17 de agosto de 2013

Asturias, tierra de dinosaurios y de prehistoria

Los dinosaurios ya eligieron Asturias, el  hombre no ha podido abandonarla.





Pisando fuerte en La Griega. (Colunga)

http://prehistoriadeasturias.wordpress.com
Cuesta creer que, donde hoy las tardes de verano pasan plácidas al sol, al amparo del faro de Llastres a la izquierda y costeando los acantilados de Güerres a la derecha para llegar a la idílica playa de La Isla, hace años, millones de años, tendríamos que haber compartido toalla con ciertos reptiles. Y no cualquier toalla, sino una toalla gigante, pues las icnitas o huellas del arenal colungués son las mayores conocidas en España y de las mayores halladas en todo el mundo. Tanto, como para meter ambos pies en uno de sus dedos y sentirte empequeñecer. El diámetro del pie de este gran saurópodo alcanza nada más y nada menos que los 130 centímetros, siendo la mayor del mundo de su género y la segunda mayor de todas las halladas hasta hoy de todas las especies.
Lo más atractivo para quien quiera obsevarlas de cerca es la facilidad de su acceso, pues se encuentran en las rocas del extremo oriental de la playa. Cuando se retira la pleamar o ha llovido, las huellas se convierten en grandes charcos.
Lo abultado de los bordes se debe a que, en el momento de la pisada, el pie del reptil extruyó barro y se fosilizó enmarcando la huella, simultáneamente. Quizás nos cueste apreciarlas desde el suelo, de caliza gris, pero disponemos de un mirador de manera instalado al efecto para contemplarlas en su máximo esplendor, con paneles explicativos sobre su disposición. Hace 150 millones, esta roca conformaba el barro calcáreo de una laguna costera poblada por pequeños organismos invertebrados, como ostrácodos y gasterópodos, cuyos fósiles también perviven en la piedra, eclipsados por las evidencias dejadas por los grandes reptiles.
Estas huellas fueron tomadas en cuenta por primera vez en la década de los ochenta del siglo pasado, cuando dos investigadores alemanes las catalogaron como pertenecientes a un ejemplar bípedo. Estudios posteriores las atribuyen a un gigantesco saurópodo.
No es el único ejemplar jurásico que gustaba de las aguas de La Griega para darse sus baños. Ocho huellas conforman un rastro de unos cinco metros de longitud. Dos de ellas pertenecen a las extremidades delanteras (con forma de media luna), las otras seis son ovaladas, y provienen de otro dinosaurio menor, de unos 140 centímetros de longitud de tronco. Más difíciles de atribuir a especies concretas son otras marcas tridáctilas que jalonan el roquedo.
Más cerca de la playa, y únicamente accesibles con bajamar, hallamos dos huellas en negativo o contramolde. Se sitúan en una laja suelta de arenisca roja, en la Formación Vega. Parece ser que pertenecieron a individuos diferentes, pues las percibimos en sentido contrario. Una de ellas, con forma de media luna, es de una mano. La otra, ovalada y con evidencias de dedos muy pequeños, a un pie.
Ortofoto de la Playa de Peñarrubia, Gijón (SIGPAC). con indicación de fosiles. http://speedstar71.blogspot.com.es



 
La costa de los dinosaurios

Desde Gijón hasta Ribadesella, unos 60 kilómetros de litoral asturiano son conocidos como “Costa de los dinosaurios”. Esto se debe a los vestigios jurásicos que en sus lugares más recónditos, pero también en otros de fácil acceso, pueden observarse. Abundan en ella las huellas de dinosaurios y restos óseos de éstos y otros reptiles que poblaron la región en el Jurásico.
Existen hasta el momento nueve yacimientos localizados y catalogados por los científicos. Tres de ellos se ubican en el concejo de Villaviciosa (playa de Merón, puerto de Tazones y faro de Tazones); otros tres en Colunga (acantilados de Luces, acantilados de Llastres y playa de La Griega) y otros tres en Ribadesella (playa de Vega, acantilados de Tereñes y playa de Ribadesella).
En ellos puede pasearse a través de huellas de dinosaurio, tanto en positivo como en negativo, así como evidencias de otros moluscos prehistóricos que dejaron grabado su caparazón en la roca. Las lajas más pequeñas o desprendidas se han ido trasladando al cercano y relativamente reciente Museo del Jurásico de Asturias, sito en la rasa de San Telmo, sobre la colunguesa playa de La Griega.
 Iremos poco a poco desentrañando cada uno de estos yacimientos (en la foto, acantilados de Tereñes) y el propio MUJA (Museo del Jurásico de Asturias). En todo caso, periódicamente afloran nuevas huellas tras temporales que arrancan parte de los acantilados. Una ruta de senderismo perfectamente señalizada recorre toda la costa. Se recomienda hacerla durante la bajamar. http://prehistoriadeasturias.wordpress.com

El MUJA.

