10 de febrero de 2017

"Franco, el médico Tebib Arrumi " y la devastación del pueblo Casín en Asturias

Franco y la destrucción de Tarna. Artículo actualizado
Franco con Víctor Ruíz Albéniz En la dedicatoria puede leerse: “Pepe, para tí y para la memoria de tu padre que era como tú y tú como él. De todo corazón gracias porque me has dado la alegría […] de mi vida. El Tebib“

El Tebib Arrumi, era el seudónimo de Víctor Ruiz Albéniz, este, fue el abuelo paterno del "exministro de justicia" José Mª Ruiz-Gallardón, y dejó escrito como cronista del franquismo  «¡Asturias por España!» su versión sobre la caída del Frente Norte y la devastación del pueblo Casín.
Ilustración de Alfonso Zapico
El Tebib Arrumi fue uno de los cronistas más conocidos del franquismo; se trata de un seudónimo en árabe que se traduce al español como «el médico cristiano», porque quien lo utilizaba quería presumir de estas dos señas de identidad. En realidad se llamaba Víctor Ruiz Albéniz y, nada más que por añadir una nota curiosa a su biografía, les diré que fue el abuelo paterno de José María Ruiz-Gallardón, el conocido político madrileño que hasta hace dos días encarnaba la tendencia más moderna del Partido Popular hasta que sus hechos dijeron lo contrario.

