14 de abril de 2013

El Marqués de Pinar del Río (Avilesino)

 Don Leopoldo Gonzalez-Carvajal y Zaldua

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NACIMIENTO Y PROYECCIÓN

Nace don Leopoldo en Avilés, el 29 de mayo de 1838 a las ocho y media de la tarde; le bautizan en la iglesia de San Nicolás de Vari el día 31 del mismo mes y año. Es hijo legítimo, de legítimo matrimonio de D. Calixto Gonzalez-Carvajal, natural de Soto del Barco en el Concejo de Pravia y de Dª Flora de Zaldua, natural de Aviles. Sus abuelos paternos son: D. José Gonzalez-Carvajal y Dª Josefa Fernández de la Buría, vecinos del dicho Soto y maternos de D. Leoncio de Zaldua y de Dª María García Barrosa, vecinos de Avilés, sus padrinos fueron sus abuelos maternos. (L. 12, fº 363).
Su padre se dedicaba al comercio, era almacenista e importaba y exportaba cereales con establecimiento abierto en la calle La Ferrería de Avilés. Su infancia y adolescencia transcurre plácidamente junto a sus hermanas Gaspara, Teodora, Perfecta, Adela y a su hermano Victor. Leopoldo es un muchacho espabilado e inquieto que pertenece a una familia naviera por lo que después de estudiar en la Universidad Literaria de Oviedo decide marcharse a Cuba en donde su aspiración es dedicarse a la poítica.

SU ASCENSIÓN, CARGOS POLÍTICOS
A su llegada a Cuba se dedica atrabajos en la industria tabaquera -de la que luego sería propietario-, de manera inteligente y con grandes dotes de organización, amén de un trato distinguido y ameno que enseguida le proporcionó el respeto y cariño de cuantos le trataban, debido a todas estas circunstancias favorables vemos como al poco tiempo de llegar es nombrado concejal del Ayuntamiento de La Habana, puesto que desempeñó durante muchos años. Y mas tarde diputado a Cortes, convirtiéndose muy pronto en uno de los políticos más importantes e influyentes de la época. A este periodo se corresponden los siguientes cargos y actividades:
  • Negocios en el sector del tabaco: se asocia con su tío en la firma tabaquera "Los dos Carvajales"
  • Negocios en el sector ganadero y ferrocarriles; compañía del gas; electricidad de La Habana.
  • Le pertenece la sociedad "Zaldua Carvajal y CIA", para la explotación de una fábrica de hielo.
  • Propietario de numerosas fincas urbanas, entre ellas el famoso Hotel Plaza
  • Co-fundador de las dos sociedades recreativas habaneras, "Caridad" y "Pilar".
  • Ponente en la Comisión Inspectora del Canal de Vento que abastece de agua potable a la capital.
  • Directivo del Diario de La Marina.
  • Presidente de Casino Español.
  • Miembro dirigente del Partido Unión Constitucional que defendía la permanencia española en la Isla de Cuba.
Consolidad ya su posición, la Reina Regente Doña María Cristina de Borbón viuda de Don Alfonso XII, en nombre de su hijo el Rey Don Alfonso XIII, le hece Senador del Reino por La Habana, cargo en el que es elegido conforme a la Constitución de 1869 y que desempeña en los periodos de 1886 a 1899



Foto publicada en "LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA" del 30 de Septiembre de 1897, en la que aparece el Marqués sentado a la izquierda de Dña. Margarita O´Farrill. En la parte superior de la foto, de izquierda a derecha se leen los nombres de: Mr. James Mallón, D. José Castañeda, D. Patricio Sanchez, el Alcalde de San Cristobal y el titulado presidente de la República de Cuba, Domingo Méndez Capote. En la parte inferior de la foto se leen los nombres de los que aparecen sentados de izquierda a derecha: Sr. Fuentes, alcalde de Pinar del Río; a continuación el Marqués de Apezteguía, Dña. Margarita O´Farrill, el Marqués de Pinar del Río, y de pie, de blanco, D. José W. Told.


 MATRIMONIO
Es en su época de diputado cuando conoce en una recepción en Capitanía General a la que había de ser su mujer: doña Mª del Carmen Gonzalez-Carvajal y [Alvarez] Cabañas, hija de don Manuel Gonzalez-Carvajal y de doña Mª Jesús [Alvarez] Cabañas –cuyo padre era don Francisco Cabañas–, un rico terrateniente de la provincia de Pinar del Río y conocido fabricante de cigarros puros en La Habana que, al morir, deja a su hija toda su fortuna, constituida por importantes propiedades ubicadas en la provincia pinareña, y también la pujante fábrica de cigarros que éste poseía en La Habana. Dada su importancia, merece que le dediquemos un apartado especial.:

Don Francisco CabañasA finales del siglo XVIII la industria tabaquera está bien consolidad en Cuba al amparo de las leyes vigentes, es en estas circunstancias cuando se puede comenzar a hablar de don Francisco Cabañas puesto que fue uno de los primeros en inscribirse como fabricante de cigarros. Nace en Pinar del Río y su padre era un acaudalado propietario de la zona con grandes plantaciones de tabaco, situación de privilegio que desde muy joven le permite conocer todo lo relacionado con la explotación del mismo, convirtiéndole en un auténtico especialista en el estilo de elaboración de Vuelta Abajo (región muy famosa de Cuba donde se cosecha la mejor rama del país), cuyos cigarros ya tenían fama.
Ya en el año 1797 vemos como don Francisco está dedicado a la elaboración de los cigarros, su primer taller se encuentraba en la Calzada de Jesús del Monte y será el origen de la famosa fábrica. En 1817 ésta se convirtió en legal y fue autorizada oficialmente por el Gremio de Tabaqueros para la venta de sus cigarros. En esa época la fábrica del señor Cabañas era una de las mayores que había en Cuba y siguió creciendo hasta convertirse a finales del siglo XIX en una de las más importantes del mundo.
Doña Carmen es, como hemos visto la nieta de don Francisco Cabañas y es con ella con quien se casará don Leopoldo Gonzalez-Carvajal y Zaldua, unión que hace que el matrimonio posea una gran fortuna, de él nacerán dos hijos: Jorge y Manuel.
A doña Mª del Carmen Cabañas se le concede el título de Marquesa de Avilés por Real decreto


 Casa de los Marqueses de Avilés en La Habana (de una foto de Julio Lobo Javier)

 ACTOS MERITORIOS Y BENÉFICOS
  • En 1883, debido a los incidentes con Alemania por la posesión de las islas Carolinas y Palaos (cercanas a las Filipinas), don Leopoldo inicia una suscripción a la que él aporta la cantidad de diez mil pesos oro, una verdadera fortuna que haría posible dotar a la marina de guerra española de un torpedero
  • En 1885 un terrible ciclón arrasa la Isla, una de las provincias más devastadas resulta la de Pinar del Río, fue tan grande la ayuda y el socorro que don Leopoldo prestó a todos los dannificados que le valió la concesión del título de Marqués.
  • En 1888 los crudos temporales del invierno dejan en la miseria a muchas familias del Puerto de Pajares en Asturias, siendo don Leopoldo quien se apresuró a enviar los medios para a ayudarlas.
  • En este mismo año de 1888 fue elegido Presidente, su promotor y fundador, don Leopoldo González-Carvajal, culminando así la obra, para el socorro de los hijos de Asturias que lo necesitasen, de la ASOCIACION DE BENEFICENCIA ASTURIANA DE LA HABANA constituida con anterioridad: el 8 de septiembre 1877 cuando la colonia asturiana de Utramar celebraba la fiesta de la Virgen de Covadonga. La nueva Junta directiva se amplió hasta once miembros más. Espectáculos, fietas y corridas de toros eran los medios empleados para conseguir los fondos que reportaron tres mil doscientos sesenta y ocho pesos a parte de las cuotas y donativos.
 Hechos en los que interviene como militar

En 1896 toma parte como Coronel en la guerra de Cuba y se le encomienda el mando del Séptimo Regimiento de Voluntarios.
Este mismo año es él quien, con gran satisfacción, se encarga de recibir en La Habana el Batallón de Voluntarios de Asturias, embarcado en Gijón el 22 de septiembre.

DE VUELTA A ESPAÑA
Cuba, al terminar la guerra, se hace independiente y se separa de la Corona de España, motivo por el cual el Marqués se repatría junto con su familia y regresa a su tierra natal en Avilés.

REGRESO Y FINAL DE UN GRAN HOMBRE
Después de un largo periodo de tiempo en Avilés, regresa de nuevo a La Habana y allí fallece en 1909 siendo enterrado en el cementerio de Colon en el panteón situado en la rotonda de la iglesia.

