14 de mayo de 2015

La frustrada defensa contra los franceses del puente de Peñaflor Grado (Asturias)

Los ingleses vuelven a Grado
Franceses en la la guerra de la Independencia en Asturias 
Recuperar la historia de sus antepasados. Ésta fue una de las razones por las que el irlandés Brian O'Conner visitó a principios del año 2007 la localidad moscona de Peñaflor. 
Imagen muy antigua del Puente de Peñaflor en Grado (Asturias)
Brian es uno de los socios fundadores de la asociación Limerick Civic Trust, una organización privada sin fines lucrativos que reúne dinero público y privado para llevar a cabo diversos proyectos sobre esta localidad irlandesa y sus hijos más ilustres. 
Dentro de todas estas actividades lúdicas, culturales e históricas destaca la restauración con fondos estatales de un edificio victoriano del año 1830, vacío hasta el momento y que ha habilitado como museo. Allí se recupera la historia de esta ciudad y la de sus personajes, como es el caso de William Parker Carrol, fiero defensor del puente de Peñaflor durante la guerra de la Independencia en Asturias frente a las tropas napoleónicas. 
El fiero Carrol 
Y es que Carrol fue uno de los más importantes habitantes de Limerick, por ello es normal que en el museo habilitado por la asociación se encuentren todas sus pertenencias, que fueron donadas por su última descendiente con el objetivo de que no se perdieran en el olvido. Cuadros, medallas, condecoraciones, documentos de la guerra de la Independencia e incluso imágenes del puente de Peñaflor, ése que Carrol defendió con uñas y dientes a pesar de estar tan lejos de casa. 
Recogiendo enseres y recopilando documentos sobre el insigne William Parker Carrol, Brian O'Conner se percató del papel fundamental que este militar inglés tuvo en tierras asturianas durante la ocupación francesa. Una historia que le conmovió y lo hizo volver su vista hacia el pequeño núcleo moscón de Peñaflor, del que entonces solamente sabía de la existencia de un puente que cruzaba el río Nalón y que conectaba el suroccidente de la región con la capital ovetense. Una zona que quiso conocer de primera mano viajando hasta el lugar de la batalla. 
Defensores luchando contra las tropas francesas
Gracias a la labor realizada por la historiadora y profesora de la Universidad de Oviedo Alicia Laspra, que tradujo el escrito del propio Carrol, pudo conocer más sobre la historia de su antepasado, y también con ella visitó aquél lugar que defendió colocando el único cañón con el que contaba en lo alto de la peña que domina este paso estratégico para el avance de las tropas. 
Corría entonces el año 1809. William Parker era uno de los comisionados militares enviados por los británicos a España para ayudar en la lucha contra los franceses. Según la propia Alicia Laspra, este militar fue clave en dicha guerra. Era decidido y valiente y siempre estuvo al pie del cañón, nunca mejor dicho, luchando en la primera línea de batalla junto a sus soldados. Además, al parecer supo conectar a la perfección con los paisanos asturianos, con los que compartió largas jornadas, así como la frustrada defensa del puente de Peñaflor. Y es que, aparte de ser muy educado, hablaba castellano y escribía proclamas a los asturianos fomentando la resistencia. 
En torno al mes de mayo las tropas francesas invadían Asturias por tres frentes. Por el Oriente, por el centro y por el Occidente. Entraron por el puerto de Leitariegos a mediados de mes. Contra aquellas tropas Carrol se levantó, ya que la intención del bando napoleónico era tomar Oviedo de manera sigilosa y sin ser descubierto. 
Dos días después, el 17, los defensores se enteran de las intenciones de las tropas que entraron en Asturias por el Occidente. Fue el propio Carrol el que se ofreció voluntario para acudir hasta la zona para conocer de primera mano cuál era la situación. Sin embargo, no pudo ser, ya que el militar inglés nativo de Limerick no llegó a pasar de Grado. Según contó William Parker Carrol, al llegar a la villa moscona, pocas horas después de lanzarse en busca de las tropas francesas, se encontró con el caos. La población ya era conocedora de que los franceses en Occidente ya habían cruzado el río Narcea y se encontraban en Cornellana, a pocos kilómetros de Grado. 
Un soldado francés, en un grabado de la época.
Los defensores moscones no eran muchos, por lo que decidieron replegarse en el puente de Peñaflor a la espera de refuerzos. Colocaron la única pieza de artillería con la que contaban en lo alto de la peña, mientras se formó una línea de defensa en los alrededores para prepararse de cara a un combate que no tardaría en llegar, pues los franceses se encontraban ya muy cerca de la villa moscona. 