Ilustración de Alfonso Zapico
Don Víctor, en efecto, fue médico, y ejerció como tal en el Marruecos español en las primeras décadas del siglo XX, cuando se vivía con intensidad la contienda contra las tribus del Rif, pero su verdadera vocación estuvo en el periodismo y en medio de aquel ambiente bélico encontró la inspiración necesaria para empezar a escribir reportajes y libros, llenos de fervor patriótico, que fueron muy celebrados por los militares africanistas, entre los que se encontraba el joven Francisco Franco. La hermandad de ideas entre ambos cristalizó en cuanto se conocieron en una profunda amistad, que dio sus frutos en 1936 cuando se inició la sublevación militar.
El médico propagandista asumió de tal forma su identidad, que acabó siendo más conocido por el nombre que había adoptado en África para firmar reseñas que por el que había recibido en el bautismo. No tardó en convertirse en el corresponsal de guerra más popular del llamado bando nacional y cuando llegó la paz siguió glosando la política de los vencedores e inspirando con su lenguaje aquellas soflamas que muchos conocimos en los medios de la época y sobre todo en el NODO.
Tropas camino del frente
Su fidelidad se premió con el nombramiento de presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid y cuando La Parca le hizo dejar para siempre su pluma en el tintero había publicado cinco mil artículos y más de treinta libros, casi todos dedicados a alabar los logros de Franco. Haciendo abstracción de aquellos que son meros libelos publicitarios, sus cuadernos de guerra resultan interesantes porque nos muestran la visión de los vencedores sobre los episodios bélicos y en ocasiones ofrecen datos que los investigadores pueden contrastar con la versión de los vencidos para buscar algo tan difícil y menospreciado como la objetividad.
Entre los que se refieren a nuestra región, figuran los títulos «Oviedo, la muy heroica», «En Gijón hubo un Simancas» y «¡Asturias por España!». Este último es el que más nos interesa en la Montaña Central porque en él relata, empleando como siempre el mismo tono épico que esperaban sus lectores, la caída del Frente Norte entre septiembre y noviembre de 1937. Pero antes de seguir, voy a intentar resumirles en dos párrafos los antecedentes de aquellos días.
Como ustedes saben, en el inicio de la Guerra Civil, toda Asturias, salvo la «muy noble y heroica ciudad de Oviedo» permaneció fiel a la legalidad republicana y los pasos de la Cordillera Cantábrica se fortificaron para frenar el avance de las tropas enemigas desde la Meseta.
Ilustración de Alfonso Zapico
A finales de agosto de 1936, los soldados del bando nacional ya estaban acuartelados en Lillo y Maraña y en estas posiciones aguantaron fácilmente los esporádicos contraataques de los republicanos, pero en mayo de 1937, estos decidieron generalizar la ofensiva y el general Franco decidió tomar personalmente las riendas de la defensa y se personó en el frente para reorganizar sus tropas. El sector oriental quedó dividido en dos Agrupaciones: la de Riaño, mandada por el general Muñoz Grandes, y la Agrupación Lillo al mando del teniente coronel Ceano, reforzadas más tarde por las Brigadas Navarras que se pudieron incorporar tras la caída del País Vasco y Cantabria.
La defensa del puerto de San Isidro le fue encomendada a Silvino Morán, mientras Tarna quedó bajo la responsabilidad de Manuel Sánchez Noriega «El Coritu», el jefe más pintoresco de los republicanos asturianos, retornado de la emigración mexicana, en la había combatido en su juventud al lado de Pancho Villa y donde adquirió los hábitos de macho fanfarrón y perdonavidas que mantuvo hasta el final de su vida, lo que no le impidió luchar bien y ser muy querido entre sus hombres.
«El Coritu» intentó resistir a los hombres de Muñoz Grandes que iniciaron el ataque el 20 de septiembre e inicialmente pudo rechazarlos, hasta que estos decidieron una nueva estrategia, eludiendo el enfrentamiento directo y lograron su objetivo tomando Ventaniella, Valdeteja y la carretera de Cofiñal a Tarna, rodeando Puebla de Lillo y avanzando por la Sierra de Valporquero.
El 30 septiembre, Muñoz Grandes tomó Cofiñal, mientras en San Isidro pocas horas después también se rompían las defensas de Silvino Morán. El 7 de octubre Tarna cayó por fin en poder de la II Brigada Navarra, después de cuatro horas de combates, y tres días más tarde Franco visitó el frente para poder ver el desarrollo de los combates en aquel frente. Cuando llegó, la aldea estaba arrasada y, según El Tebib Arrumi, era «(?) tres días después de ocupada, un inmenso brasero».
El libro de Asturias por España
¿Qué había ocurrido? Que Tarna estaba asolada es un hecho, pero las versiones sobre su destrucción difieren. La mayor parte de los historiadores modernos defienden la versión de que, al igual que ocurrió en Guernica con la Legión Condor, la destrucción fue obra de los aviones franquistas y que, como en aquel caso, se hizo recaer la responsabilidad sobre los perdedores.
Sirva como ejemplo de esta opinión este párrafo del historiador Javier Rodríguez Muñoz, publicado recientemente: «El 7 de octubre la II Brigada Navarra ocupó el pueblo de Tarna, que estaba totalmente arrasado. Como ocurriera en otros lugares durante esa fase final de la campaña, la aviación había descargado sobre el lugar sus bombas una y otra vez, y el pueblo quedó materialmente reducido a escombros. Posteriormente la propaganda franquista acusó a los republicanos en huida de la destrucción».
Al contrario, en el capítulo de «¡Asturias por España!» titulado «El Generalísimo en el frente. El espectáculo de Tarna e Isoba entristece a S.E.», el Tebib Arrumi resume la postura de los vencedores contando como, después de haber girado una visita al frente oriental de Asturias, Franco llegó al frente de León acompañado de dos generales de su Estado Mayor. Primero visitó todo lo que había sido el frente Riaño-Lillo, llegando -según el cronista- hasta las líneas más avanzadas donde las columnas se estaban desplegando para la operación del día, en la que conquistaron el Pico de Valverde. El «Generalísimo» se mostró muy satisfecho de la labor realizada y elogió el trabajo de las tropas en un terreno tan duro como aquel, pero no faltó «una nota dolorosa que entristeció por unos momentos su mirada alegre».
Los generales Franco, Dávila y Aranda, entre otros jefes y oficiales,
«Fue al contemplar el espectáculo que ofrecían los pueblos de Tarna e Isoba, dos humildes aldehuelas enclavadas en el corazón de esta dura serranía, donde por la aspereza del terreno, por un lado, y el clima, por otro, sólo viven gentes dedicadas a labradores y al pastoreo. Pues bien, a pesar de la humilde condición de los habitantes de estos dos pueblos, los bárbaros rojos han destrozado de tal forma las humildísimas casucas, volándolas e incendiándolas, que no han dejado una sola en pie».
El Tebib añade más adelante que «El Generalísimo se condolió de esta barbarie». Y si tenemos en cuenta que condolerse es, según el Diccionario de la RAE, lo mismo que compadecerse, nosotros añadimos que fue una pena que tan piadoso y tierno personaje no se compadeciese también cuando tuvo que rubricar las innumerables penas de muerte que le ayudaron a asentar su régimen, aunque a lo mejor tenemos la explicación en la frase con la que el abuelo de Gallardón quiso cerrar esta crónica firmada el 10 de octubre de 1937: «El espectáculo de Tarna e Isoba que hoy ha presenciado su excelencia, puede muy bien trocarse en la gota de agua que haga rebosar el vaso de su generosidad proverbial».
Ilustración de Alfonso Zapico
Después de haber consultado varias fuentes, nuestra opinión es la de que Tarna sufrió repetidos bombardeos, pero que los republicanos también incendiaron sus posiciones antes de abandonarlas para que no pudiesen ser reutilizadas por sus perseguidores; a pesar de todo, no lo lograron totalmente porque los militares franquistas acabaron parapetándose entre los muros que quedaron en pie, antes de iniciar su descenso hacia Campo de Caso, tanto por los caminos de la montaña como por la carretera que había sido inaugurada dos años antes.
La última resistencia la encontraron en un grupo poco numeroso que intentó proteger la retirada de los otros desde la posición de «El Corollu», pero fueron aniquilados por sus enemigos que eran muy superiores en número. Desde ese momento ya todo estuvo perdido y el Frente Norte quedó herido de muerte.
Ruinas del pueblo de  Tarna (balquemau.blogspot.com)
FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR


