18 de octubre de 2013

"La fauna ornitológica centenaria de Asturias" y "Celestino Graíño Caubet" (1873-1942)

La ornitología asturiana, centenaria.


El farmacéutico y naturalista avilesino Celestino Graíño publicó hace un siglo una primera lista comentada de las aves de la región, que inició su estudio científico.


Hace cien años (se cumplieron exactamente el pasado 4 de septiembre), el farmacéutico Celestino Graíño Caubet publicó un estudio de ornitología dedicado a las aves de Asturias. Escrito en 1909, sintetizaba el fruto de sus observaciones -y cacerías, pues entonces la identificación y catalogación de la fauna se basaba en gran medida en el examen en mano de ejemplares muertos- a lo largo de once años. Presentó el trabajo al concurso del Colegio de Farmacéuticos de Barcelona en la categoría "tema libre científico" y lo ganó. Como premio, fue publicado, en 1913, en el número 36 de la revista "La Farmacia Española". "Fauna ornitológica de la provincia de Asturias" fue la primera y la única lista comentada de las aves de la región durante un largo período de sesenta años, hasta la relación de aves reproductoras publicada por Alfredo Noval en 1973 en el primer número de la revista "Asturnatura" (Noval edificaría posteriormente, a lo largo de las décadas de los setenta y los ochenta, la sólida base de la ornitología asturiana moderna). Sin embargo, la aportación de Graíño pasó casi inadvertida hasta que, en 1987, el zoólogo Carlos Nores, profesor del departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo, lo rescató y ponderó en un artículo recogido en el "Boletín de Ciencias" del Instituto de Estudios Asturianos (IDEA).

Celestino Graíño Caubet (Oviedo, 25 de julio de 1873 - Avilés, 15 de febrero de 1943), doctor en Farmacia por la Universidad Central de Madrid, era un buen conocedor de las ciencias naturales y en este ámbito desarrolló una notable labor como escritor y conferenciante, en gran medida vinculada a la Extensión Universitaria. También creó un pequeño museo con las aves y mamíferos que él mismo cazaba y disecaba, recolectados, principalmente, entre 1898 y 1909, y del que, según refiere Nores, en 1944 se conservaban 450 aves y 150 mamíferos, "poco más de la mitad de los que llegó a disecar, pues el resto se estropeó con el tiempo". Su colección incluía, además, medio centenar de reptiles, algunos anfibios, un millar de insectos, otro millar de conchas de moluscos (en su mayoría traídas de Filipinas, probablemente por el padre de Graíño, según conjetura Nores, pues estuvo destinado en las islas) y un herbario. El conjunto de ese material superaba, según Nores, el del Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Oviedo, que fue destruido durante la Revolución de 1934.

Graíño colaboró asiduamente con el "Boletín de la Sociedad Española de Historia Natural", donde publicó la mayor parte de sus trabajos faunísticos, a excepción de la "Fauna ornitológica de la provincia de Asturias", con mucho el más importante. De sus otras aportaciones cabe destacar un artículo de 1905 referido a la avifauna de la parte leonesa del valle del río Esla. Menor alcance tienen una lista de 18 mamíferos recolectados en la zona costera de Asturias, una digresión sobre la presencia de la tortuga mora en San Juan de Nieva (Castrillón) -Graíño la da por nativa, pero con toda probabilidad se trataba de ejemplares introducidos, ya que es un quelonio netamente mediterráneo y del que no existen otras referencias en Asturias- y el artículo "Datos para la fauna de la provincia de Oviedo", de 1905.

La relevancia de "Fauna ornitológica de la provincia de Asturias" radica, en primer lugar, en la falta casi absoluta de precedentes. Sólo los "Apuntes sobre la fauna asturiana bajo su aspecto científico e industrial", obra publicada en 1859 por Pascual Pastor y López, posee su mismo carácter sistemático (relaciona 134 especies de aves) y su alcance regional (la lista que presentan entre medias, en 1888, Fermín Canella y Octavio Bellmunt en "Asturias" está copiada de Pastor y López, sólo cita 55 especies y contiene errores). Todas las referencias previas, en diccionarios geográficos, monografías de concejos y topografías médicas (siglos XVIII al XX), son de ámbito muy local, se copian unos a otros y abundan en confusiones e inexactitudes. Frente al trabajo de Pastor y López, el de Graíño refleja mejor la riqueza de la avifauna regional (eleva la lista a 175 especies) y aporta información detallada (Pastor únicamente comenta 13 especies), ya que explicita la fenología (fechas de presencia) y la abundancia de cada ave, ofrece numerosos datos concretos con fecha y lugar de observaciones y capturas, incorpora referencias al hábitat e, incluso, recoge algunos nombres vernáculos. Este planteamiento anticipa en cinco años el formato del "Catálogo de las aves observadas en Guipúzcoa y Vizcaya", de Julián Aldaz y Emazábel, obra fundamental de la ornitología española, y de la cantábrica en particular, que Alfredo Noval revisó y actualizó en 1967.

