6 de febrero de 2014

LOS NOMBRES DE LA MONARQUÍA ASTURIANA (IX) Alfonso II sucedió en el trono a Vermudo I, tras la renuncia de éste, fue ungido rey el 14 de septiembre de 791

Alfonso II consolida el reino.

En el más de medio siglo que ocupó el trono, el rey Casto afrontó los ataques musulmanes y mantuvo inamovibles las fronteras.


Alfonso II sucedió en el trono a Vermudo I tras la renuncia de éste. Fue ungido rey el 14 de septiembre de 791, dando inicio a un largo reinado, hasta 842, de 51 años, 5 meses y 16 días, según la "Nómina" de los reyes asturianos. Consolidó definitivamente el Reino de Asturias, tras superar duras pruebas en todos los órdenes. Su propia trayectoria vital es un claro exponente de esas dificultades.
Hijo de Fruela I y de la vasca Munia, Alfonso nació en Oviedo en torno al año 760. Siendo niño, en 768, su padre fue asesinado en Cangas de Onís, tras lo cual fue llevado al monasterio de Samos, en la montaña lucense, para ser educado y alejado del peligro que entrañaba en aquellos momentos la corte de Cangas de Onís. Regresó al acceder al trono Silo, casado con su tía Adosinda, con la que no tuvo ningún hijo, por lo que ofreció a su sobrino todo el apoyo.
A la muerte de Silo, ocurrida en 783, fue colocado en el trono por Adosinda y todos los magnates del palacio y depuesto "tiránicamente" por su tío Mauregato. Buscó refugio entonces en Álava, entre los parientes de su madre. La derrota de Vermudo I en la batalla de Burbia le abrió de nuevo el camino al trono. No cesaron, sin embargo, las dificultades y asechanzas. La "Crónica Albeldense" cuenta que en el año undécimo de su reinado (en 802 u 803) fue expulsado otra vez del trono y recluido en el monasterio de "Abelania", nombre latino que concuerda bien con Ablaña, localidad del concejo de Mieres. De su encierro monástico "fue sacado por un cierto Teuda y por otros leales, y repuesto en Oviedo, en la cumbre del reino", según relata la "Albeldense", única crónica que cuenta este derrocamiento. Tras esta nueva expulsión del trono, hay que suponer estuvieron los miembros del linaje cántabro, sucesores de Vermudo I, que mantenían sus aspiraciones al trono y que nunca debieron cejar en su empeño.

                                                       Alfonso II de Asturias (c.760 - 842),
En el orden externo, desde el inicio de su reinado, tuvo Alfonso que hacer frente a continuas acometidas musulmanas, pues superados los problemas internos en el emirato de Córdoba, regido por Hixem I, casi no pasó un año sin que se realizara una campaña contra el norte peninsular. En 794, dos ejércitos mandados por los hermanos Ibn Mugait penetraron en la región de Álava y en Asturias. Abd al-Malik ibn Mugait llegó hasta Oviedo, que, según los cronistas árabes, ya era la capital del reino astur, y destruyó la ciudad y sus iglesias. A su regreso, engañados por un guía, según relata Ibn al-Athir, los árabes fueron sorprendidos y derrotados por Alfonso en Lutos (Los Lodos, lugar en el camino de La Mesa, parroquia de Villandás, en el concejo de Grado). Al año siguiente, 795, se repitió la campaña árabe sobre Asturias, esta vez al mando de Abd al-Karim ibn-Mugait, hermano del anterior, con el objetivo de atrapar al mismo rey asturiano. Alfonso II hizo levas en sus estados y recabó la ayuda de "los vascos y pueblos vecinos, normandos y otros", según el cronista árabe Ibn Adhari, esperando el ataque musulmán en territorio de León, en algún lugar próximo al puerto de La Mesa. Al no poder detener al ejército árabe, Alfonso emprendió la retirada hacia Asturias, eludiendo el choque frontal. Los musulmanes saquearon de nuevo Oviedo, pero Abd al-Karim fracasó en su intento de hacer prisionero a Alfonso y se retiró con sus tropas, siendo ésta la última vez que los árabes penetraron en territorio de Asturias.
Alfonso II replicó a estos ataques con una incursión victoriosa hasta Lisboa, adonde llegó con éxito en 798, en campaña de saqueo y castigo.
Las escasas noticias de las crónicas cristianas apenas permiten imaginar la gran actividad bélica sostenida por el reino cristiano astur, pero las fuentes árabes permiten reconstruir la intensa confrontación guerrera. Destacamos entre esas acciones la batalla de Wadi Arun, en 816, en la que Alfonso peleó al lado de Velasco de Pamplona. En 825, dos ejércitos árabes fueron derrotados por Alfonso II en Galicia, en Anceo (Pontevedra) y en Narón (Lugo).
A pesar del empuje ofensivo islámico, el reino astur demostró su capacidad de resistencia y mantuvo inamovibles sus fronteras, y aún tuvo iniciativa para pasar a la ofensiva, como el citado ataque a Lisboa, que se repitió contra otras zonas, al menos, en 809 y 839. Además de las dificultades exteriores, Alfonso II tuvo que hacer frente a lo largo de su reinado a otras cuestiones de orden interno, como la herejía adopcionista, sostenida por el obispo Elipando de Toledo, que ya venía de reinados anteriores. La postura intransigente y herética de Elipando debió propiciar una reacción antitoledana en la Iglesia asturiana y de todo el Norte, que fue aprovechada para independizar Asturias y todo el territorio bajo su dominio de la sede de Toledo, creando un obispado en la capital asturiana. Nada dicen de todo ello las crónicas de tiempos de Alfonso III, dominadas por la ideología visigótica, que presentaba a este rey como el heredero legítimo del reino visigodo de Toledo.
Tampoco cuentan las crónicas asturianas las relaciones de Alfonso II con el emperador Carlomagno.

