1 de febrero de 2014

LOS NOMBRES DE LA MONARQUÍA ASTURIANA (VIII). El Rey Vermudo reinó entre el año 788 y el 791.

Vermudo, el rey que renunció.

Tras su derrota en la cruenta batalla de Burbia, dejó el trono a los tres años y medio de acceder a él, hecho que las crónicas atribuyen a su condición de diácono.


                          Retrato de Vermudo en el salón de plenos del Consistorio de Oviedo.
http://www.lne.es.
A la muerte de Mauregato, le sucedió en el trono Vermudo. Éste era hijo de un Fruela hermano del rey Alfonso I, hijo como éste del duque Pedro de Cantabria y hermano del anterior rey Aurelio. Su acceso al trono, según coinciden las dos versiones de la "Crónica de Alfonso III", fue por elección. La "Crónica Albeldense" nada dice del modo como llegó al trono ni de su parentesco con la casa reinante.
Vermudo, que reinó entre el 788 y el 791, es un monarca fundamental en la historia dinástica de la Monarquía asturiana. Con él se afianza en el trono el que hemos llamado linaje cántabro, que se continúa, tras el intermedio del largo reinado de Alfonso II, con su hijo Ramiro I, el hijo de éste, Ordoño I, y su biznieto Alfonso III, bajo cuyo reinado y patrocinio se escribieron las tres crónicas que más información proporcionan de este período del Reino de Asturias.
La "Nómina" de los reyes asturianos asigna a Vermudo un reinado de tres años y seis meses. Durante ese tiempo, nada digno de mención debió de realizar para los autores de las dos versiones de la "Crónica de Alfonso III". Tras señalar su elección y parentesco con Alfonso I, la "Rotense" consigna que renunció voluntariamente al trono, "a causa de que era diácono". La "Sebastianense" precisa que "dejó voluntariamente el reino al recordar que antaño se le había impuesto el orden de diaconado".
La "Crónica Albeldense", muy concisa siempre en el dato, pero menos ideologizada que la "Crónica de Alfonso III", nos da una información que ayuda a comprender la renuncia al trono de Vermudo, o su apartamiento del mismo. Cuenta la "Albeldense" que "bajo su reinado se dio una batalla en Burbia", sin decir nada de su resultado. "Luego dejó el reino voluntariamente", añade a continuación, con lo que parece establecer una relación de causalidad entre la batalla librada en Burbia y su retirada voluntaria del trono.
Burbia es el nombre de un río que baja de la sierra de Los Ancares y atraviesa por Villafranca del Bierzo, antes de unirse al río Sil por la derecha. Es también el nombre de un pequeño pueblo en la cabecera de este río. Se encuentra próximo a la antigua vía romana que unía Lugo de Galicia con Astorga y que atravesaba el río Burbia cerca de Villafranca del Bierzo. Lo que ocurrió en ese lugar nos lo aclaran las historias árabes.
El 30 de septiembre de 788, el mismo año en que debió morir Mauregato, falleció también en Córdoba Abd al-Rahmân I, el descendiente de los omeyas que había instaurado en España el emirato andalusí independiente de Damasco. Dejaba tras de sí once hijos y nueve hijas, entre los que había designado como heredero por su inteligencia y capacidad a Hisham, pese a que no era el primogénito. Su elección no fue bien acogida por sus hermanos Sulaymân y 'Abd Allâh Balensi, que se levantaron contra él, pero Hisham consiguió hacerse con el control total de la situación y luego emprendió una política de guerra santa contra los cristianos como hacía mucho tiempo que no se realizaba.
