5 de noviembre de 2013

Gaspar Melchor Baltasar María "Jovellanos", uno de los asturianos más ilustres que han existido -II

Lady Holland: retrato íntimo del Jovellanos anciano.

 
Gaspar Melchor de Jovellanos.

El diario de la aristócrata, esposa de su gran amigo inglés, muestra al ilustrado asturiano como una persona de carácter bondadoso y sosegado, que sobrellevó con gran dignidad la persecución a la que lo sometió Godoy.

http://www.lne.es

 Jovellanos pintado por Antonio Carnicero. http://jovellana.blogspot.com.es.
 
«Es muy de destacar el carácter bondadoso e imparcial de Jovellanos, habida cuenta de tanto como ha padecido. Hay en él tal mezcla de dignidad y delicadeza, que sentir hacia su persona la más fuerte inclinación al afecto y la admiración es algo imposible de evitar. Contempla el afanoso escenario en que se ha visto precipitado con tranquilidad filosófica y, si viera el éxito de la causa que ha abrazado, gozará de la victoria sin exaltación triunfal; y si fracasa, está preparado para caer sin desaliento o sin hundirse en una abyecta desesperación».


Las frases están entresacadas del Diario Español de Elisabeth Holland, la esposa de Lord Holland, el gran amigo inglés de Jovellanos. Las rescató el catedrático de Filología Inglesa de la Universidad de Oviedo, y catedrático visitante honorífico de la Universidad de Hull (Reino Unido), Agustín Coletes, en la que fue la excelente conferencia inaugural del nuevo curso en el Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA).
La amistad, corta pero intensa, del escritor y político gijonés y la dama de la alta sociedad inglesa forma parte de esa apasionante intrahistoria con la Guerra de la Independencia como telón de fondo y los avatares biográficos del propio Jovellanos.
Ambos tienen referencias comunes desde mucho antes de que se conocieran físicamente, en 1808. De hecho cuando el matrimonio Holland viene a España por vez primera y se pasa tres años recorriendo buena parte del país, entre 1802 y 1805, Jovellanos está preso en Mallorca y no pueden verlo. En su diario, Elisabeth Holland lamenta el «odio y el rencor» de Manuel Godoy, el hombre que tenía al país en un puño, hacia Jovellanos, y describe las condiciones en las que el gijonés vive en prisión: «Jovellanos ocupa una estancia amplia pero con una sola ventana y en cuyo interior monta guardia un centinela; en la puerta también hay otro. Autorizan al criado a atenderle a ciertas horas, pero nunca sin que esté delante un sargento o un cabo. Se le ha privado del uso de la pluma y tinta, y no tiene otros libros que los que le pasa el alcaide. El único aire fresco de que disfruta es el que le entra por la ventana, que está enrejada, y el único ejercicio que está a su alcance es el que le permiten las medidas de su aposento. Tiene 52 años de edad. Acostumbrado a la vida dinámica, el cambio a otra tan sedentaria le ha afectado a la salud; se le empiezan a hinchar las piernas, y tras pasarse tres meses pidiendo un médico, por fin se le ha concedido. El galeno, en su informe, prescribió aire fresco y baños de mar. Tras hacerle esperar muchísimo por la respuesta, se le autorizó a ello; a condición, sin embargo, de que sólo se le puede llevar a la playa acompañado por el alcaide, el médico y el capitán de guardia, y escoltado por veinte dragones».
La propia Lady Holland concluye: «Jovellanos rechazó tal permiso, considerando que no valía la pena preocupar a tanta gente por la vida de un anciano. El único favor que pide es que le permitan retirarse a su villa natal en Asturias, de donde se compromete a no moverse sin permiso. Le han rechazado de plano la petición».
Cuando Jovellanos y Elisabeth Holland se conocen, él cuenta con 64 años y ella con 37. Los Holland y Jovellanos coinciden unos cinco meses en la misma ciudad, Sevilla, donde en diciembre de 1808 se había instalado la patriótica Junta Central. Hacía apenas siete meses que Jovellanos había recuperado la libertad. Jovellanos les sirve de cicerone y les lleva a visitar monumentos, los Reales Alcázares, la catedral o las ruinas de Itálica.
Apunta Agustín Coletes en su conferencia: «A veces, sin embargo, su estado de salud le impide moverse de casa: sufre de inflamaciones en las piernas, seguramente una secuela de su reclusión en Mallorca. En estas ocasiones (hasta cinco menciona Elisabeth en su diario) el gijonés recibe la visita de la pareja y les invita a cenar. Pero siempre que su salud se lo permite es él quien acepta la invitación de los Holland para pasar la tarde o cenar en el domicilio sevillano del matrimonio: hasta en 14 entradas del diario se producen referencias de este tipo, por las que a su vez conocemos quiénes eran los más habituales en la tertulia o en torno a la mesa: la duquesa de Osuna, la marquesa de Santa Cruz, el historiador Antonio Capmany, el secretario de la Junta Central Martín de Garay, el poeta Manuel José Quintana, el abogado Pascual Ródenas, el diplomático Bartholomew Frere o los militares Francisco Javier Ferraz y el propio conde de Camposagrado, entre otros».
