23 de marzo de 2013

«los papeles» de Alcalá-Zamora

Apuntes sobre Alcalá-Zamora y Asturias

Gobierno Provisional del 14 de abril de 1931: de pie: Indalecio Prieto, Marcelino Domingo, Casares Quiroga, Fernando de los Rios, Lluís Nicolau d'Olwer,  Francisco Largo Caballero, José Giral, Diego Martínez Barrio. Sentados: Alejandro Lerroux, Manuel Azaña, Niceto Alcalá Zamora, Julián Besteiro y Álvaro de Albornoz.

Tras el feliz hallazgo de «los papeles» de Alcalá-Zamora, sustraídos en febrero de 1937, acaso sea el momento de ocuparnos, en tanto aguardamos con interés la publicación de los documentos recuperados, de lo que don Niceto dejó consignado en las «Memorias» que reescribió en el exilio, no sólo en torno de personajes asturianos de su época, sino también de la Revolución del 34 que le tocó vivir desde su atalaya de presidente de la República. Y es que, a juzgar por lo que se ha venido publicando en los últimos días, da la impresión de que muy pocos leyeron los textos memorialísticos del que fue primer presidente de la II República.

                                  Niceto Alcala Zamora

Antes de nada, recordemos, una vez más, lo que el propio don Niceto dejó escrito a propósito del contenido de sus obras: «La parte final, la más importante, llamábase “Dietario de un presidente”… Fue el libro-registro de todo mi mandato… El primer volumen comprendía los 22 días finales de 1931 y el año 1932. Luego, 1933, 1934 y 1935 tenían cada uno su volumen, siempre con índice alfabético por personas y asuntos que remitía a cada efeméride. Los cien días escasos de mi mandato en 1936 formaban un apéndice breve y movido, reflejo de aquellas turbulencias, prólogo inmediato a la tragedia que siguió a mi destitución”.
Parece indiscutible que lo anotado en torno al 34 asturiano tuvo que ser mucho más minucioso que lo que escribió después. No es arriesgado, por tanto, pensar que los textos recuperados pueden arrojar luz sobre ese episodio tan importante de nuestra Historia en Asturias.
                                         Melquíades Álvarez

Pero, de momento, vayamos a lo más significativo que dice de la región en las «Memorias» reescritas y publicadas.
Uno de los personajes más citados en sus «Memorias» es Melquíades Álvarez. Don Niceto se ocupa con más precisión del fundador del Partido Reformista cuando aborda la última parte del reinado de Alfonso XIII. A lo largo de la República, aunque participó en política, su protagonismo fue menor. En todo caso, las «Memorias» reescritas de Alcalá-Zamora dan buena cuenta de la importancia que tuvo el gran tribuno asturiano en las primeras décadas del siglo XX en la Historia de España.
Tampoco debemos pasar por alto la presencia de Wenceslao Carrillo y de su hijo Santiago, a quien hace responsable último de la sustracción de sus obras.
De otro lado, es mucho lo que don Niceto anotó sobre Indalecio Prieto. Ocuparse de ello obligaría a un espacio mucho mayor del disponible en un periódico. Sin embargo, son muchos los matices y contradicciones a la hora de establecer la relación personal y política entre ambos personajes. Sería interesante indagarlo.
A modo de apunte, vamos a reproducir palabras de don Niceto sobre el 34 asturiano y algunos de sus protagonistas.

Sobre el 34 en Asturias.

Pone énfasis don Niceto en las duras represalias que se produjeron en torno a la insurrección del 34: «En Asturias, la rebelión trascendió la lucha social con rencores y excesos sobre la población civil, y, como suele suceder en casos tales, el encono y el temor de ésta empujó a desafueros de odiosa represalia».
No hace falta decir que el entonces presidente no había estado en modo alguno de acuerdo con los acontecimientos de Cataluña y Asturias, lo que no impidió que se mostrase crítico con los partidos vencedores en el 33 y, sobre todo, con la represión que se llevó a cabo a resultas de aquellos sucesos. Veamos lo que dejó consignado en torno a dos líderes socialistas de entonces: Teodomiro Menéndez y González Peña.
Para empezar, como jurista y hombre de Estado, consideró totalmente fuera de lugar que estos dos diputados fuesen sometidos a consejos de guerra.
Así, «según mi opinión, los dos diputados asturianos Teodomiro Menéndez y González Peña debieron, como todos los demás, ser juzgados por la Sala Segunda del Tribunal Supremo, conforme a la ley de 1912… (…) Fueron los dos diputados sometidos a consejos de guerra ordinarios y ambos condenados a muerte. Lerroux, sin vacilar, se declaró favorable, resuelto al indulto. Me lo dijo y obtuvo de mí la aprobación con las facilidades y auxilios que para ello eran indispensables».
Y veamos ahora su criterio acerca de estos dos diputados: «Aparte de la anomalía jurisdiccional, que era argumento para los dos indultos, presentábase mucho más fácil el de Teodomiro Menéndez, hombre siempre brusco y a veces áspero, más noblote, simpático y generoso, cuya presencia en la rebelión y cerca de los llamados tribunales revolucionarios había servido, ante todo, para salvar muchas víctimas y evitar muchos excesos. El caso muy distinto de González Peña se facilitó de modo sorprendente por las rarezas de la jurisdicción militar, que, con motivo o pretexto de su no siempre conseguida rapidez, abusa de los desgloses y divide en varios procesos la continuidad de una sola causa. De ello resultó que en la seguida contra González Peña individualmente desaparecía la parte repulsiva y de otra índole, o sea, el apoderamiento de los 15 o 20 millones en los bancos, asunto que, sin duda, se llevó a proceso distinto. Borrado eso, la causa contra González Peña era de una vulgaridad desdibujada, como un revolucionario más y oscurecido, cuya culpabilidad se presentaba sobre una serie de andanzas, presencias y desapariciones… Cuando, al cabo de grandes dificultades, pude firmar los indultos, Teodomiro Menéndez me dirigió efusivo telegrama de gratitud, no así González Peña, quien, en abril de 1936, fue el único diputado, entre todos los votantes de mi destitución, que me injurió en voz alta en los pasillos del Congreso».

