15 de diciembre de 2014

Los trabajos de las mujeres de Mieres en los años de posguerra.

"Muyeres con oficiu" en el concejo

Grupo de chocolateras de la fabrica "La Agustina"de Ujo en el año 1951. De izquierda a derecha: Pepa, Amor, Conchita, Manolita y Piedad. Fuente: LibroUjo en Blanco y negro

La obra de Montse Garnacho y las ocupaciones desempeñadas por la población femenina en los difíciles años de posguerra.
Economato de Fábrica de Mieres, sección de ultramarinos en la C/Numa Guilhou de Mieres (Foto Alonso, año 1954)
www.lne.es
Mecerse en las páginas de "Muyeres con oficiu", obra de la escritora mierense Montserrat Garnacho Escayo, bajo el patrocinio de la Dirección General de la Mujer, organismo dependiente del Principado de Asturias, es descubrir, en clave de "la nuesa fala", el telar de una serie de actividades que el género femenino de esta tierra tuvo que asumir, principalmente durante los difíciles años de la posguerra, logrando alcanzar cotas de auténtica dimensión en materia de sacrificio, que sirvieron de base a la economía familiar y que aún hoy no han sido valoradas y dignificadas en su justa medida. Ella, la propia Montse, que tuvo a bien "regalar" a los lectores de nuestro diario, hace ya unos veinte años, estas y otras ejemplares historias, debería ser la protagonista de este reportaje. Con toda su generosidad ha relegado ese honor en sus "ahijadas". Y como el espacio manda, se ha tenido a bien escoger tres profesiones o mejor labores, en representación de todo el colectivo, sin que nadie sobresalga o desmerezca. Eso sí, siguiendo un figurado orden de sacrificio, clasicismo y novedad. Esta es la realidad certificada de unos relatos vitales, en su mayoría traducidos al castellano con algunas salpicaduras del sin par legado de la autora. 

Sita, la estraperlista.
¡Ay Dios, dígotelo yo, que ya nun te lo cree nadie?!. ¡ Y de cuando subíamos en marcha y too, porque nun conseguíes billete siquiera?!. Es la exclamación lógica de quién recuerda unos tiempos que, por difíciles, han quedado grabados a fuego en la mente de aquellas personas, principalmente mujeres, que se vieron obligadas a viajar en los trenes de Renfe para adquirir, a precios más o menos módicos, productos alimenticios de primera necesidad con el fin de venderlos, posteriormente en centros fabriles de su tierra, en este caso Mieres, ganando un determinado porcentaje, nada del otro mundo, y así complementar los ingresos familiares.
Horas y horas en un tren con barrotes de madera que se metían por las costillas exigiendo el constante cambio de posturas, con los brazos aferrados a los paquetes que transportaban desde León, Astorga, Palencia y hasta Burgos. Queso, harina, aceite, garbanzos, lentejas, azúcar, tocino?lo que escaseaba en la cuenca. "A veces - comenta Sita la Estraperlista - teníes que lanzalus por la ventana antes de llegar y cuando ibes a recoyelos, te lo habían robau. Y es que los mayores estraperlistes eran los del gobierno. Pa nosotros les migajes, y en casos peores la cárcel".
Sita se había casado a los diez y seis años, quedando viuda en el treinta y seis cuando al marido se lo mataron en el frente. El único paisano de casa era Sabinín que tenía dos años y la nena de cuatro, "se murió de difteria en mis bracinos". "Acuérdome de los bueno que era Jesús, factor de Renfe y padre de Víctor Manuel que siempre nos ayudaba. Se decía, da aquella que cuando veía a la Guardia Civil en la estación de Mieres, llamaba al maquinista para que pasase despacio por Requexau y La Fonda y nosotros soltásemus los paquetes pa recogelos más tarde. "Nun se si será verdá". Como decía el fiu: "Eran años de angustias, de estraperlo, de miedo y de llorar los silencios". 


Amalia la bordadora.
De Trubia era y allí "empecé en la escuela con el bastidor en la mano. Hacíamos exposiciones con mantelines de panamá, pañuelinos de jaconá, o brisines de Holanda y también de organdí, a punto de cruz, de espiga, de escapulariu y tammién el puntu rusu, les vainiques y los frailes agarraos".
Así se explica Amalia la Bordadora que, a los 16 años empezó a ganarlo bordando para afuera, llegando más tarde, con su pequeña obra, a lugares tan lejanos como Argentina, Méjico, Cuba, por toda España e incluso a Nueva York. "Fueron muches puntaes y de elles llamome la atención el pañuelín que i´ bordé a un militar con un pelu de la novia. ¿Lo más guapu?. Creo que un camisón pa Daniela Olavarrieta pa su boda. Yera preciosu. Toles mociones del taller que yo tenía en La Villa, quedaron enamoraes de él". Luego coses pa los Condes de Mieres, los Aza y mucha gente considerada importante. Pero también bordaba pa los menos pudientes, que toos teníen derechu"
Dura vida también. Amalia tenía días de levantarse a las cinco de la mañana y le daba las diez de la noche siguiendo con sus bordados. "Les coses cambiaron empezó a comprase too en fabriques y les mozuques a estudiar secretariado. Mi marido, tratante, púxome una carnicería en La Plaza y dejé de bordar". ¡Ya nun me acuerdo cuando dí la última puntada!.


Anita, cobradora de autobús.
De vez en cuando la actualidad de unos tiempos lejanos dejaba asomar la novedad de oportunidades profesionales inéditas para la mujer. Es el caso de Anita, Cobradora d´Autobús."Pa mi que fuimos nosotres les primeres de toda España, trabayando como cobradores en Mieres? Y de conductoras lo mesmo. Como Charo Carreño, Chelo la de Braña, Marisol Peña, Mercedes?". Anita no llegó a tanto porque se casó, y en tiempos que ahora parecen insólitos, el fin de la mujer era contraer matrimonio y dedicar el resto de su vida al marido, los hijos y la casa. Pero ella guardaba los recuerdos de aquella experiencia como oro en paño.
"Tovía me acuerdo delos apuros pa cobrar. Los primeros días no, too muy bien porque pusiéronme pa la línea de La Caleya que yera con billete únicu, nun teníes más que un talonario. Era pa acosumbrate, pero luego entró otra chavala nueva y ¡ale!, Anita pa la linia de Cenera, y el últimu viaje yera a las once y media de la noche a buscar los mineros de Polio, esos que llamáben-yos "los indios" y hubo compañera que me diyo: "tú prepárate cuando entren los indios en el autobús. Y todo porque alborotaben.
Lo cierto es que Anita vivió esta experiencia sin problemas" porque yo sabía dame a respetar. Además diba el conductor, el mozu de los bultos y l´inspector que subía algunes veces. Y ahora puedo decir bien alto que "xente como los mineros no la hay tan buena. Eso sí, siempre aparez un impertinente, pero también quién salían en mi defensa dixendo: "Dexa en paz a esta rapaza porque pártote l´alma".              
Montserrat Garnacho Escayo
FUENTE: AMADEO GANCEDO
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