22 de julio de 2014

Una muchacha negra o mulata de nombre Lucía, la ofrecieron en venta a José Manuel Bernaldo de Quirós a medidos del siglo XVIII

La última esclava de Asturias


Ilustración de Alfonso Zapico
La historia de Lucía, una mujer negra que un emigrante llamado Barrio trajo de América a mediados del siglo XVIII.

Ilustración de mujer mulata
http://www.lne.es
La esclavitud fue en algunos momentos un factor importante en la economía española. Yendo muy atrás, se puede decir que los asturianos entramos en la civilización europea como esclavos de los romanos, pero acercándonos más en el tiempo, a comienzos de la Edad Moderna los tribunales se encargaban de condenar a muchos desgraciados al trabajo forzado en aquellos puestos peligrosos o tan desagradables que todos los hombres libres rechazaban.
Todos podemos imaginar esas escenas con interminables hileras de mineros que cargan con cestos vigilados por el látigo de unas guardianes implacables o aquellos remeros decrépitos y andrajosos que se esfuerzan por seguir el tiempo que les marca un calvo enorme con su tambor.
La pena de galeras se retiró definitivamente en 1748, aunque algunos condenados siguieron pendientes de las duras tareas de mantenimiento en los arsenales, de modo que a mediados del siglo XVIII ya quedaban pocos esclavos en España y los que podían encontrarse eran casi todos musulmanes que trabajaban en el servicio doméstico o como ayudantes en los talleres de artesanía de las provincias del Sur.

