5 de enero de 2014

LOS NOMBRES DE LA MONARQUÍA ASTURIANA (II). Favila, hijo del rey Pelayo, le sucedió al frente del Reino de Asturias. II

Favila, el del breve reinado.

El hijo de Pelayo ocupó el trono, en el que sucedió a su padre, menos de tres años - Las crónicas consideran su muerte al enfrentarse a un oso un signo de debilidad y de su escaso oficio guerrero.

                       Favila muerto por el oso, obra de F. Vall. 

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Tuvo un reinado muy breve: dos años, siete meses y diez días, según consta en una nómina de los monarcas asturianos que recoge el tiempo que reinó cada uno. Su vida se vio truncada bruscamente al enfrentarse a un oso, que le hirió mortalmente. Este episodio, que podría parecer fortuito en una primera consideración, no lo debió de ser en realidad.
Favila accedió al trono por su condición de hijo de Pelayo, líder de la revuelta contra los árabes invasores que vio reafirmada su jefatura tras la victoria lograda en Covadonga. La consideración de buen guerrero legitimaba a un rey en esos primeros siglos medievales españoles, en los que la guerra y, más concretamente, la sostenida contra el Islam, constituía el eje central y principal de la actividad de su gobierno, como se encargan de reseñar las crónicas. La "Crónica de Alfonso III", en la versión conocida como "A Sebastián", dice que Favila "no hizo nada digno de la historia", lo que quiere decir que no libró ninguna batalla. El anónimo autor de la conocida como "Historia Silense", escrita en el siglo XII, dice de su relato: "nosotros describimos los trabajos y sudores del ejército de los reyes hispánicos para liberar a la Santa Iglesia, no convites y delicados manjares".
Vista bajo la consideración de su calidad como guerrero, la muerte de Favila por un oso fue una muestra de debilidad, y así se encargaron de reseñarlo las tres principales crónicas del Reino de Asturias: la "Albeldense", fechada en 883, y las dos versiones de la "Crónica de Alfonso III", conocidas como "Rotense" y "A Sebastián", un poco posteriores. Las tres utilizan el mismo término para explicar el episodio de la muerte por el oso: "leuitate", que los traductores de las crónicas interpretan como "ligereza" o "imprudencia". "A causa de una ligereza fue muerto por un oso en el segundo año de su reinado", dice la "Rotense".



Reproducción de la inscripción fundacional de la iglesia de Santa Cruz, fechada el 27 de octubre del año 737, en la que aparecen nombrados Faffila, Froiliuba y su prole.

Sin embargo, cabe otra interpretación del término "leuitate", que es la de "debilidad" o "poca hombría", lo que explicaría los siguientes versos del "Poema de Fernán González", escrito a mediados del siglo XIII:
Finó el rey Pelayo, Cristo le aya perdón
reignó su fijo Vavila, que fue muy mal varón:
quiso Dios que mandasse poco la su región,
ca visco rey un año e mas poca sazón.
Ese calificativo de "muy mal varón" del "Poema" debe entenderse como "mal guerrero". Otros textos históricos de esa época lo presentan como persona poco sensata. Rodrigo Jiménez de Rada (1170-1247), que fue arzobispo de Toledo, en su "Historia de los hechos de España", terminada en 1243, escribe del reinado de Favila: "Éste, llevado por su insensatez, se dedicaba a la caza más de lo aconsejable, y cuando cierto día intentaba perseguir a un oso, pues había decidido hacer un combate singular con uno, fue muerto por éste de forma desgraciada".
Se puede, sin embargo, pensar que el encuentro de Favila con el oso fue deliberado, para demostrar su valía y fortaleza. En la edición del "Libro de la Montería de Alfonso XI", hecha en el siglo XVI por Argote de Molina, cuenta este autor que los hidalgos asturianos eran muy diestros en la caza del oso, pues "con mucha destreza, al tiempo que el oso se enhiesta contra ellos, le arrojan un capotillo a los ojos y métenle el venablo por el pecho, metiendo la cabeza entre los brazos, de forma que el oso no puede alcanzar con las garras ni la boca para herirlos, y teniéndolos fuertemente en el venablo los acaban". En 1572, Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, visitó un domingo la iglesia de Santa Eulalia de Abamia (Cangas de Onís), donde había sido enterrado el rey Pelayo, y halló en el exterior "más de doscientas lanzas hincadas de los que venían a misa. Y dan su razón a traerlas que, como vienen a misa por aquellas brañas, pueden encontrar un oso de que hay hartos, y quieren tener con qué defenderse del".
Así pues, el fracaso de Favila ante el oso y su trágica consecuencia fue una demostración de su escaso oficio guerrero, en una sociedad antigua en la que los atributos de valor y fuerza iban unidos al de rey. Ello, quizás, explicaría por qué sus hijos fueron separados del acceso al trono, saltando la línea sucesoria a su cuñado Alfonso I y, luego, al hijo de éste, Fruela.
Aparte del episodio del oso, la crónica "Rotense" cuenta también que Favila mandó construir una iglesia "en honor de la Santa Cruz". Inició con ello una costumbre seguida posteriormente por otros monarcas asturianos, la de ser promotores de construcciones religiosas, y la de rendir un particular culto a la "cruz", que se va a convertir, aparte de su valor como expresión de la pasión de Cristo, en símbolo e imagen del poder en la realeza asturiana.


