4 de marzo de 2014

LOS NOMBRES DE LA MONARQUIA ASTURIANA (XII), Ordoño I (821-866), el hombre paciente y moderado

Ordoño I, padre del pueblo.

El hijo de Ramiro I, , reinó durante dieciséis años,
un período de tranquilidad interior y de continuo batallar con el Islam.

Ordoño I sucedió a su padre Ramiro I al frente del reino de Asturias a la muerte de éste, ocurrida el primero de febrero de 850. Tras el agitado y turbulento reinado de su predecesor, el de Ordoño transcurrió con una aceptable tranquilidad interior. La «Crónica de Alfonso III» dice que «fue hombre de gran paciencia y moderación» y muy amado por su pueblo. La «Albeldense» también resalta su «benevolencia de ánimo, y capacidad de misericordia», hasta el punto de que «fue digno de que se le llamara "padre del pueblo"».
Su reinado fue un continuo batallar contra el Islam, no siempre con resultado victorioso, aunque el balance resulte positivo, al conseguir extender ampliamente las anteriores fronteras del reino. Nada más acceder al trono tuvo que someter una rebelión de los vascones. Ésta debe interpretarse como el postrer coletazo de las guerras civiles que enfrentaron a su padre Ramiro con Nepociano, al que habían apoyado tanto astures como vascones. Ordoño armó un fuerte ejército y se dirigió a territorio vascón, al que sometió a «su ley», según expresa el cronista autor de la «Sebastianense». En ese mismo tiempo, finales de la primavera o verano ya de 850, cuando regresaba de la expedición vascona, fue informado Ordoño I de la presencia de un ejército árabe en tierras de Álava. El rey astur salió a su encuentro y los puso en fuga.
Una novedad durante su reinado fue el establecimiento de relaciones con los mozárabes, es decir, los cristianos que se encontraban en tierras bajo control musulmán. Toledo, la antigua capital del reino visigodo, se había mostrado rebelde en varias ocasiones frente a la dominación musulmana y sus habitantes protagonizaron duros y prolongados enfrentamientos con el emir cordobés. Uno de estos episodios se produjo en 852, aprovechando la muerte de Abd al-Rahman II y la sucesión en el emirato por su hijo Muhammad I. La revuelta alcanzó gran magnitud y los toledanos llegaron a derrotar a un ejército enviado por el emir, antes de que llegara a salir de Andalucía. Ante la amplitud que alcanzaba la rebelión, en el mes de junio de 854, el emir Muhammad preparó un gran ejército y él mismo se puso al frente de las tropas. La noticia de esta campaña pronto llegó a oídos de los toledanos y éstos pidieron auxilio al rey de Asturias, Ordoño I. Éste atendió su demanda y envió un poderoso ejército en su ayuda, al frente del cual marchó el conde Gatón, hermano o cuñado del mismo rey Ordoño I. El emir cordobés actuó con gran astucia e hizo caer a los toledanos y a las tropas de Gatón en una emboscada, junto al río Guadacelete, causándoles una gran derrota. 
El número de bajas fue enorme, aunque entre ellas no se contó el conde Gatón. A pesar de ello, la oposición mozárabe contra las autoridades cordobesas, que hasta entonces sólo se había manifestado en el estricto campo religioso, con episodios tan llamativos como los protagonizados por los llamados «mártires de Córdoba», en la década de 850, comienza a tener en el reino cristiano de Asturias un punto de referencia, y se inicia un importante flujo migratorio hacia el Norte, donde colaboraron en las tareas de repoblación. Así lo dice expresamente la «Rotense» al hablar de la repoblación de las ciudades de León, Astorga, Tuy y Amaya Patricia, «de antiguo abandonadas», a las que Ordoño «llenó de gentes, en parte de las suyas, en parte de las llegadas de España». Y esa España, en las crónicas de ese período, era el territorio bajo dominio musulmán.