Elisabeth Holland pinta a Jovellanos como una persona «amable y sociable», «muy trabajador», siempre con opinión propia, que no duda en criticar lo que no le gusta, entregada en cuerpo y alma a su labor en la Junta Central y que lucha por mantenerse en un punto medio entre revolucionarios y absolutistas. A los Holland, Jovellanos les llega a hacer partícipes de su descontento con sus compañeros de la Junta y les dice que «por decoro» acabará abandonando. Unos meses más tarde cumplió su palabra.
Lady Holland tiene tras de sí una biografía apasionante. Había nacido en Londres en 1771, rica heredera condenada a un matrimonio precoz. «A los 16 años estaba casada con un aristócrata veinte años mayor que ella, y pocos años más tarde se había convertido en madre de tres hijos», explica el profesor Coletes en su estudio. Y lo que parecía el principio de una existencia cómoda pero gris salta en pedazos gracias al amor.
En 1794, con apenas 23 años, conoce a Henry Richard Vassall-Fox, Lord Holland, y rompe con todo. Se divorcia y tiene un hijo con su nueva pareja, un terremoto en la alta sociedad inglesa de la época. Vivirán juntos y muy unidos hasta la muerte de Henry en 1840. Juntos recorren España en los dos viajes antes citados de los que sale el «Spanish Diary», que es editado, por supuesto en inglés, en 1908, más de 60 años después de la muerte de la aristócrata.
Elisabeth Holland escribió muchos más diarios. Era una interesante mujer «con identidad intelectual y personal propia», según la define Agustín Coletes. Que llega a convertir Holland House, su mansión de Londres, «en el centro neurálgico, social y cultural de la élite londinense» y punto de acogida de exiliados españoles e italianos.
Los diarios españoles de Lady Holland tienen una importancia capital para entender la situación política y social de la España de la época, pero también para adentrarse en la trastienda histórica. Cuando el matrimonio llega a España en 1802 (entran por Barcelona, recorren el Mediterráneo y visitan varias provincias andaluzas antes de llegar a Madrid donde pasan más de un año), se interesa por la situación del Jovellanos cautivo. A los Holland no les cabe en la cabeza que la mente más lúcida del país esté en prisión (está claro que no conocían bien España ni a los españoles).
El profesor Coletes señala que «Lord Holland intenta por variopintos métodos poner remedio a la situación». Holland se pone en contacto con el almirante Nelson (poco antes de Trafalgar, donde el marino encontraría la muerte), pero Nelson le niega la ayuda. Holland conocía a Godoy y trata de llegar hasta él para interceder, pero no lo consigue. Elisabeth lo intenta con el embajador de Francia en Madrid. Nulo resultado.
Hay un curioso pasaje en los diarios en el que Elisabeth Holland escribe la sugerencia de dos personajes a los que identifica con mucho secreto como «Madame M» y «C» (Agustín Coletes tiene claro que se trata de la Condesa de Montijo y del financiero Francisco Cabarrús). Ambos sugieren al matrimonio que «supervise» determinados negocios turbios de la familia Godoy en Londres. Con esa información cualquier petición de libertad para Jovellanos podría encontrar mucho más eco. Pero ni con ésas.


Retrato de Lady Holland, cuyo diario personal refleja la vertiente íntima de Jovellanos.

FUENTE:  La Nueva España » Asturama
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Jovellanos, en el centro del poder.
Se cumplieron 205 años de la designación de Jovellanos y el Marqués de Camposagrado como representantes de Asturias en la Junta Central, el órgano que asumió el poder unificado contra los franceses.    
 Jovellanos en uno de los famosos óleos de Goya, pintado en 1780 ( Museo Bellas Artes -Oviedo)


El 1 de septiembre de 1808 la Junta General del Principado de Asturias, entonces 'Suprema' (soberana), eligió a Gaspar Melchor de Jovellanos y al marqués de Camposagrado como sus representantes en la Junta que debía asumir el poder unificado de las provincias levantadas contra la invasión napoleónica. Son tantas las decisiones trascendentales que adopta la Junta asturiana en 1808 que resulta difícil señalar una como la más relevante, pero, sin duda, ésta va a influir de manera decisiva en la historia de España. No se trata de atribuirle en exclusiva a una sola persona, aunque tuviera la talla intelectual del ilustrado gijonés, la paternidad de la decisión que dio un giro a la evolución política del bando patriota y abrió el camino a la revolución liberal española, la convocatoria de Cortes realizada por la Central en 1809, pero las cosas se hubieran desarrollado de forma muy diferente si no hubiera formado parte de ella.

