11 de enero de 2016

Francisco Álvarez Velasco, el poeta que milita en la cofradía de los tímidos

El tímido que llevó versos a la nube
Tras el poeta Francisco Álvarez Velasco (Cimanes del Tejar -León-, 1940) hay una amplia y respetada obra
El poeta y profesor jubilado recibe el premio "María Elvira Castañón" de animación a la lectura por sus quince años de labor en Portal de Poesía
Ilustración de Mortiner
Tiene pinta de profeta veterotestamentario, con las barbas y el pelo un poco revueltos crispando el perfil de quien sabe, como César Vallejo -el peruano de las tristezas infinitas y uno de sus maestros reconocidos-, que la cólera del pobre "tiene un aceite contra dos vinagres". Pero no hallaréis en Francisco Álvarez Velasco, que así se llama el último ganador del premio "María Elvira Muñiz" de animación a la lectura, el enfático fustigamiento de sus semejantes que proclamaban aquellos tipos poseídos de Jehová o de la ira, alucinados bajo el sol jerosolimitano. Al contrario, como Antonio Machado (su otro maestro en la cuerda floja de la lírica y en el arte de andar por la vida sabiendo que todos llevamos un prójimo dentro), quienes conocen a este leonés de Gijón y gijonés ciudadano del mundo dicen de él que es también buena persona, es decir, "en el buen sentido de la palabra, bueno".
Los del "María Elvira Muñiz", ese premio que recuerda a una de las leyendas vivas de la enseñanza en Asturias, se fijaron en Paco Álvarez Velasco por sus obras y sus hechos. Y, sobre todo, por el Portal de Poesía que nació con el siglo en Internet, como una página web "en continuo proceso de construcción", en la que el galardonado ha acogido, como en una posada fraterna, a poetas de un lado y otro del Atlántico. Ahí sube palabras, versos, libros que deja para que ustedes y yo no perdamos el hilo que de verdad importa. Gratis total, como se dice ahora incurriendo en simpático pleonasmo, y sin molestas publicidades. A su creador le cuesta un trabajo por el que no cobra y aflojar su peculio. Va, digámoslo de una vez, de amor al arte. Y así tantos años ya, hasta hoy.

