14 de mayo de 2018

Gloriosa vida y desdichada muerte de Don Rafael del Riego

Cuando Riego cayó en desgracia (Artículo Actualizado)
Retrato de Rafael Riego. (Memoria de Madrid)
«Gloriosa vida y desdichada muerte de Don Rafael del Riego», natural de la localidad Asturiana de Tuña (Tineo).
Ilustración de Alfonso Zapico
A las nueve de la mañana de un domingo soleado, el 1 de enero de 1820, Rafael del Riego, entonces teniente coronel, que mandaba el batallón de Asturias, proclamó en el pueblo sevillano de Cabezas de San Juan la Constitución de Cádiz, estableciendo así un paréntesis de libertades en España, que solo iba a durar tres años, ya que Fernando VII, el rey traidor, al mismo tiempo que juraba aquella ley, ya pensaba en la forma de restablecer su poder absoluto. Su salvación estaba en la Santa Alianza, un pacto de solidaridad entre reyes para prevenir situaciones como la española, que habían iniciado los monarcas ruso, austriaco y prusiano, reyes «por la Gracia de Dios», el mismo para todos, a pesar de que respectivamente uno era ortodoxo, otro católico y el tercero protestante. A la merienda se habían sumado después Inglaterra, con la propuesta de crear una fuerza armada lista para intervenir en caso de necesidad y por último Francia, escaldada por su Revolución, y con el miedo de que la República volviese a llamar a su puerta.

