5 de mayo de 2018

Riqueza tradicional y cultural

El calzado de madera en Asturias
Imagenes y fotos de Alfonso Fernández Canteli (Catedrático de Universidad. Doctor Ingeniero Industrial) 
Mercado de les madreñes en Oviedo en 1912. (Pinterest)
El calzado de madera por excelencia en Asturias es la madreña. Junto a ella se ha usado, y se usa aún, el zueco de madera en zonas marginales
Ilustración de Alfonso Fernández Canteli 
A juzgar por referencias bibliográficas relativas a siglos pasados, en esas mismas zonas también se calzó el zueco con suela de madera y empeine de cuero. El etnólogo alemán Kriiger informa de otros calzados de madera dedicados a usos específicos, tales como las tablas que, fijadas al pie, se utilizaban para deserizar las castañas La madreña, según el Diccionario de la Real Academia Española, es “un zueco, es decir, un zapato de madera de una pieza, que usan en varios países los campesinos y gente pobre”. Según una definición más ajustada a la realidad, la madreña sería “un calzado ahuecado de una única pieza de madera, que presenta una parte superior, o tapa, y una suela con un tacón y dos tacos independientes o, alternativamente, un taco corrido, en la parte anterior”.
Ilustración de Alfonso Fernández Canteli
Estos resaltos le permiten asentarse sobre el suelo con una relativa estabilidad, aislándose mejor del barro y de la humedad de los caminos, y girar sobre el eje del apoyo delantero, compensando así el inconveniente de su falta de flexibilidad, que se contrapone a la comodidad del calzado de cuero.
Para realizar las labores en la cuadra o en la huerta, para ir a segar, al chigre o a misa, en definitiva, en todas las ocasiones que exigían salir de casa, el asturiano calzaba las madreñas, que descansaban en el zaguán. A diferencia de lo que ocurre en el área de utilización del zueco, no se entraba en las casa con las madreñas: a la vuelta del trabajo, una simple sacudida del pie permitía librarse del rígido calzado y entrar en casa en zapatillas. Sólo en algunas casas del occidente astur- galaico, en las que el suelo de las dependencias de la planta baja era de losas de pizarra, se acostumbraba a entrar con madreñas, o en este caso galochas. El calzado de madera en sus diferentes versiones ha encontrado acogida entre los campesinos de una amplia área de Europa que se extiende desde Portugal hasta Escandinavia, incluyendo la práctica totalidad de los países latinos, germánicos y nórdicos. La madreña es la variante más evolucionada de la gran familia del calzado de madera. Su variedad tipológica y su distribución zonal, coincidente con la de los dialectos asturianos, su riqueza decorativa y la pervivencia de su uso hasta la actualidad, demuestran que el núcleo geográfico de difusión, tal como lo describe Krüger a finales de los años treinta, reside en la cordillera astur-cantábrica.
Ilustración de Alfonso Fernández Canteli -(Madreña Malvea - Lena) 
La madreña, que, frente al zueco, se caracteriza por un mayor desarrollo funcional y por una factura considerablemente más compleja, se elaboró y se sigue elaborando en toda una franja geográfica situada en las vertientes Norte y Sur de la Cordillera Cantábrica, y limitada entre la Sierra de los Aneares en Lugo y el valle del río Miera en Cantabria, incluyendo toda la cordillera asturleonesa. También se observa la presencia ocasional de madreñas (en algunos casos muy primitivas, con tacos meramente incipientes) en el Macizo Central francés, Norte de Alemania, Dinamarca, Noruega y Suecia, pero ni su difusión, en casos meramente local, ni su aceptación por la población, ni su variedad tipológica, son comparables a las de sus parientes españolas. Las condiciones climáticas, con una alta frecuencia de precipitaciones, la existencia generalizada de caleyas o caminos embarrados, la abundancia de prados húmedos o lamas, la escarpada geografía y la abundancia de la madera como materia prima, imprescindible para su fabricación, son factores que junto a la tradición cultural, justifican la gran difusión que la madreña ha encontrado en el Noroeste español, y especialmente en las zonas productoras por excelencia, Asturias y Cantabria, acompañando al campesino en su pausado caminar por sendas y caminos o en sus trabajos agrícolas.
Ilustración de Alfonso Fernández Canteli - (Madreña Tarna - caso) 
La denominación de las partes de la madreña
Las madreñas se calzaban con escarpines, es decir, zapatillas hechas de sayal abatanado, o estameña, o incluso a pie descalzo, con un lecho de yerba (heno) o de hojas de panoya (mazorca de maíz). Posteriormente se generalizó el  uso de zapatillas comerciales, como alternativa moderna a los escarpines. Esta sustitución no es in-trascendente, ya que da lugar a una primera clasificación.
La madreña denominada “de escarpín” es una madreña robusta y muy cerrada de boca. Es la más antigua, cronológicamente hablando, y representa, en sus distintas modalidades, los prototipos zonales. Su uso está prácticamente extinguido en Asturias, y lo mismo cabe decir de su elaboración, aunque aún hay algunos madreñeros que saben hacer el tipo propio de su zona. Sus características, relativas a la decoración y forma de la puntera y tacos, se han ido desvaneciendo con los años, adaptándose a formas más acomodaticias y fáciles de fabricar, hasta desembocar en la madreña “de zapatilla”.