Ernesto Burgos Fernández nació en Mieres (Asturias) el 7 de julio de 1957.

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo (1979). Diploma de Estudios Avanzados en Arqueología Histórica («La romanización en las cuencas mineras del sur de Asturias» 2006).Profesor de Educación Secundaria, ha trabajado en los institutos «Juan de Herrera» (Valladolid), «Sánchez Lastra» (Mieres), «Camino de La Miranda» (Palencia), «Valle de Aller» (Moreda) y desde 2006 en el IES «Mata Jove» de Gijón.

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 D. Víctor Ruíz Albéniz
Víctor Ruíz en la casa del Kaid Checha, en Cabo de Agua. A la derecha aparece el también periodista Peris Mencheta, año - 1909
EL TEBIB ARRUMI, D. Víctor Ruíz Albéniz 
http://elheraldodemelilla.blogspot.com.es                                   
D. Víctor Ruíz Albéniz, médico, periodista y descrito en su época, como “cronista oficial del franquismo”, nace en Mayagüez (Puerto Rico), en el año 1885 y fallece en Madrid, a los 69 años. Conocido por los pseudónimos “Tebib Arrumi”, “Chispero”, “Acorde”, “Doctor Cito”, “Don Sincero” y “Bargas”, siendo quizás el primero de ellos el más famoso y siendo con el que firmaba sus crónicas de guerra, y el cual al parecer, se lo puso D. Cándido Lobera, Director y propietario del rotativo “El Telegrama del Rif”. Víctor Ruíz Albéniz, era hijo de D. Víctor Ruíz Rojo y de doña Clementina Albéniz Pascual, matrimonio del cual hubo dos hijos, Víctor y Sara Ruíz Albéniz. Tras el fallecimiento de D. Víctor Ruíz Rojo, padre de Víctor Ruíz Albéniz, la familia, regresó a España en 1881.
“Tebib Arrumi”, era también a su vez sobrino del compositor catalán, natural de la población de Camprodón (Gerona), D. Isaac Albéniz Pascual, que era el hermano menor de su madre, es decir de doña Clementina, cosa que le haría heredar cualidades para la música. De hecho, atendió a su tío, el compositor Isaac Albéniz, a causa de la enfermedad que le causó la muerte en 1909.
Comida de homenaje a Víctor Ruiz Albéniz celebrado el 4 de febrero de 1949
“Tebib”, era la palabra con la que designaban los rifeños a los médicos en aquella época. De hecho, el ser “Tebib” o artillero durante el conocido “Desastre de 1921” con la caída aquel verano, de la Comandancia General de Melilla causada por Abd-el-Krim el Jathabi “El deseado”, “era un pasaporte a conservar la vida durante aquel sangriento período de nuestra historia militar. “Tebib Arrumi”, pueda ser la traducción de “médico cristiano”.
Tal y como cita D. Francisco Saro, el entonces médico, D. Víctor Ruíz Albéniz, llega a Marruecos como galeno de la “Compañía Minera del Rif” allí por el año 1908, desde donde empezó a enviar artículos periodísticos como corresponsal de guerra. Cabe decir que si bien estudió medicina, la actividad en el ejercicio de la misma, fue más bien escaso o nulo. D. Francisco Saro, y referente a la llegada de Ruíz Albéniz a Melilla, escribe que esta se produce en el año 1909, arribando a la misma como periodista del “Diario Universal” aunque ejercerá más como médico que como periodista debido a la campaña que el Ejército español sostenía con los rifeños, distinguiéndose en la atención a los heridos que causó la denominada “Carga de Taxdirt” y sobre la que escribiría posteriormente. De personalidad extrovertida y gusto personal en el trato con toda clase de personas, le hizo adquirir notoriedad entre los rifeños. Dos años más tarde, en 1910, contrae matrimonio con doña Julia Gallardón.
Publicó artículos en “El Telegrama del Rif” ya en 1909, de hecho, el miércoles 6 de enero de 1909, como “colaborador”, publicaba uno titulado “Los buenos. Caridad”. Otro de sus artículos, aparecía en primera hoja de dicho rotativo Melillnese, titulado “En Madrid. El problema rifeño”, el 14 de abril, otro el día 24 de junio, constando entre paréntesis que colaboraba con “Diario Universal”, titulado “España en el Rif, el problema político”, otro en fecha 15 de septiembre titulado “La operación Larrea”, todos ellos, durante el año 1909. Como corresponsal del guerra, colaboró con “Diario Universal”, del que llegaría a ser redactor-jefe y subdirector, e “Informaciones” el cual dirigió desde 1924 a 1936, e informaba de la marcha de las Campañas de Marruecos en 1909 y 1922. En este último, usando los “alias” de “Chispero” y “Acorde”, había escrito columnas municipales sobre Madrid y críticas musicales respectivamente. Trabajó también como cronista de “ABC”.
