17 de noviembre de 2013

18 de julio de 1860, un eclipse de sol histórico, visto desde la Asturias del siglo XIX.

No ha de sorprender la expectación que despertó el acontecimiento. 

 
Geometría de un eclipse total de sol. http://es.wikipedia.org
Llegaron científicos franceses, ingleses, rusos portugueses, italianos... Pero también hubo interés en otros sectores de la población.

http://www.elcomercio.es
Hace justo un siglo y medio, el 18 de julio de 1860, se produjo un fenómeno astronómico que los científicos de todo el mundo aguardaban con impaciencia.  En aquella ocasión, sin embargo, uno de los lugares privilegiados para su observación fue Asturias, donde las condiciones climáticas, además, resultaron idóneas.
En el siglo XIX, eso de que disminuya la luz en pleno día por la interposición de la Luna entre el Sol y la Tierra, aun generaba inquietud entre quienes no poseían los conocimientos adecuados para entender que no había nada que temer. Otros muchos, por el contrario, lo disfrutaban emocionados; singularmente quienes profesaban ideas liberales y racionalistas, que gozaban de un espectáculo que la naturaleza brinda muy de vez en cuando y, encima, se jactaban de los avances científico-tecnológicos que tanto recelo despertaban en los sectores dogmáticos y en una Iglesia que no se reconcilió con Galileo hasta bien entrado el siglo XX. Hacía mucho tiempo que los eclipses podían anticiparse gracias a los conocimientos astronómicos, pero el ochocientos fue distinto. Esa centuria trajo consigo la fotografía, que permitió inmortalizarlos por vez primera, y el desarrollo de la prensa, que informó de todo lo que había que saber del fenómeno antes y después.
Meses antes de suceso, se ordenó que los rectores de las universidades, incluida la de Oviedo, se pusieran a disposición de las expediciones científicas que iban a llegar del extranjero. Pronto se agotó la numerosa tirada del 'Anuario' que publicó en diciembre de 1859 el Observatorio de Madrid, y el ministro de Fomento dispuso que publicara otra instrucción. Esa memoria detallaba la progresión del eclipse, señalando que después del mediodía atravesaría la Península, en poco más de diez minutos, «desde la costa Cantábrica, al O. de Santander, a la Mediterránea, cerca de Oropesa». También informaba de la hora de su comienzo en Oviedo (1:19), Gijón (1:20) y Potes (1:27). De hecho, se precisaba que el espectáculo sería magnífico en zonas montañosas como los Picos de Europa. El insigne geógrafo Francisco Coello elaboró un mapa de España en el que una franja sombreada ilustraba el recorrido del eclipse, que comprendía toda Asturias menos el extremo situado al oeste de una diagonal que iba desde Luarca al puerto de Pajares.
El Observatorio advirtió de la trascendencia del hecho: «España es el único país de Europa desde donde podrá contemplarse el eclipse en toda su plenitud, y en lo que resta de siglo no volverá a ocurrir un fenómeno de la misma especie en circunstancias tan favorables como ahora». No ha de sorprender, pues, la expectación que despertó el acontecimiento. Llegaron científicos franceses, ingleses, rusos, portugueses, italianos. Pero también hubo gran interés en otros sectores de la población. Ya en verano, decían los periódicos: «no se habla en España y fuera de ella de otra cosa». Hija de las circunstancias, incluso funcionó una tienda «del Eclipse» en la madrileña calle de Carretas. Así que el día 18 infinidad de curiosos se dispusieron a observar el firmamento, para desgracia de sus retinas, y hubo quienes organizaron excursiones astronómicas al campo.
