25 de octubre de 2012

La última gran Batalla de la Mineria


La última gran batalla de la minería

El recorte de las ayudas a la minería del carbón aboca este sector al colapso, según sus trabajadores que, a finales de mayo, iniciaron una huelga indefinida y acciones de protesta para intentar que no acabe su forma de vida.



 

Una chapa metálica desafía a la gravedad en el castillete del pozo minero de Figaredo, cerca de Mieres, Asturias. A nadie le importa si cae. El pozo cerró en el 2007, en una de las numerosas reconversiones industriales, y con él acabaron más de dos siglos de historia minera en el valle de Turón. Entre los hierros y los restos de la jaula (el ascensor que baja a la mina), aún parece escucharse la voz de los 1.470 trabajadores que en otro tiempo acudían al pozo. Uno de ellos era el padre de Rocío Antela, hoy minera del pozo Santiago, en Caborana: “Mi padre murió de una descarga eléctrica en esta mina seis meses antes de jubilarse”. Fue uno de los 600 mineros que perdieron la vida desde que abrieron sus pozos. Hoy, el abandono es lo único que queda en las instalaciones. “Así se quedará la cuenca minera española si los recortes impuestos por el Gobierno a las ayudas a la minería se consuman”, afirma la minera.
Son las siete de la mañana y, vestida de faena, se toma un café en El Tornillo, el chigre situado frente al pozo Santiago. Pero no entrará a trabajar, porque los mineros de todas las cuencas españolas iniciaron una huelga indefinida el 29 de mayo y otras acciones de protesta. “He venido a cortar la carretera con las mujeres mineras, nos sentaremos de forma pacífica para exigir nuestros derechos”, dice Rocío.
Los mineros protestan por unos recortes del 63% en las ayudas a la minería del carbón, ya pactadas con Europa hasta el 2018 y que, de hacerse efectivos, “hundirán el sector”, afirma Antela. Según los mineros, con ese ajuste –supone reducir las ayudas a la explotación 200 millones de euros–, el carbón nacional está condenado al colapso inmediato y España anticiparía seis años el cierre que pide Bruselas para las minas no competitivas.
Los mineros han luchado durante siglos por defender sus derechos, dicen; esta vez intentan ganar la que puede ser la última gran batalla de la minería española. Rocío Antela, a sus 27 años, lleva tres trabajando a 600 metros de profundidad siete horas diarias por un salario mileurista. “Este es uno de esos sueldos privilegiados de los que hablan”, sonríe con ironía. “Si las minas cierran, con sus 8.000 trabajadores, las comarcas desaparecerán; como las piezas de un dominó caerán las panaderías, los supermercados, peluquerías, colegios… y 50.000 personas perderán su trabajo”.
Rocío Antela, a pesar de ser hija y nieta de minero, no quería entrar en el pozo. “Mi padre quiso que yo estudiara e hice Audiovisuales y ahora preparo Ingeniería en la Escuela de Minas de Mieres, pero la falta de trabajo me hizo entrar en la mina”.
Y es que en esta cuenca, como afirma Faustino Sánchez, de 40 años, no hay otra cosa: “la construcción desapareció, la siderurgia también y sólo queda la mina”. Tino, como le llaman, es especialista en trabajo mecanizado, que consiste en estar en el punto más peligroso del pozo, el corte, picando el carbón. “A veces no te ves ni los pies del polvo que hay, me cambio cuatro veces al día la mascarilla”. Los mineros que trabajan en estos puntos son los que pueden jubilarse antes. “La gente habla de las prejubilaciones mineras como si fuera algo de privilegiados, pero la gente (son pocos) que se marcha con 42 años lleva desde los 18 en la mina y en la parte en la que un accidente puede ser mortal. Además, cotizan a la Seguridad Social de manera que si has trabajado 25 años, has cotizado como 37 años y medio”, dice Zulima Pulgar, otra minera.
Su hermana Sigrid añade que en la mina nadie regala nada: “Nosotros somos cuatro hermanos, los cuatro mineros, yo bajé por primera vez al pozo hace 10 años, cuando el pequeño de mis tres hijos tenía nueve meses”. Añade que “no es fácil trabajar abajo a oscuras, pero te acostumbras; yo estaba en un economato y cobraba 800 euros; ahora, por unos 1.000, prefiero la mina, me ayuda a conciliar mi vida familiar”.
La amenaza de los recortes ha caído como un mazazo en las comarcas mineras. Aunque las hulleras ya tenían fecha de caducidad en el 2018 para las explotaciones que no fueran rentables sin ayudas, la mina ve adelantada a finales del 2012 la “muerte por asfixia” como la denomina Juan María Menéndez Aguado, subdirector de la Escuela de Minas de Mieres. “Dicen que el carbón español no es rentable. ¿En qué términos? –cuestiona–. El carbón español sí es rentable cuando se mira en los tres parámetros en los que hay que enfocar la rentabilidad: económica, social y medioambientalmente”. Según Menéndez, en las minas de España, además de cumplir con el protocolo de Kioto “cosa que países como Ucrania y Colombia, de donde se importa gran parte de ese material, no cumplen, se trabaja con unas condiciones de seguridad y de respeto a los trabajadores admirables”.
Sobre el problema de la competitividad –dice–, “sería fácil de solucionar si se creara, como propusieron expertos alemanes, una etiqueta UE que premiara el carbón que cumpliera las características de sostenibilidad, seguridad y calidad”. Otro punto polémico es el precio del carbón. El eurodiputado del PP Salvador Garriga declaraba a La Nueva España que el precio ha dado la vuelta: ahora es de “120 euros por tonelada para el importado, frente a 68 que pagan las térmicas por el nacional”.

