27 de marzo de 2015

El artista asturiano Miguel Jacinto Meléndez, el pintor "oficial" del Rey Felipe V

Miguel Jacinto Meléndez
Autorretrato de Miguel Jacinto Meléndez. Óleo sobre lienzo. 45 x 56 cm. Colección Conde de los Andes. Jerez de la Frontera. Cádiz
El pintor asturiano Miguel Jacinto Meléndez, fue uno de los retratistas más afamados de la Corte del rey español Felipe, también pintó escenas religiosas. Destacar el retrato de Felipe V que conserva el Museo del Prado. Trabajó para muchos templos madrileños, donde se conservan bastantes obras. Fue tío del gran pintor de bodegones Luis Egidio Meléndez.

(Ver "fuentes" al final del artículo)
Su formación posiblemente corrió a cargo de José García Hidalgo en Madrid. Principalmente se dedicó a los retratos, realzando los de la casa real entre 1708 y 1708. En 1712 fue nombrado pintor de cámara del rey Felipe V de España. Su estilo esa influido por Van Dyck y la escuela flamenca, aunque en las imágenes de vírgenes se nota la influencia de Juan Carreño de Miranda. También debió estudiar la obra de El Greco, pues pinto algunas obras haciendo alusión al entierro del Conde de Orgaz, principalmente se dedicó al retrato y temas religiosos. 

Miguel Jacinto Meléndez nació en Oviedo en 1679 y falleció en Madrid, el día 25 de agosto de 1734, resulta interesante para comprender algunos aspectos de la evolución de la pintura española en el cambio dinástico tras la muerte de Carlos II. Todavía pendientes de una revisión historiográfica que valore en su justa medida las aportaciones de los pintores de los reinados de Carlos II y Felipe V, Miguel Jacinto Meléndez es uno de los más destacados representantes de una generación de pintores que, educados estéticamente durante el reinado de Carlos II, desarrollarán su labor durante el reinado de Felipe V, período en el cual la incipiente y novedosa política estética de los Borbones, todavía llena de balbuceos, modifique el panorama artístico hispano. Esta nueva política impulsada por la Monarquía se pondrá de manifiesto con la contratación de prestigiosos artistas extranjeros lo que afectará directamente a los artistas españoles pues con la llegada de estos maestros quedarán relegados a un segundo plano en las preferencias de los monarcas. Aún así, tampoco se deben cargar las tintas sobre este enfrentamiento más allá de la competencia entre pintores y el gusto regio, que marca preferencias y gracias. Y en esto, también es significativo el caso de Miguel Jacinto Meléndez ya que será uno de los pintores que con sus pinceles y a través de sus numerosos retratos de las personas reales, afianzarán la imagen de la nueva dinastía Borbón entre la sociedad española jugando un papel decisivo desde un punto de vista propagandístico.
(Obra).- Inmaculada Concepción, óleo sobre lienzo, 208 x 141 cm, firmado (en dep. en el Consejo de Estado, Madrid). Museo del Prado. Obra de Miguel Jacinto Meléndez. Obra inspirada en un probable prototipo de Cerezo, conservado en la Hispanic Society de Nueva York, sin embargo prefigura ya una nueva estética dieciochesca. El vestido de la Inmaculada es de color plateado grisáceo y consigue los brillos de las telas con largas pinceladas blancas. Las carnaciones son muy claras y suaves y los angelotes, con sus alas azules y las flores que llevan en las manos, dinamizan el cuadro, de gran calidad. La manera de pintar las telas, el tono gris acerado para el traje, los adornos de perlas de las bocamangas, así como su prototipo de los ángeles, son rasgos muy característicos del pintor (Texto extractado de Santiago Páez, E. M.: Miguel Jacinto Meléndez. Pintor de Felipe V, Museo de Bellas Artes de Asturias, 1989).