Algunos contemporáneos dejaron por escrito las impresiones que les causó la contemplación de aquel hecho. Pedro Antonio de Alarcón, por ejemplo, le otorgó al momento «dimensiones homéricas» y en su obra 'Viajes por España' sentenció ufano: «Doy fe de haberlo visto con mis propios ojos». El Observatorio había recomendado que se anotaran tales impresiones, «fueren razonables o a primera vista disparatadas», y lo mismo otras secuelas, como las reacciones de los animales. En relación con Asturias disponemos de un testimonio excepcional, completamente olvidado, que se habría perdido de no insertarse en el periódico 'La Discusión' el 2 de agosto. Se trata de una carta escrita por el ilustre ovetense José González Alegre, conspicuo republicano e hijo del ex diputado progresista de igual nombre.
Cuenta el entonces joven doctorando que el 18 de julio, hacia las diez de la mañana, salió de Oviedo con «varios amigos» y se dirigieron hacia «la pintoresca montaña de Naranco». Los caminantes disfrutaron del paisaje, admiraron el románico de San Miguel de Lillo, descansaron «al pie de un robusto roble», pasaron junto a la casa que llamaban «del Renegado» y finalmente llegaron «a la cumbre», donde fueron recibidos por otros paisanos que habían acudido con idéntico objetivo. La descripción del trayecto rezuma bucolismo: «la vista se recrea, ora con una cascada que enseñorea sus espumosas aguas, ora con un grupo de árboles que cruzan sus ramas, y en cuyas copas entonan pláticas de amor pintados jilguerillos; aquí con un plateado arroyo que se desliza suavemente por la pradera, sirviendo de espejo a las flores que la matizan; allí con una choza cubierta de verde enramada, y a cuya puerta juguetean los inocentes niños».
Ya en su destino, contemplaron que el «panorama seductor» se extendía hasta el mar, divisándose a lo lejos «el puerto de Gijón, en el que, a merced de un anteojo, se veían penetrar algunos buques, que a tal distancia parecían blancas gaviotas». Entonces prepararon «los sencillos instrumentos» para contemplar el espectáculo. Y llegó el momento decisivo: «comenzamos a observar, con el auxilio de cristales y anteojos ahumados, que un punto negro se ponía entre el sol y nuestra vista». Reinó el silencio, todos permanecieron absortos, el nerviosismo era general: «la mancha fue creciendo; nuestra ansiedad en aumento. Media hora después notamos que el cielo se oscurecía por momentos, especialmente hacia el Norte, que la campiña presentaba un aspecto triste, como en uno de esos días de invierno». Y cundió la inquietud entre los animales: «las golondrinas huían y los pájaros pasaban a ocultarse entre los árboles y zarzas; los ganados se agrupaban»
En su crónica de la jornada, Alegre deslizó rotundas loas cientifistas en las que ponderaba los triunfos de la razón: «Todo lo que los sabios astrónomos anunciaron se estaba realizando, hasta en sus menores detalles. El eclipse total es una verdad innegable, positiva». Y fustigó a sus detractores por entorpecer el progreso del conocimiento y alimentar la superstición: «¡Qué dirían entonces los escépticos, esos espíritus débiles, esos hijos de la noche, que tienen a gala dudar de todo! ¿Aún serán osados a negar las verdades de la ciencia; aún continuarán burlándose de las observaciones hechas por los hombres consagrados a ellas? ¿Qué pensarán los impostores, los fanáticos, los ignorantes? ¿Presagiarán con esto alguna plaga, alguna guerra, algún acontecimiento extraño?».
El efusivo balance de González Alegre -«¡qué día tan feliz, qué impresión tan placentera, qué momentos tan agradables!»- testimonia que había presenciado «un suceso extraordinario». Y algunos pasajes de su carta manifiestan que, en un país que no tardaría en estallar al grito de «¡Viva España con honra! ¡Abajo los Borbones!», esa experiencia astronómica no dejaba de tener una lectura política. Algo evidente cuando afirma: «La libertad es un don que estamos muy lejos de saber apreciar».

