8 de abril de 2014

El 1 de abril de 1939 se emitió desde Burgos el último comunicado bélico.

Primavera de desfiles y de amargos exilios.
 
Al finalizar la guerra, se abrió otra hérida: la de los exiliados (unos 300.000), obligados a abandonar el país.

El 1 de abril de 1939 terminó la contienda, y el régimen de Franco ya advirtió de que la paz no sería "un reposo cómodo"


                                      Desfile de la Victoria en Oviedo. 
Hace 75 años,el 1 de abril de 1939, terminó la guerra civil española. Fue, para unos, una primavera de desfiles, y para otros, el inicio de un derrota de 40 años.
La caída de Cataluña supuso un punto sin retorno e hizo inevitable la derrota del bando republicano. Miles de españoles pasaron la frontera hacia Francia para huir de las tropas franquistas. Entre ellos, Manuel Azaña, presidente de la República Española, y todo el Gobierno, con su presidente, Juan Negrín, a la cabeza, pues fue imposible volar desde Cataluña a la zona centro-sur. Azaña ya no quiso volver a España y se instaló en la Embajada española en París. El 28 de febrero de 1939, totalmente abatido e incapaz de entenderse con Negrín, presentó su dimisión como presidente de la República a Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes. Juan Negrín y todo el Gobierno regresaron a España. Según Julián Zugazagoitia, "la existencia del Gobierno es precaria. Le falta el aparato administrativo; no tiene en qué apoyarse (...). El temple no es igual en todos; varía con el temperamento de cada uno". Algunos, sigue Zugazagoitia, vivían con una moral heroica, sin pensar en su propia vida. Entre éstos, el anarquista asturiano Segundo Blanco, ministro de Instrucción Pública, "a quien por su historia, por su educación doctrinal, y hasta por su tipo, le atribuyo serenidad fanática".
El 16 de febrero, el presidente Negrín se entrevistó en Los Llanos (Albacete) con los principales mandos militares, reunión en la que defendió su postura de resistencia a ultranza: "Como el enemigo no quiere pactar, la única solución es resistir". Aunque algunos de los mandos militares aceptaron su propuesta, otros ya no veían más salida que la rendición.
Los hechos se precipitaron y el 4 de marzo de 1939 se produjo una sublevación en Cartagena, donde el máximo jefe de la escuadra republicana, el almirante Miguel Buiza Fernández Palacios, advirtió a Negrín de que no estaban dispuestos a continuar y le dio un plazo de tres días para que se rindiera y abandonara el poder. No se agotó el plazo, y al día siguiente la totalidad de los buques republicanos abandonaron la base de Cartagena con destino al norte de África. El mismo 5 de marzo de 1939 en Madrid se constituyó un Consejo Nacional de Defensa presidido nominalmente por el general ovetense José Miaja Menat, pero en el que el coronel Casado ejercía el mando, contando con el apoyo del histórico dirigente socialista Julián Besteiro.
Besteiro y Casado pensaban negociar con los franquistas el final de la guerra, pero las conversaciones mantenidas con representantes de Franco los días 23 y 25 de marzo evidenciaron que el general sublevado no quería otra cosa que la rendición incondicional. "Franco demostró en toda esta fase final de la guerra la misma falta de generosidad (pero también idéntica conciencia de su propia fuerza) que le caracterizaría durante todo su régimen", escribió Javier Tusell.
El 27 de marzo de 1939, el coronel Casado ordenó al coronel Prada, último jefe del Ejército de Asturias en octubre de 1937, que rindiera las tropas a Franco. Previamente, entre los días 6 y 11 de marzo, se habían enfrentado duramente en Madrid los partidarios de continuar la resistencia y el nuevo Consejo Nacional de Defensa, al que apoyó el dirigente anarquista Cipriano Mera con sus unidades. El 29 de marzo el Ejército de Franco entraba en Madrid.
