9 de enero de 2014

La epidemia del Colera diezmó pueblos y regiones enteras en Asturias

 Todo investigador centrado en la historia de Asturias, así como, en general, cualquiera que investigue Europa en el siglo XIX, habrá conocido no pocos casos de muertes por cólera. La epidemia diezmó pueblos y regiones enteras por oleadas de infección. Hace unos años fue publicada la obra de José María Moro Las epidemias de cólera en la Asturias del siglo XIX, que puede sernos de muchísima ayuda a la hora de profundizar más en la historia de la enfermedad en el territorio asturiano.  Sirva esta entrada como pequeña introducción para orientarnos un poco.

Cólera: cómo se manifiesta y transmite.

La enfermedad de cólera se manifestaba, en un primer momento, de forma brusca e inesperada, con fuertes diarreas acuosas (que reciben el nombre, por su forma, de agua de arroz) con olor fétido y gran dolor abdominal. Aparecían también vómitos y entumecimiento de piernas, produciéndose la muerte no por la enfermedad en sí, sino por la deshidratación que el enfermo padece al cabo de pocos días después de enfermar y que, si no era tratada convenientemente, tenía un final fatal. 
No se transmitía, tal cual, de una persona a otra. La bacteria que la causa, Vibrio cholerae, entra en el cuerpo por la ingestión de agua o alimentos contaminados, y también por el contacto con las heces infectadas del  enfermo de cólera. Es fácil entender, así, que la elevada insalubridad existente en el siglo XIX ayudase a propagar el cólera. Así lo apreciaron las autoridades de la época, que alertaron, por ejemplo, de las escasísimas condiciones higiénicas en el matadero de Gijón. Aún en 1875, Julio Somoza apuntaba a que allí, de seiscientas vacas que se mataban, doscientas estaban tísicas.
También ayudó a su propragación el hambre, siendo la epidemia más mortífera, en 1854, la que coincidió con la hambruna generalizada que se había producido a partir de las malas cosechas de 1853 en Asturias. Las intensas lluvias que tuvieron lugar aquel verano impidieron la plantación de maíz, principal sustento de la población; y el alza de precios de los alimentos básicos en los meses siguientes llevó al hambre y a la miseria a las clases más bajas.

Las oleadas del cólera en Asturias.

  • Primera epidemia: 1834. El cólera, presente en el subcontinente indio desde hacía siglos,  comenzó a ser una amenaza para Europa en 1817 cuando, a través de las rutas comerciales , penetró en Rusia. A partir de entonces se temió la aparición de la enfermedad en Europa, algo que ocurriría en los años 30. De 1830 a 1834 Asturias estuvo preparándose intensivamente para la llegada de la epidemia, elaborando ordenanzas higiénicas no siempre cumplidas a la perfección a pesar del terror que producía la inminencia de la epidemia. Toda precaución fue poca cuando la enfermedad penetró en Asturias en 1834. Noreña fue el primer territorio afectado, habiéndose registrado el cólera el día 19 de agosto.  A pesar de las medidas de precaución y el relativo cerco impuesto a los noreñenses para evitar la transmisión de la enfermedad, ésta llegó el 17 de septiembre a Oviedo. En definitiva, el cólera de 1834 produjo miles de muertos de agosto a noviembre, mes en el que parece empezar a remitir.
  • Segunda epidemia: 1854. En noviembre de 1854 el cólera volvió a penetrar en Asturias por varios focos, entre ellos, Teverga. Ese mismo mes murió el primer colérico en Oviedo, concretamente en la parroquia de San Julián de los Prados. A pesar de que la enfermedad pareció remitir en enero de 1855, en marzo hizo su reaparición en Figueras y Castropol. Llanes, Gijón, Cudillero y Avilés serán otros focos epidémicos más, si bien toda Asturias se vio afectada muy virulentamente.  En estos dos primeros envites fallecieron miles de personas, convirtiéndose este azote de cólera en el peor que jamás conoció Asturias, ayudado muy probablemente -como indica José María Moro- por una crisis agraria generalizada en toda la provincia que había extendido la pobreza y el hambre por todos sus habitantes. Aún volvió a aparecer el cólera en 1856, si bien de forma tímida y casi anecdótica. Fue el último coletazo de esta epidemia.
  • Tercera epidemia: 1865. El aviso de haber llegado el cólera a Madrid y al puerto de Valencia puso en situación de alerta a las autoridades asturianas, que prohibieron el comercio de trapos por medio de los cuales se creía viajaba el cólera, ordenaron inspecciones en todas las casas y una mayor limpieza de las calles. La desesperación ante la inminencia de la epidemia debió ser tremenda: los vecinos de Somió, en Gijón, llegaron a solicitar un aumento del terreno del cementerio puesto que, decían, sería necesario cuando llegase el cólera. Finalmente, este apareció en el mes de septiembre y perduraría hasta diciembre, si bien con una intensidad mucho menor que las veces anteriores.
  • Cuarta epidemia: 1885. Tuvo lugar en los últimos meses del año y su duración fue escasísima. El cólera no volvería a aparecer en Asturias, aunque su relevo lo tomó la difteria, de la que hablaremos otro día.

Estudiando el cólera en genealogía.

A la hora de aproximarnos al estudio de las epidemias de cólera en base a las fuentes tradicionales de la genealogía, o indagar acerca de la incidencia del mismo en nuestra historia familiar, habremos de tener en cuenta que los registros parroquiales no siempre son fiables. Aún cuando ya nos movemos en una época en la que la causa de la muerte consta en las partidas de defunción, es probable que una muerte por cólera no sea inscrita como tal, bien por desconocimiento del párroco y las autoridades sanitarias de la parroquia, bien porque el elevado número de muertes que se estaban sucediendo en aquellos días impidiesen una gran concreción. Así mismo, la presencia de la epidemia en una parroquia puede hacer que bailen las fechas de defunción, que no se sepa exactamente el día en el que se ha producido el óbito o que incluso llegue a no inscribirse el mismo. Prueba de ello lo tenemos en la “disculpa” que escribe el párroco de Santa María de la Corte (Oviedo) en 1854:
No podrán extenderse con exactitud y orden de fechas las partidas de defunción que ocasione este azote, porque la confusión que causa en las familias no permite a éstas presentarse a dar las noticias debidas.
Otras muchas veces, y especialmente en la primera epidemia, una muerte por cólera no será catalogada como tal, sino por alguna causa que por ser coincidente con alguno de los síntomas de la enfermedad (por ejemplo, diarrea o vómito) y por repetirse muchas veces en las mismas fechas en las que sabemos ocurrió alguno de los brotes podremos interpretar como cólera. Podemos refutar este dato consultando los libros de difuntos de las parroquias cercanas y comprobando si en esos mismos días están inscribiéndose defunciones por estos mismos síntomas tan concretos o por cólera.
 FUENTE:  http://antoxana.amargolles.net
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