Alfonso II de Oviedo, iluminación del Libro de retratos de los reyes (1594), Madrid, Museo del Prado.
Sí lo hacen los anales franceses, que registran tres legaciones asturianas a la corte franca, en 796, 797 y 798, aunque pudo haber contactos previos propiciados por la herejía de Elipando, pues Carlomagno tomó parte muy activa en su condena y persecución. La coincidencia de esas fechas con las campañas de los hermanos Ibn Mugait parece apoyar la tesis de que Alfonso buscaba una alianza defensiva con los francos. Después de 800 ya no hay noticias de más contactos, coincidiendo esta fecha ahora con la del segundo derrocamiento de Alfonso.
Bajo su reinado tuvo lugar el descubrimiento de la supuesta tumba de Santiago en Compostela. Alfonso II mandó construir una primera iglesia, a la que hizo varias donaciones, y fue el primero en peregrinar hasta allí. Son unánimes las crónicas en señalar que Alfonso asentó su trono en Oviedo, ciudad en la que construyó varias iglesias, dedicadas al Salvador, a Santa María, a San Tirso y un palacio, además de otra iglesia y otro palacio a un estadio de la capital, en Santullano de los Prados. También donó a la Iglesia de Oviedo la Cruz de los Ángeles, en 808. La "Crónica Albeldense" dice también que "todo el ceremonial de los godos, tal como había sido en Toledo, lo restauró por entero en Oviedo, tanto en la iglesia como en el palacio". Esta afirmación ha dado lugar a diversas interpretaciones sobre el alcance y significado de esa restauración, que Sánchez-Albornoz bautizó como "neogoticismo".
Sin embargo, ninguna simpatía con los visigodos se aprecia en la donación que Alfonso II hizo en 812 a la Iglesia de Oviedo, uno de los pocos documentos contemporáneos de su reinado que se conservan, donde más bien se advierte su animadversión al reino de los godos y una exaltación de lo astur y lo cristiano. Quizás el cronista autor de la "Albeldense" sólo quiso dar a entender que Alfonso había llegado a un nivel de organización del "palacio" y de la "iglesia" similar al que había existido en Toledo.
Alfonso murió el 20 de marzo de 842. La "Sebastianense" remata el relato de su reinado con estas palabras: "Y así, tras haber llevado por cincuenta y dos años casta, sobria, inmaculada, piadosa y gloriosamente el gobierno del reino, amable para Dios y para los hombres, dejó marchar al cielo su glorioso espíritu".