Es el Museo Jurásico de Asturias, un edificio fascinantes tanto por fuera como dentro ubicado en un escenario único. Se encuentra en el concejo de Colungaa, en la Rasa de San Telmo, entre Lastres y Colunga, a 155 metros sobre el nivel del mar.
Toma la forma de una gran huella de dinosaurio, proyectada por el arquitecto Rufino Uribelarrea, como no podía ser de otra manera. En su interior se traza una interesantísima visita que sigue un orden cronológico, aunque manejando magnitudes de tiempo a las que poco estamos acostumbrados. La vida en la Tierra hasta la llegada del Hombre, pero se centra en los periodos del Mesozoico: el Triásico, el Jurásico y Cretácico.
Fue en 2005 cuando se inició el proyecto científico del departamento científico del MUJA. A lo largo de estos años se han recuperado más de 500 fósiles que pertenecieron a 255 especies diferentes; se ha establecido como uno de los museos más completos a nivel mundial en lo que se refiera a icnitas de dinosaurios; guarda pequeños y grandes tesoros encontrados únicamente en la costa asturiana: las huellas más pequeñas de saurópodos, de 12 cm, conocidas hasta la fecha y la mayor huella encontrada de un dinosaurio terópodo: 82 cm.
Cuenta, además, con Auditorio, con Sala de Actividades Especiales, con un Área de descanso, con Salas de Talleres, con el Café del Muja y con un jardín y zona de juegos. http://www.escapadarural.com
Sobre la rasa costera de San Telmo -entre Colunga y Lastres- casi al borde del acantilado, se levanta un curioso edificio en forma de huella tridáctila de dinosaurio. Desde el exterior, además de una impresionante panorámica marítima, podemos contemplar el paisaje jurásico que hay a sus pies. El sector litoral de Asturias entre Gijón y Ribadesella, de más de 60 kilómetros, se conocer como “La costa de los dinosaurios” ya que en ella abundan las huellas y restos óseos de dinosaurios y otros reptiles jurásicos. Esto demuestra que los dinosaurios, a pesar de su antigüedad, eran muy inteligentes pues eligieron Asturias para vivir. En Asturias, en la playa de La Griega (Colunga) al pie del museo, se encuentran las huellas de dinosaurios más grandes del mundo; en unos acantilados próximos a Tazones (Villaviciosa) se encontró la más pequeña del mundo, correspondiente a un dinosaurio cuadrúpedo juvenil del tamaño aproximado de un perro actual. http://terinablog.wordpress.com

La Asturias glaciar


Mucho menos afectada que el norte de Europa por las glaciaciones, las cumbres españolas presentan no obstante huellas geológicas imborrables de estos procesos. Se dan en los Pirineos, los sistemas centrales o Sierra Nevada. Y en Asturias, a lo largo de toda la Cordillera Cantábrica, con sus mejores ejemplos en los Lagos de Covadonga (Picos de Europa) y los de Saliencia (Somiedo).
Durante la glaciación del Pleistoceno, la Cordillera Cantábrica se cubrió de nieves perpetuas por encima de los 1.400 metros, lo que en Asturias suponía un manto blanco en toda su actual frontera oriente-sur.
Esta glaciación supuso la excavación de grandes cubetas lacustres debido a la acumulación de sedimentos procedentes del avance de las morrenas. Hoy en día, algunas de estas cubetas están permanentemente llenas, como los lagos Enol y Ercina (en la foto) en Covadonga. Sin embargo, otros, como el Bricial o tercer lago de Covadonga, sólo aparecen cuando las lluvias acumuladas o el agua procedente del deshielo es mayor de lo habitual (como en esta primavera de 2013).
En cuanto al efecto erosivo de las morrenas, éste tuvo mayor incidencia en los Picos de Europa que en los macizos centrales y occidentales de la Cordillera debido a la naturaleza kárstica del oriente astur. Estos pasillos pueden contemplarse en las laderas del mítico Naranjo de Bulnes o Picu Urriellu.
Hace tres años (marzo de 2010), durante las excavaciones de los túneles del futuro trazado del AVE que unirá León y Asturias, se descubrieron vestigios de la glaciación africana, que alcanzó Europa hace 444 millones de años. Investigadores del CSIC le han atribuido a esta glaciación la formación de valles glaciares entre León y Asturias, en el corredor del Pajares.
Este descubrimiento supondría la primera evidencia científica de la extinción en masa (casi 400 millones antes que la de los dinosaurios) que azotó el antiguo macrocontinente de Gondwana y que hasta ahora no se sabía si había llegado o no a la actual Europa.
El descubrimiento de estos glaciares, que alcanzaban hasta 250 metros de longitud y 3 kilómetros de ancho, fue publicado por la prestigiosa revista “Geology”. Sin embargo, geólogos asturianos han cuestionado sus conclusiones, y aseguran que los depósitos no corresponden a las glaciaciones, sino que se trata de afloramientos volcánicos.

FUENTE:  http://prehistoriadeasturias.wordpress.com
------------------------------------------------------------------
  "OPINIÓNIONES Y DISCREPANCIAS SOBRE LA GLACIACIÓN"

Discrepancias científicas sobre la glaciación ordovícica asturiana

Carlos Aramburu, geólogo de la Universidad de Oviedo, asegura que en Asturias nunca hubo un casquete glaciar.

Los depósitos de Pajares dividen a los expertos.



http://www.lne.es
Geólogos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) creen haber descubierto en Pajares evidencias del casquete glaciar del antiguo continente Gondwana. Sin embargo, esta tesis es cuestionada por expertos de la Universidad de Oviedo, que rechazan que los depósitos procedentes de las obras del túnel de Pajares evidencien la presencia de los primeros valles glaciares en León y Asturias, como así lo defienden los científicos del CSIC.

                   Juan Carlos Gutiérrez-Marco (geológo del CSIC).

