11 de enero de 2015

Dos mujeres llaman a los ovetenses a la sublevación el día 9 de mayo de 1808 que desembocarían en el levantamiento definitivo de Asturias

Andallón y Bobela, heroínas contra Napoleón.

El edificio de la Universidad de Oviedo fue ocupado por las tropas napoleónicas   en  1808  y suspendiéndose la actividad universitaria hasta el año 1812.
Dos mujeres participaron intensamente en todos los sucesos de mayo durante el levantamiento de Oviedo contra la invasión francesa de España.
Ilustración de Pablo García
La voz de dos mujeres llama a los ovetenses a la sublevación el día 9 de mayo de 1808, comienzo de los sucesos que días más tarde desembocarían en el levantamiento definitivo de Asturias y en la declaración de guerra contra Napoleón. Juaca Bobela y Marica Andallón estarán presentes en todos los sucesos de esos días, como testimonian numerosas declaraciones que sirvieron para que la Corona las recibiese y les otorgase una pensión vitalicia. El mariscal Murat había llegado a pedir la lengua de Joaquina, mientras que María actuó con decisión durante la ocupación francesa de Oviedo, ya que hablaba algo de francés y ello le permitió relaciones cautelosas con los militares, al tiempo que auxiliaba a sus vecinos y atendía a los heridos.
Ilustración de Alfonso Zapico
«En los sitios de mayor excitación» de los levantamientos ovetenses de mayo de 1808, las heroínas Juaca Bobela y Marica Andallón «corrieron los mayores peligros, prestaron grandes servicios y sus voces decidieron a los tímidos y alentaron a todos».
Numerosos documentos y testimonios prueban la intensa participación de Bobela y Andallón en aquellas jornadas de sublevación asturiana contra la ocupación napoleónica de España. Buena parte de esa documentación fue recogida por Fermín Canella en sus «Memorias asturianas del año ocho» (1908), donde se expone el proceso informativo que en 1814 sirvió de base para que Bobela recibiera una pensión vitalicia. Andallón también la recibió, aunque con mayores dificultades.
La acción de ambas mujeres se dejo sentir especialmente, como recapitula Canella, en «las Juntas del 10 y del 13 de mayo, en las que el pueblo, ya armado tumultuosamente en la Fábrica del Parque, proclamó por su general al marqués de Santa Cruz y declaró la guerra a Francia». O «cuando en incesantes conspiraciones de los días sucesivos se procuró el alzamiento general». Y así, ambas sostuvieron «el fuego sacro de la patria durante varios días de continuadas alarmas».
Respecto a los hechos del 9 de mayo, Bobela «fue de las primeras que concurrieron con estudiantes, armeros y gentes de todas clases a la plazuela de la Catedral, frente a la casa de Dorado-Riaño, donde entonces se hallaba Correos». Con gritos de «¡viva el Rey, mueran los traidores, mueran los franchutes!», la mujer y la multitud acuden a la calle de Cimadevilla, a la Real Audiencia, para hacerse con «el sanguinario bando de Murat» que ordenaba la represión tras el 2 de mayo.
Ilustración de Alfonso Zapico

