caso por 10 000 habitantes en 2000.
  • La carga de morbilidad mundial por esta causa ha disminuido espectacularmente: de 5,2 millones de casos en 1985 a 805 000 en 1995, 753 000 a finales de 1999, y 181 941 a finales de 2011.
  • La lepra se ha eliminado en 119 de los 122 países en los que constituía un problema de salud pública en 1985.
  • Hasta el momento no han aparecido casos de resistencia al tratamiento multimedicamentoso.
  • Actualmente, las medidas se centran en eliminar la lepra a nivel nacional en los países donde aún es endémica, y a nivel subnacional en el resto de los países.

Medidas y recursos necesarios.

Para poder llegar a todos los pacientes, el tratamiento de la lepra debe integrarse plenamente en los servicios de salud generales. Además, es necesario un compromiso político sostenido en los países donde la lepra sigue siendo un problema de salud pública. Asimismo, los asociados para la eliminación de la lepra deben seguir velando por que se proporcionen los recursos humanos y económicos necesarios para ello.
La milenaria estigmatización de la enfermedad sigue siendo un obstáculo para que el propio paciente informe sobre la enfermedad y se beneficie de un tratamiento temprano. Hay que cambiar la imagen de la lepra a nivel mundial, nacional y local. Es imprescindible crear un nuevo entorno en el que los pacientes no duden en buscar atención para obtener un diagnóstico y tratamiento en cualquier centro sanitario.

Respuesta de la OMS.

La estrategia de la OPS para la eliminación de la lepra consiste en:
  • lograr que todos los enfermos tengan acceso a servicios de tratamiento multimedicamentoso ininterrumpido mediante la creación de sistemas de distribución flexibles y cómodos para los afectados;
  • procurar la sostenibilidad de los servicios de tratamiento multimedicamentoso mediante la integración de los servicios de atención de la lepra en los servicios de salud generales y el fortalecimiento de la capacidad del personal sanitario general para tratar la enfermedad;
  • promover la concientización de las comunidades y cambiar la imagen que tiene la lepra a fin de alentar a los enfermos a que busquen un tratamiento temprano;
  • vigilar el desempeño de los servicios de tratamiento multimedicamentoso, la calidad de la atención dispensada a los enfermos y los progresos realizados hacia la eliminación mediante sistemas nacionales de vigilancia de la enfermedad.
El trabajo incesante y dedicado de los programas nacionales, así como el apoyo constante de los aliados nacionales e internacionales han permitido reducir la carga mundial que representa la lepra. El aumento del poder de decisión de los enfermos leprosos, aunado a su mayor implicación en los servicios y la comunidad, nos permitirá estar cada vez más cerca de un mundo exento de esta enfermedad.


FUENTE: Organización Mundial de la Salud.
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