24 de mayo de 2013

El diplomático ovetense, Alberto Aza

Alberto Aza, fontanero de confianza

Alberto Aza
Dirigió el gabinete de Adolfo Suárez, fue embajador en Londres por deseo de González, portavoz diplomático con Aznar y secretario de Juan Carlos I.

 
Tras nueve años en el cargo, el diplomático asturiano Alberto Aza dejó la jefatura de la Casa Real el  30 de septiembre del 2011 para dar paso a Rafael Spottorno, anterior secretario general de la Casa del Rey, que regresa tras ocho años al frente de la Fundación Caja Madrid.
Alberto Aza se fue sin vivir «la maravilla» en el cargo de jefe de la Casa Real: «acompañar al Rey en el momento de izar la bandera española en el peñón de Gibraltar». Se fue después de 9 años en un puesto en el que gestionó la boda del Príncipe heredero y los achaques del Rey. Este diplomático ovetense logró la confianza de Adolfo Suárez, del que fue «fontanero»; de Felipe González, que lo nombró en 1992 embajador de España en el Reino Unido para reclamar la soberanía de Gibraltar; de José María Aznar, que lo mantuvo, y de su ministro de Exteriores, Josep Piqué, que lo puso al frente de la Oficina de Información Diplomática y, al final, del Rey, que lo eligió para lubricar las relaciones, especialmente las ásperas del Aznar de la mayoría absoluta. Para saber de sus relaciones con la prensa basta leer la sucesión de halagos con los que se le recibió y despidió.
En las lindes de la política y la diplomacia -eso que gustan llamar «servicio al Estado»- permaneció en lo más alto como uno de los secretarios que estuvieron al frente del gobierno en la noche del «Tejerazo» y allí donde le tocó, como en la napoleónica coronación del asesino, ladrón y caníbal Su Majestad Imperial Bokassa I del Imperio Centroafricano.
Alberto Aza nació en Tetuán -entonces capital del protectorado español en Marruecos- el 23 de mayo de 1937, donde estaba destinado su padre, militar de carrera. Alrededor de los 9 años la familia regresó a Oviedo. Estudió ingreso en La Milagrosa, Bachiller en el Colegio de Loyola y las carreras de Filosofía y Letras y Derecho, esta última porque su padre quería que su único hijo fuera diplomático.
Siendo estudiante viajó a Inglaterra sin saber inglés, durmió en un albergue del Ejército de Salvación y sacó patatas en un campo de trabajo. Pasó el curso 1958-59 en la Universidad de Edimburgo, donde aprendió inglés a fondo, conoció la libertad de las sociedades democráticas y se hizo la primera idea de un país al que regresaría de embajador.
Una amiga común le presentó a Eulalia Custodio, Lala. Ella era hija de un ingeniero impresor catalán afincado en Madrid. Por complacer a su futuro suegro aprendió catalán (habla también inglés, portugués, italiano y francés y se defiende en árabe). Lala también habla varios idiomas y pinta. Los casó en Madrid el jesuita Jesús Aguirre -futuro duque de Alba- que al final del enlace dio dos besos a la novia, algo poco frecuente entonces. Se fueron de viaje de novios a Ibiza, mientras Aza hacía las prácticas de la milicia como alférez.
Su carrera diplomática empezó en 1962, en Libreville (Gabón) y lo tuvo ocupado hasta 1975 en la agitada Argelia y en la vieja Italia, donde se fabricaban las nuevas ideas políticas. Regresó a Madrid para ocuparse de la dirección general para el Próximo Oriente en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
