4 de abril de 2013

El 14 de agosto de 1936 en la historia de Asturias

El día de la ira

Mujer fallecida en las calles de Oviedo




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El 14 de agosto de 1936 fue una de las fechas más negras de la historia de Asturias. En aquella jornada salió a relucir lo peor que llevamos dentro, con la mañana vino el odio ciego que provoca la envidia y convierte a la persona en un animal sin sentimientos capaz de actuar sin tener en cuenta las consecuencias y al llegar la noche se desataron los excesos que acarrean consigo las represalias en caliente cuando no se dejan reposar las emociones.

Supongo que con el tiempo transcurrido ya se pueden citar algunos nombres para que ocupen su lugar en el panteón de la infamia: Arcadio Rubio fue el inspirador de la primera masacre. Según informaba la prensa a las pocas jornadas de lo sucedido, se trataba de un hombre gris que llevaba 8 años vinculado a las fuerzas de seguridad de Gijón, como cabo al principio y luego en el papel de sargento de Asalto y que se sentía marginado en su trabajo por su jefe directo, Manuel Cienfuegos.

Como ocurre a veces con los individuos incapaces de controlar su rencor, fue acumulando la rabia hasta que tuvo en sus manos el arma para dispararla sin importarle quién se cruzara en su camino y en esta ocasión cerró su venganza personal con un balance de 54 muertos y más de 100 heridos, entre ellos numerosos mutilados e inválidos, y, además, por si no fuera suficiente, unas horas más tarde la represalia por su acción multiplicó por tres el número de cadáveres. Veamos los hechos.

El inicio de la guerra civil en Asturias supuso, entre otras consecuencias, la paralización momentánea de las actividades económicas, el comercio y las comunicaciones, hasta que después de los primeros días de descontrol se fue recuperando la normalidad poco a poco. Como ustedes seguramente recuerdan, la región quedó desde un principio en la zona republicana con la excepción puntual del cuartel de Simancas en Gijón y de la ciudad de Oviedo, situada justo en el centro geográfico en el que confluían las principales carreteras y las vías férreas.

Lógicamente, los trenes tuvieron que interrumpir sus recorridos. Todas las líneas regionales se vieron afectadas y entre ellas se cortaron la que unía Gijón con León dejando aislada a la Cuenca del Caudal y la que llevaba desde Collanzo a San Esteban y, por supuesto, también detuvo su actividad el ferrocarril de Langreo.


Cartel de la C.N.T.

Enseguida la CNT, que entonces era el sindicato mayoritario en el sector, intentó recomponer la situación instando a sus afiliados desde los denominados comités de control a la reincorporación al trabajo, de manera que a la semana de la sublevación militar, el 26 de julio, se lograba reanudar el servicio diario en una de las líneas, precisamente la que discurría entre Gijón y el Nalón, dos zonas con mayoría de obreros libertarios que respondieron inmediatamente a la llamada.

El plan propuesto hacía salir el primer tren de Laviana a las ocho de la mañana para llegar dos horas después a la ciudad marítima y disponía el viaje de vuelta a las 12.25 para retornar a la villa de Palacio Valdés a las 14.35, tratando de minimizar los riesgos al aprovechar para los desplazamientos las horas de la mañana. Poco a poco fueron restableciéndose también los otros servicios. El día 28 ya se pudo ir desde Avilés a Candás; el 5 de agosto volvió al servicio el Gijón-Llanes y dos días más tarde se movían ya todos los trenes que podían volver a las vías teniendo en cuenta la cantidad de material que había quedado en manos de los sublevados de Oviedo y que en el caso de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España suponía su paralización absoluta.

Otra consecuencia de la insurrección de Oviedo fue la de convertir al Gijón de aquellos meses en capital extraoficial de Asturias. Al ser el núcleo más habitado de la región centralizó en sus oficinas las labores administrativas y las propias del reclutamiento y la organización militar y por el mismo motivo también algunas mercancías comerciales y los mejores profesionales, incluyendo a los especialistas médicos, debían buscarse allí, lo que hacía que los trenes fuesen muy utilizados por la población civil.

