15 de mayo de 2013

Alfonso XIII Rey de España, pasó unos días por La Felguera y Mieres en agosto de 1902

Historia de un cornetín.

La visita del rey Alfonso XIII a Mieres y la petición de limosna de un ex militar de Ponferrada que recibió al monarca tocando la marcha real con el instrumento de viento para ganarse su favor.


                             Hornos de coque en fabrica Mieres
http://www.lne.es.
En los primeros días de agosto de 1902, Alfonso XIII rey de España, pasó unos días recorriendo Asturias; su agenda incluía la visita a las dinámicas y pujantes poblaciones de La Felguera y Mieres. En ambos lugares, la presencia del Borbón y su corte de aduladores constituyó un espectáculo tan hermoso como conmovedor. Especialmente en Mieres, donde el elemento obrero -según la crónica- le rodeó de continuo sin cesar en sus aclamaciones y vítores, no obstante de abundar allí los republicanos y socialistas.



                   Antigua estación de Ablaña (Mieres)

El soberano llegó en su tren real a la estación de Ablaña y allí, junto a los ilustres viajeros que lo acompañaban, hizo transbordo a un tren minero. Tras un breve recorrido, ya estaban todos en el interior de La Fábrica, decorada con gallardetes, banderas y guirnaldas. Los recibió un hermoso arco decorado con atributos de la industria y a los lados dos grandes pirámides de mineral de hierro, mientras en un talud se veía un rótulo colosal formado con grandes trozos de carbón, que decía «Alfonso XIII».


 
Visita de la de la reina Isabel II, su esposo Francisco y su hijo Alfonso a Fabrica de Mieres. 

Hicieron de cicerones los marqueses de Villaviciosa y especialmente la marquesa, hija del gerente de la Fábrica. Ernesto Guilhou. Una mujer que con actitud «resuelta y varonil» tuvo que imponer el orden que eran incapaces de lograr las parejas de la Guardia Civil, impotentes para contener a la multitud que impedía a la comitiva avanzar por parte alguna. Tuvo que ser ella quien resolviese la situación abriéndose paso entre los grupos hasta colocarse al lado del Rey para rogar a viva voz a los obreros que dejaran expedito el camino hasta la puerta de los talleres, luego se encargó de dejar pasar solamente a la Corte y los periodistas.
Ya con más tranquilidad, el monarca recorrió las instalaciones y en la galería de hornos pudo contemplar una sangría en la que se hizo correr hierro líquido por los surcos que se habían abierto en un parterre para formar una inscripción que les saludaba a él y al príncipe de Asturias. Más tarde, oró en la capilla de la Fábrica, tomó el te en casa de los Guilhou y se desplazó hasta el centro de la población en un convoy formado con vagonetas engalanadas para recibir los aplausos de los vecinos, antes de retornar a Ablaña y volver a coger su tren.
                  El edificio de Hullera Española en Ujo