En un viaje a Estados Unidos y México coincidió varios días con Adolfo Suárez y conectaron. El presidente del Gobierno lo nombró dos semanas después, el 14 de mayo de 1977, director de su gabinete. Con 40 años y en excedencia de la diplomacia progresó en las labores de «fontanería» -término que acuñó el propio Aza-, de desatascar las relaciones del Gobierno en la incipiente democracia: fue director de Difusión Informativa Internacional, de Relaciones con los Medios Informativos y subdirector de la Oficina de Información Diplomática, donde conoció al Rey Juan Carlos preparándole los viajes al extranjero.
Cuando dimitió Suárez, en febrero de 1981, Aza lo acompañó. Los Suárez, los Aza y los Meliá (Josep Meliá fue secretario de Estado de Información) fueron de viaje a Panamá, invitados por Arístides Royo, presidente del país. Lala volvió embarazada de su sexto y último hijo, que Suárez apadrinó. Aza siguió también a su jefe y amigo en la creación del bufete Suárez y Asociados y en el Centro Democrático y Social, de candidato al Congreso por Huelva. Sin éxito.
Regresó a la diplomacia y superó pronto las reticencias de los recién llegados socialistas. El 1 de marzo de 1983 fue nombrado director general para Iberoamérica, una sección que forma parte de la Organización de Estados Americanos. En 1985 recibió su primera embajada: embajador permanente de España ante la Organización de Estados Americanos, con sede en Washington. En 1990, México.
En 1992, a propuesta de Felipe González, sustituyó al marqués de Tamarón en la Embajada de España en el Reino Unido, abriendo unos años importantes en las negociaciones sobre la soberanía del Peñón. El Gobierno de José María Aznar lo mantuvo en Londres tres años más. Lo cesó Abel Matutes, regresó a Madrid y, a los pocos meses, el nuevo ministro de Exteriores, Josep Piqué, lo nombró director general de la Oficina de Información Diplomática en momentos tan sensibles como la obsesión antiterrorista que siguió al 11-S y la presidencia española de la Unión Europea.
En septiembre de 2002 se convirtió en el cuarto jefe de la Casa del Rey -cargo que había desempeñado el también ovetense Sabino Fernández Campo- para preparar la sustitución de José Fernando Almansa, quien gestionó el nombramiento consensuado por la Corona y el Ejecutivo. Entró como secretario general, en sustitución de Rafael Spottorno (que ahora le sucede), e hizo con Almansa «una transición ordenada» para sustituirle como jefe, coordinando los servicios de seguridad, el protocolo, relaciones con los medios de comunicación y las secretarías de la Reina y del Príncipe de Asturias.
Cuando llegó, las relaciones con la prensa estaban empañadas por el enfado del Príncipe Felipe por la forma en que se había tratado su relación con la modelo Eva Sannum, pero su noviazgo con Letizia Ortiz terminó en una boda mediáticamente bien gestionada. Se va con la atención centrada en la salud del Rey en los últimos tiempos.
Mantiene su relación con Asturias y la casa grande y rosada de Ballota (Cudillero), donde se aísla del exterior y se relaciona en el pueblo con una normalidad que acompaña siempre su imagen. Irónico, buen conversador, buen imitador, llano, no tiene problemas para entretener su tiempo. Tiene 6 hijos y 10 nietos, le gustan la pesca sin muerte y el golf, la música clásica, especialmente con partitura de Wagner y con voz de Plácido Domingo. Aunque tiene también casa en Torrent, en la Costa Brava, es fiel a Ballota, el pueblo al que fue a dar su abuelo, militar retirado por una grave enfermedad en el verano de 1936 y en el que veraneó la familia en la casa de un administrador del duque de Alba. Aza la compró a mediados de los años setenta.
                               Iliustración de: Pablo Garcia.

