20 de abril de 2014

El Príncipe de Asturias (vapor), llamado popularmente “El Titanic Español”

EL MISTERIO DEL PRINCIPE DE ASTURIAS.
                    El Príncipe de Asturias

Sucedió el 5 de marzo de 1916, a las 4’15 de la madrugada, dos años después del hundimiento del Titanic.

Gregorio Siles Peña iba embarcado como hoy sería ingeniero técnico electricista, con rango de oficial, en el Príncipe de Asturias, llamado popularmente “El Titanic Español” por sus instalaciones de gran lujo. Su ruta era, después de pasar por algunas ciudades españolas, poner rumbo a Santos, Montevideo y Buenos Aires. El pasaje que transportaba estaba compuesto por grandes empresarios y parte de la Alta Sociedad de Barcelona, en primera clase. Otros iban en segunda y tercera clase además de unos 800 emigrantes ilegales, hacinados en la parte más baja del barco. La mayoría de los que no estaban en las clases altas, viajaban para huir de la guerra, por estar perseguidos o a buscar fortuna. Este viaje debía ser histórico, pues transportaba doce estatuas de bronce, diseñadas y fundidas en Barcelona, financiadas por los españoles de Buenos Aires para conmemorar el Centenario de la Revolución de Mayo, con la asistencia de la Infanta Isabel de Borbón, tía de Alfonso XIII, rey de España. Además, figuraba en sus bodegas una preciosa carga secreta de once toneladas de oro. Pese a ser secreta era conocida por algunos oficiales.
 SALÓN DE FUMAR DE PRIMERA CLASE


En el transcurso del viaje, a la mitad del trayecto, su gran amigo Luis Estelles, telegrafista, recibe un mensaje al parecer enviado para ser recibido por otro telegrafista de otro turno. En el mensaje sólo se indican unas coordenadas y una fecha, precisamente el día que iba a celebrarse a bordo la fiesta de Carnaval. Luis, extrañado comenta el hecho con Gregorio. Miran en una carta náutica y ven que las coordenadas corresponden a un lugar en el mar, no en un puerto en tierra, pero no lejos de las costas de Brasil. Es evidente que debe realizarse un encuentro en medio del mar, ¿para qué? No podía ser para otra cosa si no para hacer un transbordo de algo o alguien de barco a barco sin tocar tierra y por tal motivo debía ser secreto. Llegado el momento, la fiesta transcurría alegre en plena noche con la música de la orquesta, champagne francés y bailes modernos en medio de una colosal tormenta, entre truenos y relámpagos. Gregorio y Luis subieron a la cubierta más alta y desde allí, abrigados con sus chubasqueros, observaron cómo unas cajas al parecer metálicas, pasaban del Príncipe de Asturias a un pequeño carguero, mediante uno de los cabrestantes del Príncipe de Asturias. El punto de encuentro era a unas cinco millas de la costa, a pocas horas de Santos, en un lugar medio resguardado entre el continente y las islas de Ilhabela, Búzios y Vitória.

Finalizada la tarea, el carguero desapareció rumbo al estrecho entre el continente e Ilhabela. Tras él, un pequeño barco pesquero les siguió rumbo a su puerto. Pudieron observar las luces, mientras que el carguero las llevaba apagadas. Gregorio y Luis regresaron a la fiesta. ¿Qué contenían las cajas que transbordaron al carguero? Pensaron que el oro.
 
              DEPARTAMENTO DE LUJO


La visibilidad era prácticamente nula, sólo podían orientarse con los destellos de los rayos. La gran dificultad era que no se podía saber la posición del barco con respecto al continente. Además, las mencionadas islas están compuestas de materia muy ferruginosa y alteraba el magnetismo del compás. El barco avanzó a marcha lenta rumbo supuestamente 90 grados (este). Pocos minutos después aumentó la marcha. De pronto un rayo iluminó una pared de rocas justo delante, a unos 50 metros de proa. Se dio la orden de “atrás toda” pero la enorme masa no podía virar en tan poco espacio y la colisión fue inevitable. Desesperación, peleas por poseer un salvavidas, la mayoría no sabían qué hacer, dos explosiones en las calderas de vapor provocaron un gran boquete en el casco y el agua entró en tromba, un cortocircuito apagó las luces, los de las cubiertas inferiores intentaron subir sin encontrar las escaleras, el barco metió la proa y levantó la popa. Todo en menos de 5 minutos.