Jovellanos era en 1808 una figura respetada y admirada, no sólo como prototipo de la ilustración, sino por su integridad y porque se había convertido en un símbolo de la arbitrariedad del despotismo de Godoy. Que era popular lo demuestra el entusiasmo que despierta a su paso por Aragón, camino de Jadraque. El interés de José I por incorporarlo a su gabinete prueba el papel que unos y otros le concedían en la construcción la nueva España que debería nacer de la crisis.

Paralelamente, numerosos escritos, tanto de Juntas como de particulares, reclaman desde principios de junio su incorporación al gobierno que debe crearse para dirigir la España patriota. Pronto se convirtió en la principal figura política de la Central, sobre todo tras el fallecimiento del anciano, y entonces muy conservador, conde de Floridablanca. A pesar de ello, sus opiniones sobre la organización del nuevo poder fueron rechazadas inicialmente y no le resultó fácil sacar adelante la convocatoria de Cortes, pero su prestigio y su inteligencia acabarían permitiéndole resolver positivamente el 'grand affaire', así se refería a él en su correspondencia con lord Holland. 
Podría pensarse que, gracias a ese prestigio, su elección como diputado de Asturias en el nuevo gobierno central debió resultar fácil, pero nada más alejado de la realidad. También entonces, como había sucedido con creación del instituto y otras iniciativas anteriores del ilustrado, las ambiciones personales y las intrigas se interpusieron en su camino. La Junta General había elegido en agosto a cuatro representantes que deberían formar parte de un órgano - denominado inicialmente Cortes- que coordinaría a Galicia, Castilla, León y Asturias.
Efectivamente llegó a constituirse una efímera Junta de los tres reinos de Galicia, León y Castilla, pero Asturias abandonó el proyecto tras la retirada de los franceses de la mayor parte de la península, que abrió el camino para la creación de una Junta Central. Al menos uno de los designados -Ignacio Flórez- quería que su elección siguiese siendo válida para el nuevo organismo y, junto a otros procuradores, no deseaba una nueva votación que permitiese la de Jovellanos. Parece que ésta fue una de las razones que indujeron a Álvaro Flórez Estrada a promover una renovación de la Junta y de los poderes de los procuradores, que no habían sido emitidos para un órgano de gobierno convertido en soberano.

A Flórez Estrada, Procurador General del Principado, cabeza de la tendencia más abiertamente liberal y reformista de la Junta, debemos la elección de Jovellanos para formar parte de la nueva Junta Central. La Junta renovada -a la que ya no pertenecerían ni Ignacio Flórez, ni Gregorio Jove, su principal valedor- adoptó este acuerdo en su primera reunión, celebrada el 1 de septiembre de 1808. Por cierto, lo primero que hizo D. Gaspar cuando recibió el poder que, con fecha de 3 de septiembre, le había expedido la Junta General fue renunciar a las dietas que le correspondían.
Jovellanos asumía así, con 64 años, la que probablemente fue su mayor responsabilidad política. No pretendo restar importancia a su breve paso por el Ministerio de Justicia, pero ahora formará parte del órgano que desempeñará tanto las funciones legislativas como la dirección del poder ejecutivo en un momento crucial de la historia de España.

Muy pronto planteó en la Junta Central la necesidad de convocar Cortes. La propuesta, que expuso detalladamente en el 'Dictamen sobre la institución del nuevo gobierno', de 7 de octubre de 1808, llevaba aparejada la creación de un Consejo de Regencia en el que residiría el poder ejecutivo, por ello su posición ha sido en ocasiones asimilada, erróneamente, a la de quienes, desde una perspectiva conservadora, querían el restablecimiento del sistema institucional del Antiguo Régimen.

Para Jovellanos la designación del Consejo, que se instalaría el 1 de enero siguiente, debía ser simultánea a la convocatoria de Cortes para 1810. Su mandato finalizaría cuando se constituyese el parlamento. Si se consideraba necesario, para limitar la tentación de que la Regencia se convirtiese en un poder autoritario, podría renovarse anualmente, de forma total o parcial. Paralelamente, se establecerían cinco o seis ministerios (los entonces existentes más uno para ultramar).

