5 de mayo de 2013

Los que habitaban en las estribaciones del Sueve (Asturias) hace unos 49.000 años.

Los doce de Sidrón, un retrato cada vez más cercano. La genética revoluciona la paleontología

 
La figura de una neandertal en el Sueve, con los Picos de Europa al fondo, en un reportaje de «National Geographic».

El progreso de los estudios genéticos perfila las singularidades de los miembros del grupo de la cueva piloñesa

La vida debía de resultar bastantes dulce para uno de los tres adolescentes que habitaban en las estribaciones del Sueve hace unos 49.000 años, en un paisaje que en su morfología no diferiría mucho del actual aunque sí en su vegetación y su fauna. Pero era una dulzura anormal, la propia de quien es casi incapaz de percibir el sabor amargo. Limitación que resulta peligrosa para alguien cuya existencia se desarrolla al aire libre y que se ayuda del gusto para catar frutos silvestres u otros complementos alimentarios de origen vegetal cuyo amargor suele advertir de males mayores en caso de ingesta. Ese mismo adolescente lo habría tenido fácil si hoy hubiera necesitado una transfusión de sangre. El grupo 0, el más universal, le garantizaría un donante con facilidad.
El adolescente era uno de los doce de Sidrón, un grupo con vínculos familiares que todavía están por descifrar pero cuyo retrato se hace más cercano a medida que progresan los estudios genéticos sobre sus miembros. En torno a un fuego que ya controlaban, en un abrigo todavía por localizar -sus restos llegaron a la cueva procedentes de otro lugar, quizás arrastrados por el agua y el lodo- se reunían un hombre adulto, dos jóvenes, dos mujeres adultas y otra joven, tres adolescentes de sexo masculino y tres niños con edades comprendidas entre los 2 y los 9 años cuyo sexo está sin determinar. El gen FOXP2, vinculado a la capacidad del habla, y la morfología de su oído interno y su laringe -de Sidrón salió un hioides, el hueso que sujeta la lengua, pieza escasísima y definitiva en los estudios sobre esta facultad- han arrumbado la idea de que los neandertales apenas tenían comunicación verbal. Asunto distinto es la articulación de ese habla y la capacidad de transmitir información en un ámbito en el que el saber de los mayores resultaba crucial para la supervivencia. Por lo tanto, en torno a ese fuego que articulaba la vida grupal había conversación.
El más pequeño (o la más pequeña), de entre 2 y 3 años, estaba ya en el umbral de uno de los períodos de estrés alimentario que han dejado huella en todos los de Sidrón. Llegado el momento del destete, el paso a la alimentación sólida y los problemas derivados de la adaptación al nuevo régimen provocan el adelgazamiento del esmalte dentario. Las capas internas de los dientes son un registro directo de los tiempos de escasez y de otras variaciones en la aportación nutricional, al igual que a partir de los anillos del tronco de un árbol podemos deducir el régimen de lluvias y otras variaciones climáticas en un tiempo determinado.
Prolongar el destete hasta casi los 3 años aplazaba la posibilidad de un nuevo embarazo entre las hembras neandertales. El pequeño (o la pequeña) de Sidrón tenía un hermano (o hermana) de entre 5 y 6 años, hijos ambos la mujer más joven identificada como «C». Esto viene a ratificar que el destete prolongado abría un período en torno a tres años de diferencia entre cada parto, una circunstancia que vino a agravar el déficit demográfico de los neandertales y a situarlos en inferioridad frente a otras especies, como la nuestra, donde el tiempo entre embarazos era más corto.
Otra de la madres, la que los investigadores llama «A» con un vástago entre 8 y 9 años, era la «roxa», portadora de un gen asociado a la pigmentación roja bastante frecuente en la especie. En su aspecto externo tanto ella como el resto de las mujeres del grupo presentaban una anatomía similar a la del hombre. Serían de complexión fuerte y musculada, lo que en opinión del paleoantropólogo Antonio Rosas, miembro del equipo que trabaja en Sidrón, «pudiera ser indicativo de un cierto igualitarismo en la distribución del trabajo».
Ahora sabemos que las tres mujeres procedían de otro grupo distinto. La práctica de que las féminas en edad de procrear dejasen su familia para integrarse en otra evitaría la endogamia pero, sin embargo, no consiguió garantizar la diversidad genética. Los neandertales eran pocos y muy emparentados, como muestra el estudio genético de varios ejemplares procedentes de distintos yacimientos europeos, entre ellos el de Piloña. En momentos críticos se estima que no llegarían a los 10.000 individuos diseminados en un territorio muy amplio. Las mujeres apenas serían unas 3.500, según una proyección a partir del estudio genético del ADN mitocondrial -que se transmite sólo por vía materna- de cinco individuos, uno de ellos de Sidrón. Este estudio revela que todos ellos descendían de una mujer que vivió hace 110.000 años. Aquella «eva neandertal» garantizó la supervivencia de la especie tras una reducción de la población provocada por un intensa glaciación.
Los grupos tenían las dimensiones apropiada para sobrevivir en tiempos de escasez. Los de Sidrón «se movían, de forma cíclica probablemente, en un territorio relativamente amplio», explica Marco de la Rasilla, responsable del equipo que investiga el yacimiento. Restos de sílex procedentes de Piloña hallados en el abrigo de La Viña, en Manzaneda, cerca de Oviedo, nos dan idea de que se desenvolvían en un territorio con distancias de al menos 50 kilómetros entre los distintos puntos de actividad.