El 14 de agosto poco después del mediodía, la aviación franquista instigada por Arcadio Rubio eligió para descargar sus bombas el cuartel de Asalto de Gijón y de paso inició de repente un inesperado infierno de fuego sobre la estación del ferrocarril de Langreo, precisamente a la hora en que se concentraban en ella muchos vecinos de los pueblos próximos y del valle del Nalón preparados para retornar a casa después de haber solucionado sus problemas en la ciudad. Un bombardeo que volvió a repetirse por la tarde sobre más objetivos «blancos» como el teatro Robledo, el paseo de Alvargonzález y el Hospital de la Caridad, aunque para entonces ya se habían tomado las precauciones que evitaron otro baño de sangre.
                                                                     
 Muertos en las calles de Gijón

Nunca se había visto nada igual: mujeres y niños destrozados por la metralla en una acción claramente destinada a producir el mayor daño, un objetivo fácil y claramente elegido para sembrar el terror. Pero la muerte aún no había cerrado su ciclo; la indignación pronto hizo mella entre los testigos y con los muertos aún tendidos sobre el andén algunos grupos empezaron a dirigirse hasta la sede del Comité de Guerra clamando venganza.

Lo que siguió es algo que se repite con demasiada frecuencia en la historia de la humanidad cuando para castigar una barbaridad se comete otra mayor. A pesar de los esfuerzos de las autoridades republicanas, los más exaltados consiguieron hacerse con el control de las dos cárceles en las que permanecían los detenidos derechistas, la Residencia de la Compañía de Jesús y la iglesia de San José, y al llegar la oscuridad sacaron de allí tres camiones cargados con falangistas, militantes señalados, militares rebeldes y religiosos que empezaron a ser fusilados en el recinto del cementerio hasta que el comandante Gállego, entonces al frente de la autoridad militar, pudo llegar al lugar para detener la matanza.

Éste fue el día de la ira, una jornada en la que más tarde por razones obvias los dos bandos trataron de silenciar sus respectivas y vergonzosas actuaciones. La hemos traído hoy aquí porque sus secuelas afectaron a muchas familias de las Cuencas, pero tampoco fue la única vez que la población civil de nuestros territorios tuvo que sufrir las consecuencias de los bombardeos.

Ya contamos aquí en una ocasión cómo durante la Revolución de 1934, el 9 de octubre, otro avión descargó su saña sobre la calle Ramón y Cajal de Mieres dejando 25 heridos graves y 9 muertos, entre los que estaban un directivo y tres jugadores del Racing, lo que se recuerda actualmente con el rombo negro del escudo del Caudal Deportivo como señal de luto. Otra incursión especialmente sangrienta de las muchas que se vivieron en aquellos años violentos fue la que sacudió Sama de Langreo el 18 de septiembre de 1936 con un balance de 20 muertos. Entre ellos 16 eran presos franquistas que se encontraban detenidos en el interior de la iglesia parroquial habilitada como cárcel y que cayeron bajo el fuego provocado por sus propios compañeros.


Objetivos de bombardeos aereos de Gijon 

Los bombardeos sobre objetivos alejados de lo militar tenían en ocasiones el objetivo de interrumpir la actividad económica destrozando infraestructuras o instalaciones fabriles, pero en muchas ocasiones se trataba únicamente de alterar la tranquilidad llevando el miedo hasta la retaguardia para afectar la moral de los combatientes a través de la inquietud que provocaba la indefensión de sus familias. En teoría era una labor de propaganda similar al habitual lanzamiento de panfletos en los que se contaba la corrupción de los jefes y los políticos enemigos y se loaban las bondades que traería el nuevo régimen, sólo que cuando el papel se reemplazaba por el explosivo quienes pilotaban los aviones y lanzaban su carga sobre la población civil dejaban de ser soldados para convertirse en asesinos.

Afortunadamente, todo esto nos queda ya muy lejos, pero no debemos olvidar que las bombas siguen cayendo cada día sobre muchos pueblos del mundo como antes lo hacían sobre los nuestros. Por ello siempre debemos tener presente que lo que algunos llaman ahora eufemísticamente «efectos colaterales» a veces no esconden otra cosa que un abuso de la fuerza militar sobre la población civil. ¡Qué bien se está en paz!