Para el geólogo Juan Carlos Gutiérrez-Marco, del CSIC, las obras de la línea de Alta Velocidad facilitaron el hallazgo de depósitos glaciomarinos ordovícicos desconocidos en la cordillera Cantábrica y con ellos la existencia de antiguos valles glaciares, de hasta 250 metros de profundidad y de uno a tres kilómetros de ancho, rellenos de areniscas y pizarras, recubiertos por lo general de una capa de cuarcita depositada en ambientes marinos muy poco profundos. El hallazgo acaba de publicarse en la revista «Geology».
Pero no todos los expertos hacen el mismo análisis del hallazgo. Carlos Aramburu, profesor del departamento de Geología de la Universidad de Oviedo y experto en Ordovícico, discrepa sobre la naturaleza de esos materiales localizados en los límites de Asturias y León. A su juicio, lo que los científicos del CSIC consideran afloramientos de depósitos glaciares él los identifica como afloramientos volcánicos.

  Carlos Aramburu, profesor del departamento de Geología de la Universidad de Oviedo.

Por tanto, las conclusiones difieren sustancialmente. En opinión de Aramburu, que conoce la investigación de cerca, las rocas de Pajares coinciden en edad con la glaciación africana de hace 444 millones de años, pero no encuentra en ellas nada que refleje esa glaciación. «Aquí no había un casquete glaciar, ni existen evidencias de casquetes glaciares fuera de África», afirma.
Para Gutiérrez-Marco, la glaciación ordovícica ocurrida hace 444 millones de años en el polo Sur del antiguo macrocontinente de Gondwana, que originó una extinción en masa mayor aun que la que hace 65 millones de años acabó con los dinosaurios, pudo llegar hasta lo que ahora se conoce como Europa. Para tratar de probarlo, los expertos se trasladaron a las montañas próximas tras los hallazgos del túnel. «Allí estaba lo que buscábamos: rocas glaciares del Ordovícico Superior en Telledo, Asturias, y al sur del puerto de Pajares, en Casares de Arbás y Pontedo, en León».
A su juicio, los paleovalles de las montañas cantábricas son similares a los valles subglaciares de Argelia, Libia y Mauritania, excavados bajo un casquete de hielo de entre uno y tres kilómetros de grosor. Gutiérrez Marco sitúa a la península Ibérica durante el Ordovícico frente a Libia y Egipto.

 Formaciones del Cambro-ordovícico cerca del embalse de Barrios de Luna (León).

FUENTE: M. S. MARQUÉS. Lne.es » Sociedad
------------------------------------------------------------------
  ..... y sobre la Prehistoria asturiana, un poco más que ver y conocer.

Arte rupestre en Teverga: la galería más moderna de la Prehistoria.

http://www.spain.info





Localización
Comunidad autónoma:
Asturias

Asturias



Tome nota de una oferta cultural única: el Parque de la Prehistoria de Teverga. ¿Se imagina encontrar reunidas en una misma cueva las muestras más importantes del arte rupestre europeo? Es posible y está en Asturias, al norte de España. Un viaje a los orígenes del arte a través de reproducciones de pinturas de entre 10.000 y 35.000 años de antigüedad. Acompáñenos en este regreso al Paleolítico.
El Parque de la Prehistoria de Teverga se encuentra en un paraje natural incomparable: la montaña central de Asturias, en el corazón de la España Verde y a sólo 40 kilómetros de Oviedo.
La principal atracción del Parque de la Prehistoria es lo que se conoce como “Cueva de las Cuevas”. Se trata de un marco natural que reproduce el clima de una caverna del Paleolítico. Todo está organizado para que pueda sentirse por un momento como un auténtico arqueólogo: podrá observar de cerca reproducciones de las cuevas de la Caverna de la Peña de Candamo, de Tito Bustillo, ambas localizadas en Asturias, y del conocido “salón negro” de Niaux. Y es que este extraordinario proyecto, pionero en su género, cuenta con una muestra permanente de las representaciones rupestres más importantes de Europa.
Déjese fascinar por la magia de los primeros símbolos artísticos representados por el hombre. Mediante paneles explicativos conocerá los famosos caballos de la caverna de Chauvet, el techo de los bisontes de la Cueva de Altamira (Cantabria) o los misteriosos símbolos de la Cueva del Llonín. Vídeos, una exposición de utensilios y herramientas, y hasta un enterramiento simulado, ayudarán al visitante a descubrir cómo vivía y se expresaba el hombre en la Edad de Piedra. La “galería más moderna de la Prehistoria” contará pronto con una zona de de talleres didácticos donde poder aprender el proceso de preparación de los materiales y las técnicas que se empleaban hace 30.000 años.
La apuesta de Asturias por épocas remotas no termina aquí. Si quiere viajar aún más atrás en el tiempo –a la era de los dinosaurios-acérquese a la franja costera que transcurre entre las localidades de Villaviciosa, Colunga y Ribadesella. En Colunga podrá visitar el Museo Jurásico de Asturias (MUJA), o contemplar las huellas de dinosaurio que han perdurado en la playa de La Griega. Si está pensando en regalarles una experiencia emocionante y educativa a sus hijos, Asturias cumple ambos requisitos. No espere a que se lo cuenten. Asturias es el lugar perfecto para remontarse a la Prehistoria.
                 Parque de la Prehistoria, Teverga.
 
Encontrará más información en la web del Parque de la Prehistoria.