La iglesia de Santa Cruz, antes de su destrucción en 1936.

Esta iglesia de la Santa Cruz estaba situada en las afueras de Cangas de Onís, entre los ríos Güeña y Sella, y se levantó sobre un antiguo dolmen que se ha conservado. Sin duda, el lugar era un espacio sacralizado con resonancias paganas que con esta fundación se cristianizó. A lo largo del tiempo esta primitiva construcción fue alterada y, finalmente, destruida en la Guerra Civil de 1936. Había en ella una inscripción que recogía el acto de fundación, cuyo texto, transcrito varias veces a lo largo de los siglos e incluso fotografiado, es el documento original escrito más antiguo que se conservó del Reino de Asturias. Por él se sabe el nombre de su mujer, Froiliuba, y que tenían hijos. La inscripción está fechada de forma cabalística, señalando que iban transcurridos 300 días del año 737, que se corresponde con el día 27 de octubre. Se alude también en la datación a la "sexta edad del mundo", que era la que había comenzado con Cristo, y que se suponía era la última edad del mundo.
El nombre verdadero de este rey fue Fáffila, que es el que aparece en la inscripción de Santa Cruz, aunque se le conoce con el más tradicional de Favila. Tanto Fáffila como Froiliuba son nombres germánicos, a diferencia de Pelayo, que es un onomástico romano. Fáffila se llamaba el padre de Pelayo, según noticia recogida por la "Crónica Albeldense" y la versión "A Sebastián". Era corriente entre los visigodos que los nietos heredaran el nombre de sus abuelos, aunque en este caso, esta costumbre pudo servir para inventar un nombre al padre de Pelayo, dada la variedad de filiaciones que existen del mismo.
 

Capitel de la iglesia del monasterio de San Pedro de Villanueva interpretado popularmente como el enfrentamiento de Favila con el oso 

FUENTE: 

UN OSO MATÓ AL REY.

Hubo un rey que murió destrozado por un oso, o al menos eso asegura la leyenda. Se trata de Favila, segundo rey de Asturias entre los años 737 y 739 e hijo de don Pelayo. Favila al parecer fue un descuidado. Salió al monte solo, poco tiempo después de escapar por los pelos de una patrulla de guerreros musulmanes. Sin embargo, en vez de caer en una emboscada de sus enemigos, Favila fue atacado por un gran oso de los que hoy en día apenas quedan descendientes.
La muerte sorprendió a Favila solamente dos años después de acceder al trono. Su reino era un minúsculo bastión cristiano en el norte de la Península Ibérica, invadida y conquistada por los musulmanes. Casi 30 años antes habían desembarcado en la bahía de Algeciras y avanzaron como un rayo hacia el norte sin apenas encontrar resistencia por parte de los antiguos amos, los visigodos. Después de la derrota en la batalla del río Guadalete en la que se cree que murió el último rey visigodo, don Rodrigo, su reino prácticamente se desintegró de un día para otro.
Solamente en el norte, entre las montañas de los Picos de Europa, un pequeño grupo de visigodos resistió a las tropas musulmanas a las que no les hacía mucha gracia el severo clima asturiano y mucho menos sus bárbaros habitantes que les recibieron a pedradas y flechazos en Covadonga. Los musulmanes se retiraron y el vacío de poder fue ocupado por Pelayo, el padre de la Reconquista.
 La leyenda de la muerte de Favila acabó formando parte de ese mito. Cuenta Fray Prudencio de Sandoval en ‘Historia de los cinco obispos’(1639): "Como el rey D. Favila fuese venido a esta vega, o cerca de Santa Cruz. Una gran cabalgada de moros que habían entrado a correr aquellas montañas teniendo sus tiendas en el campo cerca de la ermita que digo de Santa Cruz sin quitarse el saco de malla que traía con el pavés (escudo oblongo que cubre casi todo el cuerpo) en la mano y la espada en la cinta, quiso ir a montería. Su mujer la reina Froiliuba, dándole el corazón saltos con temor de algún mal suceso, porfiaba con el rey que se desarmase, que venia cansado de pelear y que dejase por aquel día la caza. Tirábale del faldón de la ropa pidiéndole con lágrimas y palabras de amor que se apease. El rey porfiaba en ir y tomando un azor en la mano se despidió de la reina; y ella con mucho sentimiento le abrazó y besó, quedando muy lastimada por los secretos anuncios que le daba el alma”. 
 La historia continua: El rey subió por un monte que está cerca de la vega, que se llama sobremonte al lugar de Helgueras, metióse en un vallecillo que hace ese monte y yendo sólo se topó con un oso; osada y atrevidamente, soltando el pájaro que llevaba echó mano de su espada y embrazó el pavés, cerró con el oso dándole una estocada por los pechos o hijadas, más no bastó en quitar al oso que no se abrazase con el rey, y le hiriese hasta matarle sin tener quien le ayudase. En el lugar donde los suyos le hallaron muerto está hoy una cruz."
Ese lugar está en la aldea de Llueves, cerca de Cangas de Onís. Allí una piedra recuerda el supuesto suceso. Lleva una inscripción escueta pero elocuente: “Un oso mató aquí al rey Favila”.  
                         Piedra conmemorativa en el lugar de la muerte.

FUENTE: Michael Neudecker.
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