19 de diciembre de 2014

La historia de la mina de El Tarronal (Mieres-Asturias)

Olvidada y sangrienta Asturias del mercurio.

Un fotograma del documental 'Morir en El Tarronal' en el que Misael González (Lito Texuca) canta ante la mina una tonada. :: E. C.. www.elcomercio.es
 Trabajadores de la Mina de mercurio en La Peña.
http://mas.asturias24.es
El topónimo El Tarronal no significa nada, seguramente, para la gran mayoría de asturianos. Debería significarlo: su mina de mercurio, cerrada en 1973, hizo de Asturias durante décadas una potencia mundial en extracción de ese mineral. No es ciencia-ficción, sino una parte olvidada —una de tantas— de la historia contemporánea de esta región, ceñida a un rígido canon de ochobres y dinamitas que tal vez niegue la entrada al castillete de El Tarronal porque ninguna revolución pasó jamás por allí. Nada heroico hubo, salvo la dignidad de la clase obrera, en aquella mina-infierno en la que los seres humanos morían como ratas, ahogados por una especie de silicosis acentuada, más dura y más letal que la carbonífera. Los mineros del mercurio no salían de las entrañas terrestres para asaltar los cielos, porque esas entrañas terrestres se los tragaban. Por la misma razón, apenas se ha reivindicado su memoria: no había nadie para hacerlo hasta que Luis Felipe Capellín tuvo la feliz idea de rodar un documental sobre el tema, que ayer se presentó en la Laboral gijonesa en el marco del FICX. Morir en El Tarronal es su inevitable título.
Luis Felipe Capellín presentó el documental sobre los mineros muertos por mercurio
La historia, también inevitablemente, es una historia de historias, un mosaico de dieciséis biografías casi siempre impregnadas de tragedia. A Capellín, la que más le impresiona es la de "un chaval que empieza a trabajar en El Tarronal a los 16 años, que a los 34 está jubilado y a los 37 muerto. Su hijo", cuenta Capellín, "recuerda que se pasaba los días en la ventana, sin poder respirar y con tremendos dolores".
En aquella mina trabajaron unas ochocientas personas entre los años cuarenta y mediados de los setenta. Muchos de ellos eran de fuera de Asturias: portugueses, gallegos, extremeños, castellanos, andaluces atraídos por los sueldos relativamente elevados que el mercurio proporcionaba con respecto al carbón. Lo que no les decían era que la tasa de mortandad era más elevada aún. La historia de la mina de El Tarronal, y de aquel momento en que Asturias fue líder mundial en producción de mercurio, es la historia mil veces repetida del Tercer Mundo: Japón, Estados Unidos y Canadá, entre otros países avanzados, habían prohibido la explotación del mercurio, dejando libre el pódium a la España de Franco, más que dispuesta a correr los riesgos con tal de ser la primera en algo. Riesgos que seguimos pagando hoy, aunque también esto caiga más allá de las fronteras de eso que llamamos dominio público: tal y como explica Capellín, según han constatado investigadores de la Universidad de Oviedo, el riachuelo que pasa por allí sigue todavía hoy contaminado del mercurio arrastrado por las escorrentías en los días de mucha lluvia.
Imagen de www.rtpa.es
 Un chernóbil silencioso.
La mina de El Tarronal es uno de esos Chernóbiles silenciosos propicios al rodaje de películas postapocalípticas. Capellín también cuenta que ·hay cosas que quedaron exactamente igual que estaban en el momento del cierre en 1974: desde unas botas o unos guantes hasta documentación que está por ahí tirada". En la película también sale, recordando a su padre, el hijo del minero que tocó por última vez la sirena antes de cerrar. Éste, también atravesado por dolores inenarrables, suplicaba a aquél que lo matase. "No eres hijo mío si no tienes huevos a hacerlo", nos cuenta Capellín que le espetaba.
Historia, sí, trágica y olvidada de Asturias, incómoda de ver pero que tenemos el inexcusable deber de desolvidar. Ni siquiera una simple placa recuerda y homenajea el martirio de aquellos hombres a los cuales jamás nadie indemnizó por morir a los treinta años tosiendo mercurio y sangre.
Documental de Alberto Vázquez

FUENTE:  Pablo Batalla Cueto
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Mina de Mercurio "El Tarronal" - Oviedo Mercury Mines.

(Por el blog de Arqueología y Patrimonio Industrial. monsacro.net)

Tinas para depuración de lodos
Las minas de la Peña y el Tarronal, ambas en Mieres, han sido objeto anteriormente de nuestra atención, tanto por tratarse de una excepción a la minería del carbón generalizada en Asturias, como por la buena conservación, interés y vistosidad de sus instalaciones.
 http://www.arqueologiaypatrimonioindustrial.com
La industria del mercurio asturiano se corresponde, en lo fundamental, con esta área del Caudal. Aquí es donde el yacimiento (es decir, la gran cantidad de mineral) pasó a ser considerado con más frecuencia una mina, es decir, con valor comercial, asociando plantas para el tratamiento mecánico y metalúrgico.
Las actividades se inician en 1840. Desde 1847 hasta 1850, aproximadamente, se levantaron: 4 hornos de calcinación en El Terronal 25, otros 2 en La Peña y otros 2 en el recinto de Fábrica de Mieres, totalizando 4 pares. 
En 1858 figuran ya 8 hornos, que creemos son 4 pares de cámaras, al fecharse entonces la construcción de un nuevo par de hornos de Idria en La Peña al servicio de La Unión.
El mineral (cinabrio) resulta difícil de trabajar porque no forma capas ni filones, sino que se presenta bajo forma de intrusiones del cinabrio en filoncillos en el terreno carbonífero. La irregularidad del criadero, tanto en su disposición como en su riqueza minera, suponía un rendimiento variable de azogue, que no supera el 1’5% como porcentaje máximo.
El cinabrio es un sulfuro de mercurio. Es decir, se trata de una mena que contiene como mineral útil el mercurio, junto con estériles u otras sustancias de valor (rejalgar u oropimente) que precisa de una manipulación para obtener este metal. 