-----------------------------------------------------------------------------------

 La cueva de la Covaciella.

  http://www.lasalle.es

La cueva de la Covaciella, en el concejo asturiano de Cabrales consiste en una galería de cuarenta metros de largo que finaliza en una sala con pinturas rupestres paleolíticas del periodo magdaleniense con una antigüedad de 14000 años. Fue descubierta en 1994 cuando tras una voladura por obras en la carretera abrió un agujero en la cueva. El hecho de su cerramiento y su tardío descubrimiento hace que la calidad y conservación de las pinturas sea muy alta. Se considera a los bisontes como los mejor conservados de la cornisa cantábrica. La cueva se encuentra cerrada al público.
El autor era contemporáneo del de los bisontes de Altamira, pero su proceso creativo era netamente distinto. Se enfrentó a un soporte muy difícil. La caliza alterada, con la consistencia de la arcilla, por una parte facilitaba la labor del grabado, pero planteaba serias dificultades para el dibujo. Probablemente alisó con la mano la superficie de piedra en los lugares donde situó las figuras. A continuación pudo realizar un primer encajado con un objeto punzante, en este caso un hueso afilado o un buril de sílex, para a continuación realizar el trabajo de dibujo a carbón. Empleó carbones afilados que le proporcionaron un trazo fino en unos lugares; en otros extendió el carbón a mano y luego lo difuminó. Al final con un útil dentado, efectuó un intenso grabado inciso. 

Descubrimiento y entorno

http://www.asturnatura.com
La cueva de La Covaciella se encuentra en la zona cabraliega conocida como Las Estazadas, a una buena altura sobre la margen izquierda del río Casaño y en las cercanías del Puente Golondrón; desde ella se puede ver la Cueva del Bosque, situada a menos de un kilómetro. Se descubrió en octubre de 1994 como resultado de una explosión llevada a cabo durante las obras de ampliación de la carretera AS-114; entonces se abrió un agujero en el techo de la cueva por el que se comenzaron a verter bloques para rellenarlo y asentar la carretera (unos 400 m3); antes de que se acabara de rellenar el hueco, la presencia de un día festivo, el 16 de octubre de 1994, permitió a varios lugareños entrar en él y descubrir sus pinturas.
La Covaciella está formada por una galería de unos 40 m de longitud que se abre a una gran sala, dividida en dos por los bloques vertidos antes de su descubrimiento; la parte oeste de la sala mide 11 x 13 m y la este 25 x 15 m. El desarrollo total de la cueva, de este a oeste, ascendente, es de 80 m; su entrada original es un pequeño orificio al noreste de la gran sala, y desde que fue cegado naturalmente hasta que se abrió a consecuencia de las obras, no hubo intromisión humana alguna en su interior.
A escasos metros de la entrada original existe un abrigo usado por los lugareños para refugiar el ganado, conocido como cueva de Los Gitanos, Covariella o Covariellas, de 25 m de fondo por 7 de ancho. Aparentemente nunca estuvo comunicado con La Covaciella, pero debido a su cercanía si existió una relación, ya que excavaciones en el mismo demostraron la existencia de varios niveles solutrenses o magdalenienses.

Representaciones.

Las representaciones parietales de La Covaciella se desarrollan de este a oeste sobre la pared sur. La primera parte, conocida como el Panel Principal, se inicia a unos 55 m del extremo este de la cavidad. A unos 10 m de la última figura aparece una zona pintada, el Panel del Signo, y a unos 4 m se localiza el Panel del Bisonte; unos 2 m al oeste, un trazo corto, de 8 x 1.5 cm, situado en la pared opuesta y pintado en rojo, pone fin a las representaciones de la cueva. Apenas a unos metros de este trazo un tapón de arcilla ciega una posible salida de la cueva al exterior.

El Panel Principal.

La organización de este panel (fig. II), corre a cargo de una grieta vertical que lo recorre de arriba abajo; los animales de la parte izquierda miran a la derecha, y los de la izquierda (salvo uno), a la derecha, dando una sensación de claro afrontamiento. En este panel aparecen un ciervo, un prótomo de caballo, siete bisontes, un reno, puntuaciones, bastoncillos y trazos digitales de enmarque.

La primera figura de este panel, comenzando por su parte este (izquierda al mirarlo de frente, fig. III), es un ciervo grabado de 103 cm, cuyo perfil aparece representado con un trazo digital único sobre la arcilla de descalcificación (ver fig. IV). En su interior, la manchas del anca, cuello y parte masetera presentan un modelado formado por varios trazos digitales entremezclados.
 
Sigue una figura de un bisonte de 88 cm (fig. V), perfilado con trazo digital y asociado con pintura negra sólo en el tren anterior; en su interior, la parte dorsal y posterior están modeladas con trazos digitales aplicados con suavidad.

Bajo este bisonte, casi a nivel del suelo, aparece el prótomo de un caballo, de unos 12 cm de longitud, pintado en negro (fig. VI).
En la parte oeste del panel (derecha, ver fig. VII), aparecen más representaciones. Continuando desde la parte anterior, la primera figura que aparece es un bisonte hembra pintado en negro que mide 62 cm (fig. VIII); su parte nasofrontal y los dos bordes pintados de los cuernos tienen una perfilado consistente en una línea fina pero profunda, a la vez que una banda ancha de trazos múltiples recorre el contorno externo de la parte dorsal desde el fuerte escalón de la crinera a la cola. Con este contorno se consigue destacar el trazo dorsal del animal del fondo, que gracias a esa banda se hace más claro al retirar la arcilla de la pared, aumentando así el contraste. Además, destaca en el interior, en la parte dorsal anterior, un modelado formado por finos grabados arriba y un alisado en el que se aplicó un pigmento ocre abajo; la barbilla, la zona ventral del cuello, la escápula y la parte inferior de las patas presentan un difuminado de la pintura negra. El anca de la pata posterior tiene un haz de grabados finos los cuales convergen hacia abajo adaptándose a las líneas negras de las patas.