Los enfrentamientos dentro del bando republicano precipitaron la caída, y la desbandada fue general. El comunista mierense Etelvino Vega, que había escalado al rango de teniente coronel y mandado el XII Cuerpo de Ejército en la batalla del Ebro, pasó de Francia a Madrid, donde fue detenido tras el golpe de Casado. Liberado, Vega se hizo cargo del Gobierno Civil de Alicante en esos días finales de locura.
Algunos consiguieron llegar a la costa alicantina, donde se produjo otra desesperada huida por mar en cualquier embarcación disponible. Entre los que lograron embarcar se encontraba el pintor Orlando Pelayo, que lo hizo en el barco inglés "Stambrook", desde Alicante, con destino a la costa africana de Orán, junto a otras 3.000 personas el 28 de marzo de 1939; en el "Galatea", desde Gandía, embarcaron varios anarquistas asturianos, entre ellos Avelino González Entrialgo. Numerosos barcos pesqueros zarparon de pequeños puertos como Santa Pola, Torrevieja, El Campello y otros. Muchos no pudieron huir y fueron encerrados en los campos de concentración de Albatera y Los Almendros. A éste fue a parar Etelvino Vega, capturado e identificado el 11 de abril de 1939 y trasladado a la cárcel de Orihuela. Condenado a muerte en juicio sumarísimo, fue fusilado el 15 de noviembre de 1939.
Completada la ocupación de Valencia, Alicante, Murcia y Cartagena, el 1 de abril de 1939 el general Franco proclamaba la victoria de las fuerzas sublevadas apenas tres años antes. "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo Franco. Burgos 1.º abril 1939".
El fin de la guerra no trajo la paz, sino la imposición de la victoria. Las emisoras de radio clamaban al día siguiente de la victoria: "La paz no es un reposo cómodo y cobarde frente a la Historia; la sangre de los que cayeron por la Patria no consiente el olvido, la esterilidad ni la traición. ¡Españoles, alerta!
"¡Españoles, alerta! España sigue en pie de guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perpetuamente fiel a sus caídos; España, con el favor de Dios, sigue en marcha. Una, grande, libre, hacia su irrenunciable destino".
La sociedad española quedó dividida en dos campos: el de los vencedores y el de los vencidos. La España de abril de 1939 era la España de los vencedores, a quienes correspondía por derecho ganado con las armas gobernar y disfrutar del poder; a los vencidos sólo les quedó, en el mejor de los casos, el exilio, y en el peor, a los que quedaron o no pudieron marchar, los pelotones de fusilamiento, las cárceles, la tortura, el destierro, la pérdida de bienes y trabajo...
Tras la victoria, Franco demoró su entrada en Madrid e hizo un recorrido triunfal por las capitales andaluzas y luego por Valencia. Un decreto fijó los días 18 y 19 de mayo para la celebración de las fiestas de la Victoria, cuyo acto culminante fue un gran desfile militar en Madrid, por la avenida de la Castellana, rebautizada como avenida del Generalísimo el mes anterior.
En Oviedo, el 18 de mayo, a las diez y media de la mañana, se celebró una misa de campaña en el paseo del Bombé, con la bandera del Regimiento "Simancas n.º 40" a la cabeza de la formación. Hubo un amplio despliegue de fuerzas de todas las armas. Presidió todos los actos el gobernador civil y militar, coronel Ceano. Se instaló un altar sobre la fuente de los surtidores o de las ranas, presidido por una gran cruz blanca, y a ambos lados, sendas tribunas. Después de la misa, las fuerzas participantes en el acto desfilaron por la calle Uría y pasaron ante la tribuna de autoridades instalada en el paseo de los Álamos, ya bautizado con el nombre de José Antonio. Acompañaron al gobernador civil y militar el jefe provincial de Falange, Rafael Arias de Velasco; el obispo de Oviedo, Manuel Arce Ochotorena; el alcalde de Oviedo, Plácido Álvarez-Buylla; el presidente de la Diputación, Ignacio Chacón; el presidente de la Audiencia, José Prendes Pando; el rector de la Universidad, Sabino Álvarez-Gendín; el coronel de los servicios de las Industrias Movilizadas, José María Fernández-Ladreda, y otras autoridades. Durante la jornada se registró una lluvia continua.