Numerosos cronistas árabes (Ibn Idâri, Ibn al-Atîr, Al Nauwayrî, Ibn Jaldûn?) dan cuenta de la realización en el año 791 de una campaña por parte de Hisham contra el reino cristiano del Norte. Fueron, en realidad, dos ataques, ya que uno se dirigió contra Álava y el otro contra Galicia. El dirigido a la zona occidental del reino asturiano lo describe Ibn al-Atîr de la siguiente manera: "En el mismo año (175 de la héjira, que va de 9 de mayo de 791 a 27 de abril de 792), Hisham envió también un ejército mandado por Yûsuf ibn Bujt a Galicia, donde el rey Vermudo el Grande sostuvo una encarnizada batalla, en la que fue vencido y perdió mucha gente".
Vermudo, según interpretación de Claudio Sánchez-Albornoz, debió de atravesar la cordillera Cantábrica por el puerto del Trayeto o Trayeíto, situado en el concejo de Degaña, por el que se supone pasaba una vía romana secundaria, relacionada con las labores mineras, que enlazaba con la de Lugo a Astorga. El rey cristiano intentó detener el avance musulmán con resultado negativo. Ibn Idâri, otro historiador árabe, precisa que Yûsuf ibn Bujt puso en fuga a Vermudo y sometió el campo a pillaje: "La masacre fue terrible, porque se reunieron diez mil cabezas, sin contar los caídos en las quebradas". Aunque exageradas como era habitual las cifras de muertos y las pérdidas, lo que parece claro es que la derrota cristiana fue muy importante.
Discurrían los primeros meses del verano o finales de la primavera, tiempo en el que se realizaban las campañas militares, y los partidarios del futuro Alfonso II debieron actuar e impulsar la renuncia, voluntaria o forzada, de Vermudo. El proceso se debió de desarrollar con bastante rapidez, pues a mediados de septiembre era coronado ya rey Alfonso II.
La "Crónica de Alfonso III" ocultó la derrota de Burbia y atribuyó la renuncia al repentino recuerdo de su condición de diácono. El diaconado era el estado inmediatamente anterior al sacerdocio, pero en la monarquía visigoda inhabilitaba para acceder a la realeza, según el canon 17 del VI Concilio de Toledo, reunido el 9 de enero de 638 en la basílica de Santa Leocadia, bajo el reinado de Chintila. "Muerto el rey, no asuma el reino nadie alzado tiránicamente, ninguno tonsurado con hábito de religión o decalvado torpemente, o que proceda de origen servil?", ordena el citado canon.
Da la impresión que con la referencia a la condición de diácono de Vermudo, la "Crónica de Alfonso III" trataba de disimular u ocultar una renuncia que no debió ser tan pacífica o amigable como trata de transmitir en su relato. Insiste en sus dos versiones en que fue el propio Vermudo quien designó como su sucesor a Alfonso II, quien había tenido que huir de Asturias y refugiarse entre los parientes de su madre en Álava, al ser apartado del trono por Mauregato. Se ignora si ya había regresado a Asturias o fue llamado por sus partidarios para hacerse cargo del reino en situación tan delicada. Hay que pensar, también, que el futuro Ramiro I, hijo de Vermudo, que sucedió luego a Alfonso II, debía ser por entonces aún muy joven.
No se sabe cuándo murió Vermudo, pues la "Sebastianense" dice que después del acceso al trono de Alfonso II, que fecha en el año 791, "vivió con él muchos años en el mayor afecto. Terminó su vida en paz". En la "Rotense", sin embargo, tras relatar que había designado a su sobrino Alfonso como sucesor, dice también que "vivió muchos años rodeado de gran afecto. Partió de este mundo de muerte natural, en la era 829". La era 829 equivale al año 791, lo supone una contradicción con lo dicho anteriormente de que vivió muchos años, pues 791 fue el año de su renuncia. Quizá sea esta fecha un añadido posterior de algún copista de la crónica no muy escrupuloso con la cronología, por lo que no se sabe cuándo murió Vermudo.

Miniatura de un manuscrito del siglo XVI. Aunque ortográficamente cuajó la grafía Bermudo, el texto latino de las crónicas lo escribe con "V".