La caza constituía la ocupación principal. El grupo poseía las dimensiones idóneas y los brazos suficientes para capturar ciervos, bisontes, osos de la cavernas o caballos. Empresas mayores requerían ya la coordinación con otros grupos. Las técnicas de caza obligaban a acercarse mucho a la pieza, por lo que los neandertales eran de los que «miraban a la cara a los grandes mamíferos», según el paleontólogo Clive Finlayson.
Los bruscos cambios de clima que empezaron a producirse hace unos 50.000 años alteraron su entorno de tal forma que a la primera especie que ocupó Europa le costó adaptarse. Otros recién llegados, nuestros antecesores, mostraban un cuerpo más apto para recorrer las largas distancias en busca de piezas y mostraban quizá mayor destreza en la caza en campo abierto.
Cuando su especie entraba en el tramo final de su existencia, y se intensificaba un proceso de extinción que todavía se dilataría durante algunos milenios, los de Sidrón tuvieron un final abrupto y colectivo. Desconocemos cuál fue el origen de esa muerte grupal -suponemos que no fueron unas bayas recolectadas por el adolescente que desconocía el sabor amargo- a la que siguió algún tipo de práctica caníbal, como deja en evidencia la gran fragmentación de los restos óseos y los orificios que permitían al comensal acceder a la médula del hueso, de alto valor proteico. Hasta ese fatal momento, el grupo apenas se distinguiría de otros que, aislados y en franco retroceso, poblaron Europa hasta hace unos 30.000 años.

Los estudios genéticos han abierto la puerta al conocimiento del perfil individual de la docena de neandertales de cuya existencia tenemos hoy constancia por una colección cercana a los 2.000 fósiles hallados en la cueva de Sidrón, en Piloña, probablemente la mayor de esta especie en Europa. La abundancia de material y las características del grupo han propiciado hasta ahora hallazgos que, para los investigadores, son sólo una promesa de relevantes novedades futuras. Los fósiles de Sidrón están en el centro de esa revolución que para la paleontología supone la irrupción del análisis del ADN y que en pocos años puede alterar de forma sustancial los esquemas de la evolución humana. De momento, ya sabemos que esos neandertales estaban más próximos a nosotros de lo que hasta ahora se pensaba. La publicación, en mayo pasado, del primer borrador del genoma neandertal, a cuya elaboración contribuyeron los fósiles del yacimiento piloñés, reveló que compartimos entre el uno y el cuatro por ciento del ADN, lo que implica que en algún momento hubo un cruce provechoso entre ellos y nuestros ancestros más directos. Un hallazgo que dinamitó la idea establecida de que neandertales y sapiens no tuvieron descendencia fértil y que muestra el potencial de cambio en el conocimiento que trae consigo la investigación genética aplicada a los fósiles.

