1 de septiembre de 2013

La Sociedad Hullera Española planteó en 1891 introducir la industria costurera en Ujo (Mieres)

Encaje de bolillos

 
Ilustración de Mariano Moré, Mineros

La Sociedad Hullera Española planteó en 1891 introducir la industria costurera en Ujo para que las familias mineras pudieran obtener ingresos complementarios con el trabajo de las mujeres

Grupo de mujeres costureras sentadas a la puerta de una casa, cosiendo. Antes era más frecuente hacer vida en la calle donde, por ejemplo, tendrían mejor luz para coser. Concejo de Laviana, década de los veinte http://www.asturias.es

http://www.lne.es
Entre las consecuencias que está trayendo sobre la Montaña Central el cierre de las explotaciones mineras, el mayor desastre viene dado por la imparable caída de la población. La situación se agrava además por los constantes hachazos que sufre nuestro débil tejido industrial y se refleja negativamente en la actividad comercial haciendo que disminuyan los atractivos de la zona. Así se cierra un círculo vicioso que va a ser muy difícil romper para retomar el camino del progreso.
La vida cultural y el ocio también sufren esta situación. Algunos festejos emblemáticos dejan de celebrarse y echan el cierre asociaciones de todo tipo -algunas con mucha raigambre- por falta de socios o de interés, mientras otras sobreviven a duras penas. Por ello resulta alentador que en medio de esta desazón surjan iniciativas inesperadas, que en algún caso acaban consolidándose para sorpresa y felicidad de la ciudadanía.
Este es el caso de lo que ha sucedido con la práctica del encaje de bolillos. Una afición que se mantiene desde hace varias generaciones sin que nadie pudiera pensar que un día podía llegar a tomar forma y plasmarse en una jornada de encuentro anual. Pero ha sucedido y ahora reúne en Mieres a aficionadas -y en menor medida también aficionados- de toda España. La primera convocatoria se hizo para el año 2005, haciéndola coincidir con la celebración del 8 de mayo del «Día de la mujer trabajadora», y logró concentrar en el Colegio Santiago Apóstol a unos 150 asistentes.
Aquel número fue tan apreciable que convenció a los convocantes para persistir en su empeño y de esta forma el acto pasó a integrarse en el calendario de eventos del Caudal. Luego la convocatoria fue tomando forma y atrayendo cada vez a más artesanas. En 2010 eran ya 800 y el 6 de abril de 2013 la asociación «El Buemporqué» reunió en su IX Encuentro de encajeras de bolillos a mil personas en el recinto ferial de Santullano, ampliando su llamamiento al I de pacthwork, actividad que consiste en unir retales de diferentes colores y tamaños para formar colchas, manteles, cojines, tapices, cuadros, cestas, o lo que se le pase por la imaginación a la tejedora.
Lo que seguramente se desconoce es que en otra época ya hubo quien pensó en introducir la costura entre las actividades relacionadas con nuestra industrialización. Fue en 1891, cuando se vivía intensamente el proceso de fundación de la Sociedad Hullera Española, que iba a constituirse unos meses después bajo la presidencia del segundo Marqués de Comillas Claudio López Bru.
La idea partió del más íntimo de sus colaboradores, el ingeniero Félix Parent, que estaba ligado a sus empresas en Asturias desde que el aristócrata se había decidido a adquirir aquí sus primeras explotaciones mineras con el objetivo de abaratar el consumo de carbón de sus navíos comerciales.
La «Revista Minera» contaba en su número del 24 de mayo de aquel año lo que estaba sucediendo en Ujo, atribuyendo la información a un periodista de Gijón: «Tiene la empresa establecidos economatos donde se venden a precio de coste, sin ganancia alguna, géneros de primera necesidad que permiten al obrero ahorrar del 20 al 25 por 100 en sus gastos diarios. El señor Parent, secundando las aspiraciones humanitarias del marqués, se ocupa en plantear entre las mujeres de los trabajadores la industria de los encajes, para lo cual se espera la venida de una maestra de Barcelona, que enseñará a hacerlos a numerosas mujeres y niñas que ya se han alistado.