Antonio López y López, Primer Marqués de Comillas (1817-1883).
Luego fueron llegando poco a poco los decretos que abolieron esta práctica: en marzo de 1836, cuando ya sólo había esclavos en Puerto Rico y Cuba, una ordenanza prohibió traerlos hasta la metrópoli y por fin esta práctica fue prohibida en las dos colonias, respectivamente, en 1873 y 1880, aunque hubo quien se resistió a acatar la ley y las últimas cadenas tardaron en desaparecer seis años más.
Precisamente en este periodo -1883- falleció Antonio López y López, el primer marqués de Comillas, uno de los hombres más ricos de su época, que había iniciado con el tráfico de hombres y mujeres cubanos la fortuna que su hijo supo multiplicar más tarde con otros negocios, entre ellos, como saben, la Sociedad Hullera Española, empresa decisiva en nuestra industrialización y en la vida de muchas familias de Ujo, Bustiello, Santa Cruz, Caborana, Boo y, en general, de toda la zona en que mantuvo sus explotaciones.
Don Antonio llegó a la isla caribeña en 1831 huyendo de la justicia que lo perseguía por una reyerta de juventud. Lo hizo escondido en una fragata de su paisano Ignacio Fernández de Castro, naviero gaditano también nacido en Comillas, al que muchos años después devolvió el favor ayudándolo cuando este pasó un mal momento económico, comprándole en dos ocasiones fincas y barcos por un montante total de 300.000 pesetas.
De los manejos del marqués sabemos por el libro "La verdadera vida de Antonio López y López", que publicó su cuñado Francesc Bru y hoy es casi imposible de encontrar porque la familia se ocupó de hacerlo desaparecer. En él lo describe como un hombre zafio, prácticamente analfabeto y cruel que no tenía escrúpulos a la hora de amasar dinero y explica como se estableció en Santiago de Cuba, prosperando cuando se casó con su hermana y con distintos negocios de transporte marítimo de harinas, café y comercio general, pero sobre todo con el tráfico de esclavos en la isla, saltándose a la torera la ley de 1820 que prohibía la trata de esclavos al norte del Ecuador.
Antonio López y López, llamado por sus detractores "López el negro" volvió definitivamente para afincarse en Barcelona y formar con amigos y parientes un entramado de empresas que en algún caso aún proporcionan riquezas a los descendientes de aquel clan (escrito con una c, aunque también podríamos hacerlo con una k, perdónenme la comparación fácil).
Hablando de la relación de los esclavos con la Montaña Central, era inevitable que nos parásemos en los marqueses de Comillas, pero esto solo nos sirve de introducción para la referencia principal de hoy que no es más que la noticia de la última esclava que hubo en esta región y que estuvo sirviendo para la casa de los marqueses de Camposagrado..
En los muchos años -seguramente ya demasiados- que llevó firmando esta página, he visto como en ocasiones los lectores se han preocupado de corregir fechas erróneas o datos equivocados, casi siempre sobre parientes suyos que aparecen por las historias, y yo se lo agradezco, porque, aunque asumir los errores nunca es agradable, a la hora de contar cómo fueron las cosas la verdad debe estar siempre por encima de todo; aunque por el mismo motivo y por el respeto que les tengo a ustedes, a estas alturas tampoco puedo aceptar que nadie me censure los temas o los personajes que debo tratar.
Hago esta reflexión porque ahora voy a nombrar al fallecido historiador y notorio carlista Jesús Evaristo Casariego, y cuando lo he hecho en otras ocasiones -nunca con comentarios ofensivos- he sufrido las iras de sus herederos ideológicos que me han dirigido en sus blogs piropos de este estilo: "Sus (mis) conocimientos de historia están a la altura de su uso de la lengua española; es decir, por los suelos", "vuelve a contar, de tercera mano, algunas historias sobre el hidalgo de Barcellina, deformadas para uso de democráticos patanes", "confunde términos y da de antemano por buena la versión liberal", "su historia de los cambios en las Cuencas es de enciclopedia del disparate".
En fin, me perdonan la vida porque no tienen más remedio, aunque en esta ocasión no creo que se puedan irritar ya que me ahorro cualquier comentario sobre su hidalgo y me limito a reconocer -como es de justicia- que me voy a basar en un artículo por él publicado, en este mismo diario, en octubre de 1968.
Don Evaristo escribió que la última persona en estado de esclavitud que hubo en Oviedo, de la que había podido encontrar rastro documental "fue una muchacha negra o mulata de nombre Lucía, que un emigrante llamado Barrio trajo de América a medidos del siglo XVIII" y que ofreció en venta a José Manuel Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado, "el cual la adquirió, la tuvo una breve temporada en calidad de criada y en 1757 la manumitió legalmente".
Luego, la mujer "tomó el apellido del marqués. Se llamó desde entonces Lucía Bernaldo de Quirós y siguió viviendo en el palacio de su antiguo amo? casó con hombre del país, tuvo hijos y enviudó, creando así una rama adoptiva de los Bernaldo de Quirós de origen africano. Lucía llegó a ser muy popular en Oviedo por su piedad y caridad?".
Posteriormente, la información de Casariego fue completada por un trabajo de otro autor, también de rancio abolengo, especializado en referir las cosas de la nobleza: el doblemente marqués del Saltillo y de Jaureguizar, quien firmó en 1992 el libro "Linajes y palacios ovetenses: datos para su historia".
Allí se recogen documentos de archivo sobre los moradores de estas residencias y entre ellos algunos de José Manuel Bernaldo de Quirós, tercer marqués de Camposagrado, que vivía a caballo entre dos palacios: el más moderno que había construido su padre en Oviedo, después de haber residido un tiempo en la calle Platerías, y el antañón que la familia poseía en La Villa, en la jurisdicción de Mieres del Camino, incluida entonces en el concejo de Lena y donde solían pasar los veranos.
Así, podemos leer que en aquel 1757 dictó unas disposiciones que incluían importantes decisiones acerca de sus criados y entre ellas: "Declaraba que con su poder compró don Joaquín del Rivero y Lamadrid al indiano Barrio la negra llamada Lucía de Quirós, por ponérseles siempre el apellido de sus hijos, la transmitía a su hijo si la consideraba útil y le agradase en el ministerio de la cocina, que aunque pesada y a su paso no deja de tener alguna razón para componer una comida regular. Después de los días de su hijo y atendiendo a las ansias con que esos infelices apetecen su libertad, o antes, si al propio mi hijo no le agradasen en casa ni le pareciese conveniente, quiero que desde luego se la ponga en libertad para que pueda buscar su fortuna y serme agradecida encomendándome a Dios, como lo espero".
Como vemos, el trabajo de la pobre Lucía estaba en los fogones, pero hay un párrafo en este texto que nos deja claro cuál era la consideración y el trato que se dispensaba entonces a los esclavos, con los que no existían los mínimos miramientos de que gozaba el resto de la servidumbre: "Bien que siéndole útil a dicho mi hijo le encargo procure tratarla con aquel amor y caridad que la ley de Dios manda y al mismo tiempo con el rigor que la rudeza y terquedad de estos naturales suele ocasionar a tiempos". No es más que otro dato curioso para nuestra historia.
             
El primer marqués de Comillas, Antonio López y López fué uno de los hombres más ricos de su época, y que se había iniciado con el tráfico de hombres y mujeres (Ilustración de esclavos en un barco negrero)


FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
_________________________________________
_________________________________________

NOTA: Si te ha interesado esta entrada y quieres preguntar, comentar o aportar algo al respecto, puedes dejar un comentario o escribir a mi dirección de “correo del blog” con la seguridad de ser prontamente atendido.



¡¡¡Difunde “El blog de Acebedo”  entre tus amistades!!!


Sígueme en:


  • § - Twitter – “El blog de Acebedo”

No hay comentarios:

Publicar un comentario