                   Batalla entre Árabes y Cristianos
La rebelión toledana tuvo ocupado al emir Muhammad, que, pese a que en 855 envió una aceifa contra territorio de Álava y Castilla, no pudo continuar hostigando al reino de Asturias, centrando su actividad bélica sobre la rebelde Toledo en los años siguientes. Tal coyuntura permitió a Ordoño I dar importantes pasos en su avance hacia el Sur e incorporar a su reino las ciudades de Astorga y León, primero, y las de Tuy y Amaya, posteriormente. Astorga fue la primera en ser repoblada, por el conde Gatón, con habitantes del Bierzo, en 854. León fue poblada por el propio rey Ordoño en el año 856, según recogen los «Anales Castellanos Primeros». Los mismos «Anales» informan que Amaya fue poblada por el conde Rodrigo en el año 860, por orden del rey Ordoño. Amaya había sido una poderosa fortaleza visigoda en el Norte, situada ya en la vertiente sur de la cordillera Cantábrica, y controlaba el acceso a Cantabria y el alto valle del Pisuerga. De Tuy se desconoce la fecha de su repoblación, pero también había sido una ciudad importante en la Galicia de época visigoda.
Aparte de las cuatro ciudades citadas, la «Crónica Albeldense» afirma que «fortificó muchas otras plazas». Esta política de avance de sus fronteras fue combinada con resonantes victorias. Las crónicas asturianas dan gran importancia y realce a la victoria lograda por Ordoño I sobre Muza, en Albelda-Monte Laturce (La Rioja), en 859. Este Muza, de la familia de los Banu Qasi, como las propias crónicas asturianas explican, era godo de nacimiento, pero convertido al Islam, es decir, un muladí. Descendientes de un conde llamado Casius, los Beni Casi o Banu Qasi gobernaban la Frontera Superior de Al-Andalus. Estaban, por otra parte, emparentados por lazos matrimoniales con los reyes de Pamplona. Desde 842, los Banu Qasi rompieron su dependencia de Córdoba y acabaron por hacerse dueños de la llamada Frontera o Marca Superior, alternando períodos de colaboración con las autoridades cordobesas con otros de abierta rebeldía. Esta situación, según la «Crónica de Alfonso III», «hinchó tanto de soberbia» a Muza ibn Muza que se hacía llamar «el tercer rey de España».
Tras la victoria de Monte Laturce se produjo la repoblación de Amaya y en el mismo año, 860, el mismo conde Rodrigo atacó Talamanca (Talamanca del Jarama, en la provincia de Madrid), según cuentan los «Anales Castellanos Primeros». Parejo a este ataque debió de efectuarse otra incursión de Ordoño I sobre Coria (Cáceres), según el relato de la «Crónica de Alfonso III». Ambas ciudades se encuentran al sur de la cordillera Central, en pleno territorio bajo dominio musulmán, y la incursión sobre ellas significaba castigar al rival en su mismo terreno. Además, debieron de reportar un importante botín, según la «Crónica de Alfonso III», que da cuenta de que los prisioneros fueron vendidos en subasta.
No tardó en reaccionar, sin embargo, el emir cordobés Muhammad, que en 863 y 865 emprendió sendas campañas por tierras del Ebro y la Bureba que provocaron la derrota cristiana en la Hoz de Morcuera o en el desfiladero de Pancorbo, deteniendo momentáneamente el avance cristiano. En la jornada de 863, cuenta Ibn al-Athir que las tropas musulmanas lograron una victoria sonada, perdiendo los cristianos, a los que mandaba un hermano de Ordoño, la cifra de diecinueve condes. El silencio de las crónicas asturianas sobre esta batalla puede ser bien elocuente en ese sentido.
Tuvo que hacer frente también el rey Ordoño I a otra incursión de los normandos. El códice de Roda anota: «De nuevo vinieron (los normandos) después en el mes de julio de la era 896 (año 858)». La «Crónica Albeldense» amplía algo más la información: «En su tiempo (se refiere al reinado de Ordoño I) los normandos, que vinieron por segunda vez, fueron exterminados en la costa de Galicia por el conde Pedro. Los moros que venían en naves fueron vencidos en el mar de Galicia». También el «Cronicón Iriense» da noticia de la irrupción de los normandos en Galicia, precisando que eran «cien naves» y que regresaron a su tierra al cabo de tres años.
«Terminado el decimosexto año de su reinado, víctima de la enfermedad de la podagra, murió en Oviedo, y fue sepultado en la basílica de Santa María junto con los anteriores reyes. Felices tiempos tuvo su reinado, feliz está en el cielo», concluye el relato de su reinado la versión «Rotense» de la «Crónica de Alfonso III». Dejaba a su hijo un reino ampliamente extendido, en el que todavía no estaban definitivamente superadas las tensiones internas y las ambiciones de algunos nobles. Durante su reinado se debió de construir la iglesia de Santa Cristina de Lena, que sigue el estilo de los edificios ramirenses del Naranco, pero parece algo posterior.