FUENTE:  ANDRÉS MONTES 
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La obtención del ADN de los 12 neandertales de Sidrón hace «único» al yacimiento piloñés

El estudio demuestra que las mujeres eran las que mantenían la diversidad genética del grupo al abandonarlo en edad de procrear e integrarse en otro para evitar la endogamia






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Tres mujeres capitaneaban genéticamente el grupo familiar de doce individuos neandertales que vivieron en la cueva de Sidrón (Piloña). Ellas eran las que mantenían con sus desplazamientos la diversidad genética del conjunto para evitar una consanguinidad que hubiera sido catastrófica para la especie. Estas conclusiones forman parte del estudio que acaba de secuenciar el ADN de los doce individuos que vivieron en la cueva. Se trata de un trabajo pionero ya que es la primera vez que se consigue mundialmente información genética de todos los fósiles de un yacimiento.
El estudio, realizado por el equipo del genetista Carles Lalueza-Fox, se apoya en las investigaciones desarrolladas a lo largo de los últimos diez años en el campo de la geología, la arqueología y la antropología, materias básicas para comprender lo que sucedió hace 47.000 años en el yacimiento asturiano. Ahora con la información genética obtenida ya se puede profundizar en la composición del grupo, avanzar en el género, edades y parentesco de los individuos, pero también conocer más de sus comportamientos sociales.
Ahora sabemos que los neandertales vivían en grupos de baja diversidad genética en los que la heterogeneidad del ADN era aportada por las mujeres. Eran las hembras de la especie las que al llegar a la edad de procrear abandonaban su grupo familiar para integrarse en otro y evitar así la endogamia. Según los investigadores, este comportamiento, conocido como patrilocalidad, continúan manteniéndolo el 70 por ciento de los grupos cazadores-recolectores modernos.
Los fósiles de Sidrón, que muestran señales de canibalismo, pertenecen a una comunidad que pereció simultáneamente, sin que por ahora se pueda explicar la causa exacta de su muerte. El estudio se ha llevado a cabo sobre ADN mitocondrial, que es el que se hereda de la madre. Así se ha podido saber que los 12 individuos pertenecen a tres ramas maternas diferentes: siete pertenecen al linaje A, otros cuatro al B y un último al C. El grupo está claramente emparentado pero con el ADN mitocondrial solo se puede conocer el vínculo con la madre, no así el parentesco paterno.
En el grupo hay tres hembras adultas, todas de familias diferentes mientras que todos los individuos masculinos adultos pertenecen al mismo linaje, lo que viene a demostrar que la diversidad genética entre las hembras es muy superior a la de los machos. Esto concuerda con la hipótesis de que eran las jóvenes las que se movían de un grupo a otro. Así lo corrobora Antonio Rosas, quien ve este comportamiento como «una estrategia de subsistencia». Por analogía con otras comunidades modernas que practican la patrilocalidad, Carles Lalueza sugiere que «el intercambio tenía lugar durante encuentros entre diferentes grupos».
De los doce individuos identificados a partir de los fósiles hallados en la cueva, seis son adultos, tres adolescentes (entre 12 y 15 años), dos juveniles, uno de entre 5 y 6 años y otro de entre 8 y 9, y un infantil que tendría entre 2 y 3. Uno de los juveniles desciende de una de las hembras, mientras que el otro y el infantil son hijos de otra, a la tercera no se le identifica descendencia. Lalueza expone que si esta hipótesis es correcta se puede concluir que los neandertales tienen una media de un hijo cada tres años.
Esta práctica se sigue manteniendo hoy por otros grupos nómadas que evitan tener nueva descendencia hasta que el último hijo sea capaz de recorrer andando cierta distancia. «La manera de conseguirlo es prolongar la lactancia materna, se trata de una estrategia para retrasar nuevos embarazos», explica el científico.
Lalueza se mostró ayer satisfecho de haber podido concluir un trabajo que le llevó tres años y que «hace único al yacimiento» al conseguir por primera vez aislar el ADN de todo el grupo. Ahora entre sus proyectos figura abrir un nuevo frente que le permita hacer el genoma completo de uno de los individuos.
También considera interesante desarrollar marcadores nucleares para conocer las relaciones entre padres (barones) e hijos. «Sería la primera vez que se pudiera decir si determinados adultos son hermanos». Son muchas las posibilidades que han abierto los estudios genéticos, entre ellos la de estudiar una familia, conocer su demografía, dinámica poblacional y estrategias reproductivas. «Ahora todos los estudios sobre este tipo de contactos se harán a partir de la familia de Sidrón», subraya Lalueza.
Marco de la Rasilla, director de las investigaciones arqueológicas, hace hincapié en el conjunto de disciplinas que están permitiendo los avances conseguidos. «Este estudio da una mayor identidad a los restos, porque ya podemos saber cuál es la mujer pelirroja o el adolescente que tiene el grupo sanguíneo O».
El trabajo que se publicó ayer en la revista «Procedings of the National Academy of Siencies» y está dedicado a la memoria de Javier Fortea, catedrático de Prehistoria fallecido en octubre de 2009 y padre del proyecto Sidrón.