El General Rafael del Riego
A esta puerta picó Fernando VII, sin sentir vergüenza por abrir las fronteras a los franceses, cuando en España aún estaban sin restañar las heridas de la Guerra de la Independencia. De este modo, atendiendo a su llamada de socorro, cruzó la frontera un ejército conocido como «los cien mil hijos de San Luís», organizado y dirigido por su primo, el duque de Angulema, con el objetivo de salvar al Rey católico y acabar con la amenaza del liberalismo. Así, el 7 de abril de 1923, se iniciaba el fin del sueño liberal y las partidas absolutistas volvían a convertirse en el «Ejército de la fe».
En otras ocasiones, ya les he contado que muchos ciudadanos de Pola de Lena simpatizaban en esa época con el absolutismo e incluso en noviembre de 1820 habían protagonizado una revuelta interrumpiendo el paso por el puente de Santullano, para liberar después a dos de sus correligionarios presos en la cárcel de Mieres, antes de volver a La Pola para recorrer sus calles dando mueras a la Constitución y arrestando al juez de primera instancia. La algarada requirió en aquella ocasión la intervención de la tropa llegada desde la capital, pero quienes la instigaron, permanecieron a la espera de volver a las andadas, y su tiempo llegó cuando supieron que el ejército extranjero había puesto sus pies en la Península.
Monumento al general Rafael del RIEGO y Flórez en su pueblo natal de TUÑA en Tineo de Asturias. http://antonsaavedra.wordpress.com
Pronto quedaron atrás todas las disposiciones constitucionales, y con ellas desaparecieron los Ayuntamientos, que habían tenido una corta vida. Un ejemplo fue el de Mieres, porque, muchas veces se ignora que, antes de lograr su definitiva independencia del de Lena, en 1836, ya había andado solo en tiempos de Riego, y lo que aún sorprende más, repartiendo su territorio actual con otro que ya no volvió a formarse y que tenía su sede en Villarejo, recogiendo a los pueblos de la margen izquierda del río Caudal. El caso es que, una vez restablecido el antiguo orden en Asturias y con muchas provincias aún peleando por la Libertad, en Pola de Lena se recibió la orden de formar compañías realistas, armando a los voluntarios que quisiesen defender el poder absoluto del Borbón.
En el archivo municipal de Mieres se conserva un interesante bando, firmado por Joaquín Reguera Infanzón en representación de Pedro Bernaldo de Quirós y Ronzón, señor del palacio de Campomanes y presidente del nuevo Consistorio, con este llamamiento y nos llama la atención su redacción, porque a la vez que lanza duras acusaciones contra los que habían apoyado la Constitución, acaba pidiendo que no se usen las armas contra ellos. Veamos los dos párrafos:
«Las opiniones de algunos de nuestros convecinos os son notorias como a mi, y las tenéis oído más de una vez: Infierno, Cielo, Religión, Rey y Patria, es para ellos una quimera. Después de ser los agentes de nuestra persecución, apoyados en la confianza que de ellos hacía el llamado Jefe político de esta provincia, hombre sin virtud social ni moral alguna, y para mi despreciable también por estar marcado por el sello de la ingratitud; porque no pudieron conseguir sus fines ni reducirnos a seguir sus diabólicas ideas, nos amenazaban con degüellos, saqueos, incendios?».
RAFAEL DEL RIEGO PROCLAMA EN CABEZAS DE SAN JUAN LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ. (Todocolección)
Y ahora, la segunda parte: «Habitantes de Lena: las armas que os va a confiar la Patria no las empleéis en manera alguna en vengar resentimientos particulares; esto lo prohibe nuestra religión santa, y sería además confundiros con la chusma indecente de esos llamados voluntarios nacionales que las usaron para baluarte del despotismo, para la persecución de los príncipes de la Iglesia, para la de sus ministros, para la de los hombres honrados, para el robo y la estafa; y a veces para el asesinato». Buenas intenciones las de lenense, que no eran compartidas por su Rey, quien sació con creces su ansia de venganza contra Riego en cuanto pudo detenerlo. Dice la historia que el general asturiano apenas tuvo nada que hacer contra sus enemigos y vio como sus columnas eran diezmadas, batalla tras batalla, en la provincia de Jaén hasta que fue capturado tras una traición.
El último encuentro tuvo lugar en Jódar, un pueblo situado en una estribación al norte del macizo de Sierra Mágina que se había caracterizado por su tendencia liberal; pero allí, en el paraje de Cerro Luengo, Riego sufrió la derrota definitiva, y los pocos hombres que habían permanecido a su lado, acabaron dispersándose. Sólo quedaron con él un capitán español llamado Mariano Rayo, un coronel del Piamonte y el inglés George Mattías. Los tres pudieron llegar al campo de Torre Pedrogil y se refugiaron en el cortijo de Baquerizones, cerca de Arquillos, donde les delató un aldeano, que había bajado al pueblo con la disculpa de buscar un herrero para el caballo del general.
Himno del Riego
Ese día comenzó su calvario. Primero fue el capitán general de Granada quien quiso hacer justicia por su mano sin esperar más razones, luego en Andújar, las tropas francesas que lo llevaban preso tuvieron que salvarlo de la multitud que lo quiso linchar y desde allí hasta Madrid esta escena se repitió cien veces cuando los mismos españoles que hacía poco lo habían aclamado, entonces reclamaron su cabeza. Ya en la cárcel de la capital, fue incomunicado y privado de alimentos para debilitar su voluntad hasta que se le pudo convencer de que, si mostraba su arrepentimiento por escrito, sería liberado. Dicen que lo hizo así, dando satisfacción a sus verdugos con una carta en la que pidió perdón a Dios y al Rey en un desesperado intento por salvar su vida; aunque según la escritora Carmen de Burgos «Colombine», en la apasionada biografía que publicó en 1931 titulada «Gloriosa vida y desdichada muerte de don Rafael del Riego» afirma que nadie pudo ver este testamento, salvo el historiador Modesto Lafuente, autor de una monumental Historia General de España publicada entre 1850 y 1867, quién transcribió íntegramente el supuesto documento.
El caso es que este dato siempre se ha dado por cierto, pero lo sea o no, pueden suponerse que a nuestro ilustre paisano no le sirvió de nada; como tampoco valió de nada el bando de Pedro Bernaldo de Quirós, puesto que los liberales de Lena fueron perseguidos y represaliados con la misma dureza que los del resto del Estado.
Riego es arrastrado al cadalso. (Cita con la historia)
A las 12 del mediodía del 7 de noviembre de aquel año, fue ajusticiado -o, si se me permite el término, «injusticiado»- por orden expresa de Fernando VII que quiso humillarlo hasta el último momento e incluso más allá de la muerte. Fue arrastrado entre insultos en un serón hasta la Plaza de La Cebada y allí primero ahorcado y luego decapitado. En el juicio, en el que no hubo lugar para la defensa, el requerimiento del fiscal había pedido que, dada la naturaleza del delito, un crimen de lesa majestad, tras el suplicio, las posesiones de Rafael del Riego, debían ser confiscadas en provecho del pueblo y su cuerpo descuartizado, de modo que su cabeza quedase expuesta en Cabezas de San Juan y su cuerpo se partiese en cuatro, llevando una parte a Sevilla, otra a la isla de León, la tercera a Málaga y la cuarta quedase expuesta en Madrid. Así se querían recordar los lugares en los que había prendido la revolución. Como el monarca, además de perjuro y vengativo, fue un adelantado a su tiempo, los escasos bienes del general nunca llegaron a la ciudadanía y se quedaron en poder de la Cámara Real; tampoco hay constancia de que los trozos de su persona llegasen nunca a los destinos propuestos y hoy, en el interior de la iglesia de Tuña, en Tineo, su localidad natal, puede verse una pequeña lápida que señala que allí se encuentran sus retos. La intención es lo que cuenta, y ante ella se concentran todos los años un puñado de republicanos para recordar el aniversario de su muerte.
Ejecución de Riego en la Plaza de la Cebada (Madrid). (Hidalgos de la Historia)
FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

Ernesto Burgos Fernández nació en Mieres (Asturias) el 7 de julio de 1957.
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo (1979). Diploma de Estudios Avanzados en Arqueología Histórica («La romanización en las cuencas mineras del sur de Asturias» 2006).Profesor de Educación Secundaria, ha trabajado en los institutos «Juan de Herrera» (Valladolid), «Sánchez Lastra» (Mieres), «Camino de La Miranda» (Palencia), «Valle de Aller» (Moreda) y desde 2006 en el IES «Mata Jove» de Gijón. En el año 2016 el reconocido historiador mierense fue distinguido con el reconocido galardón anual de  “Mierense del año”.


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