17 de febrero de 2016

Aquellos tiempos en Gijón en el que los miembros de la Corporación Municipal, ni estaban liberados, ni cobraban dietas por asistir a reuniones

Cuando el pueblo mandaba a los ediles chupópteros "a ver la ballena"
Artículo ilustrado con fotografías del Gijón de principios del siglo XX
Ayuntamiento de Gijón, principios del siglo XX.- http -www.nimbar.net
La tonadillera "La Goya" comparaba a los corruptos munícipes con la plaga de cangrejos negros que invadía San Lorenzo
La ballena capturada en 1895, que fue todo un espectáculo popular
A aquel Gijón de finales del siglo XIX ya empezaban a llegar los teléfonos, que supondrían toda una revolución en las comunicaciones -nada que ver con los móviles de hoy que acercan en la lejanía, pero que alejan en la cercanía por la adicción que han creado en las relaciones sociales y familiares-; y también causaba una oleada de estupor el invento del yanqui míster Lagonjannis, quien encandilaba al personal vendiendo por las calles desde su carruaje -por el que no pagaba impuestos municipales, claro- la navaja ómnibus que servía para todo. No solamente para cortar todo tipo de materiales, sino también que podía ser utilizada como rompenueces y hasta báscula. Otro de los objetos que tuvieron mucho éxito fue un bastón de bolsillo que cabía dentro de una petaca y que se armaba y desarmaba en la nada de treinta segundos.
Muelle, principios del siglo XX.-  http -www.nimbar.net
El afán de las prohibiciones, sin más ni más, ya estaba presente en los regidores de la Casa Consistorial, dado que el alcalde, Alejandro Alvargonzález, prohibió transitar con almadreñas por el hoy llamado paseo de Begoña, a fin de que no deteriorasen su costoso pavimento recién puesto. Una medida que fue muy aplaudida por muchos ciudadanos que consideraban que la prohibición debiera de ser extendida a todas las calles del centro urbano, a fin de evitar el molesto ruido de las almadreñas, tanto por el día como por la noche.