Documentación: Archivo del Dr. Oscar Cernuda y Gonzalez-Carvajal

Una de sus propiedades en La Habana*

            La casa del Marqués de Pinar del Río

La vivienda de San Ignacio 214 esquina a Lamparilla, conocida como la casa del Marqués de Pinar del Río, por ser propiedad de éste en 1905, atesora una rica historia de familias y funciones que, junto a sus valores arquitectónicos, la convierten en un ejemplo inestimable del patrimonio edilicio de la calle San Ignacio y de toda La Habana Vieja.
Pero no sólo el título de Don Leopoldo Carvajal y Zaldúa otorga a esta casa valores históricos. A ella están unidos lazos de la propia familia Carvajal y de otros que le antecedieron y favorecieron el mejoramiento de la vivienda. Fue precisamente su tío, y suegro a la vez, Don Manuel González-Carvajal, quien reconstruye el inmueble entre 1852 y 1862, convirtiendo la antigua casa de tejas en una de mampostería, azotea y mirador al fondo, de dos plantas y entresuelo, tal como ha llegado a nuestros días, como una hermosa casa señorial del siglo XIX. A ello contribuyó también su hija Doña María de Jesús González-Carvajal y Cabañas, quien la hereda luego y, entre 1871 y 1878, la reedifica tras un incendio. Es muy posible que los daños no afectaran la estructura ni el diseño arquitectónico sustancial del edificio, pero sí debió incorporársele en este período una nueva carpintería, la elegante escalera de caracol del zaguán y la de acceso a la azotea, los entrepisos, pavimentos y azulejos. Justamente la década del setenta coincide con la difusión en La Habana del azulejo de Onda, presente y con excepcionalidad en esta casa, lo que le otorgó sin dudas, mayor prestancia y belleza. Muchos ejemplos en la ciudad antigua ilustran la presencia del azulejo valenciano y entre ellos, la casa de San Ignacio 214, destaca por poseer cinco tipos, resaltando el azul al relieve sobre fondo blanco, colocado en el zaguán, único de este género, localizado hasta el momento, en el Centro Histórico.
A la familia Carvajal le precedieron, en orden cronológico descendente, Doña María Josefa Garro y Valdés y su hijo; Doña María Luisa Castellón y Berroa, condesa de San Esteban de Cañongo; la familia López Ganusa; Don Gaspar Villate y Don Francisco Contreras, estos últimos, propietarios en la primera mitad del siglo XVIII. De modo que, desde el punto de vista constructivo, las primeras noticias corresponden a 1721, según el antiguo registro de hipotecas cuando se cargan sobre “la nueva fábrica y accesorias, de dos casas, una por San Ignacio y otra por Lamparilla”, 2 100 pesos a favor del Monasterio de Santa Clara.
El Marqués de Pinar del Río instaló aquí sus oficinas, función que debió tener la antigua residencia desde su última reconstrucción importante, relacionando que la propia escalera de caracol erigida en el zaguán conduciría a despachos de manera independiente, en tanto el resto de sus pisos se destinaba a la renta por “apartamentos” para diferentes empresas como compañías de seguros, bufetes, navieras, casas de cambios, entre otras; instaladas en esta residencia desde finales del siglo XIX, según los Directorios Comerciales de la época. En 1939, como expresan las actas de Amillaramiento, existían en la planta baja 11 habitaciones, 11 en la planta alta, 14 en el entresuelo, y 4 habitaciones pequeñas en la azotea, en total 40 habitaciones para alquilar. La casa era conocida por sus características como Edificio de Oficinas, distribuida en departamentos dedicados a estos fines.
A la muerte del Marqués de Pinar del Río, en 1909, la finca pasa a manos de su esposa, e hijos y posteriormente a sus nietos, quienes disuelven la sociedad en condominio sobre ésta y otras propiedades. No obstante, descendientes de la familia Carvajal la conservan hasta 1959. El 30 de septiembre de 1960 contaba con 38 locales sin tener en cuenta los que dan acceso a las escaleras por ser comunes.
Al desaparecer las funciones de oficina con la suspensión de los negocios privados, en la década de los sesenta, comenzó a ocuparse paulatinamente como edificio de viviendas multifamiliar, uso que ha llegado a la actualidad, privándola de su mejor apariencia y buen estado de conservación.
No obstante, es una de las construcciones de mayor valor patrimonial de la calle San Ignacio. Su fachada es lo primero que cautiva y en especial su portada, “con todos los atributos del mejor diseño neoclásico…” -como afirma el arquitecto Daniel Taboada- , pues esta noble casona de esquina “…tiene una portada resuelta en ancha jamba moldurada de trazado rectilíneo, (…) El portón es un clásico ejemplo decimonónico de paneles lisos de moderadas dimensiones insertados en bastidor, de dos hojas con postigos en arcos”. Muchos son los elementos topológicos de valor que conserva esta casa, a pesar de su deterioro. La herrería es uno de ellos, sencilla en planta baja y más elaborada en la planta alta. En la esquina del balcón corrido, allí donde se interceptan las calles San Ignacio y Lamparilla, se encuentran, forjadas en el hierro de la baranda, las letras MGC, iniciales de Manuel González-Carvajal, uno de sus principales propietarios y quien le realizara la más significativa reconstrucción. Avanzando hacia su interior se llega a uno de los zaguanes más hermosos de la calle, adornado con tres zócalos de azulejos diferentes y una sinuosa escalera de caracol de madera que comunica al entresuelo. En la galería anterior al patio, se desarrolla la escalera principal de la casa, con escalones y pasamanos de mármol blanco y baranda de hierro fundido, todavía bien dispuesta y elegante. Y ya dentro de éste, rodeado por tres galerías, en las que sobreviven fragmentos de dos tipos de azulejos, sorprende la esbeltez de los puntales, los cierres de medio punto, y una de las más bellas lucetas del eje San Ignacio: una flor abierta con pétalos rojos y naranjas y grandes hojas verdes, íntegramente conservada y con vívidos colores. De igual manera, resaltan el resto de la carpintería, los falsos techos de yeso blanco con plafones y cenefas decoradas y la propia riqueza de su sistema constructivo.
*FUENTE: Yamira Rodríguez Marcano   yamira@dap.ohc.cu

 

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