16 de agosto de 2015

El médico lenense Germán Rodríguez, "un pediatra en la selva"

El "veraneo" solidario de Germán Rodríguez
"Un pueblo sin educación es un pueblo de esclavos". Germán Rodríguez, pediatra que ejerce en Guatemala con una ONG asturiana
Los viajes estivales a Guatemala del pediatra lenense para ayudar a los niños desfavorecidos de la zona de Quiché
Germán Rodríguez, con dos niñas del departamento de Quiché, en Guatemala
Llegó el verano 2015. Para muchos, la mayoría de los mortales de medio pelo, económicamente hablando, este es un tiempo de asueto, de descanso vacacional, de aires de playa o calor solano de la ancha es Castilla. Para algunos, pocos, es el periodo en el que se ponen al servicio de los demás, de aquellos más desfavorecidos, a base de una entrega profesional, totalmente desinteresada, que les lleva a tierras lejanas e inhóspitas, donde la miseria, el hambre y la enfermedad, campan por sus respetos.
Dos, tres, quizá cuatro años lleva el doctor Germán Rodríguez García, especialista en pediatría, jubilado ya del "Alvarez Buylla" de Mieres, pasando el charco, durante los dos meses y pico de verano, en busca de cumplir con una tendencia que durante toda su vida anidó en el pensamiento, en el corazón, en todo su ser, sin duda a la sombra de una media vocación de su niñez que no llegó a materializarse, es decir, la entrega total al servicio de los demás a través de la condición de misionero religioso.
Departamento del Quiché (Guatemala)
Pero, misionero es y será toda su vida este lenense de Carabanzo que, llegado a Mieres hace treinta y cuatro años, a la vuelta de la esquina ya se había hecho con la idiosincrasia de un pueblo, sin perder la de su origen. Cuentan las crónicas -se podía decir que las "malas" lenguas siempre benévolas- que en el hospital, sus compañeros de profesión, de cualquier área, andaban de coronilla ante las constantes demandas del compañero, que llegaba con un vecino, un amigo, en definitiva un "primo de él", que precisaba de atención más bien inmediata y que siempre encontraba respuesta con buena carga positiva.
Y es que, la sonrisa franca de Germán Rodríguez -para muchos, ya digo, vecinos, amigos y compañeros "Germanín el pediatra"- su forma positiva de ver siempre una salida al problema y el desborde de un optimismo que se ganaba cualquier ambiente cercano, no solo habría puertas y ventanas, sino que todo resultaba alegre, prometedor, en definitiva beneficiario para el doliente. Y un día, nuestro personaje se jubiló por exigencias administrativas. Y como era de esperar, puso en marcha su plan de entrega solidaria, compaginando el deber de la consulta particular de unos cuantos meses, con la labor abierta, generosa, sin límite, allende los mares, concretamente en el Guatemala más degradado y ausente por completo de atención sanitaria a los niños, su gran debilidad. Esta vez sí señalan las crónicas, con tonos oficiales, que recién libre de su tarea hospitalaria, se ofreció a más de una ONG, para llevar a cabo labor sanitaria gratuita "encontrándose" con la respuesta de que "aquí no necesitamos profesionales de la medicina, sino dinero contante y sonante". Sentencia inesperada que al Germán de entonces, pese a la prudencia y serenidad que le caracteriza, lo puso a cien por hora, en un gesto de abierta rebeldía contra las tendencias de lo que se podría denominar, uno de los tentáculos de la sociedad de consumo.