FUENTE: 

Alfonso II. Rey de Asturias (ca. 760-842).

http://www.mcnbiografias.com.
Rey de Asturias nacido en Oviedo alrededor del año 760 y muerto en la misma ciudad el 20 de marzo del 842.

Síntesis biográfica.

Hijo de rey, debió esperar largo tiempo y cuatro reinados hasta que en 791 pudo ser él coronado, después de haber sido apartado del trono en 768 y depuesto en 783. Solicitó ayuda al poderoso monarca franco, Carlomagno, contra los musulmanes de al-Andalus, que le atacaron en numerosas ocasiones a lo largo de su reinado (él saqueó Lisboa en 798), y contra la herejía adopcionista. Guiado del deseo de vincular la monarquía asturiana con la visigoda ("neogoticismo”) acometió una importante reforma de su reino: creó nuevas instituciones de gobierno; impulsó la repoblación, aunque sin conquistar territorio alguno; dotó a Oviedo, a donde trasladó la capital, de numerosos edificios que hizo construir o reformar y reorganizó la iglesia asturiana, creando en esa ciudad una sede episcopal. En su tiempo se creyó descubrir en Galicia el sepulcro del Apóstol Santiago, ya entonces convertido en destino de peregrinos. Por no haber contraído nunca matrimonio tuvo el sobrenombre de “el Casto” (este rey no debe confundirse con Alfonso II el Casto de Aragón, monarca del s. XII).

La lucha por el trono.

Era hijo del rey asturiano Fruela I y de la cautiva vasca Munia; tuvo una hermana, Jimena, que fue abadesa en el monasterio de San Juan Bautista. En 768, siendo aún un niño, murió asesinado su padre. Mientras que el trono astur era ocupado por un primo de Fruela I, Aurelio, el pequeño Alfonso fue enviado al monasterio gallego de San Julián de Samos, que por haber sido favorecido por su padre ofrecía garantías de seguridad. Allí se educó y adquirió cierta devoción al titular del cenobio, San Julián, y a Santa Basilisa. Años después, reinando ya sus tíos Silo y Adosinda (Adosinda era hermana de Fruela I), fue llamado a la corte de Pravia; llegó a compartir con ellos tareas de gobierno y cuando en 783 falleció Silo, su tía y parte de la nobleza le colocaron en el trono.
Sin embargo, fue inmediatamente destronado por un hermanastro de Silo llamado Mauregato, hijo ilegítimo de Alfonso I. En esta ocasión, Alfonso se refugió en Álava, junto a los semiautónomos parientes vascos de su madre. Por lo general, los historiadores han visto en este destronamiento un acto de la lucha entre los partidarios de pactar con los musulmanes (Mauregato y antecesores) y los de luchar contra ellos (Alfonso II). En cualquier caso, si temporalmente el segundo se vio apartado de la corona, a la larga sería el triunfador: tras la muerte de Mauregato, después de cinco años de gobierno, fue elegido rey Vermudo I, hermano de Aurelio, que a los tres (791) abdicó en Alfonso II tras una derrota ante los musulmanes en Burbia (León). Fue ungido rey, hecho novedoso entre los reyes asturianos, el 14 de septiembre de ese año, acometiendo a partir de entonces una profunda reestructuración del reino en todos los aspectos. Ello fue facilitado por un larguísimo reinado de algo más de medio siglo: cuando subió al trono tenía en torno a los treinta años de edad.

Dificultades iniciales y petición de ayuda a Carlomagno: el adopcionismo y el Islam.