De izquierda a derecha, Ordoño I, miniatura del «Libro de los Testamentos» de la catedral de Oviedo; el monarca, en el Jardín de los Reyes Caudillos, junto a la catedral de Oviedo; y Ordoño I, de la serie de reyes asturianos del salón de plenos del Ayuntamiento de Oviedo. 
 
FUENTE: 

Ordoño I. Rey de Asturias (821-866).

http://www.mcnbiografias.com
Undécimo rey de Asturias desde el año 850 hasta la fecha de su muerte. Nacido probablemente en Oviedo en el año 821 y muerto en esta misma ciudad el 27 de mayo de 866.

Síntesis biográfica.

Hijo de Ramiro I ocupó el trono astur a la muerte de su padre en el año 850, tras haber ocupado el puesto de gobernador de Galicia. En los 16 años que permaneció en el poder, Ordoño aprovechando la crisis que se vivía en al-Andalus amplió notablemente las fronteras de su reino, ya que llevó a cabo la repoblación de las ciudades de Astorga, Amaya, Tuy y León, aunque tuvo que enfrentarse en repetidas ocasiones a los ejércitos cordobeses, obteniendo resultados desiguales. Además de los enfrentamientos con los musulmanes cordobeses, en diversas ocasiones se enfrentó a las tropas del gobernador de Zaragoza, Musa ibn Musa, al cual derrotó en la famosa campaña de Albelda. Casado con Muniadora a su muerte el trono fue ocupado fue su hijo primogénito Alfonso III el Magno.

Reinado de Ordoño I.

