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23 de octubre de 2019

Descuidada y dudosa estética

Los urinarios de la discordia
Ilustración de Alfonso Zapico
Los vecinos protestaban con frecuencia por el estado de abandono de los sanitarios en Oviedo, descuidados y de dudosa estética
Recorte de prensa que alude al mal estado de los urinarios. (LNE)
Los urinarios públicos de Oviedo estaban pensados para ser utilizados en posición de pie, para orinar y verter únicamente desechos líquidos. Eso sí, se recomendaba la limpieza diaria. Es en ese punto donde empezaron los problemas y las quejas vecinales en Oviedo, desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el XX. Los vecinos protestaban por el estado de abandono de las instalaciones. En esta crítica por la falta sistemática de limpieza o mantenimiento, se llegaba a solicitar su clausura por lo que suponía de antiestético y de riesgo sanitario para los vecinos. En marzo de 1890 la prensa se quejaba del mal estado, por ejemplo, "de los recipientes de urinarios que, majestuosamente se elevan en la plazoleta de la Estación. Creemos que en virtud del oportuno sitio en que se encuentran colocados necesitan no sólo de limpieza, sino más bien de una traslación inmediata a puntos más apartados y convenientes, en donde no molesten a la vista y al olfato". Unos meses más tarde, en agosto, se reclamaba a la Junta de Sanidad la desaparición de "tales artefactos".
Ilustración de Alfonso Zapico
En febrero de 1891 se denunciaba la falta de agua suficiente para limpiar los urinarios instalados junto a las Escuelas del Fontán y en la calle Mendizábal y el 12 de agosto del citado año, se suprimían los establecidos en la calle Jovellanos "por emplazado malamente, a petición vecinal". La presión vecinal y las múltiples quejas sobre su higiene, obligaron al Ayuntamiento, a principios de la última década del XIX, a suprimir todos los urinarios de la capital. Esta supresión provocó otro efecto indeseable: la proliferación de charcas y vertidos de orines, que producían olores insoportables y un elevado riesgo sanitario, sobre todo del tifus, endémico en aquel tiempo. Dos años después, los ciudadanos ovetenses se lamentaban del error de aquella medida supresora e instaban a la Alcaldía a recuperar los evacuatorios. Había otro problema añadido a la instalación de evacuatorios: la oposición de los vecinos por su cercanía a viviendas o negocios. En 1894, un grupo de ochenta y dos vecinos rechazaban el proyecto de un urinario en la Travesía de Cimadevilla alegando que llevaría a la ruina y cierre de sus comercios.
Ilustración de Alfonso Zapico
El problema de higiene y limpieza seguía inalterable en los años siguientes. En 1927 por idénticas causas, falta de limpieza y de conservación, se procedió a demoler el urinario de la Travesía de Santa Bárbara. Sin embargo, al tiempo que se suprimían urinarios se producían nuevas instalaciones. En el mismo año 1927 se proyectó la construcción de un Pabellón de Urinarios en el Campo San Francisco. Quizá el más recordado por los ovetenses haya sido el instalado en la Escandalera. En 1931, en los terrenos en que se ubicó posteriormente la estatua de José Tartiere, en el Campo de San Francisco, próximo al Escorialín que conocemos hoy, estaban los urinarios que después se trasladarían a la Escandalera. En una reunión celebrada por el Ayuntamiento el 16 de junio del citado año, el arquitecto municipal fijaba como lugar más idóneo el lateral de la plaza de la Escandalera "por ser el más estratégico y que ha de reportar grandes beneficios al público por su proximidad a los paseos y el paso obligatorio a las vías de ferrocarril para sus más cómodas necesidades fisiológicas".
Ilustración de Alfonso Zapico
La Comisión Pro-Monumento a Tartiere había donado 5.000 pesetas para las obras de demolición de la antigua ubicación y ayuda económica para la nueva sede de los evacuatorios. En una reunión del Consistorio el 7 de agosto, se daba un plazo de quince días para iniciar las obras. El concejal Martín sugería que se instalasen dos baños de señora y otros dos de caballero, pero el arquitecto le respondía que el proyecto no se podía modificar. 
La propuesta de Martín se basaba en la experiencia de otras ciudades que contaban con evacuatorios modernos. Finalmente la obra se licitó en 45.632,93 pesetas y sólo faltaba para su inauguración la aprobación de las tarifas y el nombramiento de celadoras. Recién finalizada la guerra, en agosto de 1939 y como consecuencia de los desperfectos causados por la contienda, tuvieron que repararse los evacuatorios por importe de 1.210 pesetas. A principios de los años 50, en Oviedo sólo quedaban los urinarios del Campo de San Francisco y de la Plaza de la Escandalera. Existía, en la calle del Fierro, uno adosado a una de las paredes laterales de la iglesia de San Isidoro, sin uso por sus condiciones lamentables que obligó a Sanidad a su clausura. En definitiva, los evacuatorios de Oviedo siempre estuvieron rodeados de polémica, cuestionados por los vecinos y fueron un quebradero de cabeza permanente para el Ayuntamiento, incapaz de su mantenimiento y limpieza.
Ilustración de Alfonso Zapico
FUENTE: PEDRO RODRÍGUEZ CORTÉS


Pedro Rodríguez Cortés, cronista oficial del Centro Asturiano de Oviedo y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA









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