Arenal de San Lorenzo, principios del siglo XX.-  http -www.nimbar.net
Todavía a nadie se le había ocurrido prohibir fumar en los restaurantes y locales públicos, pero las quejas de los fumadores a causa de la detestable calidad del tabaco que se comercializaba en 1889 fueron radicales. En sus campañas populares mantenían que los cigarros de diez céntimos eran verdaderamente infumables y otro tanto pasaba con los paquetes de pitillos que costaban veinticinco céntimos. De ahí que se hiciese una pública advertencia a los responsables de la Fábrica de Tabacos, "pues nada tendría de particular que muchos prefieran dejar el vicio antes de resignarse a sufrir intoxicación, no por lenta, menos segura".
Personas atravesando la pasarela sobre el río Piles, muy transitada
Nuevos remedios contra las enfermedades más populares. Una botica nueva abría sus puertas al lado del Ayuntamiento -entre la entonces llamada plaza de la Constitución y la calle de San Bernardo- donde se curaban los males de la ciudadanía con esencia de zarzaparrilla, pectoral balsámico, jarabe de quina, inyecciones antibienorrágicas vegetales contra la gorronea y las purgaciones; así como pomada de la antigua farmacia de la Latina para curar las grietas en los pechos y las píldoras para combatir la anemia, la inapetencia y el color pálido de la piel de las mujeres.
Calle centrica de Gijón, principios del siglo XX.-  http -www.nimbar.net
Se inventaban remedios para todos, ya que el doctor Dungir comercializaba un preparado especial para curar la embriaguez crónica. El brebaje consistía en lo siguiente: "Se prepara un kilogramo de quina colorada reducida a polvo y luego se pone en una infusión con medio litro de alcohol puro. Tras filtrarse la infusión ésta queda reducida a un cuarto de litro. Cada tres horas se da de beber al borracho una cucharada sopera durante los tres primeros días. Media al cuarto y luego se va reduciendo la fórmula magistral hasta llegar a cinco gotas al séptimo día del tratamiento". El doctor Dungir aseguraba en su publicidad que con ese método había logrado que más de tres mil individuos aborreciesen las bebidas alcohólicas.
La ballena capturada por el vapor de pesca "El Sultán" fue la gran atracción popular. El once de octubre de 1895 una ballena rorcual de veintiún metros fue capturada moribunda por el vapor de pesca "El Sultán" y arrastrada hasta la playa, al otro lado del río Piles, por varios pares de bueyes.
Fotografía histórica del puerto con edificio de la Rula al fondo. Pulsar para ver ampliado.- www.puertodegijon.es
Un redactor de "El Comercio" lo describió con un sorprendente detallismo científico para que así constase en la historia local. "Tiene la piel bastante dura y de unos tres centímetros de espesor, muy porosa e impregnada de una sustancia oleosa que le da un aspecto liso y suntuoso; en la parte inferior tiene una capa de tejido grasiento, que no bajará de quince centímetros. La grasa es de un olor fuerte y repugnante; el aceite, que también participa de estas propiedades, es muy estimado para usos domésticos y para las industrias. El color de la ballena presenta todos los tintes, desde el negro al blanco. Cerca del ano tiene dos mamas para la nutrición de la cría. Se supone que no bajará de treinta a treinta y cinco pipas el aceite y grasa que se le extraiga. Un amigo nuestro nos ha dicho que hace treinta y seis años que no se vio en Gijón un cetáceo de esta especie. El esqueleto de la ballena ha sido cedido por los dueños al gabinete de Historia Natural de nuestro Instituto. En resumen, que el vapor 'Sultán' ha hecho una buena pesca y ha proporcionado durante estos días un medio de distracción económico e higiénico a la vez por el paseo que dan las personas para ir a ver el cetáceo".
Paseo de la playa, principios del siglo XX.-  http -www.nimbar.net
El proceso de descuartización -de la famosa ballena se lograron sacar mil doscientos kilos de grasa- motivó la expectación popular ante semejante acontecimiento de la Naturaleza y una constante romería a través de una endeble pasarela de madera -que solía ser destrozada por las grandes mareonas- para que se pudiera ir a ver el gran cetáceo.
Iglesia de San pedro, principios del siglo XX.-  http -www.nimbar.net
Aquellos tiempos en que los miembros de la Corporación Municipal, ni estaban liberados, ni cobraban dietas por asistir a reuniones. Los espectáculos de música en vivo iban a más. La ciudad vivía en clave crítica y positiva, por lo que se carcajeaba cuando la tonadillera "La Goya" -en el cine Modernista de la calle Corrida- modificó la letra de uno de sus cuplés, al comparar la plaga de cangrejos negros que invadían la playa de San Lorenzo con los concejales chupópteros a la hora de aliviar los males.
En mis tiempos de cronista municipal de la prensa local, con mi sección "Plaza Mayor" -por mí creada y así denominada- quince años estuve viendo pasar alcaldes y concejales desde la dictadura, luego la Transición y finalmente la etapa democrática; y pude asistir a curiosas anécdotas sobre financiaciones irregulares, por definirlo de alguna manera. Eran tiempos en los que los miembros de la Corporación Municipal ni estaban liberados con cargo a las arcas públicas, ni cobraban dietas por asistencia a reuniones oficiales.
Jardines de la Reina, principios del siglo XX.-  http -www.nimbar.net
Había un edil que despachaba sobre la una de la tarde en los soportales de la plaza Mayor, dado que entonces los grupos municipales no tenían despachos en la Casa Consistorial. Allí acudían los ciudadanos para interesarse por la marcha de un expediente concerniente a alguna solicitud presentada en el Negociado de Registro. El diligente edil iba al Negociado correspondiente y le decía cómo iba. Agradecidos, los ciudadanos solían preguntar:
-¿Qué se debe?
A lo que el impertérrito concejal contestaba sin dudarlo.
-Mil duros.
El agradecido vecino se los pagaba sin rechistar, él los metía en su bolsillo y hasta la próxima.
También había otro edil encargado del Macelo Municipal que cuando algún sábado algún restaurante de La Calzada se quedaba sin carne por exceso de demanda a la hora de las cenas, recurría a la nevera de su cercana casa, donde siempre tenía un buen chuletero dispuesto.
Y qué decir del concejal responsable de Festejos, que lo primero que preguntaba cuando llegaba a su despacho al mediodía era:
-¿Dónde nos toca comer hoy?
De ahí que en tiempos de escepticismo y escasez de visión de futuro, por aquello de la política de supervivencia del avestruz, no es de extrañar que te manden a ver la ballena. Como ocurre en Gijón. Toda frase basada en la sabiduría popular tiene siempre su explicación histórica.
El Musel, principios del siglo XX.-  http -www.nimbar.net

FUENTE: MANUEL  DE CIMADEVILLA
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