La relación de aves de Graíño resulta incompleta en algunos grupos, como las aves marinas, las anátidas, las limícolas y las especies de montaña, las más difíciles de observar en razón de su hábitat y de los limitados medios ópticos de la época. Más llamativas resultan las omisiones del herrerillo común, un pájaro numeroso y extendido por todo el territorio, y del ruiseñor común, este último probablemente por confusión con el ruiseñor ruso, que sí se menciona, y además como "raro en el litoral" y "algo más frecuente en el interior de la provincia". Por otro lado, la lista incluye algunas especies muy raras o desaparecidas de Asturias, entre las cuales destaca el zarapito fino, una limícola al borde de la extinción (probablemente su población mundial sea menor de 50 individuos y no se conocen sus lugares de cría, de paso ni de invernada), que, a juzgar por esta y otras referencias, a principios del siglo XX aún era relativamente común en España. La "Fauna Ornitológica" menciona también al "Aquila naevia", un nombre ambiguo en desuso que en este caso parece corresponder al águila moteada, a tenor de las medidas de los restos óseos del ejemplar, incluido por equivocación en la lista, pues fue cazado en Palencia.





FUENTE: .
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En Avilés se inauguró el primer museo de Asturias.
                                                           El doctor Celestino Graíño

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El Museo de Ciencias Naturales del doctor Graíño abrió en la ciudad en 1944, cuatro años antes que el Museo Marítimo de Luanco, actual decano de los centros museísticos asturianos
Celestino Graíño Caubet dio origen a una familia de farmacéuticos avilesinos que todavía hoy continúan al frente de la Farmacia Graíño, en la calle de La Muralla. Aunque nació en Oviedo el 25 de julio de 1873, su familia se trasladó al poco tiempo a Avilés, donde residió siempre, a excepción de sus años de estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, hasta su fallecimiento ocurrido el 15 de febrero de 1943. Según el investigador de la Medicina y de la Farmacia Melquíades Cabal, fue «reconocido con toda justicia como el farmacéutico más importante de Asturias en los años finales del siglo XIX y primer cuarto del XX».
En 1896, recién licenciado, abrió al público su farmacia en la villa avilesina. A partir de entonces desarrolló una intensa labor de investigación y estudio que le llevó a publicar en varias prestigiosas revistas científicas, así como a realizar una gran actividad como conferenciante. En este sentido, colaboró con la Extensión Universitaria, que por entonces realizaba una meritoria labor de divulgación en Asturias. Fundó también, en 1910, el Laboratorio Graíño, que fue ganándose paulatinamente un gran prestigio por algunos de sus exitosos preparados. Ocupó diversos puestos relevantes y fue galardonado en varias ocasiones y nombrado Hijo Adoptivo y Predilecto de Avilés. A su fallecimiento (1943), continuó su labor farmacéutica su hijo Celestino Graíño Cors, al que siguieron hasta la actualidad varios miembros más de la familia Graíño. 
Origen del Museo Graíño.
 
                                Museo Graiño. / LVA
Muy aficionado al estudio de la fauna y la flora asturianas, y a la taxidermia, Graíño Caubet fue logrando, con esfuerzo y dedicación, una gran colección de especies animales disecadas, así como también conchas de moluscos.
El origen de esta colección, germen del Museo de Ciencias Naturales, nos lo cuenta él mismo con ocasión del premio que le otorgó el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona, en 1909: «Once años llevo dedicados a esta hermosa labor, y sus resultados, en lo relativo a ornitología expresados en este humilde trabajo e inspirados sólo en el cariño a la clase a que me honro de pertenecer, gustoso someto a la censura y consideración del Ilustre Colegio de Barcelona, sin más interés que el de animar con el ejemplo a otros compañeros que, con más elementos y condiciones que yo, no se dedican a estos estudios, quizás por temores, las más de las veces infundados».
Así pues, la colección se inició once años antes, o sea en 1899, cuando acababa de doctorarse en Farmacia. A esta inicial colección de aves, se fueron añadiendo ejemplares de mamíferos, reptiles, insectos y conchas de moluscos, que llegaron a adquirir tal volumen que representan una muy meritoria labor por parte del doctor Graíño Caubet. A su muerte, contaba con unas 550 aves, unos 150 mamíferos, un millar de insectos y unos 50 reptiles, muchos de ellos ejemplares raros, y otro millar de conchas de moluscos. Tampoco desdeñó los casos teratológicos, entre los que cabe citar un pollo recién nacido con cuatro patas, un gallo adulto con tres, una ternera bicéfala, un par de cabritillas siameses y un huevo gigante de gallina con otro en su interior. La parte botánica es menos importante, puesto que sólo contaba con unas 500 especies de la región asturiana. 
El nuevo museo.
El 15 de julio de 1944, su hijo Celestino Graíño Cors inauguraba toda esta interesante colección en un nuevo edificio, rodeado de jardín y con zaguán en la parte baja, en la avenida de Fernández Balsera. En la publicación que se editó con motivo de la inauguración, R. Folch, profesor de Historia de la Farmacia en la Universidad de Madrid, dice: «El primer piso lo forman una sala-galería de entrada en la que se halla la colección de aves regionales de pequeño tamaño, aparte del reducido grupo de exóticas antes indicado, así como la colección de insectos, regionales también. Sigue a esta sala un despacho-biblioteca que encierra aproximadamente un millar de libros de distinta índole, además del retrato y condecoraciones del Doctor Graíño Caubet, y de algunos objetos de arte. Inmediato a este despacho se halla una gran sala en la que convenientemente dispuestos en vitrinas figuran las grandes aves, los mamíferos, reptiles, moluscos y casos teratológicos».
Hacia 1965 cerró el museo, y fueron deteriorándose muchos de los ejemplares expuestos. Durante algún tiempo se exhibieron en los escaparates de la Farmacia Graíño, en la calle de La Muralla. En la actualidad sólo se conservan un tejón, una raposa y una cabeza reducida de indio del amazonas. Debo agradecer a Emilio Manuel Fernández Rodríguez, que se inició como mancebo en la citada farmacia en 1962, material fotográfico e información de primera mano sobre este desaparecido Museo Graíño de Ciencias Naturales.
                        Sala del Museo Graiño. / LVA
FUENTE:  RAMÓN BARAGAÑO
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Celestino Graíño Caubet.
                                                  Celestino Graíño Caubet (1873-1942) 

Graiño es nombre de algunos hombres de ciencia, en Avilés.

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Francisco Graiño Obaño, nacido en Avilés, en1867, que fue militar, ingeniero y astrónomo. Que revisó y realizó las cartas hidro­gráficas de varias provincias españolas, en­tre ellas un Atlas completísimo de las Islas Baleares. Que también fue profesor de Astronomía de la Escuela Naval Militar. Y que en 1921 se le nombró director del Observatorio Astronómico de San Fer­nando, máximo centro científico de su especialidad en España.

Por cierto, que es cosa curiosa esta de los hombres de ciencias locales y su relación con los ejércitos, pues este Graiño, astrónomo, se retiró como contralmirante de la Armada y, quiero recordar que, el destacado matemático Pedro Lucuce (1692-1778) lo hizo como mariscal de campo.
El caso es que aquel Graiño me llevó a José María Graiño Obaño, nacido en Villaviciosa, en1872, que en junio de 1915 fue nombrado ingeniero director dela Juntade Obras del Puerto de Avilés, debiéndosele el tra­zado del moderno puerto. Posteriormente desempeñó otros altos cargos fuera de Asturias. Apasionado del periodismo colaboró, con el seudónimo de ‘Juan dela Cosa’, en el semanario avilesino ‘El Progreso de Astu­rias’.

Y seguí insistiendo hasta encontrar a otro y este si que me rompió esquemas. Hablo de Celestino Graiño Caubet, nacido en Oviedo en 1873, que estudió farmacia en Madrid y puso una botica, al punto, en Avilés. Pocos establecimientos de éste gremio han llegado ha alcanzar el nombre y la categoría –excedía los límites regionales–  como el que Graiño Caubet logró para el suyo.
Su farmacia, no se limitó a las fórmulas magistrales tradicionales, sino que en la rebotica desarrolló una labor investigadora de tal categoría que consiguió acreditar algunos productos far­macéuticos, que él se encargaba de comercializar y de publicitar en prensa nacional. Remedios medicinales, podríamos decir, ‘Made In Avilés’.

La prensa fue otra de sus muchas devociones, pues llegó a fundar, el diario ‘El Avilesino’ en mayo de 1897, que tuvo corta vida, cosa habitual en aquella época llena de sarpullidos periodísticos. Pero el caballero Graiño Caubet era de largo recorrido y no se arredró. Así que aumentó el volumen de sus colabo­raciones en publica­ciones especializadas y diversos diarios regionales y nacionales. La cosa era de no parar.

Todas las fuentes consultadas destacan su gran categoría –en calidad y en cantidad– en su faceta de conferenciante en temas de vulgariza­ción científica. Dio cientos de charlas, convencido de las bondades de la ciencia.