Tras esta figura aparece otra que se corresponde a un bisonte macho con la cola levantada; su longitud es de 76 cm (fig. IX). Se realiza empleando las mismas técnicas que en la figura anterior y los grabados y modelados son similares.

Bajo esta figura o entre sus patas aparece un bisonte pintado en negro del que únicamente se representó la línea dorso - cervical, la crinera (casi borrada por el agua), los cuernos grabados con una línea simple y el perfil nasofrontal; puede verse la línea en la figura X, donde también se aprecia el conjunto de los bisontes pintados de esta parte del Panel Principal.

Por delante de la anterior aparece otro bisonte macho, de 69 cm, también con la cola levantada (fig. XI); para la representación de la línea cervical el artista aprovechó un resalte de la roca. Está realizado con pintura negra a la que se añade una roja que aparece tan sólo contorneando al negro en las patas trasera; la barbilla y la parte ventral del pecho presentaron un difuminado, que hoy ha borrado el agua de escorrentía. Bajo este bisonte, entre sus patas delanteras y el sexo aparece una mancha roja difuminada, y tras él dos puntuaciones también en rojo. Bajo las patas hay cuatro trazos cortos, uno más largo y dos más cortos.

Por encima del segundo bisonte de esta parte del panel, aparece una curiosa figura, ya que se aprovechó la forma natural de la superficie para crearla. Se trata del cuarto trasero de un bovino que mira a la derecha, al contrario del resto de animales de esta parte del panel; aprovechando una oquedad se representa la cola (que aparenta estar erguida gracias a un resalte curvado) y el comienzo del anca, cuya parte inferior se completa con un trazo digital para diferenciarla de las grietas contiguas; otro trazo finaliza la pata posterior, realiza el pliegue inguinal e inicia el vientre. En la parte dorsal, después de la cola, otro trazo digital inicia al comienzo de la grupa, que es marcada luego por el resalte de la cornisa. Por el contexto figurativo, correspondería a la parte trasera de un bisonte; puede apreciarse en la fig. XII.

Tras el bisonte anterior aparece grabado otro (fig. XIII), mirando a la izquierda, de 44 cm, y del que sólo se representó barbilla, boca, la lengua saliendo, nariz, ollar, ojo y línea del párpado superior; la pelambrera anterior aprovecha alguno de los trazos del bisonte inferior y la crinera está realizada a base de numerosos trazos paralelos, sin estar delimitada por arriba y abajo como en los otros; le sigue la línea dorsal. Carece por tanto de las patas, vientre y cola.

La última figura del panel es una que ha sido identificada como un posible reno (fig. XIV). Está realizado magistralmente mediante un trazo que alisa la arcilla de descalcificación para perfilar la figura, que se amplia para reflejar los despieces del cuello, de la zona ventral del pecho y de la escápula; en la cabeza tiene unos largos cuellos arqueados. En total, la figura mide 71 cm de longitud.

En el Panel Principal existen otras representaciones, como los trazos meandriformes digitales antes del primer ciervo, trazos que se repiten de forma discontinua hasta el reno. En la cornisa de la mitad oeste existen dos espeleotemas teñidos de rojo, que posiblemente fueran trazos en su inicio.

El Panel del Signo.

Este panel está formado por una mancha roja de 42 x 27 cm, situada a ras de suelo y muy lavada por el agua de escorrentía; además, los frotamientos que realizaron en ella las personas que entraron cuando se descubrió la cueva han contribuido aún más a su pérdida.

El Panel del Bisonte.

Aparece aquí representado un bisonte macho pintado en negro, de 56 cm, similar a los anteriores, pero sin tanta complejidad técnica, ya que no está grabado. A su derecha aparece otro que quizás pueda ser un bisonte joven, con las patas posiblemente replegadas.

Estilo y cronología.

Se trata de una cueva relativamente pobre en representaciones, pero tanto la calidad de las mismas como su dispoción y conservación le dan una gran importancia. En el Panel Principal, el hecho de que todos los animales estén mirando a la grieta que divide verticalmente el mismo, como intentando entrar en ella, recuerda a otras composiciones similares como el Cueva de Covalanas, Cueva de Llonín y la Cueva de El Bosque; en el arte parietal de La Covaciella se emplean además todos los recursos estilísticos que caracterizan el magdaleniense, como el grabado digital, su fundido con la pintura negra, perfilados, raspados y alisados coloreados.

Para conocer la creación de las pinturas se realizaron dataciones con C14 para el bisonte de la figuras VIII y IX, obteniendo los resultados de 14260 ± 130 años para el primero y 14060 ± 140 años para el segundo; esto indica que la realización de las pinturas de La Covaciella ocurrió hace 14100 ± 130 años. Según la definición de los estilos de Leroi-Gourhan, la temática bisonte - caballo + reno - ciervo, hace de La Covaciella uno de los claros ejemplos del estilo IV.

Conservación.

En tan sólo el día que estuvo abierta la cueva al ser descubierta, entraron en ella numerosas personas que provocaron graves daños. La primera consecuencia fue la alteración del suelo, que había permanecido intacto, y que fue pisoteado, borrando las huellas que habían dejado los artistas que realizaron las pinturas; también se frotaron, rasparon y se realizaron otras manipulaciones sobre las pinturas y grabados, lo que causó daños irreparables al conjunto.