  Como pueden comprobar, en aquel tiempo no se escatimaban recursos para agasajar a las visitas ilustres. Hasta aquí les he hecho un resumen de lo que contó la prensa oficial sobre lo ocurrido en Mieres, pero vean también los preparativos que se hicieron en Ujo con el mismo fin. El feudo de la Compañía Hullera Española recibió a la comitiva con una inmensa tribuna llena de obreros y cubierta con una bandera española; el enorme armazón estaba emplazado sobre una meseta hecha de carbón y tenía en un extremo una monumental columna formada con aglomerados simulando el torreón de un castillo, de manera que un periodista que conocía el País Vasco, dejó escrito que parecía el muelle de hierro de Portugalete con su atalaya.
Aunque sin duda lo más vistoso fue el espectáculo que ofrecieron todas las locomotoras de la empresa del Marqués de Comillas, engalanadas, corriendo sin cesar por distintas líneas mientras hacían sonar sus pitos, mezclando sus sonidos con el que producían decenas de cohetes y barrenos disparados desde los montes cercanos.
Y es que, lo mismo que los reyezuelos africanos ante los colonialistas ingleses, nuestros capitalistas trataban de mostrar su poder económico ante el Rey, no tanto para probar su lealtad, que ya se daba por supuesta, sino para poder optar a recibir uno de los títulos con los que la Casa Real estaba premiando a los grandes capitalistas de la Restauración, convirtiéndolos así en una nobleza moderna y acorde con los tiempos de la industrialización.
Durante la regencia de María Cristina y el reinado de Alfonso XIII, nada menos que 439 españoles pudieron poner en sus tarjetas de visita un escudo de marqués, conde, vizconde o barón. Ese había sido ya el caso de don Antonio López Bru y de su hijo e iba ser el de Manuel Loring Martínez Heredia, quien pasaría a convertirse en Conde de Mieres en 1911.
En fin, volviendo a aquella visita de agosto que les estaba contando, voy a relatarles ahora una anécdota que nació ese día y tuvo su epílogo tres años más tarde cuando su protagonista, acosado por la adversidad, acabó perdiendo la fe monárquica. Se trataba de un veterano de la guerra de Cuba, al que una bala había dejado inútil para el trabajo; respondía al nombre de Valentín Villacorta y era vecino de Ponferrada.
El pobre Valentín, hombre rico en buenos sentimientos, pero pobre en dinero, quiso aprovechar el acto público de Mieres para acercarse hasta el monarca y entregarle un memorial donde estaban escritas sus cuitas, con la idea de mover así su compasión y conseguir una pequeña ayuda económica con la que sustentar su vejez.
La ocasión le llegó en la misma estación de Ablaña: en cuanto vio que don Alfonso ponía su regio pie en el andén, el viejo soldado extrajo de su bolsillo un cornetín para iniciar con él las primeras notas de la Marcha Real. Lo hizo con tan buen tino y compás, que la multitud cesó unos instantes en sus vítores y hasta la comitiva detuvo su paso para escucharlo con respeto. Luego, nadie puso ningún obstáculo para que pudiese dejar su petición en la misma mano del Rey.
El caso fue que unos días más tarde se le concedió una limosna de cinco duros, pero como Valentín no residía habitualmente en esta villa tardó un año en enterarse. Fue saberlo y presentarse en Mieres para cobrar sus veinticinco pesetas, aunque inútilmente, porque el plazo de la reclamación había expirado y el Ayuntamiento, por su cuenta, ya había entregado el donativo destinado al cornetín de Cuba a un gaitero local, que también estaba pasándolo mal.
Don Valentín Villacorta se quedó en aquel momento con un palmo de narices, pero en vez de resignarse, tomó la determinación de insistir en su demanda e ir presentándose con su música patriótica y vibrante por todas las estaciones que el tren real visitase por el norte del país. Desde Vigo hasta Oviedo fueron muchas las gentes que pudieron escuchar su cornetín y numerosos los himnos que el monarca escuchó, accediendo a recibir tras cada uno el correspondiente memorial, de modo que el ritual acabó formando parte de cada visita oficial.
Imagen de la Pasera de Mieres a principios de siglo XX

Pero con tanto viaje, el hombre resultaba muy difícil de localizar y de nuevo volvió a repetirse lo sucedido en Mieres. En septiembre de 1905, nuestro veterano buscó alojamiento en la posada que siempre frecuentaba cuando llegaba a Orense y recibió la noticia de que ya hacía tiempo un alguacil había pasado por allí interesándose por su paradero para entregarle otra cantidad otorgada por la Casa Real. Más le valía no haberse enterado, porque cuando Valentín se acercó a la ventanilla de aquel Ayuntamiento para preguntar por su paga, se enteró de que una vez más el plazo para el cobro había pasado y otro se había comido sus cuartos.
Luego, el viejo soldado, enfermo y desilusionado, ya no pudo viajar más y para poder sobrevivir tuvo que ganarse la vida tocando su cornetín por las calles de Asturias. Hasta que un buen día, el pobre hombre decidió contar su caso y envió a la prensa republicana un folio relatando su mala suerte.
La carta se publicó como ejemplo de la mala gestión de los gobernantes del momento y con un inevitable comentario final que el periodista quiso introducir por su cuenta: «El señor Villacorta, hombre de elevados sentimientos, se va haciendo un poco republicano. Ahora es posible que comience a ensayar La Marsellesa y que su cornetín se trueque en un formidable instrumento de combate».
No sabemos si fue así o si el hombre siguió esperando hasta el final la limosna real, como tantos otros españoles que, después de dejar su juventud en nuestra última guerra colonial, retornaron sin salud para dedicarse a la mendicidad el resto de sus vidas. Seguramente ellos no llegaron nunca a saber que otros se habían enriquecido hasta el mismo día de su regreso a costa de la desgracia de los más humildes, negociando con los viajes de repatriación y hasta con sus míseras raciones y las medicinas que debían aliviar el dolor de sus mutilaciones.
Ya ven lo poco que hemos cambiado, por eso no está mal acercarse de vez en cuando a estas pequeñas historias que nos muestran como éramos? y como somos.


Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR 
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Biografia

Alfonso XIII

 
Alfonso XIII - 1886 - 1941 (España)
http://tierra.free-people.net
Hijo póstumo de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena, fue proclamado rey el mismo día de su nacimiento, el 17 de mayo de 1886. Reinó bajo la regencia de su madre hasta 1902. Perteneciente a la generación posterior al desastre de 1898, que deseaba regenerar a España. Se enfrentó a problemas derivados de la etapa anterior y también a otros como el problema social, radicalismo de las organizaciones obreras, guerras de Marruecos, la quiebra del turnismo político, el surgimiento de los nacionalismos catalán y vasco, y otros. Intervino personalmente en política, lo cual le era permitido por la Constitución de 1876. En el inicio de su reinado, varios políticos se disputaron el liderazgo dentro de cada formación política.
Tuvo principalmente dos valedores: Antonio Maura dentro los conservadores y José Canalejas por los liberales. La neutralidad de España en la I Guerra Mundial abrió mercados y favoreció el crecimiento económico, pero también la agitación social. La crisis de 1917, en que se unieron el sindicalismo militar, las huelgas revolucionarias y el nacionalismo catalán, aumentó la descomposición del régimen político. Un gobierno nacional formado por miembros de los dos principales partidos (1918) fracasó también. El rey aceptó el golpe militar de Miguel Primo de Rivera (1923) como la solución de fuerza adoptada ante la crisis. La dictadura fue bien acogida por muchos sectores sociales en los primeros años: acabó con la guerra de Marruecos desarrollando una labor de orden social y de incremento de las obras públicas. Alfonso XIII intentó restaurar el orden constitucional tras el fracaso de Primo de Rivera en 1930, pero los partidos tradicionales estaban resentidos.
Republicanos, socialistas y regionalistas de izquierda (luchaban unidos contra la monarquía. Las elecciones municipales del 13 de abril de 1931 dieron el triunfo a socialistas y republicanos. El rey, para evitar una lucha civil abandonó el país, pronunciando sus palabras más célebres: "espero que no habré de volver, pues ello sólo significaría que el pueblo español no es próspero ni feliz". El 14 de abril de 1931 se proclamaba la II República. Vivió en el exilio aún diez años. De su matrimonio con Victoria Eugenia de Battenberg, con quien se había casado en 1906, tuvo seis hijos. Alfonso, muerto en 1938; Jaime, sordomudo que renunció a la sucesión; Beatriz; Cristina; Juan, al que nombró sucesor de los derechos dinásticos, y Gonzalo, muerto en 1934. Durante la Guerra Civil (1936-1939) se inclinó por el bando sublevado. Residió en Roma, donde murió y fue enterrado en 1941. Sus restos fueron trasladados en 1980 al Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial (Madrid).


 El Rey Alfonso XIII (quinto por la izquierda), la Reina María Cristina (tercera) y el Príncipe de Asturias (el niño que está de pie) con el Infante Luis Fernando de Orleans (primero de la izquierda) y otros miembros de la Familia Real en La Granja en 1909 en el bautizo de la "Infantita" Beatriz.
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Arbol Genealogico de la Familia Real Española.

La familia real (de Alfonso XIII a Leonor)
Documento encontrado en el diario El Mundo en la página:


  1. La línea sucesorial es masculina : observemos que la transmisión de la Corona pasa por Juan (1913-1993) a pesar de su hermana mayor Cristina, luego por Juan Carlos que sin embargo también tenía una hermana mayor y ahora por Felipe, pese a que tenga dos hermanas nacidas antes. En el caso de Leonor, primogénita de los actuales Prícipes de Asturias (Felipe y Leticia), la actual constitución española impone que de nacer un hermanito, perdería la primacía. En la larga historia de la Monarquía española, sólo tres mujeres pudieron reinar como herederas legítimas de la corona : Isabel de Castilla (1474-1504), Juana I de Castilla (1504-1555), Isabel II (1833-1868).
  2. Juan Carlos de Borbón : fue rey porque su padre Juan, legítimo heredero, abdicó y renunció oficialmente a sus derechos sucesorios en 1977, cuando el reinado de su hijo y el fin del régimen franquista eran ya hechos consumados. Podemos hablar de "un salto" en la línea de sucesión. 
Alfonso XIII  (imagen pequeña don Juan y Juan Carlos en Roma en ABC)

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