 «¡Abajo el imprimido!», gritaron Bobela y Andallón, junto a sublevados como el estudiante Remigio Correa, el médico y catedrático Manuel María Recondo o el canónigo Ramón Llano Ponte. Ya dentro de la Audiencia, las dos mujeres acompañan al Procurador General del Principado, Gregorio Jove y Valdés, cuando éste se apodera por fin del bando.   Pero en la noche del 9, cuando la Audiencia hizo reimprimir el bando, Bobela «anduvo recorriendo las esquinas donde los bandos se habían fijado con un engrudo hecho de tal suerte que se le rompían las uñas de los dedos, y aun los cuchillos, antes de arrancarlos, pero los dejaba inservibles para que no se leyesen». La partida de bautismo hallada en su día en San Tirso del Real certifica que Joaquina Josefa Manuel Antonia González Bobela nació en Oviedo el 19 de junio de 1759, hija de Francisco González Bobela y de Bernarda García de la Cabeza. Casó en esa misma parroquia, el 9 de marzo de 1785, con Pedro Barredo López, cabo dependiente de rentas del Real Resguardo de Oviedo. Fueron sus hijos: Nicolás, Rosa, Teresa y Josefa.              
En el proceso de 1814 que acredita sus servicios a la patria se añade que «cuando vinieron las órdenes de Murat condenando a muerte a Busto, Ponte, Peñalva o Jove, en ellas se pedía la lengua de doña Joaquina». También se explica que «mientras el enemigo invadió el Principado, doña Joaquina tuvo que emigrar en cuatro ocasiones, siendo saqueada su casa, sin que la dejasen cama en que dormir». En dicho proceso, el canónigo Llano Ponte dice de ella que mostró «esfuerzos superiores a su sexo y arriesgó hasta su propia existencia». Y el médico Manuel Recondo señala que «lo que hizo en favor de la justa causa parece increíble en su sexo».  Un certificado del 6 de octubre de 1814, de Joaquín Navia Osorio, marqués de Santa Cruz de Marcenado y capitán general de los ejércitos asturianos durante la guerra de la Independencia, agrega que su «valor y patriotismo» fueron «dignos de ser envidiados de hombres esforzados, moviendo a envidia de varones que se llamaban valientes, aunque incomparables a ella ni en celo patriótico ni en esfuerzo varonil, que avergonzó a muchos».
Por su parte, la vida de Marica Andallón contiene «episodios novelescos», apunta Canella. María Josefa González y Suárez nació en Oviedo el 8 de febrero de 1764 y también fue bautizada en San Tirso. Su padre era Pedro José, dependiente de la Real Audiencia y natural de Santa María de Andallón (Las Regueras), de donde procede el sobrenombre de la familia. Su madre, Isabel, era de Mieres del Camino.
Pedro Andallón poseía «tabernas muy concurridas en la calle de Jesús y en el Fontán, para cebo y explotación de curiales, abogados de caleya y otros devotos de Baco», cuenta Canella. María escanciaba «de lo blanco y de lo tinto», pero los clientes «le daban un sorbo y después la motejaban de borracha, mote tan injusto como el de Pepe Botella, y que nunca merecieron ni María, ni su hija única, ni los que después vinieron en su familia».    
Andallón se queda huérfana y sin fortuna de padres y sufre el abuso de «alguien bien señalado en Oviedo», condenado por los Tribunales. La acoge después la familia de Sierra, a la que sirvió en Madrid, Andalucía, París y Burdeos. Vuelve a Oviedo y lleva una tienda de abacería en la calle del Rosal. Recoge a su hija Isabel del Hospicio y viven juntas.
Además de sus actuaciones en las jornadas de mayo de 1808, el 19 de junio contribuirá a evitar los fusilamientos de varios afrancesados: los consejeros de Castilla Mon y Velarde y Meléndez Valdés; y los militares Carlos Fit-Gerald, Crisóstomo de La Llave y Ladrón de Guevara. Soldados del Regimiento de Castropol iban a ejecutarlos en el Campo San Francisco, atados al célebre carbayón, pero María llama a los frailes franciscanos y al Cabildo Catedral y se evita el suceso.
Como «chapurreaba algunas palabra en francés», mantiene contactos distantes con los oficiales franceses Ney, Kellerman o Bonnet, al mismo tiempo que protege y esconde a vecinos comprometidos o forma una asociación de caridad que recoge fondos para los heridos.
Su experiencia de vida le permite en una ocasión una «graciosa estratagema» para librar «de la soldadesca desenfrenada» a las jóvenes recogidas en el Hospicio.
Pasados los años, atendida por su hija Isabel, «y con la pensión tarde y mal cobrada», María Andallón vivirá en un cuarto bajo de la calle del Matadero. «Se auxiliaba alguna vez con pitanzas, porque se la permitía cantar en las iglesias rurales próximas», añade Fermín Canella.
No se conserva imagen o grabado alguno de estas dos mujeres, pero Canella proporciona una estampa de Andallón: «Era morena, de estatura regular, continente resuelto y gracioso». Usaba montera en la cabeza, y «al cuerpo, bien abrochada en invierno, una pequeña casaca con carteras laterales -como las antiguas chaquetas de Morcín-», y «traía capa oscura bien cumplida, pero dejando ver la saya de estameña».
Juaca Bobela fallece el 16 de septiembre de 1844 y es enterrada en una tumba nunca hallada. María Andallón murió a los 86 años, el 2 de enero de 1848. «Su entierro pasó desapercibido», apostilla finalmente Canella.

FUENTE: J. MORÁN
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La recepción y las pensiones de Fernando VII y la displicencia del infante Antonio

Reinado de Fernando VII (1814–1833)
El mariscal Murat pidió la lengua de Joaquina, y María, que hablaba algo de francés, protegió a vecinos comprometidos durante la ocupación.
Entre 1808 y 1812, Carlota Joaquina pretendió reemplazar a su hermano Fernando VII como regente de España en tanto durara la prisión de este y la usurpación del trono español por parte de José Bonaparte
Los heroicos actos de Bobela «llegaron a noticia del rey, que recibió a doña Joaquina con el mayor afecto, haciéndole mil preguntas sobre sus realistas de Oviedo», relata Canella.
Fernando VII, por real orden de enero de 1820, le otorga una pensión de cuatro reales diarios sobre los fondos de la Colecturía de Espolios y Vacantes de la diócesis. Dicha pensión es confirmada por la Regencia del Reino, el 6 de mayo de 1841, y se la estima compatible con la de 2.000 reales que Joaquina Bobela cobraba del Montepío de Oficinas como viuda de Barredo.
María Andallón también viaja a la Corte con grandes recomendaciones. «Fernando VII la recibió bien, pero puso algunos reparos el infante Antonio, poco menos que imbécil, aduciendo que ya estaba cansado de patriotas», retrata Canella, quien agrega que «la respuesta de María, tratando de Usía a Su Alteza, fue irrespetuosa y algo más, pero merecida».
Infante D. Antonio Pascual (1755-1817):
El infante Antonio Pascual de Borbón era el tío de Fernando VII. Curiosamente, el levantamiento madrileño del 2 de mayo había sido en defensa del infante, cuando, al amanecer de ese día, los franceses intentan sacarle del palacio real junto con los últimos miembros de la familia real: la reina de Etruria -María Luisa de España, hija de Carlos IV y María Luisa-, y el infante Francisco de Paula.
A María Andallón se le otorgó una pensión de tres reales diarios, pero mal pagada, de modo que, por real orden de 22 de octubre de 1845, se la reafirmó como «pensionista de guerra por servicios hechos a la patria en 1808, 1809 y 1810», y se mandó que la Tesorería de Rentas de Oviedo le abonase «mil reales vellón a cuenta de los atrasos».
FUENTE: J. MORÁN. (La Nueva España - Domingo 11 de mayo de 2008)
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Juaca Bobela y Marica Andallón: Heroínas asturianas en la Guerra de la Independencia.
La placa, ubicada en la calle Cimadevilla de Oviedo, se
situó en 1908 con motivo del primer centenario.