FUENTE: 

Bermudo I o Vermudo I. Rey de Asturias (740-797).

http://www.mcnbiografias.com.
Octavo rey de Asturias desde el año 788 hasta el año 791. Nacido en torno al año 740 y muerto aproximadamente en el año 797. Ocupó el trono astur tan solo durante tres años puesto que abdicó en favor de Alfonso II el Casto.
Hijo del hermano de Alfonso I el Católico, el conde Fruela y de la esposa de éste, la cual se llamaba Nuña, apenas disponemos de datos biográficos sobre los primeros años de su vida, aunque es posible que pasara sus infancia en los territorios ocupados por los vascones, pertenecientes al reino de Asturias.
En opinión de algunos estudiosos Vermudo probablemente desde su juventud fue preparado para hacer carrera en la Iglesia, puesto que su hermano, el también rey asturiano Aurelio I, era el hijo primogénito y por tanto el heredero de la mayor parte de las posesiones de su padre. Desconocemos donde inició el joven Vermudo sus estudios religiosos, pero hay que señalar que algunos autores barajan la teoría de que pudo comenzar su instrucción en Oviedo, concretamente en la iglesia de San Vicente, aunque esta afirmación no está corroborada por las crónicas asturianas elaboradas en tiempos de Alfonso III. Tampoco conocemos en que momento obtuvo el cargo de diácono, que le dio su sobrenombre, aunque éste debía haber llegado sobradamente a la edad adulta. Se especula con que Vermudo apenas tuvo tiempo de ejercer sus funciones en el mencionado puesto, ya que poco después de la muerte del rey Mauregato en el año 788, los nobles del reino le eligieron como nuevo monarca, lo cual puede tomarse como prueba concluyente de que el trono astur, continuaba conservando su carácter electivo.
Mucho se ha discutido sobre las motivaciones que pudieron impulsar a los nobles para elegir a Vermudo como monarca, ya que aparentemente éste no ocupaba un puesto destacado en la corte y parece que no participó, en las intrigas políticas de años anteriores. Así en opinión de Menéndez Pidal existen dos posibles explicaciones, la primera de ellas podría ser que los notables se mostraron reacios a proclamar a Alfonso II, por considerar que éste una vez que estuviera en el trono podría tomar represalias en contra de los asesinos de su padre, y la segunda posible explicación afirma que cabe la posibilidad de que los electores se inclinaran por Vermudo, por considerar que éste era un hombre fácil de manejar y que debido a su escasa experiencia con las armas sería partidario de mantener la paz con los musulmanes, como en el reinado de sus antecesores.
De cualquier modo parece que el primer sorprendido por su elección fue el propio Vermudo, ya que desde un principio se mostró reacio a abandonar su tranquila vida dedicada a la oración y al el estudio, aunque finalmente tuvo que ceder a las presiones que ejercieron sobre él, que no sólo le llevaron a aceptar su nombramiento como monarca, sino también a ignorar sus votos y contraer matrimonio. Llegados a este punto hay que señalar que no conocemos con total seguridad la identidad de su esposa, con la que debió contraer matrimonio en el año 788, ya que mientras algunos autores sostienen que ésta era una noble de origen gallego, otros afirman que ésta procedía de Navarra. Tampoco conocemos con exactitud su nombre, aunque generalmente se acepta que se llamaba Usenda. Por lo que respecta a los descendientes de Vermudo, ningún autor duda sobre que éste fue el padre del futuro Ramiro I, nacido aproximadamente en el año 792, aunque algunos investigadores señalan que tuvo más descendientes, entre los que podríamos destacar a García, cuyo nombre aparece reflejado en algunas fuentes cristianas y a dos hijas. Parece difícil no obstante que Vermudo fuera capaz de tener 4 hijos en apenas 3 años que convivió con su esposa, ya que se separó de su ésta para retornar a su anterior vida, tras abandonar el trono.