Hijo del monarca asturiano Ramiro I y de la primera esposa de éste, pasó los primeros años de su vida en la que probablemente fue su ciudad natal Oviedo, en la corte del protector de su padre, el también monarca Alfonso II el Casto. Ordoño en su calidad de hijo primogénito debió ocupar una posición destacada desde su nacimiento, puesto que el mencionado Ramiro probablemente desde su juventud fue asociado al trono y el rey Casto expresó en diversas ocasiones su deseo de que a su muerte, éste ocupara su trono, puesto que no tenía descendientes, a pesar de que hasta ese momento la corona había conservado su carácter electivo. En el año 830, tras el nombramiento de Ramiro como gobernador de Galicia, Ordoño que contaba en aquel tiempo con 9 años, acompañó a su familia a tierras gallegas. Instalada la corte del gobernador en Lugo, fue en esta ciudad donde Ordoño completó su educación, la cual debió ser esmerada, e inició su formación militar, donde muy pronto destacó por sus grandes habilidades en el manejo de las armas.
Los años siguientes la vida de Ordoño debió ser cómoda en Galicia, ya que su padre lejos de encontrar oposición a su gobierno, formó un sólido grupo de colaboradores, los cuales le dieron prueba de su lealtad posteriormente. De este modo hay que señalar que Ordoño desde su adolescencia debió acompañar a su padre, probablemente con el fin de familiarizarse con el funcionamiento de las distintas instituciones y sobre todo en los complicados engranajes que conformaban la vida de la corte. Así gracias a su gran preparación, su padre le encomendó que se hiciera cargo de las funciones de gobernador mientras él acudía a las Vardulias en el año 842, para contraer matrimonio con la que sería su segunda esposa, Paterna. Mucho cambió entonces la vida del joven, puesto que poco tiempo después se conoció la noticia de que Alfonso II había muerto en Oviedo, por lo que todo parecía indicar que la proclamación de Ramiro sería inminente. Desafortunadamente para Ramiro el encontrarse alejado de la corte en el momento del fallecimiento del monarca, estuvo a punto de truncar sus aspiraciones, ya que un noble llamado Neopocioano, contando con el apoyo de un grupo de notables, se hizo proclamar rey de Asturias. Ordoño debió participar en las tareas para organizar el ejército que su padre pretendía utilizar en contra de Neopociano, aunque no marchó junto a él, sino que se quedó en Galicia, ocupando el mencionado puesto de gobernador, puesto en el que fue confirmado ese mismo año, tras el advenimiento al trono de Ramiro I.
                               Enfrentamiento Entre árabes y cristianos
Firmemente asentado en como gobernador, a la edad de 26 años, en el año 847, Ordoño contrajo matrimonio con una noble de la región, posiblemente una hermana del conde del Bierzo, Gatón, llamada Muniadona o Muña. Dicho matrimonio tuvo una abultada descendencia, ya que según ha quedado registrado en diferentes crónicas, Ordoño fue padre en al menos 6 ocasiones y entre sus descendientes, destaca por su importancia su hijo primogénito, el futuro Alfonso III el Magno.
El 1 de enero del 850 murió Ramiro I en Oviedo, tras ocho años de reinado, siendo sucedido por su hijo Ordoño, el cual fue el primer monarca asturiano en heredar el cargo, sin previa elección. Poco después de su proclamación tuvo que hacer frente a una sublevación de los vascones, los cuales contaron al parecer con el apoyo de los Banu Qasi, en aquel tiempo gobernadores de Zaragoza. A pesar de lo cual Ordoño I logró someter a los rebeldes, aunque cuando se encontraba de regreso a Oviedo recibió la noticia de que un ejército musulmán tenía intención de atacar la región de las Vardulias. Dicho ejército no logró su propósito y se vio obligado a regresar a al-Andalus, tras ser frenado por Ordoño a las orillas del Ebro.
A pesar de sus victorias no mejoró la situación del monarca astur, ya que tras estas campañas el gobernador de Zaragoza, Musa ibn Musa (800-862) decidió construir una fortaleza en la ciudad de Albaida, actual Albelda, la cual suponía un enorme peligro para los intereses de Ordoño, ya que los siempre levantiscos vascones podrían aprovechar la circunstancia para unirse a los Banu Qasi en su contra. De este modo rápidamente reorganizó el monarca su ejército y se dirigió a la fortaleza, con la intención de destruirla, así tras levantar su campamento en los alrededores de la mencionada ciudad comenzó su asedio. Musa ibn Musa acudió rápidamente en auxilio de sus hombres, pero tras una dura batalla este tuvo que retirarse mal herido y la ciudad fue arrasada.