  Representación gráfica del grupo de neandertales que vivieron en la cueva de Sidrón (Piloña).

FUENTE:  M. S. MARQUÉS
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Los neandertales de El Sidrón eran caníbales http://www.portalciencia.net
 



Los restos datan de hace 43.000 años

 Una investigación sobre restos Neandertales hallados en el yacimiento asturiano de El Sidrón, que datan de hace 43.000 años, desvelan signos de canibalismo que pueden atribuirse a escasez de alimento de aquellos individuos o a posibles prácticas "simbólicas", explicó el director del estudio, Antonio Rosas.


El equipo de científicos dirigido por este madrileño del Departamento de Paleontología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) en Madrid, cuya investigación se publica en la revista PNAS, analizó los restos óseos y dentales que se han ido extrayendo de la Cueva de El Sidrón desde el año 2000 correspondientes a ocho ejemplares de Neandertal.
En este trabajo participaron 18 investigadores de distintos centros españoles y concluyeron que los ocho individuos representados en este yacimiento (un niño, un joven, dos adolescentes y cuatro adultos) presentan líneas de hipoplasia, relacionadas con malnutrición o enfermedad.
Los dientes crecen "como a capas", lo que es perceptible en el estado de su esmalte, hasta que se detiene su desarrollo, explicó el responsable de esta investigación, quien es además autor de 130 artículos científicos y de divulgación.
También se han detectado signos en "algunos huesos, no en todos" que desvelan prácticas de canibalismo entre aquellos individuos, con marcas de cortes con cuchillos de sílex.
Sorprende que "no todos los individuos hayan sido descarnados o tratados de la misma manera", ya que "en otros yacimientos hay una pauta, es como un proceso, y siempre se hace de la misma manera, con marcas en los mismos sitios", explicó.
Los científicos barajan dos hipótesis para explicar los episodios de canibalismo que se habrían dado entre esos Neandertales y que confirmarían que "esta práctica estaría mucho más extendida entre estos individuos de lo que se pensaba".
El estado de los dientes hace pensar en una carencia de alimentos generalizada en el momento del destete (justo en el tránsito de la alimentación con leche de la madre a la no materna) pero la adolescencia sería también un período crítico, como revelan los restos. Otra hipótesis para explicar los episodios de canibalismo a partir de este estudio, en el que se usaron técnicas de morfometría geométrica 2D y 3D, se vincula a posibles prácticas "simbólicas", algo "todavía por descubrir en el mundo Neandertal", añadió Rosas.

Caso similar en Málaga

Hasta ahora, explicó, en España sólo se habían detectado signos de canibalismo en Neandertales en Zafarralla (Málaga) y en Europa en zonas como Francia o Croacia. Rosas destacó tres mandíbulas "muy bien conservadas" en la cueva de El Sidrón, aparte de más de cien dientes aislados, huesos largos de extremidades y otros en conexión anatómica, como es el caso de "varias vértebras junto a sus costillas o todos los huesos de un pie juntos". La investigación desvela además una diferenciación entre las poblaciones del sur, que habitaban en la Península Ibérica, Italia y la región balcánica, y las del norte, que poblaban los Alpes, Centroeuropa y la Europa del Este. "Los del sur tenían la cara algo más ancha y menos alargada que los del norte, más próximos éstos a la imagen clásica de los Neandertales", según el científico.
Aún es prematuro asegurar si las diferencias detectadas se deben a cuestiones climáticas o de adaptación, o también si las divergencias surgieron por deriva genética o por azar. Este conjunto arqueológico está compuesto casi en exclusiva de fósiles humanos, sin apenas restos de otros mamíferos, lo que le confiere una gran singularidad.
Las condiciones de conservación en esta cueva son tan óptimas que permitieron la primera extracción de ADN mitocondrial de Neandertal en España y el establecimiento de un marco de trabajo sobre la filogeografía de esta especie humana fósil.