La gran parte de las representaciones se encuentran sobre una capa de arcilla de descalcificación, lo que hace que cualquier mínima alteración del equilibrio de la cueva sea un peligro. Un aumento de la cantidad de agua de escorrentía supondría la dispersión de esta arcilla y por tanto de la dispersión de las pinturas, mientras que un aumento de la temperatura supondría la precipitación del carbonato cálcico y la formación de placas de descamación de la arcilla, que acabarían por caer, lo que conllevaría la desaparición de las representaciones. Estos dos procesos existenten en el Panel Principal, y debido a esto es inviable para la conservación de la cueva una alteración de su microclima; por esta causa no debería ser abierta nunca al público.
FIGURAS (relacionadas en el art.):

Galería de fotografías.


Nombre: Cueva de La Covaciella
Lugar: Las Estazadas
Provincia: Asturias
Comarca: Comarca del Oriente de Asturias
Municipio: Cabrales
Coordenadas: 43.31811,-4.87498


---------------------------------------------

En la mente del los pintores de la cuevas.

Tito Bustillo. El pintor traza en primer lugar, valiéndose de buriles de sílex, el contorno del animal a base de incisiones discontinuas creando un surco ancho de un centímetro o más. Actúa con más fuerza en determinadas partes de la figura, como es el caso de la cola de alguno de los caballos. A continuación emplea el carbón como línea para expresar el contorno del animal y como masa en su interior, extendiéndolo con la mano. Aprovechó el fondo teñido de ocre por anteriores pinturas o que él mismo extendió para conseguir policromía. Emplea alternativamente carbón y óxido de hierro de un tono especial con el que ejecuta los caballos violetas. Reserva zonas de los animales sin pintar e, incluso, las 'lava', creando despieces anatómicos como el vientre de caballos y renos. 
Sólo hay una manera de desvelar el porqué. Pero aún no ha desarrollado el hombre la tecnología capaz de poner a funcionar la máquina del tiempo. Sólo así podríamos saber qué hay detrás del caballo de Tito Bustillo, de los bisontes de la Covaciella o el elefante de El Pindal. No es fácil saber por qué lo hicieron pero es mucho más sencillo descubrir cómo, es más factible analizar con visión de artista lo que aquellos hombres del Paleolítico dejaron grabado a buril de piedra y coloreado con carbón y ocre sobre las paredes de las cuevas asturianas.
Imagen, El caballo negro de la cueva de Tito Bustillo fue pintado hace 13.000 años
El arte rupestre era arte. Eso ya nadie lo duda. Quienes imprimieron su huella 15.000 o 20.000 años atrás en las húmedas oquedades hoy Patrimonio de la Humanidad tenían algo que decir y si no una profesión como pintores, sí tenían una vocación y una misión que cumplir. «Quienes decoraban las cuevas en la prehistoria eran artistas, aunque ellos no lo supieran», sostiene Pedro Saura, uno de los autores junto a Matilde Múzquiz de un buen número de reproducciones facsímiles de cuevas asturianas, algunas de ellas presentes en el Parque de la Prehistoria de Teverga. El suyo es un análisis de artista. Conocen trazo a trazo el gran panel de Tito Bustillo, han imitado los movimientos del pintor del pasado en su búsqueda de la réplica exacta.
¿Hay un retrato robot del pintor paleolítico? «Pasa como ahora, cada uno tiene su personalidad, pero lo que sí hay en común en todos ellos es que el tema que trabajan está marcado por el grupo con el que conviven», dice Matilde Múzquiz. Ella y Pedro Saura saben que no pintaba cualquiera, que sólo los que tenían esa habilidad eran escogidos para decorar las paredes de las cuevas. «Es un personaje especial y relevante, porque pintar no era una actividad del grupo, pero sí una actividad de cohesión del grupo», señala Saura. El grupo decide y el artista ejecuta sobre las paredes con una destreza absoluta. «Son personas que tienen una capacidad especial para representar, son verdaderamente diestros en su trabajo como artistas, no repiten un trazo, no dudan, tienen una perfección y un verdadero deseo de perfección», afirma Muzquiz.
No hay chapuzas en las cuevas. Lo que hacían lo hacían bien. Porque antes de plasmar sobre las paredes su obra ensayaban su interpretación de las imágenes sobre materiales más perecederos. «Posiblemente trabajaban sobre cosas que se perdieron con el tiempo, que no se han podido conservar, en rocas exteriores, en pieles, en la arena...». Cuando por fin dejaban su huella en la cueva era cuando la perfección era posible.
Había en su trabajo un afán de trascender al tiempo, pero también un ansia por hacer más habitable un lugar. Por eso frente a las grandes salas a la vista de todos, como el gran panel de Tito Bustillo, aparecen otras pinturas en lugares menos accesibles. El motivo: «A mí me da la sensación de que quieren introducir la vida allí», sostiene Múzquiz, que ve en esas pinturas en lugares inaccesibles una búsqueda de calor y compañía en las inhóspitas cuevas. La vida se introduce en la oquedad, porque además los trazos de los pintores del ayer no son en absoluto rígidos o pasivos. «Son muy expresivos, con mucho movimiento», afirma Múzquiz.