http://historiadesterrada.blogspot.com.es.
Aunque pase desapercibida para muchos viandantes, en la calle Cimadevilla de Oviedo existe una placa que señala el lugar donde comenzó el alzamiento asturiano contra los franceses del 9 de mayo de 1808. Se trata de un elemento conmemorativo donde figuran, junto a nombres de ilustres asturianos como el teniente general Llano-Ponte o Gregorio Jove y Valdés, dos mujeres no tan conocidas, pero que alcanzaron en su momento la categoría de heroínas de la Guerra de la Independencia: Joaquina González García Bobela (1759-1844) y María Josefa Francisca González y Suárez (1764-1848).
Aquel día llegaba a Asturias, junto a las noticias sobre los sucesos del dos de mayo en la capital, un bando del general Murat imponiendo la autoridad francesa. En ese momento estalló el rechazo contra tales pretensiones, produciéndose un levantamiento popular que impidió a la Audiencia la publicación de tan vergonzosas órdenes. Entre los alzados, y parte fundamental de la agitación popular, se encontraban Juaca Bobela y Marica Andallón. De hecho, Fermín Canella contaba en su obra Memorias asturianas del año ocho, que Juaca Bobela fue «de las primeras que concurrieron con estudiantes, armeros y gentes de todas clases a la plazuela de la Catedral, frente a la casa de Dorado-Riaño, donde entonces se hallaba Correos» (1). La notoriedad que alcanzaron aquél día se hace más clara si tenemos en cuenta que ambas acompañaron a Gregorio Jove al interior de la Audiencia cuando éste logró apoderarse del bando de Murat. En este sentido, el papel de Juaca Bobela fue notable: aquella noche, en las calles de Oviedo, arrancó las copias del bando que la Audiencia logró reimprimir.    
Juaca Bobela asistió al rebato de campanas en la víspera del 25 de mayo de 1808, día en el cual la Junta declaró la guerra a Francia. También participó, entre los días 27 y 29 de mayo, en el desarme de las tropas enviadas para sofocar el alzamiento -Carabineros Reales y Regimiento Hibernia-, si bien la totalidad de estos contingentes se sumó a la causa asturiana. Ya durante la presencia de tropas francesas en Asturias, a partir de mayo de 1809, Juaca Bobela se vio obligada a abandonar Oviedo. Finalizada la guerra, fue recibida por Fernando VII, otorgándosele una pensión vitalicia.
Marica Andallón (apodo que se debía al pueblo de Las Regueras del que su familia era originaria) participó también en los preparativos del levantamiento del 25 de mayo de 1808. Tuvo un papel importante el 19 de junio, al intervenir para evitar que una multitud fusilase a varios afrancesados, entre los que se contaban los consejeros José Antonio Mon y Velarde y Juan Meléndez Valdés; y los militares Carlos FitzGerald, Juan Crisóstomo de La Llave y Manuel Ladrón de Guevara. Puede que influyese en su actitud el haber trabajado como sirvienta para una familia española en París y Burdeos, periodo durante el cual adquirió cierto conocimiento de francés. Ello le fue de utilidad, durante las invasiones francesas de Asturias, para mantener contacto con los soldados y oficiales enemigos. Otros hechos que se le atribuyen es el de formar parte de una asociación de caridad para atender a los heridos; ocultar a varios vecinos y, según se dice, defender en varias ocasiones a las muchachas acogidas en el Hospicio de las vejaciones de las tropas francesas. Con ciertas dificultades, acabó reconociéndose su labor y recibió una pensión por los "servicios hechos a la patria en 1808, 1809 y 1810". (3).
      
(1) "Andallón y Bobela, heroínas contra Napoleón", en La Nueva España, 11 de mayo de 2008.
(2) Ibíd.
(3) Diccionario Enciclopédico del Principado de Asturias, vol. 1, pág. 293.

Un soldado francés, en un grabado de la época.
 FUENTES: RODRÍGUEZ MUÑOZ, Javier y ROZA IGLESIAS, Ana María (Dir.): Diccionario Enciclopédico del Principado de Asturias. Oviedo. Nobel, 2005.
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