30 de mayo de 2014

El eucalipto fue introducido en Asturias en el año 1886 por Rosendo Salvado.

El padre de los eucaliptos

En las foces del Esva (Valdes-Tineo-Asturias) un camino separa el bosque autóctono de una plantación de eucaliptos.
 
El obispo Rosendo Salvado, que estudió en Cangas del Narcea, trajo a España la semilla de un árbol con 60.000 hectáreas en Asturias.
Carta autógrafa, fechada en 1886, en la que el religioso comunica que ha enviado una caja con semillas de eucalipto.


El eucalipto, ese árbol de crecimiento rápido, ocupa ya en Asturias una mancha de 60.000 hectáreas, que viene a ser algo así como el doble de la extensión del parque natural de Somiedo. Y todo por Rosendo Salvado, un obispo gallego que se fue a Australia hace un siglo y medio de misionero y en uno de sus regresos trajo una cajita con varias semillas del árbol. Así entraron los eucaliptos en España. Era el año 1886.
Hoy, Rosendo tendría 200 años y le encantaría saber que no sólo se le recuerda por ser el padre del eucalipto, que también, sino que se le reconoce y se le aplaude una vida dedicada a demostrar que los aborígenes eran tan humanos como los europeos y que no merecían otro trato. Por eso se fue a Australia en aquel mundo en blanco y negro.
El viaje, una odisea. Duró 113 días, Navidad mediante: del 17 de septiembre de 1845 al 7 de enero de 1846. Del puerto de Gravesend (Inglaterra) al de Perth (Australia Occidental). Veintitantos mil kilómetros de la época para ayudar a la gente de allí, que al parecer estaba siendo desplazada por colonos europeos. En 2007, de hecho, consta un homenaje del Gobierno de Australia por su labor humanitaria y social.
Rosendo Salvado nació en Tui (Vigo) el 1 de marzo de 1814 y no sólo fue obispo y misionero. También escritor y músico. Ingresó pronto en el convento de los franciscanos de su localidad. Al final de su adolescencia, pasó por Asturias. Estudió Filosofía en San Juan de Corias (Cangas del Narcea) y de su paso por la región aprendió a cultivar sus dotes musicales. Se juntó al padre Juan Copas, uno de los mejores organistas entonces del país. Asturias le impulsó su talento artístico. El piano le acompañaría toda su vida, al punto de que luego daría conciertos para financiar su misión.
Su vocación de misionero la descubre a los 30 años. Un viaje a Roma y una autorización para viajar de voluntario a las Antípodas. Él y y otro monje benedictino, José Benito Sierra. Llegaron a Australia un atardecer y cuando intentaron comunicarse no entendieron nada. La primera palabra que consiguieron entender, cuentan varios documentos expuestos recientemente en una exposición sobre su vida en Tui, fue "comida".
En Australia, Rosendo Salvado se instaló en una zona a orillas del río Moore, que ni siquiera tenía nombre. La bautizaron Nueva Nursia, en honor al santo fundador de su orden, Benito de Nursia. Comenzó a trabajar con la gente autóctona y resultó que al mes se habían acabado las provisiones de comida. Le aconsejaron irse de allí, pero no, él se puso a pedir limosna para continuar su misión. No le fue bien, y entonces hizo uso de su cualidad musical, la que había empezado a perfeccionar en Asturias.
Organizó un concierto de piano para la noche del 21 de mayo de 1846 en Perth. Tocó durante cuatro horas y la recaudación fue tan importante que no sólo le permitió recolectar una importante suma de provisiones, sino también comprar algunos bueyes. Tanto impacto causó aquel concierto que una señora le regaló sus zapatos para que pudiera volver a Nueva Nursia. A los pocos meses ya tenía excelentes relaciones con los autóctonos. También con las autoridades, que le cedieron una serie de terrenos en reconocimiento a su labor.
Y de ahí, de esos terrenos, se cree que salen las semillas de eucalipto que llevó a España en uno de sus viajes. Venía a buscar misioneros como él, que estuvieran dispuestos a emprender su misma aventura. Así estuvo 50 años, yendo y viniendo, ayudando a aquella gente y agrandando su misión.
Rosendo Salvado murió el 29 de diciembre de 1900, dicen sus biógrafos. Y este año, que se cumple el bicentenario de su nacimiento, una calle y una estatua recuerdan su figura en Tui, su localidad natal. Y cientos de miles de eucaliptos también lo recuerdan por toda Asturias, 60.000 hectáreas y subiendo, cada vez más extendidos en la región. Un árbol que llegó en una caja de semillas en manos de un monje de barba frondosa y carácter alegre.

                                   Rosendo Salvado. 
 
FUENTE: 


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3 comentarios:

  1. El día que este sujeto trajo estas malditas semillas a Asturias, iba decír una barbaridad, pero diré, estaba mejor cagando, por un poco suave.

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  2. Buena entrada; es interesante el tema. Gracias por tu labor, y un saludo desde Cádiz.

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  3. Lo peor qu'Asturies vio na hestoria reciente foi l'ocalito. Si nunca lu traxera tariamos meyor.

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