Pintaban con amor aquellos primeros artistas, que incluso fueron capaces de crear escuelas. No tal y como hoy se entienden, pero sí de forma similar. Y es que del estudio calmado de los trazos de Altamira y Tito Bustillo se desprende una conclusión inequívoca: «El que estuvo en Tito Bustillo o estuvo en Altamira o era conocido del autor», señala Pedro Saura, quien explica cómo se identifican elementos comunes en la ejecución de sus obras, que sólo se pueden interpretar de esta manera. No se sabe qué conexión había entre unos y otros artistas, pero sí que si en Covaciella, contemporánea de Altamira, se pintaron bisontes fue porque por alguna razón su tribu reclamaba bisontes, como ocurrió en la cueva cántabra y todo eso no parece casual. Hay más: «Yo pondría la mano en el fuego y diría que el que pintó en Altamira antes pintó en la cueva del Castillo», afirma convencido Pedro Saura. Porque, sin ser una profesión, el papel de artista se podía asumir en más de una cueva. Entre otras razones, porque las oquedades eran empleadas de forma estacional. Por ejemplo, existen datos que confirman la posibilidad de que los mismos pigmentos que se usaron en Tito Bustillo están presentes en la cueva del Buxu. El grupo humano que habitaba en Tito Bustillo podría efectuar incursiones estacionales al Buxu para cazar; en invierno, tocaba estar cerca del mar y alimentarse del marisqueo. He ahí la razón. Esos signos de autor se dejan ver en los trazos, en cómo, sin ir más lejos, quien dejó su impronta en Altamira dibujaba siempre el contorno acariciando su pelaje y nunca a contrapelo y al mismo tiempo daba importancia a las pezuñas, cuernos, barbas y ojo, sin olvidar que el proceso comenzaba con el grabado y concluía con el color ocre.
                           covaciella, galeria principal http://www.lasalle.es
Los trazos eran distintos de una cueva a otra, pero lo que no cambiaba eran los materiales empleados por estos pintores de antaño. El óxido de hierro siempre está presente, en sus múltiples variantes de colorido: desde el más amarillento, al rojizo más intenso hasta alcanzar esas tonalidades violáceas que debieron entusiasmar al artista que pintó el gran panel de Tito Bustillo. El carbón era el otro ingrediente fundamental en las pinturas de unos artistas que encontraban en el monte los pigmentos necesarios para componer su obra. El proceso es sencillo: buscar, por ejemplo, esas piedras rojizas tan comunes en las proximidades de Ribadesella con presencia de minas de hierro. Una vez machacadas, se obtiene un pigmento marrón rojizo. Esa piedra aporta ese tono, pero otra puede ofrecer otro, hasta obtener distintas tonalidades. Como muestra un botón: en Altamira existen cuatro o cinco rojos diferentes. Ellos ya sabían dónde encontrar buen ocre con el que pintar sus cuevas, parece confirmado que incluso había depósitos a los que acudían a trocar el material a cambio de algo. Con tres o cuatro kilos de piedras sería suficiente para pintar una pared. Pero hace falta más. También es preciso emplear carbón para los trazos negros y es indispensable disponer de un buen buril de piedra para grabar las paredes. Agua es el ingrediente que falta. Nada de grasas animales. Si en alguna ocasión han aparecido restos de ellas en las paredes se asocia más al hecho de que pudieran tener las manos manchadas de comida que a que lo mezclazan con los pigmentos.
¿Y cuánto tiempo podían tardar en dejar su obra concluida? «El que sabe pintar pinta rápido», señala Pedro Saura, sabedor de que puede que la que está consideraba la capilla sixtina del Paleolítico tardara en conformarse en menos de un mes. «Hay pinturas que hoy son tótems del arte rupestre, pero sucede que a lo mejor todo el techo de Altamira se hizo en uno o dos meses», asegura Saura. Claro que conviene no olvidar que unos artistas fueron, en cierta forma, superponiendo sus obras a las de otros autores precedentes, que en el arte rupustre hubo etapas que fueron conformando lo que hoy podemos ver.
Sin llegar a saber el trasfondo espiritual o mundano de su arte, hay una evidencia a los ojos de una experta: «¿Quién es el mejor pintor? ¡Qué difícil es decir eso! A mí el panel de Tito Bustillo me parece impresionante», afirma Múzquiz.
                          covaciella, caballo http://www.lasalle.es
FUENTE:  MARIFÉ ANTUÑA
 -------------------------------------------------
"El arte rupestre asturiano patrimonio de la humanidad".

http://web.educastur.princast.es
De izqda. a dcha. y de arriba a abajo: Las tres primeras son de Tito Bustillo (Ribadesella), las siguientes de El Pindal (Ribadedeva), La Peña (Candamo), La Covaciella (Cabrales), Llonín (Peñamellera Alta), La Covaciella (Cabrales), Llonín (Peñamellera Alta).
En la 32ª Conferencia Internacional de la UNESCO y del Comité del Patrimonio Mundial, celebrada en Québec (Canadá) en julio de 2008, se aprobó inscribir en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad a catorce cuevas de arte rupestre paleolítico del Norte de España, entre ellas cinco asturianas: Tito Bustillo (Ribadesella), La Peña (Candamo), Llonín (Peñamellera Alta), Covaciella (Cabrales) y El Pindal (Ribadedeva).

Las cinco cuevas constituyen ejemplos excepcionales de arte rupestre. Todas poseen un rico y variado repertorio iconográfico, con diversidad de técnicas y estilos. Se trata de algunas de las primeras manifestaciones artísticas murales de la historia de la humanidad.
 