 


Hoy por hoy, señala Menéndez, “las energías renovables no son suficientes para cubrir la demanda actual, y en un estudio de la Agencia Internacional de la Energía se estima que el consumo del carbón crecerá un 65% en las próximas décadas; entonces, ¿por qué renunciar a lo que hasta ahora era una reserva estratégica de energía?”.
“Se aprobaron una serie de ayudas y sólo queremos que se respeten”, dice Josman Pulgar. “Yo trabajo como artillero en el pozo de San Nicolás, llevo 14 años en la mina, y es cierto que es un trabajo peligroso, pero acepté a cambio de unos pactos firmados”. Los mineros no se niegan a los recortes. “Nadie habla de no recortar, es necesario en todos los sectores, pero ¿un 63%? y ¿de unas ayudas que ya están otorgadas por Europa?”, añade.
Las cuencas mineras, en las comunidades de Asturias, Galicia, Castilla y León, Aragón, Cataluña, Castilla-La Mancha y Andalucía, son conscientes de que “si esto se acaba, se acaba todo para todos”, en palabras de Sigrid Pulgar. Los cortes de carreteras y los bloqueos de vías de tren se han sucedido para llamar la atención del Gobierno. “Lo peor es que ya no hablamos del futuro, hablamos de quedarnos sin presente”, comenta Sigrid. Su marido trabaja en la construcción y está en paro “tenemos hipotecas e hijos, no podemos emigrar con todo dejando deudas en los bancos, estamos atrapados mientras el Gobierno sigue dándole dinero a la banca y robándonos el nuestro”, se queja.
Tino Sánchez está terminando de reconstruir la casa que se compró en el pueblo de Bo. “Si no hay trabajo, tendría que marcharme y ¿quién va a comprarme una casa en una tierra que quedaría desierta?”.
El problema se agrava cuando se ponen sobre la mesa las alternativas a la mina. José Manuel, 49 años, de El Entrego, es minero prejubilado del pozo Sotón: “Mi hijo Cristian, de 24 años, es también minero. Él al menos tiene un título de electromecánico y podrá marcharse si esto se acaba, pero ¿y los que ahora tienen 40, quién va a contratar a alguien que lleva 20 años de minero?”. Nadie da una respuesta, pero las palabras de Avelino Pérez, el abuelo de Cristian, antiguo sindicalista, resumen la situación: “Estamos retrocediendo 30 años”. Él fue el primer secretario del sindicato UGT por Asturias en la clandestinidad y sabe muy bien lo que es la lucha. Su labor le llevó al exilio durante la dictadura, y ahora su nieto ha tomado el relevo abanderando la marcha negra de los mineros a Madrid caminando desde las cuencas. Avelino habla de lo duro que fue negociar durante la huelga del 62 –“gobernaba Franco y aun así conseguimos mejoras laborales, lo peor es que ahora simplemente se pide la supervivencia”–. Tino Sánchez también recuerda días de manifestaciones en los 80 cuando acudía a las barricadas con su padre. “Antes les tocó luchar a mi abuelo y a mi padre, ahora es nuestro turno”, señala.
Elisabet Señorans estuvo un año dentro de la mina, pero, tal como le prometió a su madre, salió en cuanto pudo. Combina su trabajo de controladora ambiental en el pozo de Aller con los estudios de Ingeniería en la Escuela de Minas de Mieres, ampliada con los fondos mineros, un dinero adjudicado a las cuencas para la reconversión del sector. “Empecé la carrera para trabajar aquí, pero no hay futuro, así que estoy pensando en irme a Sudamérica”, apunta.
En las cuencas, los habitantes no entienden qué ha pasado con el dinero de esos fondos. “Se crearon empresas y todas han fracasado, el dinero ha desaparecido, ¿es qué nadie les hizo un plan de viabilidad a estas compañías? –añade la joven–. Mientras Alemania abre minas, aquí dicen que nuestro carbón no es rentable pese a ser de excelente calidad”.
Rocío Antela, sentada junto a Elisabet en la cafetería de la universidad, comenta que reabrir una mina es imposible y que cerrarla es muy caro. “¿Alguien ha calculado lo que cuesta abandonar la minería sumándole el coste social y que anulamos la única fuente de energía estratégica que tenemos?”, preguntan.
Las empresas mineras señalan que han invertido mucho para intentar ser rentables sin ayuda exterior antes del 2018, pero estos resultados sólo se verán en cinco años. Si se recortan esas ayudas, tendrán que cerrar.
Josman Pulgar está apoyado en la barandilla de entrada al pozo San Nicolás, en Ablaña –tristemente famoso por la explosión de grisú de 1995 que se llevó la vida de 14 mineros–. Las vagonetas a su espalda llevan dos meses paradas. Los compañeros vuelven cada día al pozo para hacer una asamblea y fortalecer su unión; “los mineros hemos arrancado muchas veces en la defensa de los derechos de los trabajadores y ahora estamos dispuestos a luchar hasta el final”.
Rocío recorre el pozo cerrado de Figaredo. “Esto que vivimos no es un movimiento minero, es un movimiento obrero. Lo que ocurre aquí es un reflejo de lo que ocurre en toda la sociedad española. Se robó el dinero y no hay culpables, nos quitan los derechos y se supone que no podemos hacer nada. Si todos nos unimos, las condiciones para los trabajadores de este país quizás podrían cambiar”.
 

  
EL BLOG DE "ACEBEDO" ¡¡¡EN APOYO A LA MINERIA!!!

Por la defensa de los mineros y de las comarcas mineras

FUENTE: Ofelia de Pablo / Javier Zurita


1 comentario:

  1. Excelente post. Si quieren recolectar mas data sobre estos temas, les recomiendo este blos sobre la minería en San Juan: http://mineriasanjuan.blogspot.com.ar

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