Trincheras en las cercanias de Oviedo

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
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 «Viernes negro»

El 14 de agosto de 1936 Gijón sufrió el primer gran bombardeo aéreo de la Guerra Civil, que dejó 54 muertos en las calles

La calle de Jovellanos de Gijón el 14 de agosto de 1936




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En el Oviedo ya prácticamente cercado por las milicias republicanas al comienzo de la Guerra Civil, el diario «Región» abrió su primera página del 23 de julio de 1936, a las cinco columnas, con el siguiente titular: «Gijón, bombardeado por una escuadrilla leonesa». Más abajo, en sendos sumarios, informaba: «Los aparatos volaron previamente sobre Oviedo entre el entusiasmo de la multitud», y terminaba con dos mensajes desafiantes del coronel Antonio Aranda -máxima autoridad militar de Asturias que se había sublevado en la capital contra el Gobierno frentepopulista republicano- dirigidos al alcalde de Gijón (Jaime Valdés Estrada). El primero: «Se habrá usted convencido de que tengo aviación», y el segundo: «Pronto verá usted que dispongo de buques de guerra».

«Región» recogía las palabras de un mensaje de Aranda radiado a las seis y media de la tarde del 22 de julio, hora y media después de que aviones nacionalistas, procedentes del aeródromo militar leonés de La Virgen del Camino, dejaran caer varias bombas sobre Gijón, en concreto, atendiendo a la información del rotativo ovetense, «tres impactos en el cerro de Santa Catalina, dos en los alrededores del Ayuntamiento y otro en una casa de la subida al citado cerro». Fue el primer ataque aéreo nacionalista de la guerra contra la villa.

                      Frente de Oviedo

Por la mañana ya habían volado sobre Gijón aparatos nacionalistas, lanzando «unas proclamas invitando a abandonar su irresponsable empeño» a los milicianos y fuerzas republicanas que sitiaban a las tropas sublevadas que estaban atrincheradas en el cuartel de El Coto, en la cárcel y en el antiguo colegio de los jesuitas, convertido en acuartelamiento del Regimiento de Infantería de Montaña «Simancas» número 40.

Antes, a eso de las diez de la mañana, tres aeroplanos Breguet XIX habían sobrevolado Oviedo, donde lanzaron mensajes tales como «Viva España digna. Viva el Ejército. Viva la República», aunque también otro de índole privada y que contó «Región» así: «Dirigido a don Ángel Bravo, padre de uno de los aviadores, está concebido en los siguientes términos: "Estoy bien. Vencimos en toda España. Avisa a Maruja. Viva España. Ángel"».

La caída en manos de los sublevados, el 21 de julio, del aeródromo de La Virgen del Camino fue determinante para los bombardeos nacionalistas sobre Gijón de todo aquel mes y del de agosto, especialmente el raid del día 14, el más sangriento que se conocería hasta entonces en la ciudad.

El 28 de julio, en su última página, el diario gijonés y leal al Gobierno de la República «El Noroeste» ya informaba de «la traición de los aviadores leoneses» y relataba que en la base aérea «el fuego de los miserables tuvo eficacia porque consiguieron que el martes (21 de julio) a las cinco de la mañana fueran sitiados los leales por fuerzas de la Guardia Civil y Asalto, que también habían hecho causa común con los enemigos del régimen democrático».

En La Virgen del Camino tenía su base el Grupo 21 de reconocimiento, al mando del comandante Julián Rubio López. Sus aparatos eran Breguet XIX de bombardeo ligero y reconocimiento, entonces ya anticuados, pero capaces de transportar casi media tonelada de bombas (en su versión de bombarderos) y armados con varias ametralladoras operadas por el piloto y por el observador/bombardero.

Y el día 29 «Región» titulaba, haciendo efectiva la amenaza radiada del coronel Aranda: «Hoy llegarán a Gijón barcos de guerra» que «invitarán a los sindicatos a rendirse», pero de lo contrario «bombardearán la población». Llegó un buque, el crucero ligero «Almirante Cervera», procedente de la base naval de Ferrol, que había quedado en poder del bando nacionalista.

