1 de febrero de 2013

«Pleno del Novedades»

El pleno del Novedades.

 
El cine Novedades de Mieres (foto Paco)

El tiempo no perdona a la memoria y a estas alturas los testigos que pueden contar los acontecimientos de los años treinta en Asturias -República, Revolución, guerra, represión- ya son sólo un puñado de nonagenarios, por ello a la hora de estudiarlos debemos recurrir al trabajo de investigación que reemplaza los testimonios directos. Y aquí viene el problema, porque la historia se está utilizando cada vez con más frecuencia como instrumento de propaganda política y hay quien deforma hechos o incluso los inventa con tal de arrimar el ascua a su sardina.
Hoy traemos a esta página un episodio acaecido en octubre de 1931 en Mieres, que sirve como ejemplo de lo que les estoy contando y de paso vale también para repasar el nivel de enfrentamiento ideológico que vivía en aquel momento la izquierda asturiana y que nos recuerda demasiado lo que vemos actualmente. Se trata del llamado «Pleno del Novedades», aunque seguramente su escenario real fue el teatro Pombo.

Recordarán ustedes que en 1910 Manuel Llaneza fundó el SOMA en el corazón de las Cuencas, una organización en la que los mineros encontraron, por fin, un marco adecuado y unitario para organizarse en la defensa de sus derechos, pero la ilusión duró poco y tras el fracaso de la huelga revolucionaria de 1917 ya se produjeron las primeras fisuras en su seno. La crisis interna, unida a las noticias que llegaban de Rusia, fue alimentando un grupo de tendencia comunista que logró convocar un congreso extraordinario en agosto de 1921 y allí cogieron a Manuel Llaneza con el pie cambiado, logrando el cese de su comité ejecutivo, que fue sustituido por uno nuevo de tendencia prosoviética.

Ya supondrán que la aventura les duró poco; el aparato del sindicato era duro de pelar y en octubre Llaneza volvía ser secretario general, llevando con él a Belarmino Tomás como presidente, pero la herida ya no podía cerrarse y seis meses más tarde los socialistas decidían la clausura de 21 secciones de la organización, en las que comunistas y anarquistas eran mayoría.

Los expulsados decidieron entonces agruparse en el Sindicato Único de Mineros de Asturias (SUM), constituyéndolo en La Felguera el 18 de noviembre de 1922 bajo la protección de la CNT, y desde ese momento el enfrentamiento entre las dos organizaciones fue una constante que llevó a situaciones como el desahucio de los locales que obligó a los militantes del SUM a reunirse en los chigres (seguro que están pensando que el Partido Comunista repite ahora la misma historia).

Luego, actitudes como la postura conciliadora de Llaneza con la Dictadura de Primo de Rivera y el acontecimiento inesperado de su muerte hicieron que algunos mineros partidarios de una línea más combativa abandonasen las filas del SOMA haciendo crecer las del sindicato rival. Una prueba evidente del desgaste socialista llegó con las elecciones de la representación obrera para la dirección del Orfanato, en las que los dos candidatos comunistas sólo fueron superados por Llaneza y dejaron por debajo a sus acólitos Amador Fernández y Belarmino, venciendo además holgadamente en el valle de Turón.

Así llegó el SUM a la II República, fortalecido en su militancia, pero dividido en lo ideológico. Pronto, la ambición del PCE por controlar una organización tan atractiva para sus intereses acabó chocando con las bases y los socialistas desencantados que decidieron plantar cara a los autoritarios, y, para acabar de enrarecer el ambiente, los anarquistas reunidos en el pleno regional de la CNT decidieron autoexpulsarse del sindicato.

Ante esta situación, fue convocado un congreso extraordinario que se fechó para el 11 de octubre de 1931 en Mieres. En los trabajos de investigación que recrean esta época se conoce a este episodio como «el pleno del Novedades», por haber tenido como escenario el patio de butacas de este cine, pero a uno, que a estas alturas ya desconfía de muchas cosas, le ha dado por acercarse a la hemeroteca y acaba de ver con sorpresa que según el diario «El Noroeste», que recogió la información del congreso a los dos días de su clausura, la tumultuosa reunión no fue allí, sino en el teatro Pombo.

Hace ya muchos años que la piqueta se llevó a los dos y por ello los más jóvenes deben saber que apenas se distanciaban 50 metros, pero no cuesta nada corregir el dato. Ahora veamos qué pasó ese día.