El procedimiento al que se somete consta de dos partes: 
 La preparación mecánica de la mena y la destilación.
 
 
1) La preparación mecánica consiste en la separación de la ganga (materias estériles) de los elementos útiles que presenta el criadero. Mediante aparatos accionados por motores mecánicos, el mineral extraído de las minas se quebranta, se divide mediante cribas o trómeles por tamaños. Los resultados son la clasificación de los productos, según su naturaleza y calibre, la separación y concentración de la parte útil (cinabrio o sulfuros arsenicales), facilitando así el tratamiento de los minerales en la fábrica metalúrgica.

2) A continuación, se procede a la calcinación del cinabrio: no se trata de una elaboración, sino de un medio simple para la preparación de minerales. Puesto que el cinabrio es un sulfuro de mercurio, junto a éste está presente el azufre. Así mediante un un procedimiento metalúrgico simple, denominado destilación y basado en la cualidad volátil del mercurio, se obtiene este metal:el cinabrio es tostado, desprendiendo así vapor de mercurio que después se condensa y recoge bajo forma líquida, separándose del anhídrido sulfuroso.
Las tinas de madera. 
El tratamiento de residuos podía efectuarse, si éstos eran de composición sencilla, comprimiéndolos de forma que saliera parte del mercurio pero, generalmente debían ser tratados de nuevo solos (bajo forma de adobes, en ocasiones) o mezclados con otro mineral. Estos residuos requerían así una preparación mecánica o un proceso de destilación. En Asturias esta operación se veía dificultada por la presencia de arsénico, así como de otros componentes tales como el ladrillo y el betún. 
Así que “reclamaban un tratamiento especial y más complicado que el que generalmente se emplea para aprovechar el mercurio que queda en estos residuos”
Será el ingeniero francés Adriano Paillette quien ponga a punto el procedimiento, que sirviéndose de la cal para que, unida con el barro presente en la mezcla, produzca carbonato de cal, y luego sosa cáustica (en presencia de agua). Al mezclar los hollines o residuos con estas “legias”, se desprenden los ácidos arsenioso y sulfúrico formando arsenitos y sulfatos.
 Para llevar a cabo este procedimiento no se requería de ninguna construcción: bastaban algunas tinas de madera y tamices, o filtros de bayeta, pero no precisaba de ninguna máquina o instalación especial.
En esta fotográfía se ven casi todos los elementos de la instalación, salvo los hornos ( a la derecha): Castillete, tambor de calcinación, depositos, tinas de madera para tratamiento de lodos.

Nota: 
Hay que señalar que la tóxicidad intrínseca del mercurio plantea problemas específicos de saneamiento de suelos, siendo las concentraciones de mercurio muy altas en este lugar de Mieres.


FUENTE: Textos e imágenes extraidos de Arqueología y Patrimonio Industrial. monsacro.net  http://www.arqueologiaypatrimonioindustrial.com
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4 comentarios:

  1. he usado parte de tu texto para enlazar un video grabado con drones, espero no te importe. Te dejo el link del video
    https://youtu.be/ikYWMDs9qxs

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    1. Hola Samis, para nada, me alegro de que te pudiera haber servido.Muchas gracias por visitar este modesto blog. Saludos

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  2. error en el link anterior:
    https://youtu.be/FGmr147kOwA

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  3. Pues la muerte de mi padre, Manuel García Riera, (capataz de minas en la cuenca minera asturiana,) de tuberculosis pulmonar, a los 56-57 años(en 1947) no fue menos terrible y dolorosa que la de los mineros intoxicados por mercurio...Terrible lo que padeció, con balones de oxígeno al lado de su cama para poder respirar...Dos años antes de caer en cama, ya irremediablemente desahuciado por todos los médicos que pasaron por su cabecera, regresó a casa de una partida de caza en que había caído una gran nevada...vino afónico y tosiendo, y en lugar de curarse fue empeorando...tirando con su trabajo en las minas como pudo como dos años más...Cuando regresaba a casa por las noches ya se lo escuchaba toser en cuanto entraba por la portilla y subía la cuesta del jardín hasta la casa...Muchos murieron en la cuenca de tuberculosis pulmonar en aquellos años de mi infancia...Supongo que cualquier trabajo relacionado con las minas, fueran de mercurio o de carbón, influiría bastante...Considero a mi padre una víctima más de su trabajo en aquellos tiempos.
    En cuanto al mercurio -,que entonces para nada se sabía del peligro que entrañaba su manipulación-, yo me recuerdo, las diversas veces que tuve que guardar cama por los pequeños males que de niña me aquejaron, sentada en la cama con el cajón de la mesita ante mí y el mercurio de algún termómetro que se había roto y se había salido del cristal rodando por allí; me encantaba jugar con las bolitas que se formaban, viendo como a cualquier movimiento se unía y se separaba formándose en más pequeñas o más grandes al más mínimo movimiento acá y allá de cajón, donde volvían a quedar hasta que en su día se hiciera limpieza general en el dormitorio...ignorantes, como todos en casa estaban, de su peligrosidad. Y que al menos hayamos podido saber, no me ha ocurrido nada grave que se hiciera evidente con respecto a esta cuestión...y aún de momento ando por aquí a estas alturas de mi vida...
    Con un afectuoso saludo para J.J.de MªLuz.

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