Víctor Ruiz Albéniz
Al estallido de la guerra civil, los periodistas conservadores que han logrado huir de Madrid, se reúnen en San Sebastián en el otoño de 1937, constituyéndose la nueva “Asociación de Prensa”, sustituyendo a la incautada en Madrid por las autoridades republicanas, nombrándose una directiva de la que D. Víctor Ruíz Albéniz, fue nombrado presidente, cargo en el que estaría hasta febrero de 1944. Su defensa de los generales Sanjurjo y Millán-Astray durante las Campañas del Rif y del resto de militares “africanistas” a los cuales enaltecía y se quejaba del gobierno, cosa que le causó problemas con el gobierno republicano, fue la causa de que al producirse el denominado “alzamiento nacional del 18 de julio”, que fuese nombrado “corresponsal de guerra” del Estado Mayor del General D. Francisco Franco y agregado a su Cuartel General. Cabe decir que al General Franco le agradaba el tono grandilocuente de las crónicas de guerra de D. Víctor Ruíz Albéniz, el cual, también y durante la guerra civil, hizo crónicas radiofónicas.
Entre 1939 y 1944, dirigió “Hoja del Lunes”. El 9 de junio de 1943, fue nombrado “Cronista Oficial de la Villa de Madrid”.
Todo y ser un periodista fiel al franquismo, intentó ser contrario a que la Asociación de Prensa, fuera controlada por los militares. Dicha asociación, se había incorporado en 1942, al sindicato del “Papel, Prensa y Artes Gráficas”, siendo su inicial oposición a esta medida, cosa que finalmente aceptó, la causa que le costaría perder la Presidencia de la misma. Ocupó también otra Presidencia en la Fundación del Montepío de Toreros.
Víctor RUIZ ALBÉNIZ 'CHISPERO' ¡Aquel Madrid...! (1900-1914). Ilustraciones de A. Casero. (1944)
Su obra, que se podría encuadrar entre los años 1910 a 1950, se podría resumir en 33 libros y más de 50.000 artículos periodísticos. De los primeros, se podrían citar, “La Campaña del Rif, la verdad de la guerra”, “El Riff: estudio de un español en el Norte africano” (1912), “Tánger y la colaboración franco-española en Marruecos” (1927), “Ecce Homo” (1928), libro escrito en defensa de D. Dámaso Berenguer, “La conquista de Vizcaya” (1938), “Pérdida y reconquista de Teruel, batalla del Alfambra” (1939), “Crónicas de Guerra” (1939), “Leones en el Guadarrama” (1940), “Áquel Madrid, 1900-1914” (1944). Como novelista, “¡Kebib Rumi!: la novela de un español cautivo de los rifeños” (1921).
Sus propios compañeros, dada su producción literaria, le consideraron una de las mejores “plumas periodísticas españolas” del siglo XX, recibiendo el premio “Rodríguez Santamaría en 1946 y siendo nombrado “Periodista de Honor”, en 1953.
Este hombre que en 1909, fue calificado por D. Guillermo Rittwagen, fotógrafo y publicista en temática norteamericana, como “periodista inteligente, africanista aventajado y doctor meritísimo”, conocido como “Tebib Arrumi”, D. Victor Ruíz Albéniz, falleció en Madrid, el 7 de febrero de 1954. Sus restos, recibieron cristiana sepultura en el cementerio de La Almudena (Madrid), a la mañana siguiente.
De D. Víctor Ruíz Albéniz, escribiría el periodista D. M. Sánchez del Arco, en el rotativo madrileño “ABC”, del 14 de febrero de 1954 y bajo el título “Ruíz Albéniz” (textual):
“…Por la brecha que desde 1909 a 1921 abrieron en el cuerpo nacional los contratiempos africanos, penetraron los agentes políticos que lograron la triste victoria de abril de 1931. Sin el barranco delo Lobo y las adversidades tácticas que empezaron en Igueriben y concluyeron en Monte Arruit, no hubiera sido como fue el curso de la historia contemporánea española. Y fue habitual en periódicos y periodistas de aquella época ennegrecer cuanto tenía relación con nuestros intereses en África. Así, años tras años. Cada campaña militar inexcusable tenía como respuesta una campaña de Prensa derrotista, estridente. Se tocaban con perfidia los resortes sentimentales, , y la calle ahogaba al Gobierno cuando los escasos estadistas que veían claro ensayaban una acción a fondo, frustrada hasta que las excepcionales circunstancias de 1925-27 permitieron la continuidad. Fue cuando en frase de Ramiro de Maeztu, “Primo de Rivera tuvo el valor de abandonar su abandonismo”. Y la paz llegó por mano de D. José Sanjurjo, cuya columna de 1921 había sido la vertebral del Ejército nuevo.