Hasta que, de pronto, se abre el cielo y aparece la obra, sencilla y modesta, pero terriblemente arrebatadora, de "Cultura Indígena del Principado de Asturias", fundada por Antonio Díaz de Barro (Llana), organización voluntaria, sin sueldo alguno, debiendo de pagar cada uno la estancia y el viaje con sus propios recursos. Y allá va nuestro Germán para sentar sus reales solidarios en la selva de Quiché (Guatemala) -donde ya se encuentra en estos momentos- frontera con Chiapas de México, para convertirse en el primer pediatra que pisa su suelo.
Así se cumplieron unas expectativas y una inquietud que habían nacido hace unos setenta años en, lo dicho, Carabanzo de Lena, hijo de minero, y de ama de casa que además debía cuidar la vaca, los conejos y la huerta, amén de sacar adelante a siete hijos. Por la condición católica familiar, a él le correspondió seguir los pasos de otro miembro de la tropa e ingresar en el seminario. Tras la secularización del hermano, él, siendo seminarista, decidió abandonar ese camino para seguir otros tras una vocación de entrega abierta y sin corsés. Hizo medicina y se especializó en pediatría con Emilio Rodríguez Vigil, otro lenense. Hubo casorio y nacieron tres hijos que, en estos momentos, ya le han dado tres maravillosos nietos, con los que suele pasar cortas pero muy apetitosas temporadas, puesto que residen lejos de la patria asturiana.
Germán Rodríguez, con una paciente guatemalteca
Cierto que continúa con su labor profesional en consulta de casa, a lo largo del otoño, invierno y primavera. Pero esto lo comparte de forma abierta y sin desmayo, con la búsqueda de recursos que llevar, allá cada año, tras la despedida primaveral, a las tierras que ya conoce bien en cuestiones de necesidad elemental, donde la niñez carece de todo. Son muchos los testimonios que Germán Rodríguez ha recibido, en plan de agradecimiento, siempre exentos de valor material, pero que él no cambiaría por nada. Como ejemplo las dos pulseras de material artesano que una niña, a la que está ayudando a rehabilitarse de una enfermedad dura, le regaló y que las lleva en su muñeca con todo el orgullo del mundo.
Al comienzo de esta aventura venturosa -nunca mejor empleada la repetición del término- estuvo a punto de ir a Venezuela. Y como tal escribió al departamento correspondiente ofreciendo su labor gratuita. Como respuesta obtuvo una carta del Ministerio de Asuntos Exteriores, en la que agradecían su disposición, "pero nada de médicos ni frailes españoles, porque al mes de estar allí, dejaban el bisturí y cogían el fusil", (se supone en alusión a Gaspar Laviana y otros defensores de la libertad y la igualdad).
Germán Rodríguez atiende a una niña en Guatemala
Germán Rodríguez tiene sus máximas sobre la situación actual de esta sociedad. Odia las políticas de corrupción porque "a la vuelta se confiesan, rezan tres padrenuestros y santas pascuas. Así -asegura- no pueden entrar en el reino de los cielos". Se revela contra empresarios que explotan al pueblo y luego con una bonificación "limpian su conciencia". Sabe que en este mundo traidor "crecen los pobres y disminuyen los ricos", pero éstos se hace más ricos, aunque tiene por seguro "que les va costar más entrar en el templo eterno de Dios, que a un camello pasar por el agujero de una aguja".
Y siguiendo a San Agustín, manifiesta: "ama mucho y haz lo que quieras, porque si amas no puedes hacer daño a nadie". Además, según sus propias palabras "Dios no necesita ir al otorrino y Cristo dejó bien claro que "el único billete válido para el más allá, es el amor".
Germán Rodríguez, preparando materiales para recabar fondos para Guatemala
FUENTE: AMADEO GANCEDO
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Germán Rodríguez: «En Guatemala existen zonas donde nunca han visto a un pediatra»
El pediatra lenense durante una charla en Moreda (Asturias)
El médico mierense, tras 30 años trabajando en Asturias, decidió viajar a Sudamérica para ayudar a los niños de las comunidades indígenas
 Niños y niñas  en la zona Reyna (departamento de Quiché)
Todo el mundo en Mieres conoce al pediatra Germán Rodríguez como «Doctor Germán». Ha cuidado a niños en su consulta de la calle Jardines del Ayuntamiento durante más de treinta años. Además, ha trabajado en el Hospital Central y en el Álvarez Buylla. Hace tres meses decidió dar un vuelco a su vida y dedicarse a lo que siempre quiso: ayudar a los que más lo necesitan. Ni corto ni perezoso, viajó a Guatemala junto a la ONG Cultura Indígena Asturias (www.culturaindigenasturias.com) y empezó a trabajar con niños y mayores de una serie de poblaciones indígenas, denominadas las Comunidades de Población en Resistencia.
Volvió hace apenas unas semanas, con la «satisfacción» de haber hecho algo grande. En sus muñecas luce seis pulseras, hechas por algunos de sus pacientes. La más «especial», según asegura, es una banda de lana que le hizo Yolanda Izse. El médico le detectó un tumor y, gracias a su perseverancia, está siendo tratada en un hospital.
No fue tarea fácil. Tal y como explica Germán Rodríguez, «estas comunidades están relacionadas con la persecución que sufrieron los indígenas del Quiché durante 36 años, hasta 1996, cuando se firmó una paz y terminó con una matanza de indígenas». «Posteriormente a esta paz, el Gobierno distribuyó estas comunidades en diferentes partes de Guatemala con la idea de dividirlos y separarlos para tenerlos más dominados», añade. En estas poblaciones, según el médico, «tienen todas las necesidades del mundo porque no tienen nada, hay zonas donde no han visto nunca a un pediatra». Su trabajo se complicó porque los indígenas «no quieren sacar a los enfermos de las viviendas porque tienen la creencia de que el espíritu se queda donde se mueren y, por lo tanto, todo el mundo tiene que fallecer cerca de su familia». Para que dejaran sus casas «había que comprarlos, prácticamente».
Rodríguez indicó, además, que «estos indígenas no tienen derecho a nada». Para ayudar a la joven Yolanda Izse, el médico mierense movilizó hospitales, habló con la prensa y amenazó con atarse a la embajada española. Finalmente, «conseguí que la trataran en el centro oncológico de la capital de Guatemala». También encontró otro caso de un niño con una luxación de cadera, que tendrá que ser intervenido «y que espero que se ponga bien». En las comunidades trató múltiples dolencias que no precisaron un traslado, especialmente infecciones parasitarias y afecciones de la piel. «Volví hace quince días pero aún estoy allí», señala el doctor mientras atiende una llamada sobre la evolución de sus pacientes.
Como la sensación a su regreso fue de vacío, ya está preparando la vuelta a Guatemala. «Creo que allí podemos hacer grandes cosas», destaca. Además de saber que ha salvado vidas, conoció a «gente que vale la pena». Entre otros muchos, nombra «al señor Elmer, del hospital municipal de Nebaj, y a Cristina y Laura, dos enfermeras muy jóvenes que emplearon su mes de vacaciones ayudando a los que las necesitaban». También alabó la labor de cooperación y ayuda que hacen médicos cubanos en el país. «Todos ellos son un ejemplo a seguir», concluye.
El pediatra Germán Rodríguez relata sus experiencias en el país centroamericano por diversos centros culturales asturianos
FUENTE: Carmen M. BASTEIRO
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2 comentarios:

  1. Carmen Garcia Vega.16 de agosto de 2015, 19:54

    Buen médico y mejor persona.

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  2. Una gran vocación. Me gusta leer buenas noticias. Gracias por darlas a conocer.

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