Gregorio cayó de la litera al suelo y enseguida supo que la sacudida era grave. Salió afuera y viendo las olas barriendo la cubierta y llevándose muchas vidas humanas, lo primero que pensó fue salvar la suya. Se encaramó a lo más alto del mástil de popa y saltó al mar lo más lejos que pudo del barco. Nadó tan rápido como le fue posible para alejarse del remolino, encontrándose con cadáveres, gente que gritaba, objetos flotando. Creyó que iba a morirse cuando ya se hundía de cansancio. Inesperadamente topó con una caja grande llena de cortezas de corcho, logró encaramarse y así estuvo diez y ocho horas. En este tiempo encontró otro náufrago a la deriva agarrado a un pedazo de corcho, que consiguió rescatar.

Al fin amainó un poco la tormenta, una corriente les llevó a una playa en una isla. En esa isla estuvieron nueve días comiendo hierbas y crustáceos, atormentados por enjambres de crueles mosquitos de dolorosas picadas. Dos cadáveres aparecieron y los enterraron junto a una gran roca, uno de ellos sin piernas a causa de los tiburones. Tras días de espera, mirando al horizonte esperando ver la llegada de cualquier embarcación, no creían ver que por fin un barquito de pesca, precisamente el que siguió al carguero cuando se separó del Príncipe de Asturias, pasaba por delante de ellos. Fueron rescatados y al cabo de unos días de recuperación en un hospital de Santos, Gregorio fue repatriado a su Barcelona.

Allí le esperaba una recepción especial con reporteros de la radio, fotógrafos y su familia. Fue agasajado y objeto de admiración de toda la ciudad, con representación del alcalde, El propio Don Antonio Pinillos director y propietario de la Compañía Naviera Pinillos, asistió expresamente desde Cádiz. Fue gratificado y reconocidos sus méritos por rescatar a un compañero y celebrar el entierro de los dos cadáveres además de saber sobrevivir en medio de un lugar donde no había nada que comer ni dónde cobijarse. 
               SALÓN DE MÚSICA DE PRIMERA CLASE


Después de un gran homenaje y recibimiento con discursos incluidos, Gregorio no creyó terminada su tarea. Quiso saber qué pasó con el misterio de la desaparición del capitán y qué relación tendría con el oro que fue transbordado del Príncipe de Asturias al carguero. Hizo averiguaciones, se dirigió al vicepresidente de la Compañía sin lograr nada. Todo lo contrario, se vio envuelto en una total indiferencia y le demostraron que no tenían ningún interés en aclarar nada. En vista de la situación recurrió a un periodista con extremada fama de corrosivo, conocido por meterse con quien fuera, con tal de aclarar la verdad. Tampoco logró nada por falta de pruebas a pesar de que esgrimió la prueba del pescador que los rescató, que fue el mismo que se fue detrás del carguero. La Compañía era muy fuerte y la elite no iba a interesarse por un asunto que no se podía demostrar.

En el naufragio murieron más de 500 pasajeros además de los 800 ilegales clandestinos que tuvieron que morir casi todos por estar en la parte más baja del barco y no tuvieron tiempo de subir a cubierta.

Del TITANIC se han hecho películas con actores famosos, entrevistas, reportajes y reconstrucciones de objetos e imitaciones. Sólo que se hable de un barco cualquiera, ya es motivo para que aparezca el Titanic como comparación a los hechos de un nuevo naufragio.
El PRINCIPE DE ASTURIAS... ¿Qué pasó? ¿Fue silenciado? ¿Qué interés había? Esa es otra incógnita que forma parte del jeroglífico.

FUENTE:  prenafetasiles.blogspot.com
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