Desde 1908 Víctor Ruíz Albéniz residía en Marruecos. Aún no se habían producido en el seno de la imperial familia alauita la discordia que fomentaron potencias europeas. Aún Bu Hammara no había levantado su bandera de Roghi, aspirando al sultanato. Ruíz Albéniz, joven médico, amó al pueblo marroquí y defendió los intereses españoles que iban a poner en valor el territorio imperial. Defendió la concordia, y cuando la guerra se hizo inevitable, los que dirigían la campaña tuvieron en él excelente consejero, desinteresado, noble. Vinieron nuevas campañas. Pocos quedan ya de los que a África fueron sin prejuicios políticos. Enrique Arqués y el “Abate Busoni”, con Tomás Segado García, García Sañudo, en África; Gregorio Corrochano, Alfredo Rivera y Leopoldo Bejarano, entre los residentes en la Península, recordamos ahora, sin olvidar la pluma primorosa de Tomás Borrás, fueron los permanentes defensores de nuestra acción en África, que también tuvo el altísimo apoyo de don Manuel Aznar, en circunstancias críticas.
Para la opinión de aquellos años, tratar temas marroquíes, ser “africanista”, equivalía a rondar el ridículo. Periodísticamente, sólo se cultivaba lo sensacionalmente adverso. El gran éxito estaba en negar lo importante de nuestra misión y en menoscabar el prestigio del Ejército. Desde primero de siglo, y cerca de nuetsro embajador en Francia, señor León y Castillo, Gonzalo de Reparaz había defendido infructuosamente en el libro y en el periódico la extensión de nuestros derechos más allá, -¡mucho más allá!- de la estrecha zona que pudo conseguir don José Canalejas, continuador del conde de Romanones en esta dirección de nuestra política internacional.
Ruíz Albéniz fue un africanista de estilo directo. Su expresión periodística era clara, fehaciente. Conocía a los jefes, proclamaba sus virtudes. Iba creando en prosa llana el romancero que la acción militar necesitaba. Dio aliento popular a los hechos que a otros escapaban. De las mismas adversidades sabía sacar partido optimista.
Cuando la más injusta de las campañas escogió al ilustre general Berenguer como víctima, el tuvo el valor cívico de escribir “¡Ecce Homo!”, ardiente, justa y diestra defensa de un hombre por cuya muerte civil se buscaba herir a un régimen.
Fue un maestro de lo crónica de guerra. Alguna vez sufrió amarguras y trato no justo, pero ello no menguó su ardiente servicio a la causa de los intereses españoles en África. Su voz, durante la Cruzada, siguió al toque de clarín, que anunciaba los victoriosos partes oficiales. Encontraba la frase fulgurante, sencilla, que acotaba la acción de cada día, según el sentimiento popular. Así años tras años, “El Tebib Arrumi” de 1909, mantuvo desde 1936 a 1939 el fervor patriótico de los españoles, penetrando en la zona cautiva a la que llevaba el comentario civil que su fecunda y ágil pluma ponía a las escuetas afirmaciones castrenses del parte oficial.
En esa misma Kudia carpetana, donde hace unos días dejamos los restos de Millán-Astray, hemos sepultado ahora al “Tebib Arrumi”, enaltecedor del Ejército en una época en la que era triste gala profesar el antimilitarismo y negar los fundamentos de nuestra presencia en África. Almudena: Kudia bautizada hace siglos, nombre cuya raíz, bajo un manto de Virgen, dice mucho con aquella claridad de la prosa del “Tebib”. Ahora, todo es fácil; ¡pero cuando Millán combatía y escribía Ruíz Albéniz, que distinto era todo y que valor se necesitaba para disentir de aquellas opiniones! Sea esta consideración el mejor elogio a la memoria del fundador de la Legión y del periodista.
M. Sánchez del Arco…”