Cuando la Luna nueva se encuentra más próxima a la Tierra (perigeo, izquierda), la umbra alcanza la superficie de ésta y un observador en A verá un eclipse total. Si la Luna nueva está más lejos (apogeo, derecha) la umbra no llega a la Tierra, y un observador en B, en la antumbra, verá un eclipse anular. Los observadores en C, en la penumbra, apreciarán eclipses parciales. http://es.wikipedia.org

FUENTE: SERGIO SÁNCHEZ COLLANTES /INVESTIGADOR EN EL DEPARTAMENTO DE HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO.

 Animación del pasado eclipse de sol, del 3 de noviembre de 2013. http://es.wikipedia.org
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 Eclipses de Sol y Luna.


http://www.astromia.com
Un eclipse solar consiste en el oscurecimiento total o parcial del Sol que se observa desde un planeta por el paso de un satélite, como por ejemplo el paso de la Luna entre el Sol y la Tierra. Un eclipse de Sol sólo es visible en una estrecha franja de la superficie de la Tierra. Cuando la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, proyecta sombra en una determinada parte de la superficie terrestre, y un determinado punto de la Tierra puede estar inmerso en el cono de sombra o en el cono de penumbra.
Aquellos que se encuentren en la zona en la cual se proyecta el cono de sombra verán el disco de la Luna superponerse íntegramente al del Sol, y en este caso se tendrá un eclipse solar total. Quienes se encuentren en una zona interceptada por el cono de penumbra, verán el disco de la Luna superponerse sólo en parte al del Sol, y se tiene un eclipse solar parcial.
Se da también un tercer caso, cuando la Luna nueva se encuentra en el nodo a una distancia mayor con respecto a la media, entonces su diámetro aparente es más pequeño con respecto al habitual y su disco no alcanza a cubrir exactamente el del Sol. En estas circunstancias, sobre una cierta franja de la Tierra incide no el cono de sombra sino su prolongación, y se tiene un eclipse solar anular, pues alrededor del disco lunar queda visible un anillo luminoso.
Según se produzca una de estas situaciones en los eclipses, se habla de zonas de totalidad, de parcialidad o de anularidad, haciendo referencia con ello al tipo de eclipse que se puede observar desde cualquier punto de la superficie terrestre. A causa del movimiento de la Luna alrededor de la Tierra y del movimiento de la Tierra alrededor de sí misma, la sombra de la Luna sobre la superficie terrestre se mueve a unos 15 km/s. La fase de totalidad para un determinado punto geográfico no supera por tanto los ocho minutos. Esta zona puede tener anchura y longitud máxima de 200 y 15.000 km respectivamente.
Un eclipse lunar consiste en el paso de un satélite planetario, como la Luna, por la sombra proyectada por el planeta, de forma que la iluminación directa del satélite por parte del Sol se interrumpe. Tienen lugar únicamente cerca de la fase de luna llena, y pueden ser observados desde amplias zonas de la superficie terrestre, particularmente de todo el hemisferio que no es iluminado por el Sol, siempre que la Luna esté por encima del horizonte.
Normalmente la desaparición de la Luna no es total; su disco queda iluminado por la luz dispersada por la atmósfera terrestre y adquiere un halo rojizo. La sombra total o umbra producida por la tierra queda rodeada por una región de sombra parcial llamada penumbra. En las etapas iniciales y postreras del eclipse lunar, la Luna entra en penumbra.
Dependiendo de si la luna entra o no completamente en zona de umbra se pueden distinguir los eclipses totales de Luna, cuando el satélite se sumerge completamente en umbra, los eclipses parciales de Luna, cuando penetra sólo en parte en umbra y sólo una parte de la superficie lunar es visiblemente oscurecida, y los eclipses de penumbra, cuando la Luna pasa sólo a través del cono de penumbra, difícilmente perceptibles a simple vista y únicamente evidentes mediante adecuadas técnicas fotográficas.
La duración máxima de los eclipses totales de Luna es de 3, 5 horas. Se define la magnitud de un eclipse lunar como la longitud del camino lunar a través de la umbra dividido por el diámetro aparente de la Luna.
El estudio de los eclipses de Luna, además de permitir medidas astronómicas como la verificación de los momentos de contacto entre el disco de nuestro satélite natural y el cono de sombra, es útil para analizar de forma indirecta las condiciones de la atmósfera terrestre, pues la densidad y coloración de los conos de umbra y penumbra están muy influidos por la presencia de ozono y polvo en suspensión en los diversos estratos de la atmósfera.
                               Eclipse de Luna
FUENTE:  http://www.astromia.com
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Eclipses en España.