Miguel Jacinto Meléndez era hijo del "muestrense" Vicente Meléndez de Ribera y de Francisca Díaz de Luxío. Siendo niño su familia emigró a Madrid donde Miguel Jacinto aprendió el arte de la pintura posiblemente de la mano del pintor José García Hidalgo y en la Academia del Conde de Buena Vista del modo tradicional: copiando estampas y dibujos, luego al natural y, finalmente, copiando cuadros de grandes maestros del siglo XVII.
Durante este período de aprendizaje en la Corte, su hermano, el también conocido pintor Francisco Antonio Meléndez marchará a Italia a aprender permaneciendo allí hasta su regreso en 1717 momento en el que conseguirá la plaza de Pintor Real de Miniaturas en 1725. La descendencia de éste, con el reputado bodegonista Luis Meléndez a la cabeza, constituirá una dinastía de pintores que se adentrará finales del siglo XVIII.
Sabemos que cuando se casa en 1704 con María del Rió, Meléndez ya ha terminado su etapa de formación y se gana la vida como pintor en la Corte fundamentalmente realizando retratos de Felipe V y María Luisa de Saboya (hay localizados más de 22 retratos) en un período en el que la Guerra de Sucesión paraliza cualquier actividad artística cortesana. En este contexto se le nombrará Pintor honorario del Rey sin sueldo el 31 de junio de 1712. Meléndez sólo conseguirá los 720 maravedíes anuales de gajes que conllevaba el cargo en febrero de 1727.
(Obra).- San Agustín conjurando una plaga de langosta, óleo sobre lienzo sobre tabla, 85 x 147 cm. Museo del Prado. Obra de Miguel Jacinto Meléndez.Boceto para uno de dos lienzos encargados a Miguel Jacinto Meléndez en 1734 y destinados a los lados del crucero de la iglesia del convento agustino San Felipe el Real de Madrid. Su iconografía está relacionada con las apariciones milagrosas de san Agustín que tuvieron lugar en Toledo. Este boceto representa la invocación por los toledanos, que salieron en procesión hacia el río Tajo, de la ayuda del Santo para acabar con la plaga de langosta que causó la hambruna en Toledo en 1268. Por fallecimiento del artista, los cuadros definitivos fueron realizados por su discípulo Andrés de la Calleja; uno de ellos, San Agustín conjurando la plaga de la langosta, se conserva en el Museo del Prado (P07229). Una grisalla, probablemente el primer borrador, se conserva en el Bowes Museum, Barnard Castle. Otra grisalla en el Museo Casa Natal de Jovellanos, Gijón. Un estudio con color de las figuras en el centro de la escena, en el Museo de Bellas Artes de Segovia. Varios dibujos preparatorios para figuras, en la Biblioteca Nacional de España. 

Al finalizar la Guerra de Sucesión la vida de Miguel Jacinto Meléndez sufre importantes modificaciones. Así, el 19 de cotubre de 1715, su mujer, María del Río, muere de postparto cinco días después de dar a luz a Julián Joaquín Meléndez. Un año más tarde, el 21 de octubre de 1716 se vuelve a casar con Alejandra García de Ocampo de la que tuvo dos hijas; Josefa María y María Vicenta, esta última muerta siendo niña.
Su labor pictórica continuará centrada en el campo del retrato de las personas reales. En este campo, la llegada al poder de Luis I implicará un repunte en la actividad de Meléndez ya que se deberán realizar toda una serie de retratos oficiales a nuevo soberano para colocar en las principales instituciones del reino y afianzar su majestuosa imagen como se había realizado anteriormente con Felipe V. En esta labor propagandística Miguel Jacinto Meléndez retratará a lo largo de 1724 en numerosas ocasiones al nuevo monarca. La abdicación de Felipe V en favor de Luis I provocó la necesidad imperiosa de que se divulgase su figura. Así, encontramos hasta cuatro retratos prácticamente idénticos realizados por Meléndez para diversas instituciones del nuevo rey que nos indicarán, de nuevo, su papel fundamental como propagandísta político.