Esta nueva industria comprende desde la puntilla más común que se cose a las sábanas hasta las mantillas de encaje que gastan las damas de la aristocracia. Los géneros serán enviados a una casa de Barcelona que tiene la venta segura y no puede atender los pedidos. También se piensa traer un cortador de vestidos para hombre y una maestra que enseñará a las mujeres que se han alistado a hacer vestidos para sus esposos, hijos y hermanos, los cuales vestidos se venderán a plazos en los economatos. La maestra enseñará también a remendar pantalones, chalecos, blusas, bombachos, etcétera.
Con estas disposiciones, los ingresos de las familias quedarán aumentados y se adquirirán poco a poco costumbres de trabajo tan necesarias en la mujer como en el hombre. Esto y algo más, aún bastante más, necesita hacer la «Trasatlántica» en su establecimiento del Trocadero si quiere tener mano de obra barata, a favor de sus obreros».
No queda recuerdo en Ujo de que se hubiese generalizado allí la industria del encaje ni las puntillas; en cambio sí nos consta que varias generaciones de mujeres vinculadas a la Hullera Española tuvieron que coser frecuentemente la ropa de trabajo de sus maridos, incluyendo los calzoncillos, sin más motivación que el del ahorro forzado por la necesidad.
Esto del zurcido íntimo fue una de las pocas cosas en común que don Claudio tuvo con sus obreros si hacemos caso a sus biógrafos, ya que se dijo de él que «vivía en palacios dignos de monarca, pero las predilecciones de su alma eran para los que habitaban en buhardillas o carecían de albergue» y que nadie hizo tantas obras de caridad; e incluso en un intento de demostrar su humildad se ha llegado a escribir que en los momentos posteriores a su muerte, el 18 de abril de 1925, a los setenta y dos años de edad, quienes lo amortajaron pudieron comprobar que su ropa interior estaba remendada, demostrando así la sencillez de sus costumbres.
En cuanto a Félix Parent, el hombre que quiso enseñarnos a zurcir, con la noble intención de que las familias pudiesen obtener un plus y no con el ánimo de que la empresa pudiese sacar tajada del escaso tiempo libre que dejaba el trabajo en las minas y la atención a los hogares obreros, como pueden imaginarse algunos malpensados, también fue un personaje curioso.
Nacido en Francia en 1846, entró en nuestro país con su flamante título de ingeniero para dirigir la Hullera y Metalúrgica de Bélmez, participada por capital galo, de allí pasó en 1876, también como director, a las minas de carbón de Barruelo de Santullán, en Palencia, donde estuvo hasta 1882 y tras un breve paso por los almacenes generales de la Compañía de los Ferrocarriles del Norte en Valladolid y la Compañía de Águilas (Murcia), siempre en puestos de dirección, en 1883 ya estaba al frente de las minas de Aller.
Según expuso el investigador José Antonio Gómez Martínez en una ponencia leída en el V Congreso de Historia Ferroviaria celebrado en Palma de Mallorca en 2009, don Félix sentía inclinación hacia la ciencia y en especial hacia la paleobotánica, siendo un apasionado coleccionista de los fósiles de la hulla. Lo demuestra una carta que se conserva en el archivo del Museo del Ferrocarril de Asturias dirigida en octubre de 1884 desde París por su amigo E. Dereins, quien luego sería delegado de las Minas de Aller en esa ciudad, dando cuenta de la adquisición de un libro que le había encargado sobre esta materia, que ya entonces era difícil de encontrar y que le remitía a las oficinas del Caudal.
En Asturias se implicó en el proyecto paternalista de don Claudio López Bru, participando en el planteamiento y la construcción del poblado modelo de Bustiello y en la constitución de la Liga General de los Intereses Hulleros de España, de la que fue vicepresidente y aquí acabó sus días repentinamente el 17 de agosto de 1898, cuando Asturias se vio sacudida por un extraño temporal veraniego que llegó a derribar algunos postes de la línea telegráfica dejando a la región incomunicada durante horas.
Por ello la noticia de su fallecimiento tardó en llegar a la prensa, pero luego se supo que su cadáver había viajado por ferrocarril hasta San Juan de Luz en un vagón habilitado como capilla ardiente y con la escolta de los guardias de la empresa. La información no aportaba ningún detalle sobre el estado de la ropa interior del finado.


                                 Imagenes de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR

No hay comentarios:

Publicar un comentario