No hay duda que la compleja situación política que se vivió en al-Andalus en aquellos años fue hábilmente aprovechada por Ordoño I, el cual emprendió importantes campañas para acrecentar sus dominios. De este modo en el año 854, tras producirse la sublevación de Toledo, no tardó en enviar un ejército en su auxilio, el cual fue dirigido por su cuñado el mencionado conde del Bierzo, Gatón, aunque la campaña no obtuvo el éxito que éste esperaba, ya que el propio emir cordobés, Muhammad I (823-886), acudió para sofocar la rebelión, derrotando a los ejércitos toledanos y asturianos en la batalla de Guadalete. Hay que tener en cuenta que a pesar de lo que afirman las crónicas musulmanas las pérdidas de los cristianos no debieron ser tan elevadas, ya que el conde del Bierzo participó en importantes campañas poco después y Toledo conservó su independencia. Pero no todo fueron derrotas para los ejércitos de Ordoño, ya que poco tiempo después de este altercado, éste organizó varias expediciones, que tuvieron un notable éxito. Así inició una incursión por tierras de al-Andalus llegando a ocupar ciudades como Salamanca o Coria, donde tomó prisionero a su gobernador y ordenó a algunos de sus hombres de confianza que tomaran medidas para llevar a cabo la reconstrucción de las murallas de importantes ciudades, que aunque habían sido reconquistadas en tiempos de Alfonso I el Católico no habían sido pobladas, como es el caso de Tuy, Astorga, León o Amaya, las cuales se encontraban repobladas aproximadamente en el año 863.
En este sentido hay que destacar que Muhammad I intentó castigar la audacia del rey cristiano y envió dos expediciones sucesivas en su contra en el año 862 y el 863. Sólo conocemos los pormenores de la segunda, en la cual parece que los ejércitos musulmanes penetraron por la zona de Alava y la primitiva Castilla y atacaron la región de Miranda, tras lo cual fueron sorprendidos por los ejércitos de Ordoño, que cortaron su retira hacia el sur. Así probablemente en Pancorvo tuvo lugar una sangrienta batalla, que debió tener consecuencias desastrosas para los cordobeses, ya que éstos no iniciaron ninguna expedición el año siguiente (864). Aunque el emir logró enviar años después un ejercito, formado por soldados de toda al-Andalus, que destruyó la fortaleza cristiana de Frías.
No se vio libre tampoco Ordoño de los ataques de los piratas normandos, ya que entre los años 858 y 861 estos realizaron numerosas incursiones en la Península Ibérica, así intentaron atacar las costas gallegas, aunque estos fueron rechazados por el conde Pedro. De este modo podemos afirmar que los 16 años que Ordoño permaneció en el poder fueron años de profunda inestabilidad, aunque en opinión de los cronistas cristianos gracias al gran tesón demostrado del monarca, el reino de Asturias logró ampliar notablemente sus fronteras.                  
Los últimos años de su vida Ordoño no pudo participar activamente en las campañas defensivas llevadas a cabo en contra de los musulmanes, aunque su círculo de colaboradores siempre tuvo muy en cuenta las opiniones del monarca. De este modo enfermo de gota, su salud se fue debilitando poco a poco, hasta que dicha enfermedad le provocó la muerte el 27 de mayo de 866, a la edad de 45 años. Descrito en la crónica elaborada por su hijo, Alfonso III, en la versión dedicada a Sebastián (Ad Sebastiarum) como un hombre de gran paciencia y moderación, a su muerte el trono asturiano fue ocupado por el citado Alfonso III el Magno.

Bibliografía.

  • GIL FERNÁNDEZ, J., MORALEJO, J. L., RUIZ DE LA PEÑA, J. I. Crónicas Asturianas. (Oviedo, Universidad de Oviedo, 1985).
  • GUICHARD, P. Los nuevos musulmanes. Historia de España de Antonio Domínguez Ortiz. (Barcelona, Planeta, 1989).
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  • MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. La España Cristiana de los siglos VIII al XI. El reino Astur-leonés (722-1037). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).

Autor.

  • Cristina García Sánchez.
    A la muerte del rey Ordoño I, después de dieciséis años de reinado, le sucedió su hijo Alfonso, que contaba en esa época apenas 18 años.
FUENTE:  Texto  extraido de http://www.mcnbiografias.com
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