La creación del Consejo de Regencia no supondría la disolución de la Junta Central, sino su reducción, ya que quedaría integrada por un diputado de cada Junta y se convertiría en una Junta Central de correspondencia, que coordinaría a las provinciales, controlaría a la Regencia y prepararía la reunión de las Cortes de forma muy similar a como realmente lo haría la Central en 1809. Entre las tareas de las Cortes se encontraba la reforma de la constitución. Jovellanos defenderá en 1808 lo mismo que en 1809 o en 1811, que era necesario convocar unas Cortes que ejerciesen el poder legislativo, dejando el ejecutivo a la Regencia, y que realizasen las reformas necesarias, actualizando una constitución histórica que, desde su punto de vista, existía, pero no se aplicaba totalmente y necesitaba cambios que la adaptasen a las necesidades de la España de comienzos el siglo XIX. Esa 'reforma constitucional' no sólo suponía revitalizar unas Cortes relegadas por el absolutismo a un papel casi decorativo, sino convertirlas en un parlamento bicameral al estilo británico.

Su propuesta fue rechazada, pero en noviembre le plantearía a lord Holland cuales eran sus objetivos y las dificultades con que se encontraban: «Y viniendo ahora a las esperanzas y deseos de V.E. acerca de la reforma de nuestra Constitución, y que son enteramente unívocos con los míos, yo no sé todavía lo que en esto se puede pronosticar. No hay un español dentro ni fuera de nosotros que no los tenga o forme; pero me temo que la diferencia en los medios de caminar a tan santo fin pueda frustrar su logro. En la misma Constitución tenemos señalado el camino, con sólo reunir las Cortes, preparando antes los planes de reforma que debieran sancionar; pero esta reunión no agrada a algunos, que no quisieran restituir a ellas la autoridad que disfrutan».

Apoyándose en los jóvenes más liberales de la Central, aunque moderando su propuesta, logró sacar a delante el decreto de convocatoria de Cortes el 22 de mayo de 1809. Posteriormente se creó una comisión para prepararlas, se puso en marcha la llamada 'consulta al país' y se crearon una serie de juntas para planear la labor legislativa, en ellas estarían futuros diputados de las Cortes de Cádiz, como Agustín Argüelles, que utilizarían sus trabajos en su nueva tarea de legisladores.

La gestión de la Junta Central, que se desarrolló en una situación muy difícil, fue contradictoria y discutida, pero en su haber queda, sin duda, la decisión de convocar Cortes. De justicia es que la recordemos hoy que conmemoramos la elección por la Junta General del Principado de Asturias de quien fue su principal promotor. Desde luego, la labor de Jovellanos en la Junta Central fue mucho más amplia y su pensamiento está presente en varios de sus textos legislativos. No es este el momento de extendernos sobre ella, pero quizá sea conveniente mencionar su defensa de la Junta General del Principado cuando fue suprimida por el marqués de la Romana el 2 de mayo de 1809, muy coherente con sus ideas sobre la constitución histórica.
 Jovellanos con la toga ( Ana María Teresa Mengs- 1778-1780) http://jovellana.blogspot.com.es
 
 Jovellanos: pintado por Suárez Llanos en 1864 (Museo Casa Natal -Gijón) http://jovellana.blogspot.com.es
FUENTE:  FRANCISCO CARANTOÑA ÁLVAREZ.
 Mausoleo de Jovellanos, Gijón. http://manuelblastres.blogspot.com.es

La Capilla de los Remedios, donde reposan, desde 1938 (antes estuvieron en la iglesia parroquial de San Pedro), los huesos de Jovellanos, en un sepulcro mausoleo diseñado por el arquitecto gijonés, protegido de Jovellanos, don Juan Miguel Inclán Valdés (1774-1853) y que lleva un preciso epitafio redactado nada menos que por Quintana y Nicasio Gallego y que dice así:  

“AQUÍ YACE EL EXCMO. SR. D. GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS, MAGISTRADO, MINISTRO, PADRE DE LA PATRIA, NO MENOS RESPETABLE POR LAS VIRTUDES QUE ADORABLE POR SUS TALENTOS; URBANO, RECTO, ÍNTEGRO, CELOSO PROMOVEDOR DE LA CULTURA Y DE TODO ADELANTAMIENTO EN SU PAIS: LITERATO, ORADOR, POETA, JURISCONSULTO, FILOSOFO, ECONOMISTA; DISTINGUIDO EN TODOS LOS GENEROS, EN MUCHOS EMINENTE: HONRA PRINCIPAL DE ESPAÑA MIENTRAS VIVIO Y ETERNA GLORIA DE SU PROVINCIA Y DE SU FAMILIA QUE CONSAGRA A SU ESCLARECIDA MEMORIA ESTE HUMILDE MONUMENTO.