(Obra).- Felipe V, hacia 1718 - 1722, óleo sobre lienzo, 82 x 62 cm. Museo del Prado. Obra de Miguel Jacinto Meléndez. Con motivo de la celebración de su Tricentenario, la Biblioteca Nacional de España mostró por primera vez en el Museo Nacional del Prado seis retratos de la familia de Felipe V que la Real Biblioteca Pública, fundada por el rey Borbón y abierta el 1 de marzo de 1712, encargó al pintor Miguel Jacinto Meléndez en 1727 y que se exhibieron junto con otras seis obras del artista de las colecciones del propio Museo del Prado. Los seis retratos de la Biblioteca Nacional de España que se expusiero formaron el conjunto más importante de obras de este pintor, en los que demuestra la madurez que había alcanzado como retratista. En la primera fase del siglo XVIII trabajó con gran eficacia Miguel Jacinto Meléndez, el asturiano que se asentó en la Corte desarrollando una actividad creciente. Pintor de Cámara de Felipe V, sus retratos cortesanos o sus temas religiosos le insertan en el campo de una pintura que demuestra la necesidad de su renacimiento, para lo cual sintetiza el pasado, lo mejor de la tradición y recupera flexiblemente el auxiliar foráneo que enriquece su color, su proyectiva composicional y presta mayor banalidad a su poética. Sus retratos reales (Felipe V, María Luisa de Saboya, Luis I) se atienen a la actitud, al atavío virtuoso y al significado psicológico de la figura. No es tanto el significado alegórico como la puntualización histórica. Se persuade de una iconología precisa que no irradia en exceso hacia lo adulatorio.

Como ya hemos dicho antes, en febrero de 1727 se le reconocerán los gajes como pintor del rey y será en este momento cuando realice la Serie de retratos de la familia de Felipe V para la Real Librería, fechados en 1727 y que son, sin duda, el conjunto de cuadros más importantes de Meléndez. Por otra parte, esta será la única serie de retratos que realizará por un encargo directo del monarca y con destino al disfrute del propio monarca.
La carrera de Meléndez declinó al no acompañar a la Corte en su traslado a Sevilla donde estuvo desde 1729 a 1733 y al ser monopolizados los encargos de retratos regios por Jean Ranc y su taller. En los últimos años de su vida, Miguel Jacinto Meléndez se especializó en retratos de nobles españoles (fundamentalmente los dos espléndidos retratos del marqués de Vadillo) y en diferentes ejemplos de pintura religiosa encargado por diferentes congregaciones.
(Obra).- Isabel de Farnesio, hacia 1718 - 1722, óleo sobre lienzo, 82 x 62 cm. Museo del Prado. Obra de Miguel Jacinto Meléndez. Esta obra, junto con el retrato compañero de Felipe V (P7603), responde al deseo de la familia real española de poseer efigies adecuadas a su función al frente del Estado, con un carácter solemne y oficial pero al tiempo próximo y directo. A tal efecto, el pintor renuncia a los espacios palaciegos, propios del mundo cortesano, para centrarse en las facciones de los monarcas y algunos de los elementos de tipo simbólico que les rodean habitualmente, insignias en el caso del rey, así como parte de una armadura, y atuendo lujoso y joyas en lo que concierne a la reina. Ambos se inscriben en óvalos moldurados en trampantojo con fondo neutro oscuro, sobre el que resaltan con especial fuerza, lo que produce una sensación de volumen que acentúa la verosimilitud ante los ojos del espectador. Imágenes como éstas fueron frecuentes y se destinaron a ser enviadas a instituciones civiles y militares, dentro y fuera de la metrópoli, en aras de transmitir las facciones de los soberanos por todo el conjunto de territorios que configuraban el vastísimo imperio español; también se remitieron a parientes o personalidades vinculadas a la monarquía, e incluso a las distintas cortes europeas, dentro de los contactos diplomáticos que se mantenían con diferentes países. La efigie de la reina Isabel de Farnesio (1692-1766) está conseguida con menor acierto que la de Felipe V, en la medida en que resulta más convencional, poco penetrante y quizás algo rejuvenecida respecto de la edad que contaba en el momento del retrato. Despliega una elegante indumentaria cortesana, con profusión de joyas, pintadas con exquisito acabado -destacando la miniatura de su regio esposo al pecho- y se envuelve en un manto de armiño. Ostenta una alta peluca con un broche, del que destaca una gran perla pinjante en forma de pera (¿la Peregrina?), que sujeta una lazada que prosigue en una graciosa cinta rosa cayendo desde la cabeza y caracoleando sobre los hombros. En todos los restantes conceptos se asocia al retrato de Felipe V, y el análisis estético y técnico resulta similar para ambas obras, ejecutadas de modo que sugieran la idea de que son compañeras (Texto extractado de Luna, J. J., El retrato español en el Prado. Del Greco a Goya, Museo Nacional del Prado, 2006, pp. 140-141).