Como recogió Gustavo Adolfo Fernández en una de sus trabajadas crónicas mosconas dedicadas a este personaje inglés, a la mañana siguiente las tropas napoleónicas aparecieron por la villa. Sin embargo, la rodearon y se dirigieron sin miramientos hacia el puente de Peñaflor. Entonces, durante cerca de cuatro horas la pólvora fue el único medio de comunicación a ambos lados del Nalón. Y a pesar del tesón demostrado por el capitán inglés, cayó Peñaflor y, acto seguido, los franceses saquearon Grado. Quedaba entonces libre el paso hacia Oviedo. 
Sin embargo, Carrol, a pesar de lo duro de la batalla y de haber perdido a casi todos sus hombres, volvió a Oviedo y a Gijón como muestra de su coraje. Un coraje que le valió un ascenso a comandante del ejército británico. E incluso se le otorgó la casaca de José Bonaparte como reconocimiento a su esfuerzo en tierras asturianas. Una casaca que también está en la casa restaurada por la Limerick Civic Trust, como apuntó Brian O'Conner. Un objeto que es todo un emblema para los vecinos de la ciudad irlandesa y que se ha convertido en uno de los grandes reclamos del museo. 
Tras conocer esta historia, O'Conner se puso en contacto con la profesora Alicia Laspra y le propuso un intercambio que trascendió de los datos, las cifras y los documentos. La asturiana viajó a tierras irlandesas para ver que allí también se recuerda a Carrol como se merece. Visitó en Tipperary un obelisco con cuatro caras donde se recuerdan las batallas que se libraron en España y en Asturias, incluida la de Peñaflor. Por su parte, el irlandés devolvió la visita acudiendo al lugar de los hechos, quedando prendado de la belleza y lo escarpado del paso de Peñaflor. Tomó fotografías y degustó una sabrosa sidra en el bar que se encuentra junto al puente. Y retornó a su tierra natal recordando una imagen y unas vivencias que no olvidará jamás. 
O'Conner propuso llevar a cabo un cruce de generaciones españolas e irlandesas para celebrar el segundo centenario de la guerra de la independencia, que tendrá lugar el año que viene. También se quiere publicar la biografía de Carrol, quien unió sin quererlo Peñaflor con Limerick, y también hacer posible que la descendiente del militar británico June Carrol pueda conocer el lugar que defendió como un héroe su antepasado. Unos actos en los que también trabaja la Fundación Gustavo Bueno. Pero esto será otra historia.
Soldados en plena batalla
Sin embargo, Carrol, a pesar de lo duro de la batalla y de haber perdido a casi todos sus hombres, volvió a Oviedo y a Gijón como muestra de su coraje. Un coraje que le valió un ascenso a comandante del ejército británico. E incluso se le otorgó la casaca de José Bonaparte como reconocimiento a su esfuerzo en tierras asturianas. Una casaca que también está en la casa restaurada por la Limerick Civic Trust, como apuntó Brian O'Conner. Un objeto que es todo un emblema para los vecinos de la ciudad irlandesa y que se ha convertido en uno de los grandes reclamos del museo. 
Tras conocer esta historia, O'Conner se puso en contacto con la profesora Alicia Laspra y le propuso un intercambio que trascendió de los datos, las cifras y los documentos. La asturiana viajó a tierras irlandesas para ver que allí también se recuerda a Carrol como se merece. Visitó en Tipperary un obelisco con cuatro caras donde se recuerdan las batallas que se libraron en España y en Asturias, incluida la de Peñaflor. Por su parte, el irlandés devolvió la visita acudiendo al lugar de los hechos, quedando prendado de la belleza y lo escarpado del paso de Peñaflor. Tomó fotografías y degustó una sabrosa sidra en el bar que se encuentra junto al puente. Y retornó a su tierra natal recordando una imagen y unas vivencias que no olvidará jamás. 
O'Conner propuso llevar a cabo un cruce de generaciones españolas e irlandesas para celebrar el segundo centenario de la guerra de la independencia, que tendrá lugar el año que viene. También se quiere publicar la biografía de Carrol, quien unió sin quererlo Peñaflor con Limerick, y también hacer posible que la descendiente del militar británico June Carrol pueda conocer el lugar que defendió como un héroe su antepasado. Unos actos en los que también trabaja la Fundación Gustavo Bueno. Pero esto será otra historia.
Ilustración de Alfonso Zapico
FUENTE: N. V. DÍAZ PEÑAS 
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