28 de mayo de 2014

El héroe de Abtao (costa sur de Chile), el general de la Armada don Claudio Alvargonzález y Sánchez

Un gijonés en aguas chilenas

                     Claudio Alvargonzález y Sánchez.

Juan Alvargonzález impulsó en 1995 la colocación de un busto de su antepasado el «Héroe de Abtao», un marino que se distinguió en la Guerra del Pacífico.

El busto de Claudio Alvargonzález, que mira al antiguo muelle de Abtao del puerto viejo de Gijón. / Ángel González
 
El domingo 2 de mayo de 1897, el año anterior al llamado Desastre del 98, en el que España perdió a cañonazos sus últimas colonias de ultramar de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, el Ayuntamiento de Gijón colocó una placa, en un edificio de la plaza Mayor, en recuerdo de un destacado hijo de la villa. La placa, que se conserva en la fachada principal del actual hotel Asturias, tiene como objeto indicar que en dicho lugar había nacido el «ilustre hijo» de Gijón y «general de la Armada y héroe de Abtao» Claudio Alvargonzález y Sánchez.
Miembro de una de las familias más antiguas e influyentes de la villa (desde 1883 hasta 1917 se cuentan cinco alcaldes de Gijón que llevaban el apellido Alvargonzález: Juan Alvargonzález, Alejandro Alvargonzález, Faustino Alvargonzález, Fernando Galarga Alvargonzález y Santiago Piñera Alvargonzález), Claudio Alvargonzález y Sánchez pasó a la historia naval española por un hecho de armas ocurrido el 7 de febrero de 1866 en aguas sudamericanas del océano Pacífico.
El 6 de julio de 1995, en las escalinatas anejas al edificio de la antigua Comandancia Militar de Marina, frente al puerto viejo de Gijón, se descubrió un busto de Claudio Alvargonzález, en un homenaje impulsado por Juan Alvargonzález González, fallecido el pasado sábado, también marino de guerra y descendiente del «Héroe de Abtao».
Pero antes de entrar en los pormenores de lo sucedido ya hizo 147 años en Abtao, es preciso situar el lugar geográfico donde se desarrollaron los hechos que llevaron a que Claudio Alvargonzález fuera condecorado con la gran cruz de Isabel la Católica y declarado «Benemérito de la Patria».
Abtao es un lugar de la costa sur de Chile situado al Oeste de la ciudad portuaria de Puerto Montt y al Norte de la isla de Chiloé. Una costa intrincada, salpicada de islotes, con angosturas y cerradas ensenadas, verde a vista de barco, como la de Asturias, mientras a lo lejos preside el paisaje, hacia el Este, la línea del cielo que marcan los Andes.
Por lo que respecta a la situación histórica, todo comenzó en 1864, cuando el Gobierno de la reina Isabel II, que sería destronada cuatro años después, ordenó a la Real Armada ocupar las islas Chinchas, situadas frente a la costa del Perú, tras un confuso incidente diplomático. Los hechos posteriores desencadenaron la que en la historia española se llama Guerra del Pacífico, que terminaría por involucrar contra España a una coalición formada por Perú, Chile, Bolivia y Ecuador.
Desde el punto de vista chileno, la historia se cuenta diciendo que España, con el propósito de un viaje de amistad y de comercio con las nacientes repúblicas del Pacífico que antes habían sido territorios españoles, envió una flotilla de tres buques de guerra, pero con otros fines que no eran otros, según la historiografía chilena, que reclamar los territorios que consideraba aún suyos. Además, las Chinchas eran ricas en guano (excrementos de ave muy apreciados como fertilizante), cuya venta proporcionaba al Perú de entonces grandes beneficios.
Reforzado el escuadrón naval español con nuevas unidades ante la posibilidad del inicio de las hostilidades, el Gobierno de Madrid ordenó a sus barcos de guerra bloquear los puertos de Chile y Perú. El capitán de navío Claudio Alvargonzález estaba al mando de la fragata «Villa de Madrid», que formaba parte del segundo escuadrón de la Real Armada despachado al Pacífico por el Gobierno de Madrid.
El almirante español Pareja mandaba las operaciones, pero eran muchas millas de costa las que debía controlar. Por su parte, la incipiente Marina de guerra chilena, que no tenía operativos más que dos buques, el mejor artillado de ellos la corbeta «Esmeralda», dio un golpe por sorpresa y capturó, en combate, la goleta española «Virgen de Covadonga» en aguas chilenas de Papudo el 26 de noviembre de 1865. Al conocer el resultado de la batalla el almirante Pareja se suicidó y fue reemplazado por el vigués Casto Méndez Núnez, que se vio en la imperiosa obligación de vengar la afrenta a la Armada española y a la nación. Los barcos chilenos, mientras tanto, pusieron proa al Sur con el botín y se refugiaron en aguas de Chiloé, uniéndose a varios buques enviados por Perú para formar una flotilla combinada.
Informado Méndez Núnez de la presencia de los buques enemigos en la zona del canal de Chiloé, despachó hacia aquellas aguas dos de sus fragatas para «vengar el orgullo nacional» y calmar las críticas que se le hacían desde Madrid.
Y ahora vamos a las páginas escritas por el que fuera cronista oficial de Gijón Joaquín Alonso Bonet en «Pequeñas historias de Gijón. (Del archivo de un periodista)», en las que relata que «inmediatamente, sonó un nombre (para mandar la delicada misión): el del capitán de navío don Claudio Alvargonzález».
Hacia el Sur de Chile, desde aguas de Valparaíso, partió Claudio Alvargonzález con las fragatas «Villa de Madrid» y «Blanca», esta última mandada por Juan Bautista Topete. Los dos buques se presentaron frente a Abtao, donde estaba apostada la escuadrilla naval chileno-peruana. «Y no queriendo esperar más tiempo, el marino gijonés abrió fuego contra Abtao, obligando a salir y aceptar combate a la fragata peruana "Aprimac" (en realidad "Apurímac") y las corbetas "América" y "Unión", que fueron vencidas y aniquiladas. Era el día 7 de febrero de 1866», escribió Alonso Bonet.
Por parte chilena, la historia se cuenta de otra manera. Por ejemplo, en «Historia de Chile», libro editado en dicho país sudamericano en 1992 y del que son autores Julio Maltés y Alejandro Concha Cruz, se relata que el de Abtao fue «un combate sin mayores consecuencias», dado que la acción se redujo al intercambio de descargas a gran distancia.
Después de Abtao prosiguió la guerra, con el bombardeo del puerto peruano del Callao por los barcos de Méndez Núnez y cinco años después se acordó un tratado de tregua que se convertiría en uno de paz en 1882. Así terminó la Guerra del Pacífico, en la que varios marinos españoles fueron elevados a la categoría de héroes, entre ellos Claudio Alvargonzález y Sánchez (Gijón, 1816-1896).
El mismo año del fallecimiento del «Héroe de Abtao», el Ayuntamiento de Gijón decidió poner su nombre a la calle que bordea el puerto viejo desde los jardines de la Reina hasta el dique de Santa Catalina.