Con una posición económica desahogada y una clientela importante, aunque con el favor real “secuestrado” por Ranc, Miguel Jacinto Meléndez morirá en Madrid el 25 de agosto de 1734 dejando a su viuda e hijos una desahogada posición económica y, sobre todo, lo que no era tan habitual en la época, ninguna deuda.
Miguel Jacinto fue el fundador de una familia de artistas a la que perteneció su hermano menor, Francisco Antonio, miniaturista, y el hijo de éste, Luis, el pintor de bodegones más importante del siglo XVIII. Miguel Jacinto se trasladó a finales del siglo a Madrid, donde, al parecer, estudió con Francisco Antonio en el taller de José García Hidalgo, antiguo discípulo de Juan Carreño de Miranda, lo que explica su adhesión al estilo de la pintura madrileña del último barroco en su obra temprana. Después del fallecimiento de los últimos tres grandes pintores del barroco en la corte de los Austrias, Juan Carreño de Miranda, Francisco Rizi y Francisco de Herrera, Miguel Jacinto consolidó pronto, sobre todo después del regreso de Luca Giordano a Italia, su papel como retratista de la corte. Con la entrega de los retratos de Felipe V y de su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya, y de su hijo Luis, sucesor al trono, logró en 1712 el título de pintor del rey honorario sin derecho a sueldo, circunstancia que no cambiaría hasta 1727. Sin embargo, el pintor gozó pronto -como prueba un inventario y una tasación de sus bienes, que hizo realizar con ocasión de su segundo matrimonio en 1716- de un sólido estatus social y económico.
(Obra).- Felipe V, vestido de cazador. Autor: Miguel Jacinto Meléndez. 1712. Óleo sobre lienzo, 103 x 83 cm. Firmado: "Mez. F.1712" en ángulo inferior derecho. Museo Cerralbo. Madrid. La actividad de Miguel Jacinto Meléndez se sitúa entre el final de la pintura madrileña del Siglo de Oro y el nuevo período que nace con la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tío de Luis Meléndez, famoso pintor de bodegones, y hermano de Francisco, pintor real de miniaturas, trabajó en la corte en un momento en el que pocos artistas españoles sobresalían.
Contribuyó a crear el prototipo de retrato oficial de los soberanos de la nueva dinastía borbónica, cuya función era difundir su imagen en todos los territorios de la monarquía española, con un afán propagandístico, acabando con la imagen decadente del último representante de los Austrias.
Felipe V o Felipe de Anjou, nieto de luis XIV de Francia y María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, fue designado sucesor al trono español. En este retrato aparece ataviado a la moda francesa, sustituyendo la austera indumentaria de la Casa de Austria. Su atuendo es de cazador, a cuyo deporte tenía una gran afición, siguiendo la tradición de los relatos velazqueños. Viste casaca roja con bordados en oro, y corbata y bocamanga en encaje de color blanco. Lleva sombrero azul oscuro al estilo de la época, con adorno de plumas blancas y peluca blanca a la moda francesa con cinta rosa y plata. El único signo que le identifica como rey es la banda azul de la orden del Espíritu Santo que cruza su pecho. Sostiene el fusil con su mano izquierda y lo apoya sobre su hombro mientras que con la mano derecha señala al tenebroso paisaje del fondo.