FUENTE:  JAVIER CUERVO 
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 http://www.biografiasyvidas.com

 Alberto Aza - BIOGRAFIA. 
(Tetuán, 1937) Diplomático español. Alberto Aza Arias nació el 23 de mayo de 1937 en Tetuán (Marruecos), donde provisionalmente se encontraban sus padres, de ascendencia asturiana. En la Universidad de Oviedo se licenció en filosofía y letras y en derecho, esta última carrera para cumplir el deseo paterno de convertirse en diplomático, objetivo que alcanzó en 1965, cuando fue nombrado secretario de la embajada de Libreville (Gabón).
Dos años después, el 5 de junio de 1967, fue trasladado, siempre con el mismo cargo, a la capital argelina, Argel, desde donde en 1972 salió para su siguiente destino, Roma. Permaneció en la embajada de la Ciudad Eterna hasta mediados de 1975, cuando regresó a Madrid para ocuparse de la dirección general para el Próximo Oriente en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Sus recuerdos personales de esta época están plagados de anécdotas interesantes, a raíz de sus viajes por todos los países de la zona, sus contactos con representantes de gobiernos calificados de «peligrosos» y sus conversaciones con personajes de primer rango, tanto del lugar como de representaciones diplomáticas extranjeras.
Paréntesis en la Moncloa
Posteriormente, en 1977, obtuvo la excedencia para irse con Adolfo Suárez como uno de sus principales asesores en La Moncloa (director, en concreto, del gabinete de presidencia). Entonces, fue director de Difusión Informativa Internacional en la Oficina de Información Diplomática, director de Relaciones con los Medios Informativos y hasta subdirector de la Oficina de Información Diplomática (OID), cargo en el que tuvo la oportunidad de conocer a don Juan Carlos, porque a la sazón Aza se ocupó de preparar los viajes del monarca al extranjero.
Cuando aún ocupaba este cargo, en noviembre de 1977, el Boletín Oficial del Estado (BOE) hizo público su nombramiento como «embajador extraordinario y plenipotenciario, representante de Su Majestad el Rey, para la ceremonia de la coronación de Su Majestad Imperial Bokassa I del Imperio Centroafricano». Los familiares y amigos más íntimos de aquel joven diplomático de distinguido aspecto y barba zaína llegaron a temer por su vida en el transcurso de aquella arriesgada misión ante el caníbal más significado de la historia contemporánea. Pero Aza regresó sano y salvo, con la misión cumplida.
A fines de aquel mismo año de 1977, y hasta 1981, ejerció como jefe del gabinete del presidente del gobierno, cuyo titular, Adolfo Suárez, líder de la Unión de Centro Democrático (UCD), lo eligió personalmente para ese importante puesto en los complicados años de la transición. Cuando Suárez presentó su dimisión, en febrero de 1981, Aza dejó su puesto y siguió a su jefe en la dura travesía del Centro Democrático y Social (CDS), presentándose como candidato a diputado por Huelva. El magro éxito de la formación centrista lo empujó a abandonar su incipiente carrera política y a volver al sector de la diplomacia.
Sus años como embajador
En marzo de 1981 reemprendió la carrera diplomática, regresando al Ministerio de Asuntos Exteriores, del que, en 1983, fue nombrado director general para Iberoamérica. Poco después pasó a ocupar el cargo de ministro consejero de la embajada española en Lisboa.
En 1985 recibió por fin su primera máxima representación diplomática, una embajada, al ser nombrado embajador permanente de España ante la Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en Washington, donde perfeccionó su ya excelente inglés. En 1989 seguía aún en la capital política estadounidense, pero como embajador de España en Belice, hasta que en 1990 pasó a ocupar el puesto de embajador en México, en una época en la que este país empezaba a experimentar indicios de cambio en la hegemonía ejercida por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernaba el país desde la revolución zapatista.
En 1992, a propuesta del entonces presidente Felipe González, pasó a desarrollar, en sustitución de Santiago de Mora-Figueroa, marqués de Tamarón, una importante misión diplomática como titular de la prestigiosa pero delicada embajada de España en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, donde puso de manifiesto sus dotes de diplomático en asuntos tan controvertidos como el del peñón de Gibraltar, cuya españolidad se ha reclamado sin éxito insistentemente.
Aquellos fueron unos años clave para esas espinosas negociaciones sobre la soberanía del Peñón. Inusualmente, ya que por regla general los embajadores no permanecen en el cargo más de cuatro años, el gobierno de José María Aznar decidió mantener a Aza en Londres tres años más, a pesar de que había sido designado por un gobierno socialista. Esos seis años y medio en la capital británica le confirieron una gran experiencia en el conocimiento de Gran Bretaña y sus gentes, algo muy valioso en las actuales relaciones entre España y ese país, cuyo primer ministro, Tony Blair, no esconde su simpatía por el presidente Aznar.
Regreso a Madrid
El 23 de abril de 1999, a propuesta del ministro de Asuntos Exteriores, a la sazón Abel Matutes, fue cesado en el cargo de embajador de Gran Bretaña y designado inspector general de Servicios. La vuelta a Madrid se interpretó como un freno a su ascendente carrera diplomática, pero recuperó su fulgor apenas un año después, tras la victoria por mayoría absoluta del Partido Popular (PP) en las elecciones de 2000: el nuevo ministro, Josep Piqué, con quien ya sintonizaba en muchos asuntos, lo reclamó y fue designado director general de la OID, donde se significaría como un portavoz muy fiable de la política exterior española.
La OID y, por ende su titular, actúa como portavoz oficial único del Ministerio de Asuntos Exteriores, informa directamente al ministro de las noticias obtenidas a través de los distintos canales establecidos y facilita la información solicitada por las embajadas acreditadas en España, las de España en el exterior, así como las facilitadas por los organismos extranjeros análogos a esta dirección general. Además, como portavoz de la política exterior, a Aza le correspondió exponer públicamente la posición del gobierno del PP en materia internacional, mediante declaraciones y comunicados oficiales, organizar la cobertura de los actos de prensa del ministerio y responsabilizarse de la cobertura informativa de los viajes que realizaba el ministro Piqué. 

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