27 de mayo de 2014

Muchas casas del pueblo y sociedades obreras contaron con sus propias escuelas laicas, racionalistas o neutras financiadas por los Ayuntamientos.

Un drama en rojo y negro

Teatro “Manuel Llaneza” de la Casa del Pueblo de Sama de Langreo, 1927.

Las escuelas libertarias de Langreo donde impartió clases el maestro Bonifacio Durruti, fusilado con su mujer en Zaragoza, según cuenta el padre Gumersindo de Estella.
                            Casa del pueblo de Mieres.

El 13 de octubre de 1909, el pedagogo Francisco Ferrer Guardia fue ejecutado en Barcelona, acusado de haber instigado la Semana Trágica, pero su proyecto de Escuela Moderna pervivió en todo el país, mantenido por maestros libertarios que defendían una enseñanza mixta, abierta y alejada de la religión.
Muchas casas del pueblo y sociedades obreras de la Montaña Central contaron con sus propias escuelas laicas, racionalistas o neutras financiadas por los Ayuntamientos. Entre 1923 y 1936 había 15 distintas repartidas entre Langreo y la Felguera, la mayor parte en los dos núcleos urbanos, pero también en lugares como Les Cuestes, Les Pieces, Pampiedra o Navaliego, por citar alguno. En una de aquellas aulas impartió sus clases un primo del legendario anarquista Buenaventura Durruti, con el que compartía apellido y militancia.
Uno de sus alumnos fue Leopoldo García Ortega, socialista ya fallecido, pero que había militado incluso antes de cumplir los 10 años en las Juventudes Libertarias. Según su testimonio, el tipo de enseñanza impartida por Durruti era muy diferente a la de los otros centros que había conocido. Las clases comenzaban a las 9 de la mañana y se prolongaban por la tarde. Las primeras horas se dedicaban simplemente a hablar, mientras que la sesión vespertina ya se dedicaba a enseñar las materias específicas.
-"En Asturias fui a una escuela racionalista. El maestro de esa escuela era el primo de Durruti, Bonifacio Durruti? Entonces por la mañana el maestro cogía? ¿Y esto qué es? Pues un lápiz. ¿De qué está hecho el lápiz? Pues de madera y con una mina dentro. ¿Y para qué sirve? Para escribir. ¿Y qué es escribir? Toda la mañana era un diálogo y por la tarde era la geografía, las matemáticas, la gramática y demás. Pero toda la mañana era pura conversación y era la única manera, o la mejor manera de enseñar a pensar y a discernir al niño".
Leopoldo García estuvo acogido por una pareja de libertarios, Julio y Lola, "unidos libremente, sin ningún compromiso ni judicial ni canónico" y por él sabemos también de una curiosa colaboración puntual de Buenaventura en las clases que su primo.
-"De Bonifacio Durruti como maestro tengo que decir que era bastante exigente conmigo. También Buenaventura, en una estancia que estuvo allí escondido, también decía lo mismo. Yo les tenía antipatía, porque yo veía a Julio que era una persona abierta, cariñosa, que sí quería que fuera a la escuela, que estudiara y que hiciera las cosas como es debido, pero no con la rigidez de ellos, porque los Durruti tenían en los sesos que yo estaba en manos de ellos y que si yo no resultaba un buen ciudadano, la sociedad, los enemigos del anarcosindicalismo iban a decir que yo no había sido como es debido por culpa de ellos, que no me habían educado como tenían que hacerlo. Creo que ésta era la batalla que tenían en sus mentes".

Portada del almanaque correspondiente a 1932 de la revista satírica La Traca, publicado nada más aprobarse la constitución de 1931 en la que se declaraba el carácter laico del Estado.