El rostro aparece idealizado, característica de los retratos de Meléndez que participa de la idealización y dignificación de los retratos que se produce en la pintura del siglo XVIII, aunque, eso sí, sin pomposidad ni arrogancia.
Sus retratos, aunque no profundizan en el aspecto psicológico de los personajes, si destacan por sus novedades como situar a los personajes al aire libre, colorido alegre, referencias paisajísticas y la forma de señalar el paisaje.
Después de la Guerra de Sucesión los retratos de los miembros de la familia real se convirtieron en un imprescindible instrumento de propaganda política, lo que garantizó a Miguel Jacinto, dedicado en su primera etapa casi con exclusividad a dicha tarea, un ingreso regular. En 1727 consiguió, por fin, los gajes correspondientes al puesto de pintor del rey, quizá por haber realizado la importante «Serie de retratos de la familia de Felipe V» para la Real Librería, cuando firma el retrato de la segunda esposa del monarca, Isabel de Farnesio. De la treintena de retratos localizados -dos conserva el Prado- ninguno se fecha después de dicho proyecto. La llegada de Jean Ranc a la corte en 1724 le desbancó definitivamente. No obstante, el nuevo prototipo del retrato real, impuesto por el pintor francés, ya había dejado huella en la obra de Meléndez. Formado en la escuela madrileña del último tercio del siglo XVII, modera su técnica a favor de una mayor densidad de pinceladas y su paleta se hace más fría. 
(Obra).- Retrato de Juan de Goyeneche. Autor: Miguel Jacinto Meléndez. El retrato de Juan de Goyeneche nos lo muestra como un intelectual, en su biblioteca, y con el Teatro Crítico del Padre Feijoo en la mano cuya edición había patrocinado al igual que La Mística Ciudad de Dios de la Madre Ágreda o las obras de Antonio Solís. Faceta representativa de su condición de intelectual fue su amor a la Historia, disciplina que cultivó desde su juventud, con la publicación en 1683 de la Ejecutoría de Nobleza. Antigüedad y Blasones del Baztán. Reunía tertulias en su casa de Nuevo Baztán a las que, según escribe el Padre Feijoo, acudían los ingenios de la época. Goyeneche se dedicó también a empresas editoriales y publicó en su casa La Gaceta de Madrid, el primer periódico publicado en España. El palacio Goyeneche que él construyó, en la actualidad Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, constituye el ámbito propio para esta muestra.
Don Juan de Goyeneche perteneció a la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, una agrupación de naturales que integró a todos los navarros residentes en la Corte, con el fin de rendir culto al santo patrono y ejercer la beneficencia. Fue fundada el 7 de julio de 1683, en el reinado de Carlos II, quien se asentó como Prefecto de la Real Congregación en 1684; a partir de él todos los reyes de España ostentarán este título. La Real Congregación tuvo su primera sede en el convento de mínimos de la Victoria, pasó luego al convento de trinitarios de la calle Atocha hasta que contó con capilla propia e independiente en la Casa y jardín que habían sido del Conde de Monterrey, en el Prado de San Jerónimo. La finca fue adquirida por los congregantes en 1744 y acto seguido remodelada la antigua galería para transformarla en capilla que se adornó con suntuosos retablos y esculturas hasta convertirse en una de las más ricas de la corte. Una de sus obras artísticas más destacadas es el Niño del Dolor, legado testamentario de la reina Mariana de Neoburgo.