C/Uria de Oviedo, la estación de RENFE al fondo

Al día siguiente, el periódico ovetense relataba que «desde el cuartel del Coto han visto caer diez y ocho proyectiles en el cerro de Santa Catalina, tres en la Casa del Pueblo, dos en el Ayuntamiento y dos en el cuartel de Asalto». Por su parte, el diario gijonés «La Prensa» recogía la noticia de que el bombardeo naval había causado «dos docenas de víctimas», así como que «a las tres de la tarde la radio comunicó que por el Ministerio de Marina se había dictado hoy un decreto por el cual queda borrado de la lista de los buques de nuestra escuadra el crucero Almirante Cervera que se ha sublevado contra la República, declarándolo barco pirata».

Llegó agosto. El día 6, Gijón volvió a ser bombardeado desde el aire y también desde la mar por el «Almirante Cervera». Al día siguiente «El Noroeste» relató que «por lo que respecta a las bombas arrojadas por los aparatos facciosos, se sabe que una de ellas cayó en la estación de Langreo...».

Pero el 14 de agosto sería un «viernes negro». Hacia las doce y media del mediodía aparecieron varios aviones sobre el cielo de Gijón procedentes, una vez más, de La Virgen del Camino. El bombardeo aéreo duro pocos minutos, pero alcanzó de pleno al centro de la villa. Los aeroplanos arrojaron bombas sobre la estación del Ferrocarril de Langreo, en El Humedal; en la calle de Pí y Margall (ahora de los Moros); en la cuesta de Begoña (calle de Fernández Vallín); en la calle de Jovellanos (frente al Real Instituto, entonces cuartel de la Guardia de Asalto) y en las proximidades del hospital de Caridad, que estaba ubicado en la actual plaza del Náutico. Se registraron, contó la prensa gijonesa republicana, «54 muertos y 78 heridos, muchos de ellos graves».

El raid aéreo se repitió por la tarde. Cayeron bombas en un edificio de las inmediaciones del parque Infantil, en la calle Corrida, en un edificio anejo al teatro Robledo; en la calle de Covadonga y en la del 14 de Abril (la actual calle de Begoña) y dos más otra vez en la zona del hospital de Caridad, a cuya morgue habían sido trasladados los muertos del primer ataque. El médico forense Honorio Manso contó el ingreso de 91 cadáveres en el depósito aquel día, en el que, como represalia por el raid aéreo, fueron fusilados decenas de prisioneros nacionalistas que estaban retenidos en la iglesia de San José, en El Humedal.

Durante la evacuación de los heridos del primer ataque, en la calle de Jovellanos, al miliciano Faustino Cima, cerca del cuartel de la Guardia de Asalto, se le cayó la cartera, y por ello pedía al día siguiente en la prensa que la entregara quien la hubiera recogido. También el mismo día 14, pero en Madrid, el gijonés Bernardo Casielles, el mejor matador de toros que dio Asturias, era ascendido a capitán de milicias tras ser herido de gravedad en el frente de la sierra madrileña.

Anécdotas de un día trágico aparte, el 18 de agosto, «El Noroeste» señalaba como «autor moral y se supone que material» del bombardeo del día 14 al sargento de Asalto «Arcadio Rubio, que estuvo durante ocho años en Gijón (...) Y dada la forma en que se desarrolló la canallesca acción, es de suponer que a bordo de uno de los aparatos viniese ese nefasto y criminal sargento de Asalto».

Un año después del bombardeo, en el diario «Avance», que se editaba en Gijón, se publicaron varias esquelas de aniversario de víctimas del raid: las de Luis Valdés Alonso, Azucena Robés Huergo (de 14 años de edad), Pepín Menéndez Montero, Nieves Fernández Rendueles (operaria de la Fábrica de Tabacos), Eduardo Rodríguez Cid, Gerardo Piñera Campos y Faustino Rodríguez Rodríguez (guardia de Asalto). Los bombardeos siguieron hasta octubre de 1937. El día 21 los nacionales entraban en Gijón.

                           Combatientes milicianos

FUENTE:  J. M. CEINOS

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