La sesión se abrió a las 11 de la mañana con la intervención del vicepresidente del comité sindical, José Prieto, quien explicó los motivos de la convocatoria, y a continuación se recogieron las credenciales de los delegados que pertenecían a cinco comités comarcales y las secciones de Carcarosa, Acevedo, Ablaña, Urbiés, Güeria de Urbiés, Santa Cruz, El Visu, Moreda, La Zorera, Pola de Lena, Vega del Rey, Sotiello, Mieres, Santa Rosa, Sama, Lada, Requexáu, San Andrés, Boo, La Tejera, Turón, Requejo, Villayana, Figaredo, Barros, La Nueva, Carbayín, Blimea, La Felguera, San Tirso, La Nava, La Braña, Tudela Veguín, La Ceposa, Los Pontones, Ujo, El Carbayu, Tras el Cantu, Piñeres, Coto Raso, Teverga, Ribota y Riosa.

Hoy seguramente nos sorprende encontrar en esta lista aldeas que ya están prácticamente deshabitadas y que entonces contaban con su propia sección sindical, pero hay que pensar que muchas familias de otras regiones establecieron sus residencias en estos lugares en función de su proximidad a las minas y se fueron unas décadas más tarde cuando las explotaciones fueron cerrando.

En fin, volvamos a la reunión: las primeras horas se desarrollaron en medio de un ambiente tenso en el que se fueron leyendo cartas de adhesión enviadas por otros colectivos obreros desde diferentes puntos de Asturias e incluso de los compañeros que permanecían en la cárcel provincial desde la última huelga, hacía ya 4 meses. Luego la cosa fue subiendo de tono cuando se pidieron explicaciones a cinco secciones por haber participado en otro pleno celebrado con anterioridad en La Felguera sin autorización del sindicato; aquí ya quedaron claras las posturas de los dos sectores y después de varias intervenciones subidas de tono, los militantes que habían estado allí acabaron siendo excluidos de la organización.

Entonces pidió la palabra la delegación de la CNT, encabezada por Segundo Blanco y Avelino González, que habían acudido sin ser invitados. Avelino se dirigió a los asistentes pidiendo en primer lugar la solidaridad económica con los presos de Oviedo, para entrar rápidamente en la cuestión de los expulsados de La Felguera, mientras su intervención era interrumpida constantemente por los militantes comunistas, hasta que en medio del follón pudo oírse claramente una voz de uno de los miembros del Comité Sindical Minero: «Estamos rodeados de enemigos de abajo, de arriba y del medio».

La respuesta de Ceferino Rey, otro destacado militante de la Tercera Sindical Roja, fue recordar a los congresistas que en el último congreso se había acordado abandonar la CNT, y que su representación nada tenía que hacer en las deliberaciones; entonces aumentó el escándalo y los enfrentamientos entre los partidarios de que los cenetistas permanecieran y los que querían expulsarlos definitivamente.

Cuando las palabras gruesas ya eran casi los únicos argumentos de los discrepantes, alguien se sacó una carta de la manga pidiendo silencio para dar lectura a un manifiesto suscrito por 62 militantes felguerinos descontentos con la representación de su sección, criticando a la CNT y pidiendo el ingreso en la Internacional Roja. A aquellas alturas, entre el descontrol general y con una presidencia absolutamente incapaz de poner orden, Segundo Blanco y Avelino González volvieron a solicitar su turno para defenderse de las acusaciones que se acababan de oír, pero se les negó el derecho a la palabra y, en consecuencia, los anarquistas decidieron abandonar la sala.

A las 3 de la tarde se cerraba en falso el pleno del Pombo con el triunfo pírrico de los comunistas, que pasaron a controlar el SUM, aunque tardaron un año en solicitar el ingreso en la Internacional soviética. Después vino el fracaso de la Revolución en octubre de 1934, la consiguiente represión y el ascenso del fascismo, que acabaron forzando de nuevo la unidad de los mineros marxistas y, así, a finales de 1935 el SUM volvía a integrarse en el SOMA. Seguro que ustedes siguen por la prensa los conflictos internos que se viven en CC OO y asisten sorprendidos al espectáculo entre las familias de IU. Como ven, la izquierda no aprende nunca.
 Ilustración de: Alfonso Zapico.

FUENTE:  ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

No hay comentarios:

Publicar un comentario