Sus modelos aumentan en idealización y muestran -a diferencia de los retratos del siglo anterior- su preferencia por la vestimenta y los detalles de fastuoso lujo. Estas novedades en el género no superan la discreta elegancia, propia del concepto del pintor, que resalta siempre un cierto aire melancólico en sus modelos. Fuera de la corte, su estilo queda, no obstante, aferrado a las tradiciones del siglo de oro. En plena madurez, Miguel Jacinto realizó composiciones religiosas para iglesias y conventos, repitiendo frecuentemente los modelos de Carreño y Mateo Cerezo. En 1734, recibió el encargo de dos enormes cuadros para el crucero de San Felipe el Real, San Agustín conjurando una plaga de langosta y El entierro del señor de Orgaz. Su muerte le impidió llevar a cabo el proyecto, y Andrés de la Calleja, que fue probablemente discípulo suyo, lo concluyó.   
(Obra).- El entierro del señor de Orgaz, óleo sobre lienzo sobre tabla, 85 x 147 cm. Museo del Prado. Obra de Miguel Jacinto Meléndez. Boceto para uno de dos lienzos encargados a Miguel Jacinto Meléndez en 1734 y destinados a los lados del crucero de la iglesia del convento agustino San Felipe el Real de Madrid. Ambos cuadros se refieren a apariciones milagrosas de san Agustín que tuvieron lugar en Toledo. Esta obra representa la aparición del santo y de san Esteban en el entierro del conde de Orgaz (m. 1323). Por fallecimiento del artista, los cuadros definitivos fueron realizados por su discípulo Andrés de la Calleja; uno de ellos se encuentra en el Museo del Prado (P-7229). Otro boceto en grisalla se conserva en el Museo Casa Natal de Jovellanos, Gijón.
(Obra).- Virgen de la leche. 1732. Óleo sobre lienzo. 57 x 43 cm. Monasterio de la Visitación de Monjas Salesas Reales. Madrid. Obra de Miguel Jacinto Meléndez
Obras:
    

- San Agustín conjurando una plaga de langosta, óleo sobre lienzo sobre tabla, 85 x 147 cm.
    - El entierro del señor de Orgaz, óleo sobre lienzo sobre tabla, 85 x 147 cm.
    - Inmaculada Concepción, óleo sobre lienzo, 208 x 141 cm, firmado (en dep. en el Consejo de         Estado, Madrid).
    - María Luisa Gabriela de Saboya, óleo sobre lienzo, 83 x 61 cm (en dep. en la Embajada de España en París).
    - Retrato de Felipe V, óleo sobre lienzo, 83 x 61,5 cm (en dep. en la Embajada de España en París).
    - Retrato de Felipe V, óleo sobre lienzo, 82 x 62 cm, posterior a 1724.
    - Retrato de la reina Isabel de Farnesio, óleo sobre lienzo, 82 x 62 cm, posterior a 1724.
    - Decapitación de un mártir, aguada parda, aguada roja y tinta sobre papel verjurado, 245 x 342 mm.
    - El ángel de la Anunciación, lápiz negro sobre papel, 135 x 115 mm.
    - Virgen de la Anunciación, lápiz negro sobre papel, 143 x 115 mm.
    - La infanta Mariana Victoria, lápiz negro y sanguina sobre papel, 45 x 52 mm.
    - El infante Felipe, lápiz negro sobre papel, 73 x 50 mm.
    - Isabel de Farnesio, lápiz negro y sanguina sobre papel, 148 x 68 mm.


El pintor asturiano del siglo XVIII, Miguel Jacinto Meléndez, fue el fundador de una familia de artistas a la que perteneció su hermano menor Francisco Antonio, minituarista, y el hijo de éste, Luis Egidio Meléndez., posiblemente el pintor de bodegones más importante del siglo XVIII.
 
FUENTES:   
Testox e imágenes extraídos de: 
foroxerbar.com, pintura.aut.org, bne.es, artehistoria.jcyl.es, arycyclopedia.com, unav.es, museocerralbo.mcu.es y otras de Internet.
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