14 de octubre de 2014

Luis Cienfuegos Suárez, "paseado" el 11 de noviembre de 1937

Parasimón, masacre desenterrada

Foto de. Asesinado en noviembre del 37 y abandonado su cuerpo cerca del pueblo de Pajares [Lena], fosa de Parasimón
Los nietos de Luis Cienfuegos, "paseado" hace casi 77 años junto a otros nueve republicanos cerca de Pajares (Lena), hallan los primeros restos de los fusilados, con ayuda de los vecinos, de ingenieros de Mieres y de dos arqueólogos.
Nietos de Luis Cienfuegos, con Javier Naves

Los nietos de Luis Cienfuegos han comenzado, por fin, a "cerrar el círculo" de su pasado. Pasaban las cuatro y media de la tarde de ayer cuando el hallazgo de un fémur, parte de una pelvis y los restos de una mano les indicaba que, tras varios años de intensa búsqueda, acababan de encontrar la fosa en la que reposan los huesos de su abuelo, "paseado" el 11 de noviembre de 1937 junto a otros nueve republicanos en el paraje de Parasimón, a poca distancia de Pajares (Lena). Los nietos mostraban ayer un sentimiento agridulce. "Por lo menos sabemos ya dónde está", aseguró uno de los nietos, el biólogo experto en osos Javier Naves. Por otro lado, el hallazgo de los huesos habla a las claras de la injusticia que se cometió en aquellos prados hace casi 77 años. "Es muy fuerte encontrar algo así después de tantos años", añadió Naves.
Fue el arqueólogo vasco Antxoka Martínez quien hizo el hallazgo. El pasado mes de mayo estuvo realizando, junto al también arqueólogo Ketxu Torres, algunas catas en el prado donde se suponía que se había producido el fusilamiento. En aquel momento se encontraron hasta 40 casquillos de bala, disparados presumiblemente por fusiles Mauser. El rastreo se realizó con medios bastante escasos, ya que sólo pudieron utilizar un magnetómetro, el típico detector de metales, capaz de localizar alguna hebilla, algún remache o incluso alguna joya, pero no huesos. En aquel momento se encontraron objetos de lo más variopinto: un cepillo de dientes partido, restos de cerámica de las conducciones de la red ferroviaria y hasta un cencerro.


El fémur, junto a los restos de una mano
Más tarde, a finales de mayo y principios de junio, los familiares de Cienfuegos recabaron el apoyo de ingenieros de Minas del campus de Mieres, quienes realizaron un informe, tras batir la zona con un georradar, en el que se indicaban los puntos en los que podrían encontrarse los restos. Se trata de una área relativamente grande, unos 1.200 metros cuadrados. El estudio de los ingenieros permitió delimitar dos zonas muy determinadas, en las que se abrieron sendas zanjas.
A los prados de Parasimón habían llegado merced a las indicaciones de un testigo presencial de la masacre, Celestino García, Celesto, que el día del crimen había subido hasta allí para cortar leña y adelantó al camión que llevaba a las víctimas, procedentes de la cárcel de Moreda, donde Cienfuegos, militante de Izquierda Republicana y de UGT, había sido torturado. Al otro lado del valle, Celesto, que tenía 16 años, pudo ver los fusilamientos, y cómo los falangistas destrozaban los rostros de las víctimas, para impedir su identificación. Dejaron los cuerpos allí, para que los vecinos de Pajares los enterrasen.
El arqueólogo Antxoka Martínez
Y por fin ayer se encontraron los huesos, en medio de una gran emoción por parte tanto del arqueólogo como de los nietos de Cienfuegos. De inmediato, se detuvo la excavación, y al tratarse de restos humanos se puso el hallazgo en conocimiento de la Guardia Civil, que envió a agentes de la Policía judicial. Lo que hasta ese momento había sido una improvisada excavación arqueológica se convirtió en el escenario de un crimen, al que sólo podían acceder los especialistas de la Guardia Civil.
Los nietos de Cienfuegos, que en su día ya incluyeron el caso de su abuelo en la querella argentina por los crímenes del fascismo y denunciaron ante la Comisión de Desaparecidos de la ONU (aunque el Juzgado de Lena archivó otra denuncia al considerar que los hechos habían sido amnistiados), estudiarán ahora qué hacer, si ponen en marcha un proyecto de excavación con técnicas forenses serias, tratando incluso de identificar los restos de su abuelo mediante el análisis de ADN, aunque puede ser muy difícil y costoso, o si promueven ante el Principado la instalación de un monolito que recuerde a las víctimas donde está la fosa o en un lugar más visible, cercano a la carretera de Pajares. En cualquier caso, su intención es "hacer un poco de justicia a los asesinados".

Martínez mide la altura de la zanja.
FUENTE;




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