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El crecimiento de los neandertales era más lento que el de los humanos modernos.

http://malcolmallison.lamula.pe/

Las tasas de crecimiento mucho más lenta de los niños Neandertal pueden haberse debido  al estrés metabólico o a las restricciones ontogenéticas (biología del desarrollo) y contribuyeron a la baja estatura de los adultos de esos humanos arcaicos en comparación con los humanos modernos.

El crecimiento de los neandertales era más lento que el de los sapiens

El grupo de investigación de Paleofisiología del Centro Nacional e Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), dirigido por Ana Mateos, ha publicado la primera modelización matemática del crecimiento en altura de niños neandertales desde su nacimiento hasta los cinco años. El resultado de esta investigación se ha publicado en la revista científica Journal of Human Evolution. En él se desprende que el crecimiento de los niños neandertales era más lento que el que se produce en los sapiens.
El estudio ha permitido analizar un total de diez recién nacidos y niños neandertales. Las estimaciones de alturas de las dos poblaciones se han comparado y en esa comparativa se determina que la tasa de crecimiento es mucho más lenta en el neandertal que en el Homo sapiens. El estudio determina que las restricciones ontogenéticas o el estrés metabólico de la población neandertal podía ser la causa de esta talla inferior. La aparición de distintos patrones de crecimiento humano es necesario para conocer y entender la evolución del género homo.
El sistema de modelización matemática se desarrolla en el grupo de Paleofisiología del Cenieh. El responsable del cálculo es Jesús A. Martín investigador adscrito al Cenieh del Departamento de Matemáticas y Computación de la Universidad de Burgos. Estos cálculos se realizan sobre ordenador. Un programa de modelización matemática determina mediante cálculos diferentes especies de homínidos y su entorno. El objetivo es, en función de los patronos de funcionamiento y crecimiento establecidos por las investigaciones sobre fósiles reales, definir posibles comportamientos reales de una comunidad de homínidos, el uso que hacen del entorno etc.

Fuente: www.elcorreodeburgos.com

Diferencias entre los modelos de crecimiento de bebés y niños neandertales y  humanos modernos.


El estudio de la aparición de distintivos patrones de crecimiento humano es esencial para entender la evolución de nuestra especie. El gran número de fósiles de neandertales hace de esta especie el mejor candidato para un estudio comparativo de los patrones de crecimiento en los seres humanos arcaicos y  modernos. En este caso, el crecimiento en altura de neandertales en la infancia temprana y la niñez se describe mediante un modelo matemático. Las velocidades de crecimiento en altura para individuos de cinco años o menos se modelan como funciones de edad en base a estimaciones de diferente altura y edad para un conjunto de diez bebés y niños. Las alturas estimadas de cada individuo neandertal se comparan con los de dos poblaciones de humanos modernos sobre la base de datos longitudinales y transversales.
El modelo pone de relieve las diferencias en la velocidad de crecimiento durante la infancia (desde la edad de cinco meses en adelante). Encontramos que el crecimiento en estatura de los niños Neandertal es mucho más lento que el observado en humanos modernos, el crecimiento del hombre de Neandertal es similar a los humanos modernos al nacimiento, pero se reduce alrededor del tercer o cuarto mes. Las tasas de crecimiento mucho más lenta de los bebés y niños Neandertal puede deberse a las restricciones ontogenéticas (biología del desarrollo) o el estrés metabólico y contribuyeron a la baja estatura de los adultos de esos humanos arcaicos en comparación con los humanos modernos.

FUENTE:  malcolmallison.

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