Foto de Alfonso Fernández Canteli
La madreña “de zapatilla” responde al tipo utilizado en la actualidad y converge, desde los diferentes prototipos, hacia una forma redondeada en la puntera, de poca personalidad. Es más escotada, presenta menores espesores de “madera y está adaptada a la zapatilla comercial con la que se calza.
Su aparición coincide con la progresiva reducción de las labores agrícolas, en especial de la mujer, cuya actividad fue limitándose progresivamente a un área cada vez más cercana a la casa, y con el desplazamiento de la población hacia los centros urbanos.
La denominación de las diferentes partes de la madreña varía apreciablemente de una zona a otra, en consonancia con las diferentes variantes dialectales. A título de ejemplo se recogen las denominaciones de La Malvea (Lena) y de Tarna (Caso), por su representatividad e integridad.
Desde el punto de vista de la calidad, se puede decir que la parte más importante de la madreña es “la casa”. En segundo término figura la altura y posición de los tacos, que determinan la comodidad en el giro. El resto de elementos pueden entrar en el concepto de accesorios.
Foto de Alfonso Fernández Canteli 
La elaboración de las madreñas
El oficio de madreñero se simultaneaba con las labores del campo, y sólo en los núcleos rurales o urbanos pasaba a ser un oficio en exclusiva. El área de abastecimiento solía limitarse a la del mercado de la zona, aunque los grandes núcleos productores, como Somiedo, Caso, Lena y Aller, extendían su zona de influencia mucho más allá del concejo, inundando la capital, o las grandes poblaciones con su producción, o exportando considerables cantidades a otras zonas, colindantes o no, de León.
El oficio se fue transmitiendo, a lo largo de generaciones, de padres a hijos, o a jóvenes aprendices, en una larga cadena sólo interrumpida en estos últimos años, en los que una masiva emigración del campo hacia los núcleos urbanos, así como la aparición de puestos de trabajo alternativos, menos duros y más rentables, y la generalización de la percepción de pensión de jubilación entre los madreñeros de más edad, decidieron una drástica reducción del número de artesanos, hasta el punto de que esta tradición está en vías aceleradas de extinción en Asturias. Según comentaba Adriano Capa, madreñero de Tarna (Campo Caso), hacia los años cuarenta había en el pueblo más de cien madreñeros. Hoy no queda ninguno en activo.
Foto de Alfonso Fernández Canteli
El uso de la madreña, aunque disminuido, continúa siendo común en los pueblos. Sin embargo, la madreña artesanal al cien por cien, es en la actualidad excepcional, siendo habitual la venta de la casa con el táladru (taladrar), reduciendo el espesor de las paredes desde el interior, se talla el calcañu y las cuestas con la gubia (gurbiar) y por último se rebaja y limpia todo el interior con la legra (llegrar). En este momento el madreñero comprueba su dimensión con la vara de medir.
Desmontada del taller, se acuchilla con el raspón (raspar), manteniéndola presionada sobre el pecho, protegido por un cojín, y se repasa el calcañu y el papú con el cepillu (cepillar). El perfil definitivo de la boca se logra con el cuchillu, hecho de una navaja barbera, y manteniendo la madreña apoyada sobre las piernas (desbocar). Finalmente, se procede al ahumado sirviéndose de cortezas de abedul y con escobas de los puertos (afumar), y se unta con grasa. Estos procesos garantizan una mejor protección y conservación de la madreña. Una incisión en forma de arco, situada paralelamente al borde de la boca, con un sencillo motivo ornamental, imprime el carácter final a la madreña taminá (pintar).
Foto de Alfonso Fernández Canteli
Todo este proceso queda magistralmente recogido en el popular soneto “El madreñeru”:

Trabaya pal inviernu peí verana
si tien mucha parroquia ‘l madreñeru
pos ya baxó del monte un bon maderu
de pumar, o de fay a, o de avellanu.

Teniendo los preseos a la mano
co l’azada lu cuartia’n picaderu
desbastando co ’l hacha cada tueru
y con l’azuela dai forma muy ufanu.

Ya n’elpotru adelgaza con barrenes
y después los agüeca per docenes
los esmolda, los pule y pintarraxa

debuxa fueyes, páxares y flores
y al desboque a navaya con primores
ta fecha una madreña ya permaxa.
Alfonso Fernández Canteli
 FUENTE: ALFONSO FERNÁNDEZ CANTELI (Enciclopedia de la Asturias Popular)

Autor del artículo; Alfonso Fernández Canteli
Catedrático de Universidad. Doctor Ingeniero Industrial.
Alfonso Fernández Canteli (Oviedo, 1945) profesor emérito de la Universidad de Oviedo. Es ingeniero industrial y catedrático de Mecánica de los Medios Continuos con prestigio nacional e internacional. Dirigió la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería de Gijón.





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