Ante el asesinato de don Alfredo Martínez.

Si hubo un acontecimiento premonitorio de la tragedia que, andando el tiempo, se iba a cernir sobre Asturias y sobre España, el tal evento tuvo lugar en el lecho de muerte de Clarín. Allí estaban, además de su hijo, Melquíades Álvarez y el médico Alfredo Martínez. Al rector Alas, hijo del novelista y crítico, de la mente más despierta de la España de su tiempo, lo fusilaron tras un consejo de guerra en febrero del 37. Don Melquíades fue salvajemente asesinado en el verano del 36 y a don Alfredo Martínez, galeno del novelista, le dispararon a la puerta de su casa en Oviedo, poco antes del estallido de la Guerra Civil. Antes de morir, tuvo el médico ovetense la grandeza moral de pedir que lo enterrasen discretamente para evitar enfrentamientos callejeros.
El liberalismo asturiano, que nada tiene que ver con el que desde ciertas instancias se enarbola, fue víctima de las atrocidades de la guerra.
Veamos, por último, lo que don Niceto dejó escrito sobre don Alfredo Martínez: «Este hombre leal, bueno y de positivo mérito, que me dejó un excelente recuerdo, más acentuado aún por la grandeza moral mostrada en su larga agonía, cuando murió víctima de un odioso crimen político para el que no había dado ni pretexto».
Para la Historia de España y también para la Historia de Asturias, es seguro que los papeles de don Niceto Alcalá- Zamora serán de sumo interés.

 Manuel Azaña sale de la residencia de Niceto Alcalá Zamora el 17 de febrero de 1936, en una imagen captada por Santos Yubero (de la exposición de la Sala Alcalá 31 de Madrid).

FUENTE:  Luis Arias
____________________________________________________________________
 Biografia de Alcala Zamora.
http://www.biografiasyvidas.com

                                 Niceto Alcalá Zamora
Político español, primer presidente de la Segunda República (Priego, Córdoba, 1877-Buenos Aires, 1949). Participó en la política de la Restauración desde las filas del Partido Liberal, llegando a ser ministro de Fomento (1917-18) y de la Guerra (1922-23) en sendos gobiernos de García Prieto.

Su oposición a la dictadura de Miguel Primo de Rivera le llevó a declararse partidario de la República en 1930, a participar en el Pacto de San Sebastián para derrocar a la monarquía y a presidir el gobierno provisional que se hizo cargo del poder tras la renuncia de Alfonso XIII, el 14 de abril de 1931.
Su presencia en aquel gobierno representaba la adhesión al régimen republicano de sectores conservadores, católicos y de clase media. Pero pronto entró en conflicto con los dirigentes republicanos más avanzados: discrepó sobre todo de la regulación constitucional de las relaciones Iglesia-Estado, hasta el punto de dimitir y ceder la jefatura del gobierno a Manuel Azaña.
No obstante, fue elegido presidente de la República, cargo que ejerció durante cinco años con lealtad a la Constitución; durante el primer bienio entró en conflicto con las predominantes fuerzas de izquierdas; pero no fue mucho mejor su relación con los partidos de derechas que triunfaron en las elecciones de 1933 (enfrentamiento con Gil Robles, indulto al general golpista Sanjurjo contra el parecer del gobierno...).
Tras las elecciones de 1936, que dieron el triunfo al Frente Popular, Alcalá Zamora acabó por ser depuesto como presidente, al haber rebasado el número de disoluciones de las Cortes autorizado por la Constitución en un solo mandato presidencial; una vez más, fue Azaña el encargado de sucederle. Se exilió en París y, más tarde, en Buenos Aires.
En el balance de su actuación política hay que destacar la voluntad de integración que demostró, aceptando lealmente el juego democrático desde posiciones conservadoras; su aspiración de promover una gran opción política de centro que facilitara el consenso estaba condenada al fracaso en una época de tensiones sociales y políticas tan graves como las que acabaron conduciendo -tres meses después de su destitución- a la Guerra Civil.
Alcalá Zamora, famoso por su elocuencia parlamentaria desde las Cortes de la Restauración, fue miembro de la Real Academia Española y dejó una abundante obra escrita (Tres años de experiencia constitucional, Los defectos de la Constitución de 1931, Inventario objetivo de cinco años de República...).

No hay comentarios:

Publicar un comentario