Muy pronto trasladó la capital a Oviedo, pequeña población que ya existía desde hacia algún tiempo; no sólo era donde él había nacido y sido bautizado, sino que estaba bien protegida por los montes cercanos y, situada en posición más central que las anteriores capitales, Cangas de Onís y Pravia, dominaba los pasos hacia Asturias occidental, Cantabria y la llanura del otro lado de las montañas del sur. Al poco, en 794 y 795, sufrió allí mismo los primeros ataques musulmanes de los varios que debió afrontar durante su reinado, enviados por los poderosos emires cordobeses. Oviedo, sin posible defensa, fue abandonado a su suerte y destruido y saqueado por el caudillo árabe Abd al-Malik. En la primera ocasión, el 794, en el camino de regreso los musulmanes fueron sorprendidos y derrotados en Lutos. En la segunda, 795, aunque le ocurrió lo mismo a otro ejército islámico que entró en Galicia simultáneamente a la incursión de Abd al-Malik sobre la capital asturiana, éste salió en persecución de Alfonso II y estuvo a punto de capturarlo; si no lo logró, se hizo en cambio con un gran botín. El reino quedó en difícil situación. De este modo, Alfonso II solicitó ayuda a Carlomagno, no sólo en busca de nuevos medios de defensa, sino también para dar solución a la herejía adopcionista. Originada en la doctrina de Elipando, arzobispo de Toledo, amenazaba con extenderse a Asturias (y al reino franco) a pesar de la dura refutación del monje Beato de Liébana.
Antes de la tercera embajada enviada a Aquisgrán, la capital carolingia, para tales fines (hubo contactos conocidos en 795 y 797), el rey asturiano protagonizó en 798 un hecho de armas excepcional en este momento, el saqueo de la entonces lejana Lisboa. Tal embajada llevó consigo parte del botín como regalo al emperador franco. En 801 u 802, tras una nueva expedición musulmana, en esta ocasión a Álava, fue destronado por segunda vez, pero ahora fugazmente: retirado al monasterio de Abelania (de localización incierta, quizá Ablaña, cerca de Oviedo, o Beleña, una variante de “Liébana”), fue repuesto por el noble Teuda, que le era fiel. Parece que esta nueva deposición fue realizada por algunos nobles temerosos de que el reino asturiano quedase bajo vasallaje de Carlomagno. Este hecho no se produjo, y sí la apertura, por breve que fuera, de relaciones políticas con Europa.
Asegurado el trono, pudo reunir las fuerzas suficientes para suavizar, ya que no evitar, las periódicas incursiones islámicas, por lo común durante el verano (aceifas) y a los extremos del reino, Galicia y Álava-Castilla, más desprotegidos y accesibles desde el sur que Asturias. Incursiones que, por otra parte, no eran de conquista sino de saqueo, limitándose al pillaje, a destruir cosechas y a hacer prisioneros. El emir Hisham I las había enviado en 792 a Álava y, según se ha mencionado, en 794 a Álava y Asturias y en 795 a Asturias (que ya no volvió a sufrir ningún asalto). Su sucesor al-Hakam I atacó preferentemente por el este: en 796 a Cantabria, en 801 a Álava, en 805 a Castilla y en 816 a Álava. Por último, Abd al-Rahman II mandó a sus guerreros en 823 a Álava y Castilla, en 825 a Álava y a Galicia en dos puntos diferentes, en 838 a Galicia y Castilla, en 839 a Álava y en 841 a Galicia. A veces Alfonso II se encontró con ataques simultáneos que tenían como objeto dividir sus fuerzas, como los de 825 y 838. Precisamente entre ambas campañas dobles hubo un periodo de paz a causa de diversos problemas internos en al-Andalus.

La obra reformadora de Alfonso II en el reino de Asturias: el neogoticismo.

Pero sobre todo Alfonso II se dedicó a reforzar las estructuras internas del reino, labor que habitualmente se ha sintetizado en una frase de la Crónica Albeldense sobre su reinado: "Omnemque gotorum ordinem, sicuti Toleto fuerat, tam in eclesia quam palatio in Ovetao cuncta statuit" (‘Y todo el ceremonial de los godos, tal como había sido en Toledo, lo restauró por entero en Oviedo, tanto en la Iglesia como en el Palacio’). Al margen de hechos concretos, estas palabras sugieren el estrecho vínculo que se veía entre la monarquía asturiana y la visigoda, heredera la primera de la segunda. Un “neogoticismo” que, nacido en su tiempo, se haría más complejo con Alfonso III (segunda mitad del s. IX).

La administración del reino: nuevas instituciones y avance repoblador.

Alfonso II, según este ideal, creó el Palatium, una nueva corte inspirada en el Aula regia visigoda pero más rudimentaria, con unos proceres o magnates (consejeros laicos y eclesiásticos), un mayordomo (rector del palacio), un notario, un strator o caballerizo y uno o varios condes palaciegos (comitiva real, probablemente sin función definida). Al frente de cada una de las mandationes (divisiones territoriales) existentes colocó un iudex o conde con atribuciones militares y judiciales. En el campo de la justicia aplicó, con limitaciones, el uso del Forum iudicum, una variante del Liber iudiciorum visigodo.
Alfonso II no realizó nuevas conquistas, de modo que las dimensiones de su reino fueron las que tenía bajo sus inmediatos predecesores: de Galicia a Álava y Castilla, con las montañas como frontera sur en líneas generales (se suele hablar ya para esta época de la existencia de un “desierto estratégico” o tierra de nadie entre las montañas y este río). En cambio, sí fomentó la repoblación de sus dominios, directamente a través de concesiones personales (las menos), o bien indirectamente mediante la confirmación de los frecuentes asentamientos monásticos o privados. Galicia, el Bierzo, Liébana, Álava y la Castilla más septentrional recibieron por entonces pobladores asturianos, cántabros o incluso mozárabes que llegaban del sur. Fruto del crecimiento demográfico fue, por ejemplo, la fundación en 804 del primer obispado castellano libre, el de Valpuesta, para dar atención espiritual a los recién llegados. También Brañosera, en Palencia, obtuvo su carta puebla en 824.

Oviedo, la nueva capital.

Reconstruyó y engrandeció Oviedo, la “nueva Toledo”, según un verdadero plan monumental, utilizando un estilo constructivo inspirado directamente en modelos romanos (renovatio). Fueron estos los orígenes del arte asturiano. Así, edificó un palacio que incluía la Cámara Santa (capilla relicario que existe aún hoy, donde se guardaban, además de reliquias traídas del sur, la valiosa Cruz de los Ángeles donada por el rey el año 808, y que fue lugar de peregrinación), con la catedral de San Salvador al norte, y junto a esta la iglesia-panteón real de Santa María del Rey Casto y la de San Juan Bautista (hoy San Pelayo). Al suroeste, la iglesia de San Tirso. En el lado contrario estaba el monasterio de San Vicente, primitivo origen de la ciudad y por tanto anterior a Alfonso II; también lo eran el palacio y la catedral, pero en este caso el monarca los levantó de nuevo casi por completo. Todo este conjunto estaba rodeado por una muralla. Fuera de ella, pero en las proximidades, la iglesia y residencia regia de San Julián de los Prados (Santullano), una de las muestras más importantes del arte prerrománico asturiano, y algo más apartadas, las de San Pedro de Nora y Santa María de Bendones.

La reorganización de la Iglesia asturiana y el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago.

Por último, en el aspecto religioso, revitalizó la Iglesia de su reino. A finales del s. VIII, cuando comenzó a gobernar, el adopcionismo amenazaba con quebrar la unidad de la fe, había numerosas sedes episcopales sin titular residente (tan sólo Lugo e Iria tenían obispo) y la evangelización era aún incompleta en algunas regiones. Condenado el adopcionismo en sucesivos sínodos, su doctrina fue perdiendo paulatinamente fuerza en los primeros años del s. IX; en cualquier caso, Alfonso II se desligó de la herética iglesia toledana, creando en su lugar una nueva sede en Oviedo; para el monarca, y según el citado ideal neogoticista, no se trataba sino de una restauración. En 812 el rey dotó a la catedral de San Salvador con todo lo necesario para su funcionamiento. Parece que en 821 se celebró en esta ciudad un concilio en que todos los obispos del reino confirmaron la constitución de tal sede primada y estudiaron la manera de reactivar las diócesis sin pastor. Aunque la veracidad de las actas del concilio ha sido discutida o al menos consideradas ciertas sólo a medias, no cabe duda de que en tiempos de Alfonso II se reorganizó la jerarquía eclesiástica del reino asturiano. Así, los prelados y también los monjes de los nuevos monasterios (por ejemplo, San Emeterio de Taranco en Castilla, Santa Eulalia de Triurico en Asturias o San Vicente de Vilouchada en Galicia) propagaron el cristianismo por las comarcas en que era aún débil.
En la revitalización de la piedad tuvo esencial protagonismo el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago en Compostela (lo que, se tratase o no de él, fue trascendental para la religiosidad y cultura medievales). Hacia el año 829 Teodomiro, obispo de Iria, creyó, tras examinar unas tumbas que le indicó un eremita llamado Pelayo, haber encontrado los restos de Santiago el Mayor en un lugar situado a una quincena de kilómetros al noreste de su sede. Teodomiro trasladó allí su sede y Alfonso II oficializó el descubrimiento al construir sobre los sepulcros un sencillo templo. La noticia se difundió rápidamente incluso más allá de los Pirineos, organizándose todavía en vida de este monarca la peregrinación peninsular, las primeras rutas del conocido “Camino de Santiago”.