Por lo que respecta a su reinado es necesario destacar que desde que Vermudo llegó al poder, hizo todo lo posible por reconciliar a las distintas facciones nobiliarias que se encontraban enfrentadas, para mantener la paz en el interior. Pero sin duda no fueron los sucesivos enfrentamientos entre nobles los que marcaron su reinado, sino el importante cambio político que se vivió en al-Andalus en aquellos años. Así en el año 788, llegó al poder el segundo hijo de Abd al-Rahman I, Hisham I, el cual debido a sus profundas convicciones religiosas, una vez que su poder estuvo consolidado, decidió acabar definitivamente con los reinos cristianos del norte de la Península, llevando así hasta las últimas consecuencias el ideal de guerra santa. De este modo en la primavera del año 791, la situación de Vermudo cambió notablemente, ya que recibió noticias de que en Córdoba se estaba organizando, a instancias de su nuevo caudillo, una importante expedición militar, por lo que el monarca astur comenzó a reunir un ejército con el fin de poder hacer frente a la futura agresión.
Poco tiempo después tras 20 años de tregua el ejército musulmán atacó dividido en dos columnas el reino asturiano. Nada pudo hacer Vermudo por defender Álava y la región de las Vardulias, que fueron duramente castigadas por un ejército comandado por Ubayd Allah ibn Uthman, aunque sí intentó defender Galicia, al frente de un ejército cristiano de los ataques de Yusuf ibn Bujt. De este modo tras haber asolado amplias zonas de Galicia, los musulmanes emprendieron el camino de regreso con la intención de atacar Astorga, pero no pudieron llegar a la mencionada ciudad puesto que en las proximidades de la actual Villafranca del Bierzo, las tropas de Vermudo le salieron al paso, celebrándose entonces la batalla de Burbia, en la cual el monarca astur sufrió una grave derrota.
Mucho impresionó esta derrota a Vermudo el Diácono, ya que inmediatamente después ordenó llamar al futuro Alfonso II, con la intención de que éste asumiera el mando de sus ejércitos, aunque poco a poco en opinión de los cronistas, éste se dio cuenta de sus limitaciones, debido a su escasa formación militar, por lo que decidió, tras negociar con los nobles, renunciar a su cargo y favorecer la elección del mencionado rey Casto, el cual aceptó la responsabilidad y tras años de destierro intentó demostrar sus dotes como monarca.
Vermudo I poco después de entregar el poder regresó a sus antiguas ocupaciones, abandonando como se mencionó anteriormente a su esposa. Pero a pesar de su renuncia todas las crónicas asturianas coinciden en señalar que permaneció junto al nuevo monarca como un leal servidor, hasta el momento de su muerte. Así no hay duda entre la mayor parte de los historiadores sobre que las buenas relaciones que mantuvo con Alfonso, fueron la principal causa de que éste asociara al trono a su hijo, el cual ocuparía el trono astur con el nombre de Ramiro I.
Vermudo I el Diácono falleció aproximadamente a la edad de 57 años, en el año 797. Considerado por los cronistas como un hombre piadoso, que demostró gran bondad e inteligencia al abdicar, sus restos mortales fueron depositados en el panteón de los reyes de la catedral de la ciudad de Oviedo.

Bibliografía

  • GIL FERNÁNDEZ, J., MORALEJO, J. L., RUIZ DE LA PEÑA, J. I. Crónicas Asturianas. (Oviedo, Universidad de Oviedo, 1985).
  • JOVER ZAMORA, J. M. Historia de España. España musulmana (711-1031). (Madrid, Espasa-Calpe, 1994).
  • MARTÍN, J. L. Manual de Historia de España. La España medieval. (Madrid, Historia 16, 1993).
  • MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. Los comienzos de la Reconquista (711-1038). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).
  • MENÉNDEZ PIDAL, R. Historia de España. La España Cristiana de los siglos VIII al XI. El reino Astur-leonés (722-1037). (Madrid, Espasa-Calpe, 1976).

Autor

  • Cristina García Sánchez





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