Es por todo lo anterior y por algo que queda por decir, por lo que su labor intelectual y divulgadora puede calificarse de extraordinaria. Y no se limitó al campo científico, pues entró en otros como el etnográfico, estudiando y difundiendo las costumbres asturianas.
Fue un tipo innovador por encima de todo. Era la modernidad de la época. Estaba, al loro de cualquier novedad, y por eso cuando un medio de transporte recién inventado como la motocicleta, se comercializó en España, quedó fascinado. Daba independencia y permitía conocer, con cierta rapidez otras tierras y ciudades. Y tanto la utilizó que terminó por ser un problema, porque tanto fue el gusto le tomó al invento motorizado que le creo adicción, lo que trajo consigo un abandono del resto de sus febriles actividades. El asunto le ocasionó una depresión de la que salió, al hacerle ver un médico de Luarca (seguramente el mejor ‘diagnóstico’ que dio en su vida) que valiéndose precisamente de la moto, podría hacer turismo a la par que publicitaba sus productos fuera de Avilés. O sea que aprovechara el viaje. Algo tan sencillo como eso volvió en paz a Celestino con su vorágine habitual.

Que Graiño Caubet estaba como una moto, creativamente hablando, lo demuestra el hecho de que pusiera todas las bases, y el material, para que en Avilés llegara a funcionar un museo, el primero que hubo, en Avilés y en Asturias. Tome nota el personal, de este episodio aparte.
El museo de Historia Natural lle­gó a reunir una importante co­lección, que contenía especies de mamíferos, aves, invertebra­dos, plantas y algunos ejemplares raros de mineralogía. El museo lo inauguró, en 1944 su hijo Celestino Graiño Cors, que, aparte de suceder a su padre en labores farmacéuticas, fundó en 1945, la Escuela de Maestría Industrial de Avilés, también conocido como FP ‘Juan Antonio Suances’.

Su padre ya había fallecido, en febrero de 1942. Aunque antes había sido declarado «Hijo Adoptivo y Predilecto de Avilés» por el Ayuntamiento que también le había dedicado una céntrica calle que lleva por nombre ‘Doctor Graiño’.

Por ello, sin olvidarme ni del astrónomo, ni del ingeniero, me llama mucho la atención el boticario  Graiño Caubet, caballero que a lomos de una moto, pasó por la vida descubriendo y patentando medicamentos en su rebotica, que publicitaba y vendía, en toda España, que se dice muy pronto. Coleccionaba flora y fauna. Difundía ciencias, por un tubo, en charlas y conferencias. Y lo mismo fundaba un periódico que inventaba un museo.
De todo, como en botica.


FUENTE:  http://blog.elcomercio.es
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Un avilesino recrea en Second Life el Museo Graíño, ya desaparecido.

 
El centro de ciencias naturales cerró sus puertas a mediados del siglo XX.





http://www.lne.es
El extinto Museo Graíno de Ciencias Naturales de Avilés aún puede visitarse. Un avilesino, Xosé Francés Rodríguez, ha colgado en Second Life -un espacio virtual en internet- una reproducción del centro desaparecido en los años sesenta del pasado siglo.

Rodríguez comenzó a construir el museo virtual a partir del catálogo original del museo, que se abrió en 1944, y «reproduce con fidelidad aquel pequeño espacio que abrió sus puertas hace exactamente 65 años». El proyecto, pese a que responde a una iniciativa personal de Xosé Francés Rodríguez, está abierto a la colaboración de los avilesinos con la idea de ampliar paso a paso este museo virtual enviando fotos u otros documentos al correo electrónico: avilesmuseovirtual@gmail.com.

Por el momento, tan sólo se reproduce el interior del museo, tal como se describe en el catálogo. «El museo contiene una sala-galería de entrada en la que se halla la colección de aves de pequeño tamaño y algunas exóticas. Sigue a esta sala un despacho-biblioteca. A su lado, se halla otra sala mayor en la que, convenientemente dispuestas en vitrinas, figuran las grandes aves, los mamíferos, reptiles, moluscos y casos teratológicos», explica el creador de esta recreación virtual. La colección del doctor Graíno Caubet ubicada en el desaparecido museo de las ciencias naturales avilesino contaba con unas 550 aves, unos 150 mamíferos, un millar de insectos y unos 50 reptiles, además de los casos teratológicos, como una ternera bicéfala o un gallo adulto con tres patas.

Para poder ver esta recreación virtual, su propio diseñador indica los pasos a seguir. «Las personas que accedan al mismo sólo tendrán que descargar en su ordenador el programa que, de manera gratuita, ofrece la plataforma virtual Second Life», destacó Xosé Francés Rodríguez. El diseñador sigue embarcado en la ampliación y mejora del museo, por ello, anunció que en pocas semanas la biblioteca del centro virtual será también interactiva. La persona que pulse sobre los libros podrá leer textos relacionados con el doctor Graíño Caubet y su museo de ciencias naturales.

 Una de las salas de la recreación del Museo Graíño, reproducción de illán garcía

FUENTE:  Illán GARCÍA

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