Francisco Álvarez Velasco
El buen poeta que es, además, Paco Álvarez Velasco está de doble enhorabuena. Acaba de regresar, un poco acatarrado, del paisaje de olivares y aceituneros altivos que cantó Miguel Hernández. Allí recibió el premio "Jaén" de poesía por su "Gregor Samsa frente a la ventana", libro que acaba de publicar Hiperión con portada que le ha dibujado Cecilio Testón. Es un ejemplo de cómo un poeta puede cumplir los setenta años sin que a sus versos les asomen las arrugas: "Loado sea el alfarero,/ hermano San Francisco".
Hablamos de un autor que sabe llamar a las herramientas por su nombre, nombrar al pájaro que canta en el heptasílabo y si son ramas de álamo o de encina las que el viento mueve en las estrofas. Es una precisión que le viene de la vida; de la memoria de su vida y de una infancia campesina en la larga posguerra española, hijo de republicano derrotado que dio con sus huesos en las prisiones de San Marcos (hoy hotel de lujo en la capital leonesa, reja también del gran Quevedo), cuando cayó el frente norte tras la toma de Gijón por las tropas franquistas. Paco Álvarez Velasco nació en 1940 en Cimares del Tejar, a las orillas del Órbigo. Tierra de centeno y estaciones de hambre.
Fue un niño curioso, espabilado, que acudió a la escuela del pueblo hasta los once años. Tuvo suerte de que un fraile viera en aquel muchacho disposición para las letras y los números. Y de que se lo llevara para el colegio de frailes de Miranda de Ebro, donde el pequeño Paco dejó atrás el pantalón corto e hizo el Bachillerato. Recuerda sus lecturas de Fray Luis de León, del "Quijote" o cómo dio con el "infiernillo" (las baldas de los libros prohibidos por aquellos píos hermanos) y se aficionó a las páginas de ideas de Ortega y Gasset. Hizo el Preuniversitario (aquel viejo PREU) en León, donde compartió amistad con los poetas y escritores del grupo "Claraboya". Días de literatura y vinos con Agustín Delgado o Luis Mateo Díez, entre otros, mientras Victoriano Crémer decía sus cosas por la radio. También él escribía ya, claro.
Como su familia seguía siendo pobre pese a aquel famoso Plan de Estabilización de 1959, estudia por libre el primer curso de Filosofía y Letras, del que se examina en Oviedo. Y decide marcharse a Madrid, a un extraño colegio de estudiantes que a la vez trabajaban y en cuyo patronato figuraban personajes como Blas Piñar y el Padre Llanos. Paco Álvarez Velasco da clases, que es lo que ha hecho casi toda su vida y escribe con mayor lucidez. Ingresa en la clandestina Federación Universitaria Democrática de España (FUDE) y se hace del PCE. Era como sacarse el billete para una más que probable estancia en la cárcel. Conoce a Chicho Sánchez Ferlosio ("Hay una lumbre en Asturias...") y anda en amores con su pareja de carrera y de siempre, Carmen Martino Iglesias. Como no se convocaban oposiciones en aquellos años sesenta del milagro español, trabajan como profesores de español para extranjeros en el instituto de idiomas Mangol.
Francisco Álvarez Velasco leyendo poesía
Paco Álvarez Velasco se gana el pan, asimismo, como corrector de pruebas, vendedor de enciclopedias o traductor. Pocos saben que en 1966 formó parte del equipo que empezó a hacer la versión española, para la editorial EDAF, de "El Capital" de Marx. Cobraba treinta pesetas por folio. También se embarcó, con otros, en la empresa de volcar al castellano la inagotable "La comedia humana", de Balzac. Se convierte en padre (tiene dos hijas, Luz y Eva). El primer sueldo estable llegó con una plaza en el Instituto de Ocaña, cerca de Tarancón, donde su mujer impartía clases de Literatura, y donde él mismo acabará poco después. Y así hasta 1978, cuando el matrimonio aprueba las oposiciones que les traería a Gijón, al Instituto Jovellanos, donde fue compañero de claustro de María Elvira Muñiz y de Sara Suárez Solís. Era un destino deseado. Tanto, que pasaba sus vacaciones en Asturias, por el mar y un paisaje que le entusiasma.
Fue un poeta temprano, pero inseguro, quizás, de su propia valía. Así que, cuando publicó su primero libro de versos ("Tiempo de maldición", Madrid, 1979), tenía casi cuarenta años. Fue en la colección Taranto, creada por Félix Grande, y sólo después de que le sacaran un poema en la entonces prestigiosa revista de literatura "Camp de l'Arpa". Es un autor de libros espaciados, escritos en largos procesos de decantación. Y un lector sin pausa, fiel a Vallejo y a Machado.
Instalado en Gijón, con plaza de profesor de Lengua y Literatura en el Jovellanos, Paco Álvarez Velasco entra en contacto con el mundo literario gijonés. Y surgen sus aportaciones (en colaboración con otros poetas y pintores) en volúmenes como "Libro del bosque" (1984) o "TetrAgonía" (1986). El Ateneo Obrero le publica en 1988 "El viejísimo jugo de la tierra". Y cinco años más tarde, un sello madrileño edita "La hiedra del silencio". Desde esa fecha, ha dado a la estampa "Noche" (Hiperión), por el que recibió el premio internacional "Antonio Machado en Baeza" y el "Asturias" de la Crítica, así como "Las aguas silenciosas" (2007), "La luna tiene una liebre" (2009), "Memoria de la sombra" (2010) y "El libro de las vocales" (2013), además del mencionado "Gregor Samsa frente a la ventana". Su obra está incluida en varias antologías.
Paco Álvarez Velasco milita en la cofradía de los tímidos. Es una de las razones por las que ha publicado menos y más espaciadamente que otros. Se jubiló como profesor en el 2001, a los 61 años, después de más de cuarenta años (comenzó a impartir clases particulares cuanto tenía 18 y estudiaba el Preuniversitario) dedicados a una profesión que sigue amando. "Me ha gustado; volvería a ser profesor", responde sin sombra de duda. Y añade: "No me ha interesado el memorión, lo que he pretendido siempre es que el estudiante supiera enfrentarse a un texto; los alumnos, cuando me ven, dicen que he hecho lectores".
Sigue considerándose una persona de izquierdas, aunque dejó hace años la militancia, cuando el viejo PCE con el que no había podido Franco empezó su lento suicido tras aquella primera gran crisis que estalló en Asturias, en Perlora. En sus años de compromiso, fue multado y expedientado. Durante años no pudo viajar al extranjero, pero recuerda con alivio que evitó la prisión. Abuelo, cultiva verduras en una huerta de Piloña y versos que nunca le faltan.
 Álvarez de Velasco y Zorrilla
FUENTE: JOSÉ LUIS ARGÜELLES (La Nueva España)
______________________________________________________________________
______________________________________________________________________
NOTA: Si te ha interesado esta entrada y quieres preguntar, comentar o aportar algo al respecto, puedes dejar un comentario o escribir a mi dirección de “correo del blog” con la seguridad de ser prontamente atendido.

¡¡¡Difunde “El blog de Acebedo”  entre tus amistades!!!

Sígueme en:

·                     § - FACEBOOK - Roberto Cortina Mieres
·                     § Twitter – “El blog de Acebedo”

·                     § - Blog-Blogger.  http://elblogdeacebedo.blogspot.com.es

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada