18 de febrero de 2014

LOS NOMBRES DE LA MONARQUÍA ASTURIANA (XI) Ramiro I reinó del 843 al 850.

Ramiro I, rey con mano dura.

                                   El Rey Ramiro I en una jornada de caza, al fondo la iglesia de Santa María del Naranco.

La iglesia de Santa María del Naranco en Oviedo, originalmente concebida como salón del trono de su palacio por el rey Ramiro I a mediados del siglo IX, fue reconvertida a templo cristiano unos centenares de años más tarde. El motivo parece ser un posible hundimiento parcial de la vecina iglesia de San Miguel de Lillo, que era la usada en las ceremonias religiosas a las que asistía el devoto monarca.

Tras derrotar a Nepociano, hubo de afrontar un período de «guerras civiles» y sus siete años en el trono dejaron un notable legado constructivo.


«Ramiro, hijo del príncipe Vermudo», fue elegido para el trono a la muerte de Alfonso II, según la «Crónica de Alfonso III». El príncipe Vermudo tiene que ser el Vermudo I que renunció al trono en 791, tras ser derrotado por los musulmanes en Burbia y al recordar que había sido diácono. No sabemos cuando nació Ramiro, pero muy probablemente tenía más de 50 años en 842. Estaba entonces viudo, pues la citada crónica cuenta que cuando se produjo el fallecimiento de Alfonso II no estaba presente, pues se había trasladado a la provincia de Vardulia, «para tomar esposa». Vardulia era entonces el norte del territorio que luego se llamó Castilla, y la esposa en cuestión sería Paterna, que aparece como reina en el ara de Santa María del Naranco, fechada el 23 de junio de 848. Ramiro I reinó del 843 al 850.
La «Crónica Albeldense» nada dice de la ascendencia de Ramiro, ni de su elección como rey. En su versión, Ramiro se hizo con el trono tras derrotar a Nepociano, «junto al puente del Narcea». Y Nepociano, según coinciden las listas de los reyes conservadas en varios códices, sucedió a Alfonso II y precedió a Ramiro I. Lo que no aclaran esas listas reales es el tiempo que duró el reinado de Nepociano.
En el relato de la «Crónica de Alfonso III», a la muerte de Alfonso II, Nepociano, conde de palacio, se aprovechó de la ausencia de Ramiro para hacerse con el reino de forma ilegítima. El de conde de palacio era un cargo que no había existido en la corte visigoda y sí en la carolingia, en la que constituía el máximo responsable de la administración cortesana. Ramiro se encontraba en la provincia de Vardulia para tomar esposa y al tener noticia de la muerte de Alfonso II buscó refugio en Galicia, concretamente en la ciudad de Lugo, donde reunió un ejército para regresar a Asturias a recuperar o lograr el trono. La «Sebastianense» matiza que Ramiro, desde Lugo, en Galicia, se «hizo con el ejército de toda la provincia» y marchó hacia Asturias, donde le salió al encuentro Nepociano, apoyado por astures y vascones.
Las alianzas étnicas que se producen en este conflicto sucesorio tienen su explicación. Los astures defendían, sin duda, la legitimidad de Nepociano como heredero de Alfonso II, y los vascones, probablemente, a un miembro de su pueblo, pues Nepociano debía pertenecer a la familia de Munia, la princesa vascona madre de Alfonso II.
El apoyo de los gallegos a Ramiro se explica por alianzas y lazos matrimoniales. Sánchez-Albornoz supuso que la primera esposa de Ramiro era gallega basándose en la existencia documentada de un personaje llamado Gatón, que fue conde del Bierzo durante el reinado de Ordoño I. Este Gatón era o bien hijo de Ramiro I y hermano de Ordoño I, o cuñado de éste, y poseía numerosos bienes en Galicia, sobre todo en Triacastela (Lugo). En cualquiera de los dos casos, Ramiro había establecido fuertes alianzas en Galicia antes ya de la muerte de Alfonso II; de ahí que se dirigiera a Lugo para reunir fuerzas con las que asaltar el trono astur. No sabemos si había conseguido también la alianza con los castellanos, fin que perseguía su matrimonio con Paterna, perteneciente a la nobleza de esa zona. Un pariente de ésta, Rodrigo, aparece en la documentación como el primer conde de Castilla.
Ramiro debió de tardar bastante tiempo en sellar alianzas y pactos para reunir su ejército gallego. Una vez logrado, marchó sobre Oviedo. De su expedición supo Nepociano, que salió a su encuentro con una tropa integrada por astures y vascones. Debía ser la primavera de 843, o mejor, 844, y el choque, del que ignoramos los detalles, se produjo junto a «un puente sobre el río que se llama Narcea». Ese puente del río Narcea hay que localizarlo en las proximidades de Cornellana, importante nudo de comunicaciones desde época romana. Allí confluían la vía que desde Lugo de Llanera («Lucus Asturum») conducía a Lugo de Galicia («Lucus Augusti») y la que venía de tierras de León por el puerto de La Mesa. En la margen derecha del Narcea, frente a Cornellana, hay un lugar llamado Casas del Puente, donde hay vestigios de un viejo puente que, al parecer, cayó de viejo en 1580. Según la «Rotense», una vez entablado el combate Nepociano fue abandonado por los suyos, tras lo cual se dio a la fuga. La «Sebastianense» no llega a mencionar si hubo encuentro armado, pues dice que sin tardanza fue abandonado por los suyos. La «Albeldense» dice a las claras que Ramiro «venció a Nepociano junto al puente del Narcea».

 Retrato de Ramiro I en el salón de plenos del Ayuntamiento de Oviedo
Perdida la batalla, Nepociano emprendió la huida, siendo apresado por los condes Escipión y Sonna cuando marchaba hacia el oriente, a la región de Primorias (la zona de Cangas de Onís). Capturado, se le aplicó la ley II, 1, 8 del «Liber Iudicum», establecida por Chindasvinto, que castigaba con la ceguera a quienes delinquían contra el príncipe.
Poco después de esta batalla se produjo la llegada ante la costa de Gijón de una flota de normandos. La «Rotense» dice que los normandos eran un pueblo desconocido hasta entonces para ellos, paganos e infinitamente crueles. Los normandos no llegaron a desembarcar en Gijón, pero sí lo hicieron en el lugar llamado Faro Brigancio, que hay que identificar con La Coruña. Ramiro había movilizado un gran ejército y les plantó batalla. Según la «Crónica de Alfonso III», los normandos sufrieron muchas bajas y perdieron varias naves, quemadas por el ejército de Ramiro. El resto de la flota continuó viaje hacia Sevilla, ciudad en la que causaron grandes destrozos, de los que da cuenta el historiador árabe Ibn Hayyan, en su «Almuqtabis». Era el final del verano de de 844.
Tras derrotar a Nepociano, Ramiro hubo de hacer frente a lo que las crónicas califican de nuevas rebeliones, seguramente seguidores del rey destronado o parientes en diverso grado de Alfonso II, abriendo un período que no dudan en calificar de «guerras civiles». El cronista autor de la «Rotense» escribe: «Dos magnates, un prócer y el otro conde de palacio, se levantaron en su soberbia contra el rey. Pero cuando el rey conoció sus designios, a uno de ellos, cuyo nombre era Aldroito, ordenó que le sacaran los ojos, y al otro, de nombre Piniolo, lo mató por la espada con sus siete hijos». La «Albeldense"» que califica a Ramiro de «vara de justicia», cuenta que «acabó con los bandoleros arrancándoles los ojos. Terminó con los magos por medio del fuego, y con admirable celeridad desbarató y exterminó a los rebeldes». No cabe duda, ante estos hechos, que Ramiro era un hombre de recio carácter, buen temple y mano dura.
Aparte de estos episodios de luchas internas, añaden las crónicas cristianas que hizo dos veces la guerra contra los sarracenos, saliendo victorioso, sin dar más detalles. Por el contrario, Ibn al-Athir y otros historiadores árabes cuentan que en septiembre de 845, un ejército musulmán penetró en Galicia, llegando a la ciudad de León, a la que pusieron sitio. Abandonada en la noche por sus habitantes, fue saqueada y destruida, aunque no lograron abatir sus murallas, «pues tenían diecisiete codos de ancho». Según las crónicas cristianas, León no fue repoblado hasta el reinado de Ordoño I, planteando esta noticia la cuestión, no resuelta, de si hubo un previo intento de repoblación por parte de Ramiro, o si la ciudad estaba ocupada por gentes del entorno que se hallaban fuera de control cristiano y musulmán.
Pero, sobre todo, Ramiro I pasó a la historia como un rey «constructor», por los excepcionales monumentos que mandó levantar en el Naranco. Dice la «Rotense»: «Después de que descansó de las guerras civiles, edificó muchos edificios de piedra y mármol, sin vigas, con obra de abovedado, en la falda del monte Naranco, a sólo dos millas de Oviedo». La «Sebastianense» da nombre a una de las construcciones, una iglesia en memoria de Santa María, a la que califica de «admirable belleza y hermosura perfecta», y añade, que «si alguien quisiera ver un edificio similar a ése, no lo hallará en España». Murió en su palacio del Naranco el 1 de febrero de 850 y sus restos fueron enterrados en Oviedo, en el panteón real de la iglesia de Santa María construida por su antecesor Alfonso II.


FUENTE: 

Ramiro I. Rey de Asturias (782-850).

http://www.mcnbiografias.com
Décimo rey de Asturias desde el 12 de junio del 842 hasta la fecha de su muerte. Nacido probablemente en Oviedo en el año 792 y muerto en esta misma ciudad el 1 de enero de 850.

Síntesis Biográfica.

Hijo de Vermudo I el Diácono, fue educado por Alfonso II el Casto, el cual como premio por sus leales servicios le asoció al trono asturiano en el año 829. Nombrado gobernador de Galicia, puesto en el que permaneció 12 años, tras el fallecimiento del mencionado monarca con el fin de obtener la corona tuvo que enfrentarse a Neopociano, noble asturiano al que derrotó en las proximidades del río Narcea en el año 842. Proclamado monarca el 12 de junio de ese mismo año, durante su reinado tuvo que hacer frente a varias sublevaciones internas, a los ataques de los piratas normandos y a los ejércitos musulmanes. Casado en dos ocasiones, como fruto de su primer matrimonio nació su sucesor, el futuro Ordoño I.

El reinado de Ramiro I.

Hijo del monarca astur Vermudo I el Diácono, nació después de producirse la abdicación de su padre, al que apenas conoció puesto que falleció en el año 797, cuando contaba aproximadamente con 5 años. Ramiro pasó la mayor parte de su infancia y su juventud en la corte de Alfonso II el Casto, el cual parece que le tuvo en alta estima, ya que nunca esperó tener un heredero. Así recibió una educación esmerada, que le hizo ser un gran amante del arte durante toda su vida, y una sólida formación militar, que completó participando en algunas de las campañas emprendidas por su protector.
Tras años al servicio de la monarquía astur, finalmente en el año 829, cuando contaba con 37 años, fue asociado abiertamente al trono, puesto que parece claro que Alfonso II hizo público su deseo de que éste le sucediera, en una asamblea de notables reunida en la ciudad de Oviedo. Además el rey Casto, que consideraba a Ramiro un hombre merecedor de toda su confianza decidió enviarle en el año 830 a Galicia, en calidad de gobernador, otorgándole poderes absolutos. Así Ramiro tras recibir instrucciones del monarca partió inmediatamente a tierras gallegas, donde permaneció por espacio de 12 años, cumpliendo en opinión de todos los cronistas cristianos, con la tarea que se le había encomendado. No hay duda que estos años fuera de la corte asturiana le ayudaron a formar un importante círculo de seguidores, los cuales le mostraron su apoyo en los momentos difíciles.
En cuanto a la vida familiar de Ramiro hay que señalar que éste contrajo matrimonio aproximadamente en el año 820, a la edad de 28 años, con una dama de orígenes gallegos, de la que apenas disponemos de datos, puesto que no llegó a ocupar el trono junto a su esposo, motivo por el cual no es mencionada en las crónicas. De este modo en opinión de algunos investigadores esta se llamaba Urraca, aunque esta afirmación no está totalmente demostrada. Sabemos que de este matrimonio nacieron varios hijos, así aunque existen importantes discrepancias entre algunos investigadores para determinar su número exacto, parece claro que Ramiro fue padre por lo menos en dos ocasiones del futuro monarca Ordoño I y de una hija, la cual recibió el nombre de Aldonza.
El 20 de marzo del 842 se produjo la muerte del anciano rey Alfonso II. Ramiro que recibió rápidamente la noticia de la muerte del monarca, se encontraba en aquellos días ultimando los preparativos de su segunda boda, en la región denominada como Vardulia, posteriormente núcleo originario del condado de Castilla; ya que tras quedar viudo había decidido contraer nuevas nupcias con una dama de ésta zona, llamada Paterna. El futuro rey astur, al parecer confiado de que los nobles respetarían los deseos de Alfonso, no emprendió camino inmediatamente para estar presente en la elección, pero su ausencia provocó que un destacado noble de la corte llamado Neopociano, se proclamara rey con el respaldo de un número importante de notables, los cuales posiblemente no veían con buenos ojos el hecho de perder su prerrogativa de elegir al monarca, pues como ya se ha mencionado prácticamente Alfonso había nombrado a Ramiro como su sucesor.
 No tardó Ramiro en conocer la noticia de que el trono astur había sido ocupado, por lo que rápidamente tomó medidas para derrocar al que él y los suyos consideraban como un usurpador. Así en vez de dirigirse a Oviedo, Ramiro decidió regresar a Galicia, concretamente a la ciudad de Lugo, donde parece que contaba con firmes partidarios, con el propósito de formar un ejército. Reunidas las tropas dejó a su hijo Ordoño como gobernador de Galicia y partió inmediatamente hacia Asturias. Neopociano por su parte también tomó medidas para derrotar al aspirante a ocupar su puesto y se puso en camino con la intención de frenarle junto con un importante grupo de hombres, antes de que éste pudiera llegar a Oviedo. Días después ambos ejércitos se encontraron en el valle de Cornellana, donde muy pronto algunos soldados de Neopociano cambiaron de bando y abrazaron la causa de Ramiro. La batalla definitiva tuvo lugar en las proximidades del río Narcea, donde el futuro monarca logró infligir al usurpador una importante derrota, la cual obligó a Neopociano y a los escasos efectivos que habían sobrevivido al envite, a retirarse precipitadamente a Oviedo. Poco duró la huida de éste, ya que poco tiempo más tarde dos condes leales a Ramiro, Escipión y Sonna según indica la Crónica de Alfonso III, lograron hacerle prisionero en Pravia. Neopociano fue duramente castigado por Ramiro I, ya que tras ser condenado a perder los ojos por su traición, fue recluido en un convento hasta el final de sus días. De este modo despejado el camino, los ejércitos de Ramiro I se dirigieron a Oviedo, donde éste fue coronado el 12 de junio del 842, a la edad de 50 años.
Una vez instalado en el trono, Ramiro I intentó reafirmar su autoridad con el fin de evitar nuevas sublevaciones, por lo que tras poner en orden la administración y colocar a hombres leales en los principales puestos de la corte, pasó a asegurar la paz de todos sus dominios, de este modo su primera medida fue perseguir a los bandidos instalados en las montañas. La extrema dureza con la que aplicaba Ramiro la justicia muy pronto fue conocida en todos los rincones de su reino, de este modo todos los cronistas coinciden en señalar que además de las duras condenas impuestas a los ladrones, a los cuales se les sacaba los ojos, el nuevo monarca sintió una gran aversión hacia los hechiceros y adivinos, los cuales si caían en manos de las autoridades eran condenados a perecer en la hoguera.
A pesar de los esfuerzos Ramiro no pudo disfrutar de tranquilidad por mucho tiempo, ya que aproximadamente un año después de su llegada al trono (843), los piratas normandos atacaron la ciudad de Oviedo. Todas las crónicas señalan que fueron derrotados y se vieron obligados a huir, pero poco después los piratas pusieron rumbo hacia las costas gallegas e intentaron atacar el Farum Brecantium (Betanzos), aunque una vez más fueron rechazado por las tropas del monarca y partieron hacia la ciudad de Sevilla, aunque notablemente mermados. Tampoco pudo Ramiro evitar los problemas en el interior, ya que según nos indica Alfonso III en su crónica este tuvo que hacer frente a varias sublevaciones de la nobleza. Así el primero de estos levantamientos fue dirigido por un prócer llamado Aldroito, el cual de acuerdo con Neopociano, que continuaba intrigando desde su lugar de retiro, intentó asesinar a Ramiro, aunque una vez descubierto éste fue condenado por el monarca a acompañar al mencionado Neopociano en su celda y en su ceguera. Por su parte el segundo de los intentos por derrocar a Ramiro estuvo dirigido por un conde del palacio llamado Piniolo, el cual parece que logró reunir a un número considerable de partidarios, de tal modo que tras su sublevación se inició una guerra civil, en la cual salió victoriosos el monarca.