FUENTE:  Manuel Martínez Bargueño.
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 http://jovellana.blogspot.com.es
 El centenario de la muerte de Jovellanos tuvo lugar en 1911, y «El Noroeste» del martes 28 de noviembre de aquel año lo publicó en primera página, a dos columnas: «Con gran solemnidad y brillantez se celebraron a las diez de la mañana de ayer, en la iglesia parroquial de San Pedro, las anunciadas honras fúnebres por el alma del inmortal Jovellanos (...) Fue también espléndidamente adornada la lápida que cubre el sepulcro donde se encierran las cenizas del preclaro autor de "La ley agraria". Cubríala un dosel negro, en el fondo del cual figuraba la corona que con motivo de las fiestas del Centenario dedicó a Jovellanos el Casino Español de La Habana». 
Centenario de la muerte de Jovellanos. En esta  fotografía  de 1911 donde pueden verse adornos conmemorativos del mismo. http://jovellana.blogspot.com.es.
 1911. Centenario Jovellanista.
Plaza 6 de agosto de Gijón dias antes de la inuguración de la estatua a Jovellanos  (hacia 1910) http://gijonenelrecuerdo.elcomercio.es

http://gijonenelrecuerdo.elcomercio.es
Singular esplendor revistió la celebración del primer centenario de la muerte del insigne patricio, ocurrida en Puerto de Vega, en noviembre de 1811. En 1909 se habia lanzado la idea de organizar, con tal motivo, para 1911, una exposición que pudiera tener alcance regional o nacional pero la idea del homenaje recibió, posteriormente, formas diversas, El Director del Instituto, don Miguel Adellac, propuso un amplio programa de solemnidades; el Rector de la Universidad indicó la necesidad de hacer una edición de las obras del polígrafo, y el Ayuntamiento de Gijón acordó hacer gestiones para adquirir el célebre retrato pintado por Goya, en Jadraque, en 1808, a raiz de la liberación del gran Gijonés, de las prisiones de Mallorca. Ideas estas dos últimas que no llegaron a prosperar.
Finalmente, las fiestas del Centenario tuvieron gran resonancia y caracter académico, popular e internacional, principalmente en Hispanoamerica, de donde vinieron a Gijón brillantes representaciones, sobre todo de Cuba. Representando al Jefe del Estado Español, presidieron las solemnidades los Infantes don Carlos de Borbón y doña Luisa de Orleans, asistiendo a un brillante acto académico celebrado en el Instituto, donde se pronunciaron importantes discursos, resumidos por el Ministro don Amalio Gimeno, que ostentaba la representación del Gobierno.
Tuvo singular realce, en estas celebraciones, el Ateneo Obrero de Gijón. Por su tribuna pasaron figuras importantes de la literatura y de la política nacionales, como don Gumersindo de Azcárate, el obispo de Plasencia don Francisco Jarrín, antiguo catedrático del Instituto, don Edmundo Gonzalez Blanco, y el rector de la Universidad de Oviedo, don Fermín Canella, que cerró el cursillo, a través de cuyas lecciones resaltaron las múltiples facetas de la personalidad de Jovellanos. 
El ayuntamiento Gijonés, la Diputación provincial. los alcaldes de numerosas poblaciones Asturianas, la delegación en Gijón del Centro Asturiano de la Habanapresidida por el exalcalde don Donato Arguelles, que llevó la dirección de las fiestas; el casino de Gijón, la Sociedad La Chistera, el Circulo Mercantil, Cámara de Comercio, sociedades católicas, agrupaciones obreras, alumnos de los centros docentes y de las escuelas, etc, tuvieron participación eficaz y directa en estas manifestaciones de cultura, que hubieron de prolongarse en Puerto de Vega, a donde fueron, en el vapor Donostya, numerosos Gijoneses a inaugurar un monumento consagrado a la memória del sabio Gijonés.
Estos actos del Centenario Jovellanista, celebrados a lo largo del verano de 1911, y que dejamos someramente resumidos, han señalado una época en la historia cultural de la Villa de Jovellanos.
     Gijón, Plaza 6 de agosto (hacia1910) http://gijonenelrecuerdo.elcomercio.es
 
FUENTE: JOAQUIN ALONSO BONET. Biografía de la villa y puerto de gijón.

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