Muerte y sucesión del rey Casto.

Poco antes de su muerte, en 840, Alfonso II tuvo que reprimir la única sublevación interna de la que se tiene noticia durante su reinado, la de Mahmud, un andalusí que se había rebelado contra Abd al-Rahman II en Mérida y había acabado por refugiarse en tierras cristianas. Dedicándose en Galicia al pillaje, junto con otros musulmanes, fue sitiado en un castillo por las tropas asturianas y muerto al fin. El rey falleció dos años después, seguramente con más de ochenta de edad, siendo enterrado a los pies de la iglesia de Santa María de Oviedo, en un lugar que todavía hoy es reconocible. No se casó nunca, a pesar de algunas afirmaciones de épocas posteriores que afirman que lo hizo con una princesa franca, Berta o Bertinalda. Al no tener hijos le sucedió en el trono Ramiro I, que lo era de su antecesor Vermudo I, no sin que el conde Nepociano tratase de hacerse con la corona. La Crónica de Alfonso III y la Crónica Albeldense, las fuentes historiográficas más cercanas a su vida (ambas de finales del s. IX), le llamaron “magno” y “piadoso”; pero el sobrenombre que perduró fue el que se le aplicó por primera vez en unos anales del s. X, luego reiterado en obras posteriores: “casto”, en referencia a su soltería nunca abandonada.

Enlaces en Internet.

http://www.ayto-oviedo.es/virtual/camara.html ; Página con una visita virtual a la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo (en español).
http://www.oviedocomercial.com/ciudad/peregrino.htm ; Página con información sobre las peregrinaciones a Oviedo (en español).
http://www.reialfonsoii.com/HISTORIA.htm ; Página con una breve biografía sobre Alfonso II (en español).
http://www.uniovi.es/Congresos/2003/11RENAQ/santullano.html ; Página con amplia información sobre la iglesia de San Julián de los Prados (en español).

Bibliografía.

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  • BERMEJO PALACIOS, V. y MASES, J.A. (dirs.). Asturianos universales. Vol. VII: “Alfonso II el Casto, Félix de Aramburu y Zuloaga, Alfonso I, José Posada Herrera, Ramón Menéndez Pidal”. (Madrid, Páramos: 1996).
  • CABAL, C. Alfonso II el Casto. (Oviedo, Grupo Editorial Asturiano: 1991).
  • FERNÁNDEZ CONDE, F.J. “El Libro de los Testamentos” de la catedral de Oviedo. (Roma, Iglesia Nacional Española: 1971).
  • FLORIANO CUMBREÑO, A.C. Diplomática española del periodo astur. 2 vols. (Oviedo, Impr. La Cruz: 1949-1951).
  • GIL FERNÁNDEZ, J.; MORALEJO, J.L. y RUIZ DE LA PEÑA, J.I. Crónicas asturianas. (Oviedo, Universidad: 1987).
  • GONZÁLEZ GARCÍA, V.J. El Oviedo antiguo y medieval. (Oviedo, Ayuntamiento: 1984).
  • NIETO ALCAIDE, V. Arte prerrománico asturiano. (Salinas, Ayalga: 1989).
  • SÁNCHEZ ALBORNOZ, C. Orígenes de la nación española. El reino de Asturias. 2 vols. (Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos: 1974).
  • VV.AA. Estudios sobre la monarquía asturiana. XI Centenario de Alfonso II (1942). (Oviedo, Instituto de Estudios Asturianos: 1974).

Autor.

  • Bernardo Gómez Álvarez.

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