FUENTE:
 
«Cautivo y desarmado...»


• El 1 de abril de 1939 se emitió desde Burgos el último comunicado bélico
• En Asturias, el conflicto se desarrolló durante 16 meses con excepcional dureza
.
1 de abril,  es el aniversario del final de la Guerra Civil en España, un conflicto fratricida que nace de un golpe militar y perpetuó tras 32 meses de desolación un régimen que «murió» en la cama 36 años más tarde. A falta de cifras definitivas, la guerra dejó medio millón de muertos y abrió heridas que aún no han cerrado del todo.
El 1 de abril de 1939, a las diez y media de la noche, el Estado mayor franquista emitió el célebre comunicado de «en el día de hoy, cautivo y desarmado, el Ejército rojo...». Era la victoria, pero no fue la paz. Entre el 17 de julio de 1936 cuando se decide el golpe de estado militar contra la República, hasta el 1 de abril de 1939 cuando las tropas nacionales alcanzan los últimos objetivos militares hay no menos de medio millón de muertos y un país destrozado.
La guerra dura, por tanto, 32 meses aunque los analistas militares y los historiadores coinciden en afirmar que en octubre de 1937 la suerte ya estaba echada. En ese momento el Ejército nacional, mucho mejor preparado y mucho mejor pertrechado, tiene el control de buena parte del país a excepción de Madrid, Cataluña, parte de Castilla-La Mancha, algo de Aragón y la actual Comunidad Valenciana. Es decir, una España ya partida en dos. La fecha de octubre del 37 marca un antes y un después en el conflicto porque es cuando los nacionales entran en Gijón, plaza convertida en la última frontera del frente norte.
Un año más tarde, los republicanos sólo controlan Cataluña, Levante, Madrid y, en parte, Castilla La Mancha. Por aquellos días la mítica batalla del Ebro llega a su fin. Los combates de lo que se consideró uno de los enfrentamientos más decisivos de la contienda se habían iniciado en el mes de julio. El Ebro enfrenta a unos 200.000 hombres. Hubo 16.000 muertos, 64.000 heridos y 25.000 prisioneros.
El Ebro, de alguna manera, fue la antesala de la ofensiva contra Cataluña desarrollada desde diciembre de 1938 hasta febrero de 1939. Cuando cae Barcelona las esperanzas militares republicanas se reducen a cero. Pero la guerra continuó. Desde la perspectiva del tiempo, muchos de los historiadores que abordaron la Guerra Civil española, entre ellos Thomas o Preston, plantearon la hipótesis de que Francisco Franco alargó el conflicto con el objetivo de aplastar al enemigo. El historiador Gabriel Cardona habla de «una prolongación intencionada de una guerra» para «machacar» a una generación de jóvenes republicanos «que podría haberse opuesto a su futuro poder». Otros señalan a la batalla de Madrid, en noviembre de 1936 como un hecho decisivo en la prolongación del conflicto. Madrid, a pesar de los intensos ataques nacionales (que prosiguieron a lo largo de los siguientes meses), siguió en manos de los republicanos hasta muy pocos días antes del final de la guerra. Si el Ejército franquista hubiera entrado en la capital de España en aquel momento, es muy probable que la guerra hubiera acabado antes de ese 1 de abril de 1939, hace ahora setenta años.
¿Pudo haberse pactado antes una rendición digna? Es una pregunta que no tiene respuesta. En abril de 1938 el entonces jefe del Gobierno, Juan Negrín, publica su famoso programa de trece puntos (independencia de España, sin militares extranjeros, garantías al trabajador, amnistía amplia, libertades regionales sin menoscabo de la unidad, garantía de la propiedad, renuncia a la guerra...) que Franco rechaza de plano. Fue la última gran oportunidad, desaprovechada como tantas otras. Restaban aún doce meses de sufrimientos; a Franco le faltaba el III Año Triunfal.
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Un texto para la historia
«En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, 1.º de abril de 1939, año de la victoria. El Generalísimo. Fdo. Francisco Franco Bahamonde».
A las diez y media de la noche
Fue el último parte de la Guerra Civil española. Es un texto sencillo pero se cuenta que Franco lo leyó, lo releyó y lo corrigió varias veces. Fue redactado en el palacio de la Isla, en Burgos, donde la España nacional tenía su capital y cuartel mayor. Tras el visto bueno del general el texto fue llevado a los estudios de Radio Nacional en Burgos, que estaba ubicados en el paseo del Espolón, y fue leído a las diez y media de la noche por el locutor Fernando Fernández de Córdoba.
Día de la Victoria
Desde entonces y durante los 36 años de franquismo el 1 de abril fue el Día de la Victoria.

FUENTE: Eduardo GARCÍA
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