Eclipses del Siglo XIX desde el OAM.(Observatorio Astronomico de Madrid).
http://asaaf.fis.ucm.es
Durante el siglo XIX se produjeron en España cuatro eclipses totales. El eclipse del 8 de julio de 1842 desconocemos si tuvo tan poca relevancia por las malas condiciones meteorológicas o por estado tan pobre en que se encontraba la ciencia astronómica en aquel momento, después de la crisis desatada desde la Invasión Napoleónica, y el desmantelamiento del OAM(Observatorio Astronómico de Madrid) y su posterior abandono.
Sin embargo, para el eclipse de 1860, el Observatorio Astronómico de Madrid ya estaba reconstruido, y así realizó trabajos extraordinarios para el eclipse. En aquel momento era crucial su estudio ya que se empezaban a superar los problemas de la daguerrotipia (precursora de la fotografía) y nacía la espetroscopía y la polarimetría.
Para el eclipse del 1900, ya estaba consolidada la actividad investigadora del OAM y se realizaron fantásticas imágenes de la corona.
Eclipses de principios del Siglo XX.
Durante un periodo de tan solo 15 años se produjeron tres eclipses totales en tierras peninsulares: el 28 de mayo de 1900, 30 de agosto de 1905 y 12 de abril de 1912.
La astronomía española se encontraba entonces en pleno auge. En aquellos años se habían inaugurado los observatorios de la Cartuja, Granada, Fabra (Barcelona) y del Ebro (Roquetas, Tarragona; la inauguración de éste de realizó para el eclipse de 1905, ya que la totalidad pasaba sobre el observatorio).
Así para el eclipse de 1905, Josep Comas i Solà realizó un espectro de las protuberancias y durante el eclipse Híbrido de 1912(total en España) tomó el espectro relámpago con un cinematógrafo.
Eclipses modernos.
Tras la racha de 5 Eclipses Totales de Sol a finales del siglo XIX y principios del XX, en la península no se ha podido ver ningún eclipse de relevancia. Sin embargo la afición por los eclipses ha ido de la mano en la explosión astronómica española y así desde la fundación de las primeras agrupaciones astronómicas españolas en los 70, se comenzaron a realizar algunas expediciones para la observación de los mismos. El máximo de esta explosión interés se dio con el eclipse Total del 11 de agosto de 1999, para el cual casi todas las agrupaciones astronómicas españolas, incluida ASAAF-UCM, realizaron diversas expediciones.

Los eclipses han cambiado nuestra historia.

Los eclipses son fenómenos tan espectaculares y únicos que durante su aparición en momentos clave han alterado nuestra historia. Es famoso el eclipse del 28 de mayo del 584 A.C. en que la aparición de un eclipse total en el lugar exacto de la Batalla del Río Halys condujo a la paz entre Aliates y Ciaxares, después de 5 años de encarnizada lucha. Este fue también el primer eclipse predicho de la historia, predicción realizada por Tales de Mileto, inaugurándose así la ciencia de los eclipses. Un eclipse polémico es el de el año 29 D.C.6 La leyenda dice que se produjo un eclipse durante la crucifixión de Jesús según los datos que disponemos, esta conjetura estaría basada en la imprecisa fecha del nacimiento de Jesús y que se produjo un eclipse durante su crucifixión. El 24 de Noviembre de 29 D.C. se produjo un eclipse total muy cerca de Jerusalén.
Ya en nuestra península, el eclipse de 939 D.C. ocurrió el día en que se celebraba la batalla de Simancas entre las tropas del Rey de León Ramiro II y el califa Ad al- Rahman III. El pánico cundió entre las tropas de ambos bandos y se retrasó tres días el desenlace de la batalla. Finalmente los de Al-Andalus perdieron la batalla y al volver a Córdoba, Ad al-Rahman III mandó crucificar a trescientos oficiales por su cobardía.
El eclipse de sol más famoso de la historia de la ciencia ocurrió el 29 de mayo de 1919. En esa fecha el físico británico Arthur Eddington se encontraba en la isla Príncipe, en el Atlántico, listo para tomar fotografías de las estrellas que aparecerían cerca del sol al oscurecerse el cielo. Con esas fotografías Eddington pretendía confirmar una de las predicciones más extrañas de la teoría general de la relatividad que Albert Einstein había publicado en 1916.
Un caso curioso fue el del eclipse del 16 de febrero de 1980, que tuvo lugar en la India. En aquella fecha había un partido conmemorativo de criquet entre Inglaterra y la India, el cual tuvo que detenerse, dado que el eclipse tenía lugar durante el transcurso del juego y el comité indio, después de consultar con los responsables del equipo inglés, no quiso ser responsable del peligro de daño en los ojos de los 50.000 espectadores. El partido se reanudó al día siguiente. (Universo, nº 49 mayo 1999, pag 10).
 
 
El eclipse solar híbrido del 3 de noviembre de 2013.

FUENTE: http://asaaf.fis.ucm.es

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