Por lo que respecta a al-Andalus, dejando de lado la famosa, aunque falsa, batalla de Clavijo, hay que destacar que Abd al-Rahman II a pesar de los numerosos problemas internos a los que tuvo que hacer frente, consiguió organizar una expedición en contra el reino de Asturias en el año 846, la cual tenía como misión impedir que Ramiro llevara a cabo la repoblación de la ciudad de León. Así a pesar de que los musulmanes no lograron destruir definitivamente las murallas defensivas de la mencionada ciudad, pudieron frenar este intento expansivo de la corte del rey asturiano. Alfonso III en su crónica menciona que durante el reinado de Ramiro I, los musulmanes realizaron otra incursión en territorio cristiano, esta afirmación parece que esta corroborada por algunas fuentes musulmanas, las cuales comentan que al-Mundir atacó algunos territorios de Álava, obteniendo importantes resultados, aunque en opinión de los cronistas cristianos Ramiro I logró salir victoriosos en los enfrentamientos que mantuvo con los cordobeses.
Ramiro I falleció, al parecer como consecuencia de haber sufrido fiebres elevadas, el 1 de enero del año 850 en la ciudad de Oviedo, tras haber reinado durante aproximadamente 8 años. Sus restos fueron enterrados en el panteón de los reyes de la catedral de la mencionada ciudad y el trono fue ocupado por su hijo Ordoño I.
Es necesario resaltar por último que durante toda su vida Ramiro I sintió una gran afición por las distintas manifestaciones artísticas, especialmente por la arquitectura, como prueba el hecho de que fuera precisamente en su época cuando se construyeron algunas de las obras más importantes del llamado románico asturiano, como son las iglesias de Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo o Santa Cristina de Lena.
                                          Ramiro I de Asturias.Plaza de Oriente, Madrid.
 Bibliografía.
  • GIL FERNÁNDEZ, J., MORALEJO, J. L., RUIZ DE LA PEÑA, J. I. Crónicas Asturianas. (Oviedo, Universidad de Oviedo, 1985).
  • GUICHARD, P. Los nuevos musulmanes. Historia de España de Antonio Domínguez Ortiz. (Barcelona, Planeta, 1989).
  • JOVER ZAMORA, J. M. Historia de España. España musulmana (711-1031). (Madrid, Espasa-Calpe, 1994).
  • MARTÍN, J. L. Manual de Historia de España. La España medieval. (Madrid, Historia 16, 1993).
  • MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. Los comienzos de la Reconquista (711-1038). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).
  • MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. La España Cristiana de los siglos VIII al XI. El reino Astur-leonés (722-1037). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).

Autor.

  • Cristina García Sánchez
FUENTE:  Texto extraido de: http://www.mcnbiografias.com
________________________________________________
________________________________________________

NOTA: Si te ha interesado esta entrada y quieres preguntar, comentar o aportar algo al respecto, puedes dejar un comentario o escribir a mi dirección de correo del blog con la seguridad de ser prontamente atendido.

Difunde “El blog de Acebedo”  entre tus amistades.
Sígueme en:
  • §  Twitter – “El blog de Acebedo”

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada