2 de octubre de 2013

El hidalgo asturiano, Bernardo Terrero

El capricho de Bernardo Terrero.

Antigua estación de Mieres de la Compañía de los Ferrocarriles de Asturias, Galicia y León-Asturias.

El hidalgo asturiano, una de las personas más ricas de su época, se negó a mediados del siglo XIX a la construcción de un ferrocarril hasta León por Quirós y el Puerto de Ventana.

Inauguración de la línea de Asturias, 15 de agosto de 1884  (Ferrocarriles de Asturias, Galicia y León).


No sé si Bernardo Terrero fue realmente el asturiano más rico de su tiempo, pero así consta en la memoria popular donde se guardan algunas de las anécdotas que le dieron esa fama. Se decía que su oro provenía de un tesoro escondido por los moros, también que era la herencia de un antepasado pirata obtenida de un galeón cuando volvía de las Américas con la bodega repleta de monedas; pero nada era verdad. La realidad, mucho más prosaica, se limitaba a un buen legado familiar en dinero y tierras, que él había sabido multiplicar hasta el punto de que todos aseguraban que podía ir desde Quirós hasta Madrid durmiendo siempre en alguna de sus propiedades, cosa que si no era cierta, no debía distar mucho de serlo, puesto que casi el 90 por ciento de este concejo era suyo y la relación de sus fincas en el resto de Asturias y las provincias vecinas formaban un volumen de buen tamaño.
Las leyendas venían porque resultaba difícil creer que Bernardo ya tuviese los millones desde la cuna: vestía de pana igual que sus vecinos y como ellos calzaba madreñas y se tocaba con boina, de modo que muchos solo sabían que aquel hombre se embolsaba más de 25.000 duros en rentas al año, aunque no imaginaban que debían llamarlo don Bernardo Tiburcio Álvarez Terrero Valdés Peón y Bolde de Leyva, nacido en 1806, caballero de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza, que cuando viajaba a Oviedo de aquella guisa lo hacía para sentarse en el Consejo Provincial, como diputado e incluso en una época con el cargo de vicepresidente.
No cabe duda de que era un hombre sencillo, aunque esto no quiere decir que también fuese avaro. Al contrario: protegía a los suyos y muchos mozos se libraron del servicio militar gracias a sus préstamos; costeó el edificio parroquial de Nimbra y escuelas de primera enseñanza para niños en Villamarcel, su pueblo natal, y en Villamejín (Proaza), dejando una generosa renta anual para su mantenimiento.
Es imposible no recordar la anécdota de la subasta de los terrenos del monasterio de La Vega en Oviedo, cuando esperó hasta al final para hacerse con ellos marcándose el farol de ofrecer el pago en oro, plata o cobre para regalar después la finca al Estado, que los destinó a una fábrica de armas. Aunque esta operación no fue inocente, ya que con ella buscaba congraciarse con las autoridades y hacer que se olvidase su apoyo a la causa carlista por la que estuvo a punto de ser desterrado.
También cedió la mayor parte de los terrenos por donde se tendieron los 30 kilómetros de vía del ferrocarril minero Trubia-Quirós con la condición de que a los vagones dedicados al transporte de carbón y otras mercancías se le uniese otro de pasajeros en el que los quirosanos pudiesen viajar gratis.
Y aquí llegamos a lo que les quiero contar hoy, para aclarar otra de las historias que se cuentan sobre este personaje acusándolo de haber impedido el paso de otro ferrocarril, el que debía unir Asturias con León, por el concejo de Quirós, para que no turbase la paz de las vacas que pacían tranquilamente en sus pastos.
He leído hace poco un trabajo en el que se denominaba «tren fantasma» al proyecto que ideó en 1863 el ingeniero francés Gabriel Heim para cruzar la cordillera Cantábrica por el puerto de Ventana, entrando por Quirós para pasar por Proaza, enlazar con Trubia y llegar hasta el mar en San Esteban de Pravia. Según su autor, el plan formaba parte de un proyecto más ambicioso para enlazar las cuencas carboníferas y los centros industriales del momento tanto con la Meseta como con los puertos de embarque hacia otros países, desarrollando una red de 242 kilómetros de vía con un coste inicial de 252 millones de reales, pero se quedó en agua de borrajas por criterios que no fueron solo técnicos.
Así lo contó también hace décadas el añorado periodista lenense Constantino González Rebustiello en uno de sus magníficos artículos publicado en LA NUEVA ESPAÑA con el título de "El señor de Terreros, un contradictorio hidalgo asturiano", que se completó más tarde con otra crónica en la que el corresponsal nos descubrió un proyecto también arrinconado y aún más desconocido para desviar la actual bajada desde la Meseta a la mitad de su recorrido por el valle de Nembra y llegar desde allí hasta Santa Cruz y Ujo.
Rebustiello explicó entonces cómo se desarrolló todo desde el momento en que la subasta anunciada en la Gaceta de Madrid para contratar el tramo de Pajares se declaró desierta por las dificultades que entrañaba. Corría marzo de 1862 y todo se atribuyó a un plan del marqués de Salamanca, con la pretensión de aumentar sus caudales a cambio de que se le autorizase una ruta carísima y llena de peligros, que fue rechazado; luego también mostraron su interés la compañía El Crédito Castellano, ligada al marqués de Camposagrado, y otra belga vinculada a la Real Compañía de Minas de Avilés, pero sus argumentos tampoco fueron convincentes.
Estaba claro que hacía falta otro proyecto más sencillo y esto fue lo que decidió la intervención de Gabriel Heim, buen conocedor del relieve asturiano, que ya había adquirido una amplia experiencia buscando mineral en Llanera y en aquel momento se centraba en el territorio del concejo de Quirós realizando prospecciones mineras para la sociedad encabezada por el banquero Ferdinand Pierre Chauviteau.
El francés había incluido dos años antes en la memoria sobre la minas de su compañía la propuesta de un ferrocarril Quirós-Trubia y no tuvo más que imaginar la prolongación de su trazado hasta León. Parece que su plan fue presentado en Grado a una comisión de expertos y obtuvo su aval porque no solo era viable sino que resultaba mucho más barato al acortar considerablemente el recorrido y reducir el número de túneles, siendo el más largo uno de 750 metros que iba a salir a Torrebarrio.
Pero Bernardo Terrero, amante de las tradiciones asturianas (y por lo visto también de la Tradición con mayúsculas, puesto que nunca negó su simpatía por la causa carlista) se empecinó en que el humo de las calderas no mancillase el aire de los puertos y en preservar la paz de sus pastos del ruido de las máquinas de vapor. De nada valieron los ruegos que se le hicieron apelando al bien de la comunidad e incluso a su patriotismo.
Fue convocado a varias reuniones en Oviedo donde intentaron convencerlo de mil maneras y el nunca se negó a asistir y escuchar, para acabar diciendo siempre que su decisión era inmutable. Incluso se buscó la mediación de otro quirosano de prestigio que lo conocía bien, el entonces gobernador don Álvaro García Miranda: también fue inútil. El último intento se hizo en su territorio; hasta Bárzana, llegó el gobernador acompañado por Aníbal de Castro, delegado del Gobierno, los alcaldes de Proaza, Teverga, Santo Adriano, el propio Quirós y un representante de Trubia. Todos hablaron y leyeron peticiones personales recogidas entre las autoridades regionales de diferentes ámbitos.
Finalmente no hubo nada que hacer y se tuvo que volver al punto de partida. El 10 de noviembre de 1864 el capitalista Juan Manuel Manzanedo ganó la subasta para empezar la empresa por Pajares y empezó otra retahíla de incumplimientos, que incluyó -según escribió Rebustiello- el enfrentamiento entre los concejos de Aller y Lena por la disputa de un amplio tramo del recorrido e incluso la posibilidad de otro proyecto para salvar la altura a la Meseta con un tren de cremallera, lo que trajo como respuesta una fuerte oposición popular.
El caso fue que las obras se retrasaron tanto que, como seguramente ustedes saben, hasta 1884 no se pudo abrir el paso de Pajares, gracias al enorme esfuerzo de los técnicos y al penoso trabajo de muchos obreros que en demasiadas ocasiones tuvieron que pagar con sus vidas unos metros de avance.
Cuando murió Bernardo Terrero, soltero y sin hijos, se convirtió como era de esperar en el más rico del cementerio. El entierro fue en Nimbra, en septiembre de 1889 y para entonces ya había dispuesto el perdón de muchas deudas a sus colonos, la limosna a los pobres de su concejo y la Iglesia, y el reparto de más de 60.000 pesetas entre una sobrina, sus ahijados, los criados y un puñado de amigos. Hasta los tres curas que dijeron aquella última misa se embolsaron 6.000 reales.
Cuentan también que su cadáver estuvo insepulto varios días, mientras se discutía su herencia y que algún sirviente pudo sacar de la casona una mula cargada de oro. Una miseria al lado de lo que pudieron repartirse algunos linajes del concejo con los que estaba relacionado: los Quintana, los Miranda, los Viejo y sobre todo Manuel Nieto, el hijo de su escribiente, quien se llevó más de cuatro millones de pesetas. Luego su casona quedó vacía, atrayendo como un imán a los buscadores de tesoros que igual que un ejército de termitas la fueron agujereando en busca de la fortuna escondida. Aunque parezca mentira, alguno la encontró, pero esa ya es otra historia.


                     Ilustración de: Alfonso Zapico.

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
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Bernardo Terrero, el Marquesito de Oro

Hacendado quirosano, amasó una gran fortuna cuyo origen tuvo tintes legendarios que la relacionaban con el hallazgo de un gran tesoro.

La iglesia de San Vicente de Nimbra, costeada por el rico quirosano.




http://www.lne.es
El dorado brillo del oro y las riquezas y botines escondidos siempre han sido un gran foco de atracción para los hombres. Los estómagos vacíos y las mentes fantasiosas siempre se alimentaron de cuentos y leyendas sobre monedas y joyas en abundancia. La imaginación aportaba una gran ración de falsas verdades que llegaban a ser dogma de fe para los ansiosos de oro y riquezas. Había que creer para poder ver. Todo ello se mezcla en la historia de un hacendado quirosano, Bernardo Terrero.
El día 26 de septiembre de 1889, hace ciento veinte años, era enterrado en Nimbra uno de los hombres mas ricos, poderosos y enigmáticos de Asturias. Un rico terrateniente rural, modesto y aldeano, que vivió con discreción amasando una gran fortuna en oro y fincas. Después de más de un siglo su historia perdura viva en las conversaciones de la mayoría de los vecinos del concejo y de otros limítrofes.
El origen de su gran riqueza parece ser, según una leyenda popular, una gran «chalga» que encontró un criado en la zona de Gordón, en el puerto de Villamarcel. Allí, una vaca acostada en un prado se levantó con un extraño color en su cuerpo. Excavaron el lugar y se encontró un gran tesoro. Esta creencia fue muy difundida en muchos sitios de Asturias, y sobre todo en Quirós, por los grandes patrimonios para justificar su origen. Otro rumor popular habla de un galeón proveniente de América que venía cargado de oro. Un ancestro de Bernardo Terrero junto con otros habrían sustraído dicho cargamento, parte del cual se escondió en una cueva en la zona de Remichares, cerca de Nimbra. Después ya compraron casa en Villamarcel y sigue la historia.
El verdadero origen del patrimonio viene de las herencias, según atestiguan documentos del Museo Etnográfico de Quirós. Allí aparecen testamentos de su padre, abuelo y bisabuelo que legaban ya grandes cantidades de reales y fincas. La leyenda muere, así, aplastada por un gran legado en documentos.
Bernardo Terrero fue incrementando los predios rurales sin cesar hasta llegar a tener propiedades en todos los pueblos del concejo, pero también en otros municipios asturianos, leoneses, en Burgos y Santander.
Otorgó favores y concedió préstamos. Controlaba los alistamientos para el Ejército. Muchos quirosanos obtuvieron buenos destinos o se libraron gracias al dinero que les prestó el hacendado de Villamarcel. Eran aquellos tiempos en que se redimía el servicio militar pagando o sustituyendo por otro mozo. Alimentó a familias y pueblos. Vivía de la tierra. Más de 25.000 duros en rentas al año. Sus posesiones llegaban a Madrid. Se decía que podía ir a la capital y dormir siempre en una de sus propiedades. Su poder económico y político era inmenso. Su palacio constituía un foco de atracción para los ladrones, que en varias ocasiones intentaron entrar. En una de ellas se marcharon con las caballerías cargadas de doradas monedas y joyas, aunque según don Bernardo, «gracias que no dieron con el principal». La instalación de unos altos hornos y las minas de carbón le trajeron algún quebradero de cabeza. No se opuso radicalmente, pero tampoco le beneficiaban, pues los aldeanos ya podían ganarse el jornal y no necesitaban sus préstamos.
Su discreción y modestia rayaban el extremo. Vestía como uno de sus vecinos. La boina, las madreñas o la pana eran su indumentaria aun cuando acudía a Oviedo. Su vestimenta inducía a equívocos, hay multitud de anécdotas sobre ello. Un vinatero nuevo solicitó ayuda a un criado que estaba en la casa. Probaron el vino a escondidas y cuál no sería su sorpresa cuando le hizo llamar el señor, resultando ser éste el que creía era un criado. Pero sin duda la confusión más grave fue con ocasión de la subasta de los terrenos del monasterio de La Vega en Oviedo. Acudieron a dicho acto muchos potentados para hacerse con la propiedad, entre ellos un aldeano discreto y callado. Cuando don Bernardo vio que la puja iba a finalizar, alzó la voz para elevar la cantidad. Los demás subasteros lo tomaron por loco, pues su indumentaria no era muy propia para la ocasión. Se acercó el quirosano y ofreció pagar el precio en oro, plata o cobre. Dejó estupefactos a todos los concurrentes. Luego, en un alarde de orgullo, regaló la finca al Estado. Según una carta firmada por el propio Bernardo, parece ser que fue acusado de ayudar a la causa carlista y condenado a la requisa de todos sus bienes y su destierro. Pero, como refleja la misiva, al final lo arregló «con mi amigo el ministro de la Guerra», por ese motivo entregó los terrenos de Oviedo que fueron destinados a una fábrica de armas. Favor por favor.
Nació y murió en Villamarcel (1806-1889). Fue caballero de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza y ocupó cargos de vicepresidente, consejero, vocal y diputado en el Consejo Provincial. Muere soltero, pues su madre no le deja casarse con una muchacha pobre del pueblo de Veiga. Sin descendencia, su incalculable fortuna fue repartida entre mayordomos, criados y el albacea, que se llevó la mayor parte de los bienes. Cuentan que la noche de su muerte los criados bajaron con una caravana de mulas cargadas de oro hacia Bárzana.
Sus dos testamentos, uno abierto y otro cerrado, otorgados en 1885-89, dan pistas de sus propiedades en Quirós, Lena, Carreño, Grado, León. Los tres curas que oficiaron su funeral se llevaron 6.000 reales, además de dar de comer a todos los asistentes al oficio. Era una costumbre muy arraigada en el concejo que se diera de comer a los asistentes a un funeral. Dejó mil misas pagadas a dos pesetas cada una.
Reparte a sus ahijados, sobrina, criados y otras personas más de 60.000 pesetas. Además, dona objetos y bienes a colonos y ganaderos. A un herrero le deja en herencia la fragua en la que trabajaba. Una escribanía de plata a un abogado consultor. Los más beneficiados fueron los que tenían vacas «a comuña», una figura de préstamo que consistía en dar una vaca a un ganadero repartiendo las ganancias de las crías a porcentaje. Estos obtuvieron de Terrero la propiedad de esos animales prestados, e incluso permitió a otros pobres escoger animales de la propia cabaña de don Bernardo. Caseríos íntegros y prados pasaron a manos de los colonos que los llevaban. Condona deudas y deja el encargo de una compra de 15.000 pesetas en maíz para los pobres del concejo si la cosecha es mala.
Sin embargo, el grueso de sus bienes se los lleva Manuel Nieto, albacea y tutor patrimonial de Terrero, que obtiene más de cuatro millones de pesetas en bienes y propiedades, como Cueva Palacios, en los puertos de Agüeria, o el coto de Lindes (Quirós) (en 20 años no se alteraría la renta si celebraban los colonos una misa en el aniversario), la Quinta del Obispo y Los Arenales en Oviedo, además de casas en la propia capital. Manuel Nieto era hijo del escribiente de Terrero, Bernardo. Fue presidente de la Diputación Provincial después de heredar la fortuna. Pero también heredaron otros Nieto los bienes de Villamejín. Cuenta un viejo dicho quirosano que «Terrero no tenía hijos, pero heredaron los Nieto», en referencia a su albacea. Pero no sólo ellos, pues otros potentados de Quirós se llevaron parte de la tajada del patrimonio. Los Quintana se llevaron el Coto de Bueida que había comprado Terrero al Barón de Eroles. Los Miranda García-Sampedro de Ricabo obtuvieron numerosas fincas en el pueblo, pues eran administradores del rico de Villamarcel en las fincas de la zona. Los Viejo se llevaron propiedades en Arrojo. El pastel de reparto era tan cuantioso que dejo a muchos con buenos beneficios. Los antiguos rumores cuentan que Bernardo Terrero estuvo varios días muerto en casa para arreglar la distribución convenientemente. Se cuenta de condonación de deudas en el último momento para acallar bocas y tapar ojos. El dinero todo lo puede y todos los quieren. Ya lo decía Quevedo: «Poderoso caballero es Don Dinero».
Dejó también instituida una escuela de primera enseñanza para niños en su pueblo natal y en Villamejín (Proaza), con una renta de 5.000 pesetas anuales. La conversión de su reparto patrimonial en dinero actual equivaldría a varios cientos de millones de euros, teniendo en cuenta que un obrero ganaba en aquella época cuatro reales al día, algunos incluso trabajaban sólo por la comida.
El 26 de septiembre de 1889, la iglesia de San Vicente de Nimbra tenía el aforo completo. Nadie quería perderse el funeral con más boato que vivió el concejo en siglos. Bernardo Terrero Valdés Peón y Bolde de Leyva era el señor de Quirós, el hombre con más fincas y propiedades en el concejo, el 90 por ciento era suyo. Allí había ricos señores como todos los prohombres del concejo, familias adineradas como los Miranda, Quintana, Viejo. Políticos, no en vano estuvo en la Diputación regional en diversos cargos. Sacerdotes, cuentan las crónicas antiguas que hasta veinticinco sacerdotes estuvieron en Nimbra. Era un hombre religioso que apoyó a la Iglesia.
El edificio parroquial de Nimbra fue costeado con su patrimonio, sus rentas de un año. Tiene planta de basílica acorde con la relevancia de su mecenas. Cientos de colonos, arrendatarios y vecinos de todos los pueblos estaban presentes. Muchos tenían deudas con Terrero y otros debían favores de distinta índole. Con él desapareció el hombre y nació la leyenda sobre el destino y la ubicación de un tesoro dorado repartido en distintos lugares de su palacio. Comenzaron a aparecer monedas en dobles fondos de armarios o mesas. Monedas escondidas en paredes y suelos. No se respetó ni siquiera una columna que está sobre su tumba. La imaginación y la creencia de la existencia de ese gran tesoro alimentaron las mentes de muchos vecinos del propio pueblo, Villamarcel, y de otros.
Su caserón, abandonado por su señor, fue perdiendo su esplendor y prestancia. Pasó por varios dueños y arrendatarios, fue escuela y salón de baile para acabar reducido a un montón de ruinas. Sus paredes y suelos estaban horadados por doquier. Se buscaba el tesoro en cualquier estancia. Todo ello provocó su creciente ruina, hasta que el Ayuntamiento se vio obligado a derribar lo poco que quedaba, pues era un peligro para los vecinos. El día de su derribo los curiosos todavía esperaban ver aparecer esos cofres llenos de metales preciosos. Lo único que aparecieron fueron piedras y barro. Así murió la leyenda del tesoro de Terrero.