Buenaventura fue un personaje decisivo en el movimiento obrero y en nuestra Guerra Civil y su biografía es suficientemente conocida, pero la de Bonifacio y su familia llegó hace poco a los periódicos de una forma curiosa. Ya saben ustedes que la historia es como un folio que se pliega sobre sí mismo de forma que las esquinas opuestas acaban confluyendo en el mismo punto. En este caso la otra esquina estuvo en los diarios del padre Gumersindo de Estella, testigo de 1.700 fusilamientos en la cárcel zaragozana de Torrero, de la que fue capellán.
Aunque primero debemos explicar que Bonifacio se había trasladado a la capital aragonesa junto a su compañera Selina Casas después de la Revolución de Octubre, para escapar de la represión que la siguió. Allí se refugiaron también otros asturianos como Higinio Carrocera y Constantino Antuña Huerta, detenidos en agosto de 1935, pero él en cambio supo permanecer escondido tras una falsa identidad despachando en una verdulería en la calle Prudencio, muy cerca de la Basílica del Pilar.
La pareja, llevaba ante sus vecinos la apacible vida que se espera de una familia de tenderos, hasta que un día una explosión accidental en su trastienda hizo intervenir a la policía y puso al descubierto un taller para almacenar armas y municiones que abastecían a los grupos cenetistas de la zona.
Una vez descubierta la tapadera, Bonifacio fue condenado a 2 años de presidio menor por los sucesos de octubre y a 5 meses de arresto menor y multa de 500 pesetas por el asunto de los explosivos. Aunque todo quedó en nada, ya que la sentencia se hizo pública en febrero de 1936 y pocos días más tarde el triunfo del Frente Popular decretó la amnistía para los presos políticos.
Luego llegó la guerra y la entrada de los franquistas en Zaragoza que no tardaron en dar otra vez con el maestro anarquista y su mujer asturiana. Y aquí volvemos a los diarios de Gumersindo de Estella. Este era el nombre religioso de quien se llamaba realmente Martín Zubeldia y estaba encargado de acompañar desde la cárcel hasta la tapia del cementerio a quienes iban a ser fusilados para lograr su confesión católica. Viajaba con ellos en la camioneta que los llevaba, los seguía hasta el paredón y por último les daba la extremaunción en los momentos previos al tiro de gracia, cuando muchos de ellos aún agonizaban.
A pesar de dedicarse a esta incalificable misión, el padre capuchino pareció vivir en una terrible contradicción, que no sentían sus compañeros: "Mi actitud contrastaba vivamente con la de otros religiosos, incluso superiores míos, que se entregaban con regocijo extraordinario y no sólo aprobaban cuanto ocurría, sino que aplaudían y prorrumpían en vivas con frecuencia". Mientras él "como sacerdote y cristiano sentía repugnancia ante tan numerosos asesinatos y no podía aprobarlos".
El capuchino era navarro, lo que hizo patente al elegir su nombre religioso y había sido destinado a la cárcel de Zaragoza como castigo por sus enfrentamientos con los requetés. A juzgar por sus opiniones, vivió espantado los actos represivos en los que tuvo que tomar parte y escondió sus escritos hasta poco de su muerte en cinco cuadernos, que luego fueron recuperados por sus compañeros y publicados no hace mucho con el título "Fusilados en Zaragoza 1936-39. Tres años de asistencia espiritual a los reos", al mismo tiempo que el Ayuntamiento de Zaragoza le dedicaba una plaza.

                                                  Escuela pública y laica.
  
Como pueden imaginar los hechos que se describen en el libro son terribles. Entre ellos, están detallados los últimos momentos de Selina Casas, descrita en su ficha como "totalmente desafecta al Movimiento Nacional" con una "gran actividad en el campo político sindical en unión de los elementos más peligrosos de la extrema izquierda".
La asturiana fue fusilada el 22 de septiembre de 1937, después de ver morir a su compañero Bonifacio, junto a otras dos mujeres llamadas Margarita Navascués y Simona Blasco por un pelotón de 24 hombres. "¡Tantos hombres para matar a tres mujeres!", gritó una. Sonó la descarga cerrada. Les di la absolución, y antes de que el teniente descargara los tiros de gracia, me alejé caminando como un autómata?".
Pero antes, lo peor: "Ya antes de las cinco de la mañana del día 22 de septiembre de 1937 subíamos a la prisión el padre Víctor y yo en el auto del médico. - "¿Cuántos hay para ser ejecutados hoy?"-, pregunté al entrar. -"Tres mujeres y un hombre"-, fue la contestación. No pude contener un gesto de extrañeza y desagrado? Se llamaban Selina y Margarita? la tercera era una jovencita por nombre Simona". Dos de ellas llevaban con ellas a sus hijas de pecho.
Simona gritó al saltar del camión junto al cementerio: "Ya quedarán quienes vengarán nuestra muerte", mientras tanto las dos madres imploraban: "¡Por compasión, no me la roben! Que la maten conmigo", "¡No quiero dejar a mi hija con estos verdugos!". Se entabló una lucha feroz entre los guardias que intentaban arrancar a viva fuerza las criaturas del pecho y brazos de sus madres y las pobres madres que defendían sus tesoros a brazo partido".
Las hijas de Selina Casas y Margarita Navascués, testigos inocentes de aquel drama, tenían entonces un año de edad y fueron recogidas el mismo cementerio por unas monjas que las llevaron al hospicio. La de Selina, a la que su madre llamaba Lidia, fue bautizaba como el 20 de abril de 1938 como Natividad y entregada en adopción a un médico movilizado por el bando franquista, y su mujer, que no podían tener hijos y prefirieron conocerla como Aurora.
Muchos años después, cuando murió Aurora, su hijo José Luís Menoyo, decidió buscar al padre que no conocía porque ambos se habían separado al poco de su nacimiento. No logró encontrarlo, pero en cambio en el curso de su investigación llegó a saber por casualidad que su madre había sido en realidad Lidia Durruti Casas.

                        Ilustración de Alfonso Zapico.

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR.
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