Tito Bustillo es una cueva que despierta los sentidos, en la que se combina perfectamente el mimo de la naturaleza con las manifestaciones humanas que nos han dejado ese mundo religioso, totémico y espiritual de la prehistoria. Esta cueva reúne algunas de las pinturas y grabados más bellos del Paleolítico, algo que le permite codearse con cuevas de renombre universal como Altamira o la francesa de Lascaux. Renos, cérvidos, bisontes, caballos, vulvas, torsos femeninos... son algunas de sus maravillosas pinturas.
 
La Covaciella posee un maravilloso cuadro pictórico de arte parietal. Disfrutar de la visión del panel de La Covaciella y de su famosa escena de bisontes, que todavía mantiene la misma frescura que hace miles de años, nos traslada a un período fascinante, donde prevalece la magia y el misterio del lugar. Además de los citados bisontes, también hay representaciones de ciervo, caballo y cabra.
 
El Pindal ofrece un entorno maravilloso sobre un acantilado en el mar Cantábrico; su visita es, no sólo un placer, sino además acercarse a la visión de los hombres del Paleolítico. Es este santuario prehistórico, uno de los más completos e interesantes de aquella época; las figuras que pueden observarse son 13 bisontes, 8 caballos, 3 cérvidos, 2 mamuts...
 
La Peña ofrece pinturas de ciervos heridos, escenas de bisontes, bóvidos, rebecos, caballos, signos..., que la hacen entrar por la puerta grande en el patrimonio de la humanidad.
Llonín ofrece en su interior un rico yacimiento prehistórico y en sus paredes aparecen figuras de bisontes, signos rectangulares, signos ondulados, figuras de ciervos, de cabras, de caballos...
 
Estas cinco cuevas asturianas junto a otras, también situadas en el territorio del Principado de Asturias, son testimonio de la habitación humana, ya en los comienzos de la historia, de estas tierras generosas para con sus habitantes y que deben hacernos pensar, cada día más, sobre la conservación de su medio natural y las huellas que en él dejó grabada la humanidad a través de su historia.
 
La comarca del Oriente de Asturias es uno de los territorios con mayor número de representaciones artísticas del Paleolítico; incluso se afirma que en esta zona de Asturias se concentra el 10% del arte rupestre localizado en Europa 9. En esta zona oriental asturiana también se encuentra la cueva de El Sidrón (Piloña), que parece ser la mayor cavidad asturiana de calizas no carboníferas; no obstante, el principal interés de esta cueva reside en sus valores biológicos, pues sirve de refugio a cinco especies de quirópteros y cuenta con dos nuevas especies de coleópteros. La cavidad posee, asimismo, un yacimiento prehistórico -del Homo neanderthalensis- y, además, algunas pinturas rupestres de épocas posteriores 10.
9 Ello supone un patrimonio turístico-cultural que ha quedado recogido en el libro Arte Rupestre Prehistórico del Oriente de Asturias, en el que se estudian 26 estaciones (yacimientos) que sitúan a nuestra comarca en lugar preferente. «En el Oriente de Asturias se concentra el 10% del arte rupestre localizado en el continente europeo». Así lo afirmó Sergio Ramos, arqueólogo y autor de esa publicación junto al colega César García de Castro y los profesores Marco de la Rasilla y Francisco Javier Fortea. Una obra magnífica y divulgativa que abrirá las puertas de todos aquellos yacimientos que se mantienen cerrados al público, bien por su escaso interés, por dificultades de acceso o por motivos de conservación.
10 Es un complejo kárstico que se abre en calizas cretácicas y conglomerados terciarios, con diez entradas conocidas que se agrupan en diferentes sectores: el Sector de la Tumba, que incluye la cueva y sumidero de la Tumba; el Sector de la Cabañina, que comprende la cueva y sumidero de la Cabañina y las cuevas del Sidrón; los pozos de Aura y el Sector de Salelagua, con la cueva y resurgencia de Salelagua. El desarrollo total topografiado es de 3 226 metros, y se distribuye en tres niveles: el nivel superior, sin circulación de agua, y compuesto por entradas y galerías fósiles elevadas. El nivel intermedio se localiza desde la Tumba hasta Salelagua, y está constituido por una galería principal de recorrido sinuoso, con morfología variada y diferentes secciones. Por último, el nivel inferior es sólo accesible en cortos tramos, recorrido por dos cursos de agua entre los sumideros y la resurgencia de Salelagua. La Reserva Natural Parcial de la Cueva de Sidrón se localiza en las cercanías de Vallobal, en el concejo de Piloña. 

 FUENTE: http://web.educastur.princast.es

3 comentarios:

  1. es una vergüenza dar como procedente de Llonín un bisonte de Niaux (Ariege, Francia) (a bajo a la izquierda de la Lámina).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado lector, lamento tu opinión sobre lo del bisonte de la cueva de Llonín, lo contemple tal y como esta recogido el la web:
      http://web.educastur.princast.es
      La pagina es oficial del Gobierno Asturiano.
      Saludos

      Eliminar
  2. Por mi parte, lamento si el error se encuentra en una página oficial del Gobierno Asturiano, pero mantengo que el bisonte a bajo a la izquierda de la lámina procede de la cueva de Niaux (Ariege) como se puede comprobar en el libro de J. Clottes (Cavernas de Niaux, ed. Seuil, 1995, fig. 144). Es la figura 133 del panel 6 del Salón Negro sin ninguna duda.

    ResponderEliminar