 FUENTE:  ROBERTO F. OSORIO.

 LA CASONA-PALACIO DE TERRERO (S. XVI)
Es en Villamarcel donde se ubicaba una de las construcciones más importantes del patrimonio cultural quirosano. Este edificio, junto con su capilla anexa en honor a Santrocacha, unas caballerízas y una panera (todo de titularidad privada) fue demolido hace ya varios años, debido a la peligrosidad que encerraba un derrumbe inesperado.http://elquirosano.blogspot.com.es

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EL DUEÑO QUIROSANO DE LA FÁBRICA DE LA VEGA, DE OVIEDO.                 


Bernardo Terrero compró en el siglo XIX los terrenos del monasterio de Santa María de la Vega de Oviedo, donde posteriormente se instalaría la Fábrica de Armas.
El potentado, miembro del Consejo Provincial, cedió la finca al Estado a cambio de que se le perdonase la pena de embargo y destierro por apoyar el Carlismo.

Cuenta una vieja historia quirosana que un día el potentado más rico del concejo compró los terrenos del monasterio de Santa María de la Vega de Oviedo y, en un alarde de «grandonismo», lo regaló al Estado. La finca acabó siendo sede de la importante Fábrica de Armas, hoy en peligro por la intención de la empresa, Santa Bárbara Sistemas, de trasladar a los trabajadores y las líneas de producción a la factoría de Trubia. Pero en el concejo de Quirós la Vega siempre se ha considerado parte de su historia.
El monasterio y sus terrenos habían sido desamortizados en 1834 y el edificio permaneció deshabitado una década hasta que las monjas lo volvieron a ocupar al no ser vendido por el Estado.
Aquí es donde aparece la figura del terrateniente quirosano Bernardo Terrero. Su discreción y modestia rayaban el extremo, hasta el punto de que vestía como uno cualquiera de sus vecinos. La boina, las madreñas o la pana, por tanto, eran su indumentaria aun cuando acudía a Oviedo. Su vestimenta inducía a equívocos y hay multitud de anécdotas sobre ello. Pero sin duda la confusión más grave fue cuando se procedió a la subasta de los terrenos del monasterio de la Vega en Oviedo. Acudieron a dicho acto muchos potentados de aspecto relevante. Pero entre ellos se sentó un aldeano, discreto y callado, acompañado de un secretario cuya indumentaria era más moderna y acorde con la ocasión. Muchos no comprendieron su presencia en ese lugar e incluso le menospreciaron.
Cuando don Bernardo observó que la puja iba a finalizar, alzó la voz para elevar la cantidad. Los demás subasteros lo tomaron por loco, pero el quirosano se acercó a la mesa donde estaba la presidencia del acto y ofreció pagar el precio en oro, plata o monedas de curso legal. Pagó una tercera parte en cada y dejó estupefactos a todos los concurrentes. Luego, desbordando orgullo, regaló la finca al Estado. Esta historia fue recogida en el libro «La casa de Quirós» (1958) de Vicente José G. García, autor que la recopiló de la tradición oral del concejo, incluso de algún vecino contemporáneo de Bernardo Terrero.
Pero siempre hay terreno para la suposición y para las sospechas. Para empezar, no existe ninguna constancia documental de esa compra, aunque la presencia del rico quirosano en el Consejo Provincial de entonces pudiera haber provocado alguna compraventa de favores del quirosano.
La supuesta esplendidez de Terrero también podría encubrir la redención de sus pecados carlistas. Una opción que no es descabellada, ya que quizá su estatus de hacendado rural apegado a las tradiciones y a la Iglesia le pusieran en sintonía con la causa del Infante don Carlos.
Según una carta firmada por el propio Bernardo Terrero en 1875, parece ser que fue acusado de ayudar a la causa carlista y fue condenado a la requisa de todos sus bienes y a ser desterrado a Estella, la cuna del carlismo. Pero, apunta en la misiva, «el Gobernador me concedió una prórroga para poder gestionar con el Sr. Ministro del ramo, el que por medio de mis amigos me revocó de embargo y destierro?». Quizá fuese el motivo por el cual entregó los terrenos de Oviedo. Favor por favor.
El Ayuntamiento de Oviedo solicitó la cesión de esos terrenos para instalar allí la industria armamentística. En una Real Orden del 10 de diciembre de 1855 el Ministerio de Hacienda cedió las dependencias del monasterio, sus huertas y otras 552 áreas de terrenos aledaños.
Bernardo Tiburcio Álvarez Terrero Valdés Peón y Bolde de Leyva (1806-1889) nació y murió en Villamarcel. Fue caballero de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza y ocupó cargos de vicepresidente, consejero, vocal y diputado en el Consejo Provincial. Murió soltero, pues su madre no le dejó casarse con un muchacha pobre del pueblo de Veiga. Sin descendencia, su incalculable fortuna fue repartida entre mayordomos, criados y el albacea, que se llevó la mayor parte de los bienes. Cuentan que la noche de su muerte los criados bajaron con una caravana de mulas cargadas de oro hacia Bárzana.
Terrero era un hombre religioso que apoyó a la institución eclesiástica. El edificio parroquial de Nimbra fue costeado con su patrimonio, concretamente con sus rentas de un año. El inmueble tiene planta de basílica acorde con la relevancia de su mecenas.
El rico quirosano había heredado una gran fortuna de sus antepasados, pero fue incrementando los predios rurales sin cesar hasta llegar a tener propiedades en todos los pueblos del concejo, pero también en otros municipios asturianos y leoneses, en Burgos y Santander.
Otorgaba favores, concedía préstamos y controlaba los alistamientos para el Ejército. Muchos vecinos obtuvieron buenos destinos o se libraron gracias al dinero que les prestó el hacendado de Villamarcel, en tiempos en los que se evitaba el servicio militar pagando o siendo sustituido por otro mozo.
Las historias que circulan por Quirós sobre Bernardo Terrero son múltiples. Dicen que ganaba 25.000 duros al año en rentas, que sus posesiones llegaban a Madrid y que podía iniciar viaje a la capital y dormir siempre en una de ellas. Fruto de ese poder económico llegó el político, que vio peligrar cuando se instalaron en la zona unos altos hornos y las minas de carbón. Temía que los aldeanos se ganasen el jornal y no necesitasen sus préstamos.
FUENTE: 

Ferrocarril Minero Trubia-Quirós

 Antigua caja del tren minero en los concejos de Quirós y Teverga.