La placa que recuerda en el edificio del hotel Asturias al «Héroe de Abtao». / Ángel González

FUENTE:

Claudio Alvargonzález Sánchez.

                                      Claudio Alvargonzález Sánchez

http://el.tesorodeoviedo.es
Marino y escritor nacido en Gijón el nueve de agosto de 1816 y fallecido en su ciudad natal el veintiuno de agosto de 1896, con el grado de brigadier.
Perteneciente a una familia de comerciantes y marinos, estudia en el Instituto Jovellanos de Gijón donde aprende las primeras letras y obtiene el título de piloto. Ingresa en el cuerpo de Guardias Marinas el dos de julio de 1835 en la Escuela de Ferrol. Intervino en las batallas navales de la I Guerra Carlista, libradas en el Cantábrico.
En 1844 asciende a Teniente de Navío, siendo destinado a diversos buques tanto en la Península como en Ultramar. En 1853 embarca en el vapor Fernando el Católico con el que logra cubrir la distancia de la Habana a Vigo en quince días, la travesía más rápida de su época. En 1855 asciende a Capitán de Fragata y pasa a Santander como Comandante de la plaza; ocupa este cargo durante tres años: el único periodo de su carrera en que permaneció desembarcado. En 1861 es ascendido a Capitán de Navío, concediéndosele el mando de la fragata de hélice “Villa de Madrid”.
El veinte de diciembre de 1864 se une a la Escuadra del Pacífico, integrada por seis fragatas, cinco de ellas de madera y en mal estado. El siete de febrero de 1866 se topan en aguas de la isla chilena de Abtao con la escuadra chileno-peruana, con la que entablan combate, sufriendo graves daños los americanos. Bombardean a continuación Valparaíso y el dos de mayo de 1866, escasos de carbón y víveres, la Escuadra del Pacífico se acerca al puerto del Callao, defendido por noventa cañones y torres acorazadas, en orden de batalla. Los españoles bombardean el puerto logrando desmontar todas las piezas enemigas menos tres; esta acción constituiría la última gesta reseñable de la Marina Española en las costas americanas del Pacífico. Tras la acción de Callao la escuadra regresa a España siendo la fragata mandada por Alvargonzález la primera en tocar las costas de Cádiz, donde se les tributa un homenaje popular. Una real orden de veintinueve de julio de 1866 lo promueve al empleo de brigadier con el que culmina su carrera militar.
De ideología marcadamente liberal, es sin embargo absolutamente fiel a la reina Isabel II, por lo que al triunfar la Revolución Gloriosa en 1868 pide el retiro voluntario, a pesar de que sus compañeros de armas lo animan a ocupar cargos ministeriales. Con la restauración borbónica, tras el fracaso de Amadeo de Saboya y de la I República, vuelve al servicio activo durante algunos años hasta que le llega la edad de jubilación reglamentaria.
Pasa los últimos años de su vida en Gijón, su villa natal, participando activamente en la vida pública de la ciudad a través de sus negocios y a través de la prensa local, con la que colaboró sobre todo con artículos acerca de temas marineros. El consistorio gijonés le rindió homenaje poniendo su nombre a una calle y colocando una placa conmemorativa en su casa natal.
Recibió algunas de las más altas condecoraciones del estado como la Gran Cruz de Isabel la Católica, el título de Benemérito de la Patria y la Gran Cruz de San Hermenegildo.

FUENTE:  http://el.tesorodeoviedo.es



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