Fuentes:


1). “El Tebib Arrumi: Víctor Ruíz Albéniz”, de D. José Ignacio de Arana, en internet.

2) “Víctor Ruíz Albéniz”, Asociación de prensa de Madrid, en Internet.

3). “Víctor Ruíz Albéniz”, en VIkipédia, enciclopedia libre en Internet.

4). “Clementina Albéniz y Pascual”, “Personalidades, Fundación Fernando de Castro AEM”, en internet.

5). “¿Saben ustedes quien fue el Tebib Arrumi?”. “El Dia.es”, de D. Carlos Pinto, en Internet.

6). Imagen de D. Víctor Ruíz Albéniz, a través del buscador de imágenes de Google, “el mundo libro.com”, en internet.

7). “El País”, “Una biografía sobre Isaac Albéniz desmonta las leyendas de su vida”, por J. Ruíz Mantilla, en Internet, Madrid 28 de febrero de 2002.

8). “ABC”, Madrid, 14 de febrero de 1954, pág. 33.

9). Notas de D. Francisco Saro Gandarillas.

10). “ABC”, Madrid, 9 de febrero de 1954, pág. 24.

11). “El Telegrama del Rif Diario ageno a la política.- Defensor de los intereses de España en Marruecos””, Melilla, miércoles 6 de enero de 1909, pág. 1. .

12). “El Telegrama del Rif. Diario ageno a la política.- Defensor de los intereses de España en Marruecos”, Melilla, miércoles 14 de abril de 1909, pág. 1.

13). “El Telegrama del Rif. Diario ageno a la política.- Defensor de los intereses de España en Marruecos”. Melilla, jueves 24 de junio de 1909.pág. 1

14). “El Telegrama del Rif. Diario ageno a la política.- Defensor de los intereses de España en Marruecos”, Melilla, miércoles 15 de septiembre de 1909.

Nota: “El Telegrama del Rif. Diario ageno…”, debiera de ser “El Telegrama del Rif. Diario ajeno”, pero se respeta tal y como apareció publicado.

FUENTE: Hans Nicolás i Hungerbühler
(Artículo publicado en el diario El Faro de Melilla, el sábado día 24 de marzo de 2012)
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