http://www.el.tesorodeoviedo.es
Para dar salida a los minerales y carbones de sus explotaciones en el concejo quirosano, la francesa Sociedad Hullera de Quirós proyectó un ferrocarril que comunicase el Principado con la Meseta: se unía con el de Ponferrada-Palencia en Benavides y, por las Babias de León y el Puerto de Ventana, entraba en Asturias para seguir por Quirós y Trubia para continuar hasta el puerto de San Esteban de Pravia, desde donde la citada sociedad podría exportar su producción. Pero, finalmente, el proyecto del Ferrocarril del Norte fue por Pajares hasta Gijón.
Posteriormente, en 1867, la Sociedad Hullera fue comprada por la Compañía de Minas y Fundiciones de Santander y Quirós. Ésta proyectó un ferrocarril de vía estrecha que comunicase las minas y fábrica de Quirós con la factoría de Trubia y, dada la proximidad de esta última a la estación del Ferrocarril del Norte, hacer trasbordo allí de las mercancías para reexpedirlas hacia el resto de la Península.
Su trazado, a partir de donde acaba el de Oviedo a Trubia, iba por La Vega de Trubia, Sierra de Estoupo, San Andrés, Sierra de Buanga, Sierra de Peñerudes, Santo Adriano, Villanueva, Proaza, Sierra de Caranga hasta entrar en Quirós por Las Agüeras, Vega de Arrojo y Torales, donde se encontraba la fábrica metalúrgica quirosana destinada a la fabricación de hierro en lingotes. Seguía después el ferrocarril hasta su punto final en Santa Marina. Además de la línea principal, se construyeron otras líneas más cortas y cables aéreos para comunicar las diversas explotaciones con el ferrocarril. Y, posteriormente, también se abrió un tramo que unía la vía principal con las minas teverganas.
En 1884 comienza a prestar servicio el ferrocarril con pequeños vagones, construidos en parte por la Fábrica de Quintana, arrastrados por cuatro locomotoras de vapor belgas y, posteriormente, estadounidenses. Con 30 km de longitud, era el más largo de los ferrocarriles industriales de Asturias. Y, como indican algunos autores, fue el primero de España con el ancho de vía de 750 mm, medida bastante común después en otros ferrocarriles de este tipo.
Además de la empresa propietaria, también era utilizado, pagando un peaje, por otras que contaban con explotaciones en la zona. Su uso se limitaba al transporte de minerales, carbones y otras mercancías aunque en un principio también se pensó en el transporte de viajeros. Al menos Bernardo Álvarez Terrero, terrateniente quirosano, había cedido gratis la mayoría de los terrenos por donde circulaba el ferrocarril a cambio de que los quirosanos gozasen de transporte gratuito. Se da la casualidad que este mismo personaje fue el que impidió la construcción del Ferrocarril de comunicación con la Meseta, y que después fue llevada a cabo por Pajares, porque los humos de las locomotoras al paso por sus fincas podían perjudicar a sus ganados.
El ferrocarril de Trubia-Quirós dejó de funcionar en 1963 por diversos problemas legales y por la decadencia de la actividad minera en el valle. El gobierno de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias, junto a la Mancomunidad de los Valles del Trubia, proyectó la transformación de la caja del ferrocarril en una senda peatonal y cicloturista, conocida como la Senda del Oso, cuyo primer tramo se inauguró en 1995.

 La tumba de Bernardo Terrero en el cementerio de Nimbra.

FUENTE:  http://www.el.tesorodeoviedo.es

1 comentario:

  1. La vida de este personaje fascinante bien merece un estudio histórico serio y riguroso.
    En cuanto a la casona, mas que por la acción de los buscadores de tesoros, lo cierto es que la ruina vino por décadas de abandono y se agravo cuando el tejado se empezó a agrietar. Lo curioso es que el Ayuntamiento de Quiros, propietario de la casona, no se preocupo de adoptar medidas antes de que la ruina fuera irreversible.
    Recuerdo bien cuando visite el edificio, pocos días después de que un rayo estropeara la techumbre. En los tabiques se veían agujeros producto de los buscadores de oro pero la casa aun conservaba su esplendida escalera, el empedrado del portal con cantos rodados y una misteriosa arca de piedra de una pieza donde Terrero, decían, guardaba sus tesoros. En la maciza puerta del desván, única superviviente del saqueo, un querubín de madera sonreía ajeno al fatal desenlace que se avecinaba.

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